La guerra hispano-norteamericana

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La guerra hispano-norteamericana

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 24, 2013 1:04 pm

El "Cristobal Colón" -

El Garibald II fue adquirido por el gobierno español en momentos e, aun en cosntrucción en 1896 Designado "Cristobal Colón", fue botado el 18 de Septiembre del mismo año Un historiador naval español contemporano asi lo describe:

"El Colón fue por todos sus atributos guerreros el único y auténtico crucero acorazado tenido por nuestra armada; buque de buen marcha, potentemente artillado y con racional prptección en sus partes vitales, junto a un apreciable radio autónomo, venía a conjugar tales cualidades en la más armoniosa compensación" (1)

Apresurada su construcción debido a la tirantéz inperante entre España y los EEUU, el buque fue entregado las autoridades españolas en Abril de 1897. El buque levantaba presión sin esfuerzo alguno y lograba altas velocidades, "virando en redondo en sus propia agua, demonstrando en todo sentido excelentes cualidades marineras. Desgraciadamente, debido a la urgencia conque España requería a esta nave, su armamento principal, (2 cañones Armstrong de 254 mm L.40) jamás fueron montados y el "Colón" fue incorporado en un primer momento a la "Escuadra de Instrucción" que en Noviembre realizaba ejercicios en aguas alicantinas. Poco después forma parte de la Escuadra enviada al Caribe. (2)


La batalla naval de Santiago de Cuba ( 3 de Julio de 1898)
La escuadra española , al mando del almirante Pascual de Cervera que se dirigia al Caribe consistia de tres buques que en España eran clasificados como "cruceros acorazados", si bien en realidad solo llevaban una faja parcial en la linea de flotación de 305 mm,y torres con 250 mm de protección-la superestctura y partes vitales estaban completamente desprotegidas. Nos estamos refiriendo al "Infanta María Teresa", "Almirante Oquendo" y "Vizcaya", buques construidos en los astilleros de Bilbao, con un desplazamiento de 7000 tons, velocidad maxima de 20 millas, y un armamento compuesto por 2 x Hontoria de 28 cm, 1-x Hontoria 14 cm y piezas de meno calibre. A estos se sumaba el "Cristobal Coón", y tres modernos destructores de construcción ingesa: el "Terror", " Furor" y "Plutón". Luego del cruce trasatlántico, estos buques fondean en Santiago de Cuba, donde se hallaran bajo la protección de las baterias de los fuertes costeros. Pero la rada de este puerto es pronto cercada por el 2do. Escuadrón de la Fuerza del Atlantico Norte de la Marina de los EEUU bajo el mando del Comodoro Winfield Scott Schley que estaba compuesto por los acorazados clase Indiana (USS Indiana, USS Massachussetts, USS Oregon) con un desplazamiento de 10.288 tons, botados en 1893 y completados en 1895 . Buques con un armamento principal compuesto por 4 x 330 mmL.35, y una potente bateria secundaria: 8 x 203 mm L.3o, 4 x 152 mm L.40. 20 x 57 mm y piezas menores, asi como 3 TT de 46 cm. Protegidos por una coraza que variaba entre los 381 mm y los 460 mm, estos buques alcanzaban velocidades de 15 y 1/2 nudos. A estos se sumaba el ; acorazado USS Texas, nave algo menor, con un desplazamiento de 6300 tons, y un armamento de 2 x 305 mm L.35, 6 x 152 mm L.35 y mas de una veintena de piezas de calibes menores. El USS Texas se desplazaba a velocidades maximas de 17 nudos. También formaban parte del 2do. Escuadrón los cruceros protegidos USS New York ( despl. 8200 tox, vel. max. 21 nudos, armamento: 6 x 203 mm L.35, 12 x 102 mm L.40 y 16 piezas menores) el USS Brokklyn ( despl. 9215 tons, vel. Max.21.9 nudos, arm. 8 x 203mm L.35, 12 x 127 mm, 2o piezas de calibres menores) Historiadores navales españoles, con mucha razón se han referido al USS Brooklyn como: el más temible crucero-acorazadoa flote, en su época” (3)

Zarpa la escuadra española

Con pleno conocimeinto de la superioridad del enemigo, y de la inferioridad de sus naves, Cervera ordena la sus buques zarpar . El primer buque que sale a mar abierto fue la nave insignia, el “Maria Teresa” , seguido por el Vizcaya, Colón, Oquendo y lod destructors. A las 0935 hrs/ el “Maria Teresa: rompe el fuego atacando a una nave del tipo “Indiana” y a; “Iowa” y al crucero acorazado Brooklyn. Uno tras otro, los buques españoles caen bajo un diluvio de fuego implacable que los va reduciendo a hogueras humeantes, con sus banderas de guerra consumidas por el fuego, pero no humilladas, (4)

Solo queda a flote el "Colón" perseguido por sus cazadores, a los que logra dejar atras hasta que se le acaba el buen carbón que lleva abordo, y va perdiendo presión. Antes que rendirse, el commandante encalla la nave, que luego se hunde. Casi inofensivo, por no montar su armamento principal, merced a su bien adecuado blindaje, el “Colón” repelió varios impactos y redujo sensiblemente las bajas entre la tripulación. ( 5)

La escuadra de Cervera fue derrotada, desbordada por fuerzas inmensamente superiores en armamento, tonelaje y protección pero estos buques se fueron a pique antes que arriar su pabellón, cumpliendo con la consigna de que “Mas vale honra sin barcos que barcos sin honra Gloria eterna a la nación que a través de su historia ha dado inumerables ejemplos de este coraje sin pautas. Honor eterno al almirante Cervera y a sus marinos…!!!

Notas

(1) Aguilera, Alfredo, Elías,Vicente, Buques de Guerra Españoles: 1885-1971 (Editorial San Martín, Madrid, 1980) pag.38

(2) Aguilera y Elías, Buques de Guerra..pag.39

(3) Würster, Ingo, Maurois, André Louis, " La Batalla Naval de Santiago" Pucara (Serie II, Vol. 2, No.3, Julio-Septiembre de 1982 ) pag. 25-37,Aguilera y Eliías, op cit, pag. 40

(4) Würster y Maurois, "La Batalla..: oag.37-39, Aguilera y Eliías, op cit, pag. 40

(5) Aguilera y Eliías, op cit, pag. 40


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Esteban McLaren
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Re: La guerra hispano-norteamericana

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 24, 2013 1:04 pm

Vamos a la fuente directamente: el informe del responsable del desastre naval de Santiago:

Comunicado del combate naval de Santiago que el almirante don Pascual Cervera cursó al general en jefe y al Ministro de Marina

Excmo. e Ilmo. Sr.:

En cumplimiento de las órdenes de V.E.I., con la evidencia de lo que había de suceder y tantas veces había anunciado, salí de Santiago de Cuba con toda la Escuadra que fue de mi mando, en la mañana del día 3 del corriente mes de julio.

Las instrucciones dadas para la salida eran las siguientes: El «Infanta María Teresa», buque de mi insignia, había de salir el primero, siguiendo sucesivamente el «Vizcaya», «Colón», «Oquendo» y destructores. Todos los barcos tenían todas sus calderas encendidas y con presión.

Al salir el «Teresa» empezaría el combate con el enemigo que estuvieran más a propósito, y los que le seguían procurarían dirigirse al oeste a toda fuerza de máquinas, tomando la cabeza el «Vizcaya». Los cazatorpederos habían de mantenerse, si podían, fuera del fuego, espiar un momento oportuno para obrar, si se presentaba, y tratar de escapar con su mayor andar, si el combate nos era desfavorable.

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Los buques salieron del puerto con una precisión tan grande, que sorprendió a nuestros enemigos, quienes nos han hecho muchos y muy entusiastas cumplimientos sobre el particular. Tan pronto como salió el «Teresa» rompió el fuego a las 9 h. 35 m., sobre un acorazado que estaba próximo, pero dirigiéndose a toda fuerza de máquina sobre el «Brooklyn», que se encontraba al SO. y que nos interesaba tratar de poner en condiciones de que no pudiera utilizar su posterior andar. Los demás buques empeñaron el combate con los otros enemigos que acudían de los diversos puntos donde estaban apostados. La Escuadra enemiga constaba aquel día de los siguientes buques frente a Santiago de Cuba: «New York», insignia del Contraalmirante Sampson; «Brooklyn», insignia del comodoro Schley; «lowa», «Oregón», «Indiana», «Texas» y varios buques menores, o mejor dicho, transatlánticos y yates armados. Realizada la salida se tomó el rumbo mandado, y el combate se generalizó con la desventaja, no sólo del número sino del estado de nuestra artillería y municiones de 14 centímetros que conoce V.E.I. por el telegrama que le puse al quedar a sus órdenes. Para mí no era dudoso el éxito, por más que alguna vez creí que no sería tan rápida nuestra destrucción.

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Crucero acorazado «Infanta María Teresa»

Al «Infanta María Teresa» un proyectil de los primeros le rompió un tubo de vapor auxiliar por el que se escapaba mucho, que nos hizo perder la velocidad con que se contaba; al mismo tiempo otro rompía un tubo de la red de contra incendios. El buque se defendía valientemente del nutrido y certero fuego del enemigo, y no tardó mucho en caer entre los heridos su valiente comandante, capitán de navío don Víctor M. Concas, que tuvo que retirarse y como las circunstancias no permitían perder un segundo, tomé por mí mismo el mando directo del buque esperando ocasión de que pudiera llamarse al segundo comandante, pero ésta no llegó, porque el combate arreciaba, los muertos y heridos caían sin cesar, y no había que pensar en otra cosa que en hacer fuego en tanto que se pudiera.

En tal situación, teníamos fuego en mi cámara, donde debieron hacer explosión algunos de los proyectiles que allí había para los cañones de 57 mm.; vinieron a participarme haberse prendido fuego al cangrejo de popa y caseta del puente de popa, al mismo tiempo que el incendio iniciado en mi cámara se corría al centro del buque con gran rapidez, y como no contábamos con agua, fue tomando cada vez más incremento siendo impotentes nosotros para atajarlo. Comprendí que el buque estaba perdido y pensé desde luego en donde lo vararía para perder menos vidas, pero continuando el combate en tanto fuera posible.

Desgraciadamente el fuego ganaba terreno con mucha rapidez y voracidad, por lo que envié uno de mis ayudantes con la orden de que se inundasen los pañoles de popa, encontrándose éste ser imposible penetrar en los callejones de las cámaras a causa del mucho humo y del vapor que salía por la escotilla de la máquina, donde también le fue absolutamente imposible penetrar, a causa de no permitir la respiración abrasadora de la atmósfera; por tanto fue necesario dirigirnos a una playita al 0. de Punta Cabrera, donde embarrancamos con la salida, al mismo tiempo que se nos paraba la máquina; era imposible subir municiones ni nada que exigiera ir bajo la cubierta acorazada, sobre todo a popa de las calderas, y en tal situación no había que pensar más que en salvar la parte que se pudiera de la tripulación, de cuya opinión fueron el segundo y tercer comandantes y los oficiales que se pudieron reunir, a los que consulté si creían que podía continuar el combate, contestando que no.

En tan penosa situación, habiendo empezado las explosiones parciales de los depósitos de las baterías, di orden de arriar la bandera e inundar todos los pañoles: la primera no pudo ejecutarse a causa del terrible incendio que había en la toldilla, habiéndose quemado al poco rato. Ya era tiempo: el fuego ganaba con mucha rapidez y apenas hubo el suficiente para abandonar el buque, cuando ya el fuego llegaba al puente, y eso ayudados por dos botes americanos que llegaron como tres cuartos de hora después de la embarrancada.

Entre los heridos están el teniente de navío don Antonio López Cerón y alférez de navío don Angel Carrasco, y faltan el capitán de Infantería de Marina don Higínio Rodríguez, al que creo mató un proyectil, el alférez de navío don Francisco Linares, el segundo médico don Julio Díaz del Río, el maquinista mayor de primera clase don Juan Montero y el de segunda don José Melgares, cuyo cadáver salió a la playa. El salvotaje se hizo tirándose al agua los que sabían nadar, intentando tres veces llevar una guía a tierra, lo que sólo se consiguió a última hora y ayudados por los dos botes americanos de que llevo hecha mención. Nosotros arriamos un bote que parecía bueno e inmediatamente se fue a pique, y se echó al agua un bote de vapor, que sólo pudo hacer un viaje, porque también se fue a pique por efecto de las averías que tenía, al intentar volver a bordo por segunda vez, quedando agarrados a él los tres o cuatro hombres que lo llevaban y que se salvaron unos a nado y otros los recogió un bote americano.

El comandante, ayudado por buenos nadadores, había ido a tierra; el segundo y tercero dirigían a bordo el embarco, y necesitándose dirección en tierra, cuando ya venían los botes americanos, yo me fui a nado, ayudado por dos cabos de mar llamados don Juan Llorca y Andrés Sequeiro y mi hijo ayudante, teniente de navío don Angel Cervera.

Concluido el desembarco de la gente, fui invitado por el oficial americano que mandaba los botes de seguirle a su buque, que era el yate armado «Gloucester», a donde fui acompañado de mi capitán de bandera herido, de mi hijo ayudante y del segundo del buque que fue el último que lo abandonó.

Durante este período, el aspecto del buque era imponente porque se sucedían las explosiones y estaba para aterrar a las almas mejor templadas.

Nada absolutamente creo que pueda salvarse del buque, y nosotros lo hemos perdido todo, llegando la inmensa mayoría absolutamente desnudos a la playa.

Pocos minutos después que el «Teresa» embarrancaba el «Oquendo» en una playa como a media legua al oeste de él, con un incendio parecido al suyo, y se perdieron de vista por el Oeste el «Vizcaya» y el «Colón», perseguidos por la escuadra enemiga. Según me ha manifestado el contador del «Oquendo», único oficial que está en el mismo buque que yo, la historia de este desgraciado buque y su heroica tripulación es la siguiente, que tal vez se rectifique algo, pero sólo en detalles, no en el fondo de los hechos:

El desigual y mortífero combate sostenido por este buque se hizo más desigual aún porque al poco tiempo de comenzado un proyectil enemigo entró en la torre de proa matando a todo el personal de ella, menos un artillero que quedó muy mal herido.

A la batería de 14 centímetros, barrida por el fuego enemigo desde el principio, sólo le quedaron dos cañones útiles, con los que continuó defendiéndose con una energía incomparable. También la torre de popa quedó sin su oficial comandante, muerto por un proyectil del enemigo que entró al abrir la puerta para poder respirar, porque se asfixiaban dentro. No conoce el Contador la historia de la batería de tiro rápido y sólo sabe que disparaba, seguramente, lo mismo que toda esta valiente tripulación. Hubo dos incendios: el primero, que se dominó, ocurrió en el sollado de proa, y el segundo, que se inició a popa, no se pudo dominar, porque ya no daban agua las bombas, quizá por las mismas causas que en el «Teresa».

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USS Brooklyn

Los ascensores de municiones de 14 centímetros faltaron desde el principio, pero no faltaron municiones en la batería, mientras que pudo batirse, por los repuestos que, a prevención, se habían puesto en todos los buques. Cuando el valiente comandante del «Oquendo» vio que no podía dominar el incendio y no tenía ningún cañón en estado de servicio, fue cuando se decidió a embarrancar, mandando previamente disparar todos los torpedos, menos los de popa, por si se acercaba algún buque enemigo, hasta que llegado el último extremo mandó arriar la bandera, minutos después que el «Teresa» y previa consulta a aquellos oficiales que estaban presentes. Los comandantes segundo y tercero y tres tenientes de navío habían ya muerto. El salvamento de los supervivientes fue organizado por su comandante, que ha perdido la vida por salvar la de sus subordinados. Hicieron una balsa, arriaron dos lanchitas, únicas embarcaciones que les quedaban útiles, y últimamente fueron auxiliados por embarcaciones americanas, y según me dijo un insurrecto, a quien hablé en la playa, también les auxilió un bote que éstos tenían.

Sublime era el espectáculo que presentaban estos dos buques; las continuas explosiones que se sucedían sin cesar, no acobardaban a estos valientes, que han defendido sus buques hasta el punto de no haber podido ser hollados por la planta de ningún enemigo.

Cuando fui invitado por el oficial americano a seguirlo, según dije a V.E.I anteriormente, di instrucciones para el reembarco al tercer comandante don Juan Aznar, a quien no he vuelto a ver desde entonces. Al llegar al buque americano, que era el yate armado «Gloucester», encontré allí una veintena de heridos pertenecientes en su mayor parte a los cazatorpederos, los comandantes de éstos, tres oficiales del «Teresa», el Contador del «Oquendo» y nos reunimos entre todos hasta noventa y tres personas, pertenecientes a las dotaciones de la Escuadra.

El comandante y oficiales del yate nos recibieron con las mayores atenciones, esforzándose por atender a nuestras necesidades, que eran de todo género, porque llegamos absolutamente desnudos y hambrientos; me manifestó el comandante que como su buque era tan pequeño, no podía recibir aquella masa de gente, e iba a buscar un buque mayor que los embarcara. Los insurrectos, con quienes yo había hablado, me habían dicho que con ellos tenían unos 200 hombres entre los que había 5 ó 6 heridos, y me añadieron de parte de su jefe que si queríamos irnos con ellos les siguiéramos y nos auxiliarían con lo que ellos tenían, a lo que les contesté que dieran las gracias a su jefe y le dijeran que nosotros nos habíamos rendido a los americanos; pero que si tenían médico, les agradecería que curaran una porción de heridos que teníamos en la playa, algunos de ellos muy graves.

Al comandante del yate le comuniqué esta conversación con los insurrectos y le supliqué reclamara nuestra gente, lo que me prometió, enviando al efecto un destacamento con bandera. También envió algunos víveres de que tan necesitados estaban en la playa.

Seguimos después hacia el O. hasta encontrar el grueso de la Escuadra, de la que se destacó el crucero auxiliar «Paris», y nuestro yate siguió hasta frente a Cuba, donde recibió órdenes con arreglo a las que unos fuimos transbordados al «Iowa» y otros lo fueron a otros barcos.

Durante mi permanencia en el yate pedí a los comandantes de los cazatorpederos noticia de la suerte que les había cabido, teniendo el conocimiento de saber su triste fin.

De lo ocurrido al «Furor», puede V.E.I. enterarse detalladamente por la adjunta copia del parte de su comandante; en él encontró una muerte gloriosa el capitán de navío don Fernando Villaamil, y el número de bajas acredita cómo se ha conducido este pequeño buque cuyo comandante también fue herido levemente.

Cuando llegué al «Iowa», donde fui recibido con toda clase de honores y consideraciones, tuve el consuelo de ver en el portalón al bizarro comandante del «Vizcaya», que salió a recibirme con su espada ceñida porque el comandante del «Iowa» no quiso que se desprendiera de ella en testimonio de su brillante defensa. Adjunta es también copia del parte que me ha producido, por el cual vendrá V.E.I. en conocimiento de esta historia tan parecida a la de sus hermanos «Teresa» y «Oquendo», lo que prueba que los mismos defectos han producido las mismas desgracias, habiendo sido todo cuestión de tiempo.

En el «Iowa» estuve hasta las cuatro de la tarde, en que fui trasbordado al «San Luis», donde encontré al general segundo jefe y comandante del «Colón».

Cuando estando aún en el «Iowa» se incorporó el almirante Sampson, le pedí permiso para telegrafiar a V.E.I., haciéndolo en los Siguientes términos:

«En cumplimiento de las órdenes de V. E., salí ayer mañana de Cuba con toda la Escuadra, y después de un combate desigual contra fuerzas más que triples de las mías, toda mi Escuadra quedó destruida, incendiados y embarrancados el "Teresa", "Oquendo" y "Vizcaya"; el "Colón", según informes de los americanos, embarrancado y rendido; los cazatorpederos a pique. Ignoro aún las pérdidas de gente, pero seguramente sumen más de 600 muertos y muchos heridos, aunque no en tan grande proporción. Los vivos somos prisioneros de los americanos. La gente toda rayando a una altura que ha merecido los plácemes más entusiastas de los enemigos. Al comandante del "Vizcaya" le dejaron su espada. Estoy muy agradecido a la generosidad e hidalguía con que nos tratan. Entre los muertos está Villaamil y creo que Lazaga; entre los heridos, Concas y Eulate. Hemos perdido todo y necesitaré fondos. - Cervera. - 4 de junio de 1898.»

En cuyo, telegrama hay que rectificar la suerte del «Plutón», que no fue echado a pique, sino que, sin poderse sostener a flote, consiguió embarrancar como V.E.I. verá en el parte de su bizarro comandante.

Los restos del acorazado "Vizcaya" fotografiados por W.H. Hearts Fuente: [url=]clic aquí[/url]
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Réstame decir a V.E.I., para completar los rasgos característicos de esta lúgubre jornada, que nuestros enemigos se han conducido y se conducen actualmente con nosotros con una hidalguía y delicadeza que no cabe más; no sólo nos han vestido como han podido, sino que han suprimido la mayor parte de los «hurras» por respeto a nuestra amargura; hemos sido y somos objeto de entusiastas felicitaciones por nuestra actuación, y todos, a porfía, se han esmerado en hacernos nuestro cautiverio lo más llevadero posible.

En resumen: la jornada del 3 ha sido un desastre horroroso, como yo había previsto; el número de muertos es, sin embargo, menor del que yo temía; la Patria ha sido defendida con honor y la satisfacción del deber cumplido dejan nuestras conciencias tranquilas, con sólo la amargura de lamentar lo pérdida de nuestros queridos compañeros y las desdichas de 1a Patria.

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Foto del Infanta Teresa tomadas por Caspar F. Goodrich y Richmond P. Hobson momentos antes de subir al buque para inspeccionarlo

También acompaño a V.E.I. relación de los jefes, oficiales y guardias marinas muertos, heridos, contusionados y desaparecidos y otra de los heridos no oficiales que hay en este buque; la gran masa de heridos está a bordo del buque hospital, que es el vapor «Solace».

Como comprendo que V.E.I. tendrá dificultades para transmitir esta comunicación, me permito enviarle un traslado al Excmo. Sr. Ministro de Marina.

Dios guarde a V.E.I. muchos años.

En la mar, a bordo del «San Luis», 9 de julio de 1898.

Firmado: Pascual Cervera.

Esteban McLaren
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Re: La guerra hispano-norteamericana

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 24, 2013 1:05 pm

El desastre naval de Santiago de Cuba

El desastre naval de Santiago de Cuba (3 julio 1898).
Por Ricardo Peytaví:
Es una ciudad de calles estrechas y casas bajas, aplastada por un calor canicular casi todos los días del año. Da la sensación como en muchos otros lugares del país, de que el reloj se paró en enero de 1959, o quizá mucho antes; si no fuese por el tráfico rodado, la expansión de los barrios periféricos y otros pocos símbolos adicionales de una modernidad raquítica, se diría que Santiago de Cuba conserva el aspecto que tendría aquel domingo 3 de julio de 1898, hace hoy exactamente cien años, el día en que lo poco que quedaba de la Armada española se disponía a un sacrificio inevitable frente a la escuadra norteamericana.

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Salida a plena luz del día:
Eran las nueve y media de la mañana cuando el crucero acorazado Infanta María Teresa, buque insignia del almirante Pascual Cervera, abandonaba la bahía de Santiago de Cuba. La batalla comenzó inmediatamente: a las 9,35 el "Teresa" abrió fuego sobre un acorazado norteamericano, aunque su intención era dirigirse a toda máquina hacia el Brooklyn, al que interesaba poner fuera de combate enseguida por ser el navío más rápido de la escuadra enemiga. Detrás del "Teresa" salieron en fila india (no había otra posibilidad por las características de la bahía) los también cruceros acorazados Vizcaya, Cristóbal Colón y Almirante Oquendo, con la intención de huir rápidamente hacia el oeste. Por último se hicieron a la mar los destructores Furor y Plutón, que no tenían ninguna opción ante la potencia de fuego de Estados Unidos.

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El único barco que podía, en principio, ponerse a salvo era el Cristóbal Colón, al ser el más rápido de ambas flotas. Estuvo a punto de conseguirlo, pero al consumir todo el carbón de calidad, tuvo que emplear otro de menor poder calorífico; perdió velocidad y fue alcanzado por los acorazados enemigos. Su comandante decidió embarrancarlo a las 13,54 en las proximidades de la desembocadura del río Turquino, a 48 millas (89 kilómetros) de Santiago. La suerte de los otros cruceros fue similar. El "Teresa", aunque en principio hizo huir al Brooklyn, sucumbió bajo el fuego del Indiana y el Oregon. El "Oquendo" y los dos destructores sufrieron un intenso castigo desde que abandonaron la bahía y quedaron fuera de combate en poco tiempo. El Vizcaya, alcanzado por varias andanadas, decidió encallar en el Aserradero, donde le explotaron las calderas y los pañoles de munición poco después de las once de la mañana. En algo más de cuatro horas, la escuadra española del Atlántico quedó aniquilada.

Aunque la cifra de bajas nunca se han considerado muy exactas, en el bando español hubo 332 muertos y 197 heridos; en el norteamericano un muerto y unos pocos heridos. Los daños que sufrieron los navíos de EE.UU. fueron escasos. Jamás se había visto algo parecido en la historia naval. Muchas toneladas de papel se han impreso en los últimos cien años para tratar de explicar lo sucedido aquel día. En la parte española siempre ha prevalecido la idea de que la escuadra del almirante Cervera se enfrentaba a una fuerza infinitamente superior, y que sus barcos eran viejos y estaban mal equipados, pero eso no es del todo cierto. El "Teresa", el Vizcaya y el "Oquendo" habían entrado en servicio en 1893, sólo cinco años antes, mientras que el "Colón", el Furor y el Plutón fueron botados el año anterior. Los barcos españoles tenían una coraza y armamento más ligeros que los norteamericanos, pero también eran más rápidos. Se trataba en ambos casos de flotas modernas aunque construidas con una concepción distinta. España necesitaba buques capaces de trasladarse con rapidez a sus posesiones de ultramar, no sólo en el Caribe, sino también al otro lado del mundo, en Filipinas. Estados Unidos, al carecer de un imperio ultramarino, optó por barcos más pesados pero también menos ágiles. En principio, ninguna de las dos armadas tenía ventaja sobre la otra. Todo dependía del tipo de combate naval que se entablase, pero tanto en Cavite (Filipinas) como en Santiago de Cuba, las circunstancias le dieron una ventaja aplastante a los navíos yanquis.

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El justificado pesimismo de Cervera:
A estas alturas, los historiadores tienen pocas dudas de ue el pesimismo secular de Pascual Cervera fue decisivo no ya para la derrota en sí (algo difícil de evitar), sino para la forma tan rápida con que ésta se produjo. Cervera fue a Cuba a regañadientes. El 20 de abril de 1898, cuando la flota española se reunió en las islas de Cabo Verde, le recomendó al ministro de Marina que en vez de zarpar rumbo al Caribe, resultaba más aconsejable trasladar la escuadra a Canarias, para defender este archipiélago (e incluso costas peninsulares) de un posible ataque norteamericano. Sin embargo, el 24 de abril el Gobierno le ordenó que saliese hacia las Antillas. En el mismo mensaje se le informó que la bandera de estados Unidos era enemiga. Cervera preparó los barcos y zarpó el 29 de abril. Antes, le escribió una carta a su hermano en la que, entre otras cosas, le decía :

"Vamos a un sacrificio tan estéril como inútil; y si en él muero, como parece seguro, cuida de mi mujer y de mis hijos.

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El pesimismo de Cervera contrasta con la euforia que se vivía en España- la población, enardecida por una prensa patriotera, estaba convencida de que la escuadra española no sólo derrotaría a la norteamericana, sino que incluso bombardearía y bloquearía algunos puertos de ese país. El 19 de mayo la escuadra norteamericana arribó al puerto de Santiago de Cuba. Era un lugar seguro, donde al enemigo le resultaba casi imposible entrar, pero del que resultaría muy difícil salir si la escuadra norteamericana establecía un bloqueo, como así fue. El 25 de mayo, Cervera envió un telegrama al ministro de Marina en estos términos:

"Estamos bloqueados. Califiqué de desastrosa la venida para los intereses de la Patria. Los hechos empiezan a darme la razón. Con la desproporción de fuerzas, es imposible ninguna acción eficaz. Tenemos víveres para un mes".

Lo que ocurrió entre esa fecha y el 3 de julio ha dado pie a debates apasionados a lo largo de un siglo. La pregunta es por qué salió Cervera si las posibilidades de escapar eran mínimas, y la respuesta siempre es la misma: porque se lo ordenaron. La propia defensa de la ciudad ya resultaba delicada. Parte de la dotación de los barcos fue desembarcada para apoyar a la infantería y luego reembarcada justo antes de que la escuadra se hiciera a la mar. Se corría el riesgo de que las tropas yanquis, apoyadas por los mambises, se apoderasen de la entrada de la bahía y encerrasen a la escuadra. Otros historiadores, como el cubano Enrique Pérez-Cisneros, hablan de que el Gobierno de Madrid temía que Cervera se rindiera sin combatir. En la metrópoli se prefería una derrota honrosa en el mar. Sea como fuese, resulta incomprensible que los barcos españoles zarpasen a primera hora de una larga jornada de verano, en vez de aprovechar la oscuridad de la noche o incluso un día de mal tiempo que dificultase el bloqueo. Lejos de eso, se enfrentaron a una poderosa escuadra en el peor momento, eso sí, después de haber asistido a misa y de gritar "¡Viva España!". Lo que sucedió inmediatamente fue una derrota que nadie trató de evitar. De hecho, cuando el Cristóbal Colón fue hundido por sus tripulantes para que no fuese apresado por el enemigo, apenas había sufrido daños. (Ricardo Peytaví)

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Esteban McLaren
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Re: La guerra hispano-norteamericana

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 24, 2013 1:05 pm

La batalla de Santiago de Cuba.
Por José Antequera:

Extracto de un trabajo sobre el tratamiento de la prensa de Mendoza (Argentina) a la guerra Hispano-Norteamericana.
[...] Echadas las cartas de la confrontación, el Diario centra su atención y su espíritu en las posibles consecuencias de la guerra. En la geografía de la ciudad clave, Santiago de Cuba, sobre la cual reflexiona en una extensa editorial. Dice que la posibilidad de un combate, es allí inminente porque a sus puertas se encuentra anclada la escuadra de Cervera, y en las inmediaciones, la de Schley, (Almirante de la flota norteamericana). Sobre las consecuencias del combate dice que, la derrota de los yankees significaría un desastre de consecuencias fundamentales para la guerra, por que perderían la mitad de sus buques más modernos y poderosos; pero que derrotados los españoles, el hecho asumiría las proporciones de una catástrofe, pues además de perder naves de un valor inapreciable, caería en poder del enemigo la importante ciudad de Santiago, a cuyos alrededores se encuentran numerosas fuerzas insurrectas perfectamente armadas, que se abalanzarían sobre la plaza. Describe al puerto, (en un tiempo el principal de la isla), situado en la orilla de una de esas ensenadas que se abren en la cadena de arrecifes que rodean a Cuba y comunican con el mar por una canal estrecho. "La bahía de Santiago de Cuba, solo tiene ciento sesenta metros en la parte más angosta del canal de entrada; pero en el interior se abre una magnífica bahía rodeada de caletas, en que todos los buques de la isla podrían encontrar abrigo" (31 de Mayo).

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Inicio de los combates:
El Diario da cuenta de las noticias que van generando las fuentes más próximas a la guerra y que por su lógico interés estratégico, es importante confrontar. Así, por ejemplo, se informa que en EEUU se anunció oficialmente un nuevo bombardeo a Santiago, el 7 de junio, que perjudicó seriamente a los fuertes y ocasionó muchas muertes. Fue demolido el crucero español Reina Mercedes, matando al segundo comandante y a cinco marineros e hiriendo a un teniente y diez marineros. Por su parte en Madrid, un despacho oficial de La Habana anuncia que los norteamericanos empezaron a bombardear ayer los fuertes de Santiago, pero no da detalles. Más tarde, otro despacho dice que los españoles han vuelto a rechazar el nuevo ataque de los navíos norteamericanos a Santiago, aunque murieron varios españoles entre los cuales se hallan el Coronel Ordoñez y el Capitán Sánchez (8 de Junio).

El Diario continúa brindando detalles del ataque norteamericano a Santiago. Y noticias de los EEUU concluyen que ningún buque norteamericano ha sido tocado por los proyectiles enemigos y que no hay bajas "americanas". Mientras que en Madrid un telegrama de Cervera confirmó el ataque a los fuertes y buques a su mando; que el "Reina Mercedes" tuvo seis muertos y diecisiete heridos. Que los daños sufridos "no son de importancia y que el enemigo recibió averías visibles". Por otra parte, comunican de Las Antillas que la censura telegráfica es tan rigurosa que se rechazan todos los telegramas dirigidos a España, con los detalles de la acción de Santiago. En tanto que en Bs.As. El Diario, publica que Washington recibió noticias sobre la guerra y que hablan sobre las fuerzas de desembarco norteamericanas, que ayudadas por los insurrectos, habrían llegado a tierra, resistiéndoseles tropas españolas, las que finalmente tuvieron que ceder al número y fuego de los buques norteamericanos, que los protegían al desembarcar. "Los españoles se replegaron sufriendo grandes pérdidas" (10 de Junio).

Algunos días después, el Diario mantiene informada a la opinión pública sobre lo que acontece en el Caribe. En Nueva York El World (sic) anuncia que el Comodoro Sampson telegrafió diciendo que su situación es muy crítica, y que es indispensable se adopten medidas inmediatas para apoderarse de Santiago. Mientras que en Madrid, el Ministro de Guerra, (Gral. Correa) volvió a protestar enérgicamente contra las infracciones continuas de los norteamericanos, a los derechos internacionales. En tanto que en Barcelona, la "Unión Catalana" ha dado hoy un manifiesto al pueblo en el cual ataca vivamente al gobierno por su imprevisión, que no se ha preparado para la guerra. Pide que se haga la paz enseguida, "pues así será menos costosa que más tarde cuando la impondrán los norteamericanos" (19 de Junio).

A comienzos de Julio, el Diario anuncia en grandes titulares que Santiago de Cuba ha sido atacada por mar y tierra. Y que Manzanillo ha sido bombardeado también. Que los cubanos insurrectos toman parte en la lucha, y según despachos de Schafter, están batiéndose con heroísmo. En Washington, de donde proviene la noticia, reina gran ansiedad por conocer el resultado de esa batalla. Mientras que en Madrid, también se supo del ataque combinado, con resultado favorable a España, aunque el rumor no fue confirmado. Por otro lado, Monseñor José Pozuelo de Herrera, dio una pastoral concerniente a la guerra con EEUU, que causó viva impresión. Dicho prelado ataca duramente a Norteamérica e invita al pueblo español a no ceder y proclama la guerra santa en todas las parroquias de su diócesis. Los eclesiásticos van a promover reuniones tendientes a avivar el patriotismo y ayudar al gobierno por todos los medios posibles (2 de Julio).

Al día siguiente, el Diario informa que en Washington se dijo que la batalla de Santiago comenzó a las 7 de la mañana y que el Gral. Lawton tiene ahora en su poder a Cabaña, posición que los españoles defendieron tenazmente. Que las flotas de Sampson y Schley, están bombardeando rigurosamente el fuerte del Morro, el cual contesta con todo vigor. Que hasta el momento, no se sabe cuál será el resultado, pero se sabe ya que los muertos por ambas partes son numerosos. Por otra parte, en Barcelona el obispo de esa diócesis, la cámara de comercio y el comité central del partido socialista catalán, dirigieron al gobierno central, una nota solicitando se ponga término a la guerra, por que si esta continúa la provincia se arruinará. No obstante, en Madrid las idean parecen ir en otra dirección. Allí se ha comunicado que todos los miembros del gabinete se expresaron contrarios a la paz. Al respecto, los despachos recibidos dicen que excepto Barcelona, la reacción belicosa se acentúa en toda la Península. Más adelante, la crónica del día da cuenta de un parte oficial proveniente de Washington, con más detalles sobre el combate de Santiago de Cuba. Dice que

La batalla ha sido encarnizada. Los americanos han tenido quinientas bajas entre muertos y heridos. Las pérdidas españolas no se conocen, pero no pueden ser inferiores. Los americanos han logrado ocupar y establecerse firmemente en los obrajes avanzados de Santiago y esta mañana... han debido reanudar el combate, emprendiendo nuevamente el ataque a las posiciones españolas. El espíritu de las tropas es excelente.

Por otra parte, en Roma se supo que, a través de su prensa, El Vaticano exhorta a las grandes potencias para que ofrezcan su mediación, con el propósito de que cesen las hostilidades entre España y Norteamérica (3 de Julio).

Variadas interpretaciones inmediatas del resultado:
El Diario continúa brindando información con detalles de la batalla de Santiago de Cuba. Al respecto se supo en Washington, que el Gral. Schafter deberá replegarse con sus tropas a las colinas próximas a la costa, pero en forma temporaria y con el objeto de dar descanso a las tropas. "Parece que Schafter abandonó completamente todo el llano que circunda a Santiago y las posiciones que ocupaba en el Camey". Mientras tanto que, desde Madrid se informa que dos mil soldados españoles combatieron heroicamente contra diecisiete mil norteamericanos. Que murieron de la misma forma el Coronel Ordoñez y el Comandante Domínguez, mientras que otros generales y oficiales quedaron heridos. Por otra parte, de Nueva York se informa que en Manzanillo fue hundido por los españoles el buque norteamericano Hornet. Los buques americanos se retiraron después de haber hundido a un torpedero y una cañonera española. En tanto que, el gobierno adoptó medidas urgentes para el envío de refuerzos a Cuba. Más adelante, se da cuenta de un despacho originado en Washington con carácter de "urgente", en el cual se señala que la flota americana del Comodoro Sampson, entró al puerto de Santiago y destruyó la flota española del Almirante Cervera. Todos los buques españoles fueron destruidos, menos uno. Agrega que, un telegrama de Schafter de fecha 3 de julio, dice que pidió capitulación inmediata de Santiago, amenazando en caso contrario, bombardearla. "Cree que la plaza capitulará". Por otra parte, se supo en Nueva York, gracias a un comunicado fechado en Playa Este, que habiendo salido de la bahía de Santiago, los españoles, alinearon sus buques y los incendiaron, menos uno, en el que se supone se hallaba Cervera. Se trata del buque Vizcaya. Por su parte, el Comodoro Sampson confirmó a Washington la voladura de la escuadra de Cervera, y además, que tomó mil doscientos prisioneros españoles entre los cuales se encuentra Cervera. En tanto que, allí mismo, un telegrama de Schafter al Ministro de Guerra norteamericano, anunció que la guarnición de Santiago rehusa capitular y que, de acuerdo con las instrucciones que se le enviaron, él ha acordado un plazo hasta mañana a medio día para rendirse, pasado el cual, procedería vigorosamente al bombardeo. En contraposición, noticias de España sobre la escuadra de Cervera dicen que el gobierno acaba de comunicar a la prensa un despacho oficial de Cuba, según el cual dicha escuadra salió de Santiago pasando el canal sin accidente alguno. Y que después se oyó un vivo cañoneo. Que se ignora el resultado del combate que ha debido librarse con la escuadra norteamericana. Luego, el Ministro de Guerra ha recibido otro telegrama de Santiago, anunciando la llegada a esa plaza de la columna del Gral. Escario, después de haber forzado las líneas americanas. Finalmente, otros despachos procedentes de Madrid, anuncian que la escuadra de Cervera forzó el bloqueo establecido por los buques norteamericanos, y gracias a su velocidad pudo alejarse sin haber siquiera recibido averías. Mientras que las noticias americanas sobre la destrucción de esa flota, serían falsas y con el objeto de desanimar a las tropas españolas, que defienden a Santiago de Cuba para obtener la rendición de la plaza (5 de Julio).

[...] Madrid informa que su gobierno, ignora la destrucción de la flota de Cervera y que los despachos oficiales de Cuba no lo mencionan. Mientras que en Nueva York se supo que Cervera está herido en un brazo, y que le declaró a Sampson que prefería arriesgar un combate en alta mar, que esperar la perspectiva de sucumbir en la situación en que se halla. Se informó también en aquella ciudad, que Schafter cayó enfermo, por lo que será reemplazado por el generalísimo Miles, quien se trasladará a la isla antes de 8 días con refuerzos y asumirá el mando del Ejército. En tanto que en Washington, se anunció desde Santiago, que los cónsules extranjeros tuvieron una conferencia con Schafter para pedirle prolongara el plazo fijado para la rendición de la ciudad. Es posible que dicho general acepte con el fin de que los extranjeros, puedan ponerse a salvo. Finalmente y después de varias aseveraciones y desmentidos, una editorial de Los Andes, merced a los despachos que provee la agencia "Havas", se confirma la destrucción de la escuadra de Cervera, disipando todas las dudas. Detalla el nombre y calado de los buques, su tonelaje y la tripulación, totalizando 2.164 marinos, los que se habrían enfrentado a los norteamericanos. Y que según datos de estos, 1.600 de ellos han sido presos. Aunque se afirma que el Cristóbal Colón se habría salvado, con sus 543 tripulantes. "Esto interesa por que dicho buque es gemelo de nuestro Garibaldi". Agrega que aunque rudo, el golpe no ha desarmado a España en el mar, pues además cuenta con la poderosa escuadra del Contra Almirante Cámara. Sin contar con otras naves muy a propósito para la defensa de las costas. Dice finalmente que Cervera merece el respeto universal por su gloriosa, aunque desgraciada página que ha agregado a la brillante historia naval de España.

Quien tan brillantemente acaba de luchar, nació el 18 de febrero de 1839 y cuenta con 45 años de importantes servicios, habiendo ganado muchos de sus ascensos por acciones de guerra y tiene numerosas condecoraciones (6 de Julio).

Autor: José Antequera

Esteban McLaren
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Re: La guerra hispano-norteamericana

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 24, 2013 1:05 pm

Lo que queda de la flota de Cervera:
Pecios de la Batalla de Santiago (03/07/1898):

Cuentan vecinos de las playas montunas que acarician los pies de la Sierra Maestra, que un día, después de noche borrascosa, encontraron en la orilla, junto a canecas de cerveza destrozadas, los restos de un cinto de piel cuya hebilla, grabada con el símbolo de la corona real, les hizo suponer que su propietario fuese un marino español, al que le ahogaron el último suspiro en el suicidio pavoroso que constituyó el combate desigual entre las escuadras de España y Estados Unidos. Durante todo un siglo, las olas del Mar Caribe se han estrellado furiosas contra el oxidado cañón del Almirante Oquendo, que ahora inofensivo apunta al cielo en el litoral sureste, a unos 30 kilómetros de la ciudad, sin dejarse arrastrar a la cercana playita de Nima Nima, o ser sepultado definitivamente en el lecho marino.

Holocausto:
Este constituye la evidencia más cercana al viajero, del holocausto sufrido el 3 de julio de 1898 por 350 marinos españoles, muertos durante el enfrentamiento naval contra la escuadra norteamericana, superior dos veces en tonelaje bruto y blindaje. La marea ha arrojado a la orilla muchas pertenencias de este acorazado de segunda clase, incluso pesadas piezas de hierro, arrastradas luego por lugareños hasta el patio de sus casas. Empero, si la Naturaleza y el hombre se han confabulado aprovechando la cercanía y baja profundidad a que se encuentran los pecios de la playa, ¿qué queda hoy de ellos? Para Soberats Trigueros, buzo especialista de 70 años, más de la mitad de ellos dedicados a la actividad subacuática, quien ha desafiado al mar, las dentelladas de los tiburones y la ira traidora de las corrientes marinas para explorar en incontables ocasiones los pecios, velando por su preservación, aún queda mucho que salvar. El es, por tanto, el más indicado para el recuento: El estado general de la flota es aceptable, ya que los cuatro acorazados de segunda y dos contratorpederos conservan aún las estructuras principales (cascos de acero, calderas y algunos compartimientos); aunque -aclara- barcos como el Oquendo, que posee el único cañón que aflora las aguas, semeja bajo ellas un amasijo de hierros, pues luego de ser destrozado durante el combate y embarrancado a una milla del oeste, perdió todos los componentes de madera de la cubierta y las pesadas planchas que la cubrían están prácticamente sedimentadas. Ahora conserva sólo las calderas y dos cañones hacia proa y popa, uno de los cuales es el que pueden observar a simple vista los viajeros de la carretera Granma. -La estructura que más ha resistido el paso de los años -señala Soberats- es el sistema de calderas que, por estar ubicadas debajo de las cubiertas principales, recibió menos el impacto de los obuses del enemigo-.Señala el experto submarinista que, aunque no se ven las numerosas piezas de artillería, hay esparcidos por el fondo elementos asociados a compartimientos, ojos de buey, bordas y otros.

El pecio del Cristóbal Colón:
Soberats mostró al célebre científico francés Jacques Ives Costeau y al cineasta norteamericano Al Guiden, la -joya de los pecios-, el Cristóbal Colón, y recibió del célebre inventor del acualum la recomendación de cuidarlo con mucho celo, no solo porque es el mejor conservado, sino también por su función de biota, donde habitan miles de peces y otros organismos marinos entre sus compartimientos apenas explorados. Blanco del cañoneo enemigo, y vista la indefensión del buque, el comandante del Colón lo embarrancó en la desembocadura del río Turquino, a más de 48 millas [89 kilómetros] al oeste de la boca del puerto.
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(*) Cuando fue hundido por su propia tripulación no había sufrido excesivos daños. Había sido botado el año anterior (1897). Era el único barco que podía, en principio, ponerse a salvo, al ser el más rápido de ambas flotas. Estuvo a punto de conseguirlo, pero al consumir todo el carbón de calidad, tuvo que emplear otro de menor poder calorífico; perdió velocidad y fue alcanzado por los acorazados enemigos. Su comandante decidió embarrancarlo a las 13,54 hrs.

Declara que del Plutón y el Furor se conservan, en el caso del primero, las calderas y otros elementos esparcidos a 18 metros de profundidad frente a la playa de Mar Verde, de donde se extrajeron hace pocos años proyectiles de diverso calibre aún sin explotar, y una brújula. El segundo está prácticamente sepultado entre unos cinco o diez metros de profundidad, aunque se observa aún bajo las aguas uno de los seis cañones que montaba. El Vizcaya, similar a los dos anteriores, embarrancó frente a la playa de Aserradero, a poca profundidad, y aunque es un amasijo de retorcidos hierros, le afloran a la superficie dos de sus cañones Hontoria. La posibilidad de que los restos de los barcos de la infortunada flota puedan ser extraídos algún día de su centenario lecho no debe ser descartada, pues constituyen un valioso trofeo de guerra que merece ocupar su lugar en algún museo sobre la historia de tan memorable contienda bélica.

Estoico y suicida:
En la memoria de los pueblos que se vieron involucrados en el conflicto, quedará grabado con signos de holocausto el combate naval de aquel fatídico 3 de julio de 1898. Para tener una idea del sangriento episodio, es necesario recordar que después del arribo a Santiago de Cuba de la escuadra española, mandada por el Almirante Pascual Cervera, fue bloqueado el puerto por la escuadra norteamericana de Sampson y Schley, quedando -embotellada- la de Cervera. El hecho fijó el destino de la guerra y concurrió a fijar el teatro de esta en la ciudad de Santiago de Cuba. Luego de echar a pique un gran navío mercante en las cercanías de Punta Gorda, la escuadra norteamericana bombardeó violentamente las fortalezas del Morro y La Socapa, en la boca del puerto, sobre la que cayeron no menos de 8 mil proyectiles, sin grandes consecuencias. La acción se repitió el 15 de junio contra las defensas del puerto. Los españoles, a su vez, considerando difícil la situación de la plaza y creyendo no poder resistir un nuevo ataque, ordenaron desde La Habana al Almirante Cervera, intentar la ruptura del bloqueo naval. Este, convencido de la imposibilidad de lograrlo y de que el intento constituiría un verdadero suicidio, escribió al Ministro de Marina D. Segismundo Bermejo:

Con la conciencia tranquila voy al sacrificio, sin explicarme ese voto unánime de los generales de Marina que significa la desaprobación y censura de mis opiniones, lo cual implica la necesidad de que cualquiera de ellos me hubiera relevado.


La debacle:
En la mañana del 3 de julio, la escuadra fue puesta en movimiento. A la cabeza iban el crucero Infanta María Teresa (buque insignia); el Almirante Oquendo, Vizcaya y Cristóbal Colón. A unas 600 yardas de distancia entre sí, cerrando la marcha bastante retrasados, los contratorpederos Furor y Plutón. La defensa norteamericana aplicó un arco de círculo compuesto por cuatro acorazados, un crucero y un navío ligero armado, mientras el Oregón se dirigió a toda marcha hacia la boca del puerto, a fin de impedir la salida de los buques españoles, seguido del Indiana, en tanto que el Iowa se aproximaba al sur. Poco después, cuando el Infanta María Teresa había doblado para tomar rumbo oeste, los acorazados Oregón e Iowa comenzaron a cañonearlo, secundándolos minutos después el Texas y el Brooklyn. El crucero español soportó mucho más de un cuarto de hora un verdadero diluvio de proyectiles que lo dejaron inutilizado antes de ganar seis millas fuera del puerto. El Infanta María Teresa, insignia de Cervera, tenía 103,63 metros de eslora y 19,8 de manga, un blindaje de 60,5 milímetros en los costados, las torres y la cubierta, y componían su tripulación un capitán de navío y 497 hombres de dotación. Se embarrancó en las cercanías de Punta Cabrera y se encuentra hundido en sitio desconocido, desde que los norteamericanos intentaron llevárselo como trofeo de guerra. El Cristóbal Colón era el buque más rápido, pero no pudo escapar a la persecución de cuatro buques norteamericanos debido al pobre combustible y al deficiente estado de sus máquinas. De la suerte de los contratorpederos Plutón y Furor se sabe que el primero embarrancó tras ser partido en dos por un grueso proyectil, y el segundo fue echado a pique por el fuego de la artillería enemiga. Luego de cuatro horas de desigual enfrentamiento, terminó el combate naval que dejó un saldo de 475 bajas españolas (350 de ellas, muertos). Los norteamericanos, en cambio, sólo tuvieron un muerto y 3 heridos. Probablemente sea ésta la única acción en la historia de los combates navales en que un adversario resultó totalmente aniquilado, pues ninguna de las seis unidades de la infortunada escuadra española logró escapar. Con ella quedó sellada la suerte de la ciudad de Santiago de Cuba y así, la de la guerra. De hecho resultó liquidado el imperio colonial hispánico en tierras de Asia y América, para comenzar el neocolonialismo norteamericano en la mayor isla de Las Antillas.
Publicado por Habanera digital


Las tropas de Calixto García son relegadas tras la toma de Santiago:
Cifras conservadoras estiman los fallecidos en la campaña que culminó con la toma de Santiago en alrededor de 600 por la parte española, 250 por la norteamericana y 100 por la cubana; en comparación con el monto total de las fuerzas contendientes, los cubanos aportaron el mayor número de víctimas. Gracias a Calixto García y sus hombres, Shafter (quien no era un general de amplias capacidades para el tipo de guerra que debía desarrollar) pudo cumplir la misión asignada. Sin embargo, la manera en que los cubanos serían tratados se puso de manifiesto con rapidez. Desde la suprema dirección de los Estados Unidos llegó la orden de impedir la entrada de Calixto y sus compañeros en la capital de Oriente, bajo el pretexto de "posibles represalias" por parte de los antillanos. Tamaña falta de respeto a la hidalguía y la seriedad combativa de los mambises tuvo una excelente respuesta en la carta que el general García le escribiera a Shafter, rechazando las valoraciones del gobierno supuestamente amigo. El Himno Nacional cubano, con 30 años heroicos de existencia, tampoco se escuchó en las calles de Santiago; en su lugar, se oyó su similar estadounidense. Muy rápidamente, los verdaderos móviles de la intervención en la guerra -ocupar y apoderarse de Cuba- se habían puesto de manifiesto por los funcionarios del Norte. (Oscar Loyola Vega)
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Re: La guerra hispano-norteamericana

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 24, 2013 1:05 pm

Puerto Rico has a longstanding tradition of citizen-soldiers and local militia in its over five hundred year old history going back to the year 1510.

The Milicias Urbanas de Puerto Rico was first organized in 1693 and reorganized in 1765 as the Milicias Diciplinadas de Puerto Rico. After the Lares Uprising of 1868, the Spanish doubting the loyalty of Puerto Ricans, began to disband these companies, including the Compañia de Artilleros Morenos de Cangrejos, a separate company of black Puerto Ricans. The milicias, are the direct lineal ancestors of two of today’s Puerto Rico National Guard Units, the 295th and 296th Infantry. The milicias were replaced in 1871 by another similar organization, El Instituto de Voluntarios.
Vintage photograph of the number 1 Battalion of the Institute of Volunteers of Puerto Rico, created in 1870 by Governor Don Laureano Sanz. The purpose of this group was to maintain the order among civilians and to support the Veteran Forces in case of war.
Although membership was voluntary, once the flag of oath was administered, the new

members were subject to the same military code as the regular army. In 1898, the Institute also became an armed political party as its members were affiliated with a Spanish political party.
In 1899, the U.S. Congress authorized the establishment of a military unit comprised of Puerto Ricans and in 1900 the Porto Rico Battalion was established. Through successive reorganizations this unit became the Porto Rico Voluntary Infantry, The Porto Rican Provisional Regiment of Infantry, the Porto Rico Regiment, U.S. Infantry and finally in 1920, the 65th Regiment, U.S. Infantry. The Puerto Rico National Guard eventually became the 296th Infantry Regiment (“Alerta Esta” - "Always Alert").
(1992 painting depicting the Puerto Rican 65th
Infantry Regiment's bayonet charge against a
Chinese division during the Korean War. Photo
courtesy U.S. Army Center for Military History. )








Our Heroes

The participation of the Puerto Ricans in the defense of the interests of the United States has been significant and in some cases, like in the Korean War, decisive.



Sirvieron
(Served)
Heridos
(Wounded)
Muertos en Combate
(Died in Combat)
Quedan Vivos
(Still Alive)

Primera Guerra Mundial
(World War I)
(1914-1918)
18,000
5
1
110

Segunda Guerra Mundial
(World War II)
(1939-1945)
65,034
165
33
30,000

Guerra de Corea
(Korean War)
(1950-1953)
61,000
3,049
756
38,000

Guerra de Vietnam
(Vietnam War)
(1963-1973)
48,000
3,000
332
33,000

Golfo Pérsico
(Persian Gulf)
(1990-1991)
4,300
?
1
?

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Re: La guerra hispano-norteamericana

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 24, 2013 1:05 pm

1898 La Guerra Hispano Americana en Puerto Rico

Recordando el ayer. La Guerra Hispano Americana

Por Reynaldo Mejías Garcés


Se ha escrito mucho sobre la guerra que mantuvieron España y los Estados Unidos hace casi un siglo. Luego de que los Estados Unidos de América observaran a Inglaterra, Alemania, Francia y Bélgica expandir sus imperios en el mundo, los EEUU pelearon esta guerra con miras a proteger sus negocios en el resto de el mundo, a proveerse de minerales, a adquirir tierras para cosechar frutos, tabaco y azúcar. También tenían ya en mente la construcción del Canal de Panamá y necesitaban bases en el Caribe con las que proteger esta vía de comunicación de vital importancia para su comercio y su defensa. La presencia de España en el Caribe se les hacía molestosa, es por ello que sin tener arte ni parte en las supuestas razones que esgrimía EEUU para la guerra, Puerto Rico también fue invadida. Fue principalmente una guerra apetecida por los bancos, los fabricantes de acero, los que bregaban con el petróleo, los manufactureros y hasta los misioneros. Aparentemente, el presidente MacKinley no quería esta guerra, y menos podía quererla España. Pero había un gran número de personas muy influyentes que la querían y estaban respaldados por los periódicos. La guerra aumenta la circulación de los periódicos considerablemente.

De cara al mundo, la principal razón de los americanos para comenzar esta guerra era la de "liberar" a la isla de Cuba del régimen español. Ya los pueblos de América que estaban bajo el control de España, buscaban su libertad, tal como la había ganado los Estados Unidos de América un siglo antes. Los españoles cometieron varios errores, uno de ellos fue el de apresar a todos los que pretendían obtener la libertad política. Los Estados Unidos se pegó de este detalle para hacer su propaganda en pro de la guerra. Una de las mayores preacupaciones de los americanos era ver que ya había en América una república negra en Haití. Ellos no podían aceptar que Cuba fuera otra república negra. Aquellos tiempos eran de mucha separación entre los negros y los blancos. Hombres muy influyentes como Henry Cabot Lodge (1850-1924), el Senador de Massachusets, Teodoro Roosevelt, que era entonces el Sub-Secretario de la Marina, y el capitán Alfredo Mahan, autor de un libro sobre la influencia de la marina y su poder sobre la historia, que trata muy claramente el asunto de la expansión de los EEUU por medio de bases navales a través de todo el mundo, tuvieron mucha importancia en el desarrollo de los procesos de guerra entre los EEUU y España. Teodoro Roosevelt tenía su mente hecha ya y decía sin ambages: "Yo doy la bienvenida a cualquier guerra y creo que los EEUU necesitan una". Henry Cabot Lodge era también un hombre predispuesto a la guerra y cuando el presidente Cleveland falló en invadir y tomar a Hawaii en el año 1893, Lodge montó en cólera y dijo que "los intereses de nuestro comercio para un desarrollo total, debemos construir un canal en Nicaragua y para tener el control de nuestra supremacía en la región del Pacífico, debemos controlar a Hawaii, sin olvidar tener nuestra influencia en Samoa". Los dos periódicos más importantes de la época y que pedían la guerra eran los que pertenecían a los dos Zares del periodismo de los EEUU: William Randolf Hearst (1863-1951) y Joseph Pulitzer (1847-1911). Ambos habían aprendido la lección de que las guerras venden los periódicos, recordando la guerra civil de los EEUU. En estos periódicos se ofrecían noticias de las supuestas atrocidades que cometian los españoles contra los cubanos y estas noticias fueron inclinando la balanza a favor de la guerra poco a poco. Los periódicos del Sr. Hearst enviaron a Cuba un gran fotógrafo, el Sr. Federico Remington (1861-1909) y este buen señor le dijo a su jefe que no había encontrado una guerra en Cuba, a lo que el Sr. Hearst le dijo: "Envíame las fotos y yo produciré la guerra".

Tenían a España acorralada en un cuarto donde no había escapatoria posible. El Secretario de Guerra, John Hay llamó a esta guerra "una pequeña guerra que durará muy poco". Desde luego, toda guerra por pequeña que sea, tiene un alto costo en vidas.

Datos especiales:

enero 25: El barco de guerra Maine llega a la Bahía de la Habana con el pretexto de proteger a los intereses americanos, que eran brutalmente atacados, de acuerdo con la información de los periódicos

enero 9: El Embajador de España en los EEUU envió una carta que fue interceptada y reproducida por los periódicos de los dos magnates, especialmente en el New York Journal del Sr. Hearst. En esa carta decían ellos que el Embajador describía al Presidente Mckinley como flojo de mente. Esta publicación produjo la indignación de muchos en los EEUU.

febrero 15: El barco de guerra Maine explotó "misteriosamente" en la bahía de la Habana causando la muerte a 260 hombres tripulantes del barco. De allí salieron los gritos de guerra "Recuerden el Maine" y "Al infierno con España". Los americanos dijeron que la explosión fue por medio de un torpedo enviado del exterior del barco pero las autoridades españolas luego de una investigación, encontraron que la explosión había surgido de la santabarbara (almacen de municiones) del barco con todas sus balas y pólvora.

marzo 9: Por votación unánime el Congreso de los EEUU asignó la cantidad de 50 millones de dólares para la "defensa nacional" moviéndose la nación para una guerra.

marzo 27: El presidente MacKinley declaró un mensaje de guerra a la nación, para evitar que su partido pudiera dividirse, ya que las voces de los periódicos y sus dueños, así como los voces de Henry Cabot Lodge y el Secretario de Guerra de la Marina, Teodoro Roosevelt, empañaron los deseos de paz de España. El presidente Mckinley había pedidovarias concesiones para los EEUU de manera que se evitase la guerra. Entre éstas estaban la negociación con los rebeldes cubanos, desmantelar los campos de concentración en Cuba y la participación de los EEUU en las negociaciones de los rebeldes y el gobiemo español en Cuba. Los españoles prácticamente aceptaron todas estas imposiciones e intentaron negociar, pero los magnates americanos querían la guerra.

abril 19: El Congreso Americano adopta una resolución pidiendo la independencia para Cuba. El mensaje decía que los EEUU no tenían interés alguno en ocupar o controlar la isla de Cuba y la guerra que se suponía vendría pronto era solamente para liberar la isla de Cuba de el poder europeo, permitiendo a los cubanos elegir su destino.

abril 21: España rompe relaciones con los EEUU.

abril 22: El Congreso Americano pasa una ley llarnada "Ley del Ejército Voluntario" para poder organizar el Primer Regimiento de Voluntarios, los llamados "vaqueros voluntarios" los que fueron bautizados por la prensa como "los Jinetes Rudos". Luego de haber instigado la guerra, el Sr.Teodoro Roosevelt renuncia a su puesto en el gobierno y es nombrado como teniente coronel de la recién formada brigada de los llamados "Jinetes Rudos". Los EEUU comienzan a bloquear los puertos y es capturado el primer buque español en la contienda.

abril 23: El presidente MacKinley pide 125 mil reclutas para la guerra.

abril 24: El gobiemo español declara la guerra a los EEUU.

abril 25: El gobiemo americano declara que desde el día en que España rompió relaciones con los EEUU, abril 21, existe un estado de guerra entre las dos naciones.

mayo 1: Mientras se enfocan las hostilidades en Cuba, los EEUU lanzan un ataque sorpresa a las Islas Filipinas, bajo el mando de Comodoro Dewey (Más tarde, Almirante). Luego de 7 horas en la bahía de Manila, donde los barcos españoles habían maniobrado para evitar la matanza de civiles, los barcos americanos hundieron todos los barcos españoles, matando a más de 300 marinos sin una sola pérdida del lado americano.

mayo 12: Los barcos americanos bombardean el puerto de San Juan, Puerto Rico.

mayo 19: Con la ayuda de los americanos, el líder de la guerrilla Filipina, Aguinaldo, llega a Manila. En ese mismo tiempo, los barcos americanos se mueven a la bahía de Santiago de Cuba.

mayo 25: Barcos llenos de tropas americanas salen para Manila. El presidente MacKinley pide 75 mil voluntarios adicionales, para la guerra.

mayo 29: Los barcos americanos bloquean la bahía de Santiago y no dejan pasar a los barcos españoles.

junio 10: Una fuerza de 647 marinos americanos invade la bahía de Guantánamo, comenzando allí la invasión de Cuba

junio 22: Cerca de 20 mil tropas americanas llegan a la bahía pesquera de Daiquirí, a unas 18 millas de Santiago.

junio 24: Capitaneados por el Sr. José Weeler, que había servido en el Ejército Confederado, y quien de vez en cuando llama a los españoles `Yankees", acompañado por Leonar Wood, mil soldados regulares y de "Jinetes Rudos" y de varios corresponsales de guerra, ganan la primera batalla en la Guasimas de Cuba. Allí el Sr. Roosevelt es acompañado por dos corresponsales de guerra que le aclaman como un héroe.

julio 3: Combate naval de Santiago de Cuba. La escuadra del almirante Pascual Cervera es destruída por la de Sampson. Bajas españolas: 223 muertos y 151 heridos. Bajas americanas: 1 muerto y 1 herido a bordo del Brooklyn.

julio 16: Capitulación de las tropas españolas, sitiadas en Santiago de Cuba, después de la batalla de "Las Colinas de San Juan". Bajas españolas: 593 entre muertos y heridos. Bajas americanas: 260 muertos y 1,431 heridos.

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Re: La guerra hispano-norteamericana

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 24, 2013 1:06 pm

fordmodeloa escribió:Publico una imagen de la batalla de las colinas de San Juan, que prácticamente fué la última de la batalla y marcó la derrota definitiva de las fuerzas españolas en la isla. Notese en la imagen los fusiles Krag 1894 norteamericanos, el primer fusil de repetición a pólvora sin humo que empleó el ejército USA. Estos fueron superados en cadencia de fuego por los fusiles españoles Mauser 1893 de 7 mm. Al fondo vemos las ametralladoras manuales Gatling que el tte. Parker acercó a la primera línea para que la infantería pueda avanzar, fue uno de los primeros empleos de las ametralladoras como arma de apoyo directo a la infantería[img][/C:\Documents and Settings\rafael\Mis documentos\1rmf\MUSEO\Gatlings at San Juan Hill 1898.jpg][/img]
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Re: La guerra hispano-norteamericana

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 24, 2013 1:06 pm

Documental español que reseña el inicio del conflicto

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Re: La guerra hispano-norteamericana

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 24, 2013 1:06 pm

Descubren restos de la flota de Cervera

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Re: La guerra hispano-norteamericana

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 24, 2013 1:07 pm

Batalla de Cavite


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Pintura estadounidense que muestra al USS Olympia liderando el ataque a la flota española en la Batalla de Cavite

La batalla de Cavite fue el enfrentamiento entre fuerzas navales estadounidenses y españolas ocurrido el 1 de mayo de 1898 en la bahía de Manila en el contexto de la guerra hispano-estadounidense.

Preparativos estadounidenses
Diez días después de la explosión del acorazado USS Maine (15 de febrero de 1898), el comodoro Dewey, al frente del Escuadrón Asiático en Yokohama, recibió la orden de dirigirse a Hong Kong y allí prepararse para atacar Filipinas en caso de estallar la guerra con España. Dejó en Shanghái el anticuado buque de madera Monocacy y se dirigió acto seguido a Hong Kong, donde reunió sus buques, 4 cruceros protegidos, Olympia, Raleigh, Boston y Concord y el cañonero Petrel.
Una vez llegado allí -2 de marzo-, instruyó a sus tripulaciones, saliendo de la bahía de Hong Kong a hacer prácticas de tiro cada pocos días. En el mes de abril, adquirió dos mercantes, el Nanshan y el Zafiro, con carbón y otros pertrechos, e incorporó el aviso MacCulloch, armado ligeramente y perteneciente al Departamento del Tesoro. Además, reparó, pintó y puso a punto todos sus buques en los astilleros de Hong Kong.
El 22 de abril llegó un refuerzo sustancial con repuesto de municiones para el resto de la escuadra, el crucero protegido Baltimore. El mismo día recibía el telegrama de que estuviese listo para zarpar inmediatamente, ya que la guerra era inminente.
Al día siguiente estalló la guerra, teniendo 48 horas de plazo para abandonar Hong Kong según las leyes de neutralidad británica. La escuadra de Dewey salió de Hong Kong el 25 de abril y se dirigió a la vecina bahía de Mirs, donde completó su alistamiento durante otros dos días, recibiendo noticias del Consulado estadounidense sobre los preparativos españoles hasta que finalmente, el 27 de abril zarpó hacia Filipinas.

Preparativos españoles
Las fuerzas navales del Apostadero se reducían a dos cruceros de más de tres mil toneladas, el Reina Cristina y el Castilla -este último, de casco de madera- y 5 cruceros de mil toneladas. Sin embargo, dos de los últimos, el crucero Velasco y el Ulloa tenían sus máquinas inútiles. Además había tres cañoneros de 500 t con algunas piezas de mediano calibre, de los que uno estaba inútil y otro destacado al sur de las Filipinas. Aparte, algunos transportes de guerra, cañoneros y lanchas guardacostas, todos armados ligeramente y que no podían intervenir en el combate.
Debido a ello, el contraalmirante Montojo pidió buques, cañones de costa y minas a Madrid, que finalmente decidió enviar minas, demasiado tarde para ser utilizadas en el combate.
El Ejército disponía de algunas piezas de artillería: 4 obuses de 240 mm y 6 cañones de 150 mm que pese a estar anticuados podían causar algún daño a la escuadra de Dewey, además de cañones y obuses de avancarga de escaso poder militar. A su vez, la Armada disponía de una decena de cañones de retrocarga, procedente de buques inútiles o dados de baja en Filipinas, de 160 a 120 mm, que también podrían causar daños, además de cañones de avancarga. También disponía de 14 minas de funcionamiento eléctrico.
Mientras el Capitán General de las Filipinas, Fernando Primo de Rivera, era partidario de defender a toda costa Manila, el contralmirante Montojo consideraba que la ciudad podía sufrir numerosas pérdidas materiales y humanas exponiéndose a un bombardeo, y prefería batirse en Subic, bahía de excelentes condiciones de defensa. Ordenó que se instalaran en Subic todas las minas y 4 de los 6 cañones de 150 mm del Ejército. Las otras dos se instalarían junto al arsenal de Cavite. El resto de la artillería la repartió entre Manila (4 obuses de 240 mm y una treintena de piezas de avancarga) y las islas de Corregidor, Fraile y Caballo, en la entrada de la bahía de Manila (los cañones de la Armada). En Manila se fabricaron de forma artesanal e improvisada más de veinte minas adicionales que se situaron frente a la ciudad y junto a Cavite. Montojo decidió no hacer por su parte prácticas de tiro debido a su escasez de municiones. El 12 de abril el General Basilio Augustín y Dávila (sin experiencia en el archipiélago), sustituía como Capitán General de Filipinas a Primo de Rivera.
Al tener noticia el 25 de abril de que la escuadra de Dewey había zarpado de Hong Kong, Montojo zarpó con la suya hacia Subic. Allí no se había completado las obras, por negligencia o mala voluntad. En la entrada de la bahía se averió el crucero Castilla, que debió ser remolcado. Por todo ello, Montojo decidió que presentaría batalla en Cavite, ya que ni él mismo ni tampoco el nuevo Capitán General querían ver Manila expuesta a un bombardeo. Fondeó junto al arsenal el 30 de abril, cuando Dewey ya había llegado a las costas filipinas.

Flotas enfrentadas

Flota española
Al mando de Patricio Montojo y Pasarón. Su buque insignia, el Reina Cristina.
El crucero de primera clase Reina Cristina de 3520 t, con 6 cañones de 160 mm Hontoria y 2 tubos lanzatorpedos.
El crucero de madera Castilla de 3342 t, con 4 cañones de 152 mm y 2 de 120 mm (Armstrong). Sin capacidad de movimiento.
Los cruceros de segunda clase Isla de Cuba e Isla de Luzón de 1045 t con cubierta protectriz y 4 cañones Hontoria de 120 mm.
Los cruceros de segunda clase Don Antonio de Ulloa y Don Juan de Austria de 1150 toneladas, 4 cañones Hontoria de 120 mm (aunque al Ulloa se le habían desmontado los 2 de una banda) y 2 tubos lanzatorpedos cada uno. El primero sin capacidad de movimiento.
El cañonero Marqués del Duero de 500 t y 1 cañón Hontoria de 120 mm.
Reunía en total 27 cañones con calibres comprendidos entre los 160 mm y los 120 mm.

Flota estadounidense
Al mando, el Comodoro George Dewey.
Su buque insignia USS Olympia (C-6) de 5870 t, con blindaje de 120 mm, 4 cañones de 203 mm y 10 de 127 mm.
Los cruceros protegidos USS Baltimore (C-3) de 4413 t, USS Raleigh (C-Cool de 3640 t y el USS Boston de 3189 t
El clasificado como cañonero, pero de hecho con cubierta protectora, USS Concord (PG-3) de 1710 t
El cañonero USS Petrel (PG-2) de 892 t
Reunía en total 10 cañones de 203 mm, 23 de 152 mm y 20 de 127 mm, la mitad de ellos de tiro rápido.


El combate
La escuadra de Dewey llegó la noche del 30 de abril a Subic. Al no encontrar allí a Montojo, entró en la bahía de Manila sin que los cañones de la entrada hiciesen apenas un par de disparos contra él, sin ningún efecto, y llegó frente a la ciudad. Al no ver allí a la escuadra española, se dirigió hacia Cavite, donde la encontró bastante agrupada en la mañana del 1 de mayo.
Los españoles abrieron fuego cuando los norteamericanos estaban todavía a más de seis kilómetros, distancia demasiado alejada para poder hacer blanco con los medios de la época. Los norteamericanos esperaron a estar a unos 4 km para responder. Eran las seis menos cuarto de la mañana.
La escuadra americana hizo varias pasadas en línea de fila, disparando ora por una banda ora por otra, mientras los buques españoles, casi parados o totalmente quietos, les respondían. Los americanos dispararon nueve veces más proyectiles que los buques españoles, debido a sus cañones de tiro rápido. Viendo que no conseguía nada, Montojo se lanzó con su insignia Cristina y el Don Juan de Austria armados de tubos lanzatorpedos, para intentar torpedear el buque insignia de Dewey. Un chaparrón de proyectiles detuvo el ataque, averiando gravemente al crucero insignia de Montojo, y forzando la retirada hacia la línea española. Los americanos prosiguieron con su fuego ya a unos 2 kilómetros entre las dos escuadras.
Como consecuencia de ello, los cruceros españoles mayores, el Reina Cristina y el Castilla resultaron incendiados. Habían sufrido daños considerables también el Ulloa y el Marqués del Duero. Montojo trasladó su insignia al Isla de Cuba.
A las 7:35 horas, Dewey recibía una nota borrosa que parecía indicar que solo quedaban 15 granadas por cañón de 127 mm en su buque insignia, el Olympia, por lo que decidió retirarse, sin dejar de disparar en el proceso, con toda la escuadra a la ensenada de Pampanga, donde le esperaban el McCulloch y los transportes Nanshan y Zafiro.
Mientras tanto, Montojo ordenó abandonar los incendiados Cristina y Castilla. En el proceso, murió alcanzado por una granada enemiga el comandante del Cristina, Luis Cadarso y Rey. Montojo desembarcó en Cavite para curarse de una contusión en la pierna. Allí fue felicitado por el comandante del Arsenal, Enrique Sostoa Ibáñez, por haber rechazado el ataque estadounidense. Montojo le replicó que estaba vencido y le encargó, si Dewey regresaba, varar los buques y desembarcar a las tripulaciones. Mientras tanto él mismo se marchaba a Manila.
Dewey transbordó carbón y municiones de sus transportes. Entonces se comprobó que la nota anterior era un error, y que solo se habían disparado 15 granadas por cañón de 127 mm Sin embargo, Dewey decidió esperar a que se dispersase el humo del combate para ver cómo había quedado la escuadra española. Los incendiados Cristina y Castilla, abandonados a sus incendios, explotaron. Al oír las explosiones, Dewey regresó, disparando sobre los buques que estaban siendo varados, contra los inútiles y sin tripulación Velasco y Lezo, explotando este último por la pólvora que tenía a bordo, y también sobre el arsenal de Cavite.
De los dos cañones de 150 mm que defendían éste, solo uno pudo hacer fuego durante el combate y no alcanzó ningún blanco, por tener las alzas marcando ocho kilómetros, muy por encima de la distancia real del enemigo.

Consecuencias

Los americanos prefieron disparar mucho a disparar bien, logrando un 1% de impactos que alcanzaron sobre todo a los dos buques mayores de Montojo. Los españoles solo lograron alcanzar al "Baltimore", que perdió dos cañones por un único y afortunado disparo español, y provocar un pequeño incendio en el Boston.
Los americanos únicamente reconocieron 1 muerto y algunos heridos. Los españoles sufrieron 60 muertos en la escuadra y 17 más en el arsenal. Con esta batalla, Dewey logró el dominio de la bahía de Manila y esto animó a los filipinos a sublevarse contra los españoles. A Dewey se le ascendió a Contraalmirante por esta victoria.
Por haber abandonado a su escuadra antes de haber finalizado el combate, Montojo fue encausado y expulsado de la Armada, readmitiéndosele más tarde en la reserva.
De los buques españoles perdidos en el combate, los americanos pusieron en servicio una vez finalizada la guerra los Isla de Cuba, Isla de Luzón y Don Juan de Austria, que apenas habían sufrido daños durante el combate, y que estuvieron en servicio en Filipinas durante varias décadas sufriendo después suerte diversa.

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