La guerra del Pacífico

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Re: La guerra del Pacífico

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 24, 2013 1:31 pm

Les dejo esta reseña de la batalla, disculpen la extensión.

Batalla de San Francisco o Dolores

El altozano de San Francisco de unos 200 metros de altura, afecta la forma de una elipse cuyo eje mayor sigue la dirección N.O. S.E.
El semieje menor termina al poniente por una quebrada de suave declive que divide el cerro en dos secciones: la loma boreal, largo de 2.400 metros, por ancho de 1.000 metros; y la loma austral de 2.000 metros de norte sur, por 800 de oriente a poniente.
Al norte de San Francisco se levanta una cerrillada, cuyo punto culminante, llamado Los Tres Clavos, se yergue a su frente. Una faja calichosa plana separa ambas prominencias.
El ferrocarril de Pisagua llega por el pie de Tres Clavos, y entra esta faja, en donde se alza la estación, al lado del Pozo de Dolores, inagotable en la producción de agua.
El correo y el telégrafo se encuentran instalados en el edificio de la estación de la cual arrancan dos ramales, de un kilómetro de largo: uno al poniente a la oficina Dolores, otro al naciente, al morro de caliches, llamado Don Bartolo.
De la estación sigue la línea férrea al sur, por la base del San Francisco, pasa por la oficina de este nombre, el pozo El Molino, que saca el agua por bombas movidas por fuerza aérea y la oficina Santa Catalina, para ir a rematar a Negreiros.
A medio camino, entre El Molino y Santa Catalina, se desprende otro ramal de dos kilómetros, rumbo S.O., a la oficina Porvenir.
Conocido el lugar de la próxima acción, veamos los efectivos contendores.

Orden de batalla chileno.

Cuartel General: Coronel don Emilio Sotomayor.
Ayudantes: Teniente coronel don Diego Dublé Almeyda; de la Guardia Nacional, don José Francisco Vergara; mayor graduado, don Bolívar Valdés; capitanes, don Francisco Pérez, don José Manuel Borgoño y don Emilio Gana.
Estado Mayor: Teniente coronel de ingenieros, don Arístides Martínez.
Ayudantes: Sargento mayor, don Baldomero Dublé Almeyda; capitanes, don Francisco Javier Zelaya y don Augusto Orrego Cortés, todos del arma de ingenieros.
R. P. fray José María Madariaga, agregado de la ambulancia.

Derecha.

Comandante, coronel don Martiniano Urriola; ayudantes, los de su cuerpo.
Una batería de artillería de campaña, seis piezas a las órdenes del capitán don Eulogio Villarreal.
Una batería de artillería de montaña, seis piezas, dirigidas por el capitán don Roberto Wood.
Regimiento Buin 1º de línea, 1.000 plazas, teniente coronel don José Luis Ortiz.
Batallón Navales, 600 hombres, coronel don Martiniano Urriola.
Batallón Valparaíso, 300 plazas, coronel don Jacinto Niño.
Ocupaba el S.O. del cerro.

Centro.

Comandante, teniente coronel don José Domingo Amunátegui; ayudantes, los de su cuerpo.
Una batería de seis piezas Krupp y dos ametralladoras, del capitán don Benjamín Montoya.
Regimiento 4º de línea, 1.000 hombres, coronel don José Domingo Amunátegui.
Batallón Atacama, 500 soldados, teniente coronel don Juan Martínez
Batallón Coquimbo, 500 plazas, teniente coronel don Alejandro Gorostiaga.
Una brigada de cuatro piezas Krupp y cuatro cañones modelo francés a cargo del sargento mayor graduado don Juan de la Cruz Salvo.
Ocupaba la meseta San Francisco, que da frente al sur, mirando a Santa Catalina y Porvenir; y sureste, con vista a la pampa de El Molino y oficina San Francisco.

Izquierda.

Comandante, teniente coronel don José Velásquez.
Batería de cuatro piezas del capitán don Santiago Frías, cerca del Pozo de Dolores.
Batería de cuatro piezas, del capitán don Delfín Carvallo, sobre el costado N.E. del cerro. Los fuegos de esta batería se cruzan en la pampa con los de la batería Frías.
El comandante don José Velásquez, jefe del regimiento, se colocó cerca del capitán Frías.
Seis compañías del batallón 3º de línea, 700 bayonetas, tendidas de San Francisco a la estación Dolores, teniente coronel don Ricardo Castro.
Pozo de Dolores, jefe, mayor de guardias nacionales don Juan Francisco Larraín.
Tropa:
Dos compañías del 3º de línea, 300 hombres; una a la falda N. E., otra en Don Bartolo.
Pontoneros, 50 hombres.
Convalecientes, 50 hombres.

Reserva.

Jefe, teniente coronel don Pedro Soto Aguilar.
Regimiento Cazadores a caballo, 300 hombres, comandante Soto Aguilar.
Una compañía de Granaderos a caballo, capitán Rodolfo Villagrán Lattapiat.
Ocupa la Encañada, o sea la depresión al oeste del altozano de San Francisco.
La ambulancia armó sus tiendas con vista al naciente, al lado del ferrocarril, frente a la oficina de San Francisco.
Suman los efectivos:

Artillería y Caballería.

34 piezas, con dos ametralladoras 600
Granaderos y Cazadores 100

Infantería.

Derecha 1.000
Centro 2.000
Izquierda 1.100
Total 6.000 hombres.

El general Buendía sale el 18 en la tarde de Negreiros, en demanda de Santa Catalina.
A media noche, llega a las inmediaciones, en los precisos momentos en que el comandante Amunátegui regresa a Dolores, de orden del coronel Sotomayor.
Ocurre entonces, un hecho curioso: mientras Amunátegui con su división marcha rumbo a Dolores por la izquierda del ferrocarril, el general Buendía sigue igual dirección por la derecha de la línea.
Ambos jefes avanzan paralelamente, sin apercibirse de semejante vecindad: uno al oriente, otro al occidente, rieles de por medio.
Este fenómeno es frecuente en la pampa del Tamarugal, cuando la cubre espesa camancha, que en esas noches persistía desde el caer de la tarde. Esta capa de niebla es mala conductora de la luz y del sonido. Un grito agudo no se oye a veinte pasos.
En cuanto se enfría la costra de caliche caldeada por el sol infernal del día, los cristales crepitan con tal fuerza que semejan el fuego graneado de batallones en combate.
Los centinelas de avanzadas y grandes guardias, no daban reposo en los primeros días, al cabo de servicio; cabo de guardia, tiros al frente; cabo de guardia, tiros a la derecha; tiros a la izquierda.
Esta canción empezada a las ocho de la noche, daba término en la mañana, a la hora de aclararse la cerrazón.
Corren peligro los piquetes de reconocimiento: apenas desprendidos del grueso, se empampan y pierden la noción del rumbo.
Los jefes y oficiales que hicieron toda la campaña (1879 84), están de acuerdo en que es preferible marchar en las cordilleras peruanas bajo una nevada de plumilla, ceniza o granizo, que aventurarse en el Tamarugal envuelto en la masa nebulosa.
Los guías escogidos, a las órdenes del gran conocedor del desierto, don José Cavero, al servicio de Buendía, se empamparon en la noche del 18, y fueron a rematar a las alturas de Chinquiquirai, de donde giraron al alba, para alcanzar a Santa Catalina. Si los mismos peruanos se extravían en la propia casa, a pesar de sus buenos prácticos; ¿por qué extrañarse que Urriola perdiera la ruta, por la misma causa, en la noche del 2 de Noviembre?
Se hace la mañana del día 19. La niebla se esfuma lentamente, evaporada por la potencia de los rayos solares; se levanta la cortina y aparecen frente a frente los ejércitos enemigos, que pueden contemplarse mutuamente a su sabor.
Después del rancho y un corto descanso, las fuerzas aliadas empiezan a maniobrar a toque de corneta, y a fé que los cuerpos se mueven con precisión y rapidez.
Pasan del orden de marcha al orden de batalla, con lujo de maniobras, que recuerdan a los chilenos las evoluciones de Septiembre en el Parque Cousiño.
Mientras los aliados echan el quilo, pasando de la columna a la línea de batalla y vice versa, el coronel Sotomayor envía órdenes precisas a los comandantes divisionarios, facultándolos para cañonear a las columnas contrarias, al ponerse a tiro, con ánimo de avanzar.
Los jefes de las alas, centro y reserva, a su vez, recomiendan por la orden la más estricta disciplina del fuego, para evitar el gasto inútil de municiones.
Los jefes de cuerpo, hacen formar las compañías en rueda, para la lectura de la orden general, la divisionaria y la del cuerpo.
La de éstos es concisa: Los comandantes recomiendan a los oficiales repetir clara y distintamente, las órdenes de mando, dadas por el jefe, a la voz o corneta; que al oír el toque de atención, cese el fuego para percibir con claridad la parte dispositiva; por último, si se ordena romper el fuego, el soldado debe poner antes el alza a la distancia gritada por el capitán de su compañía, y repetida a toda voz por los oficiales subalternos; apuntar bien antes de cada disparo; y en fuego de salvas esperar con tranquilidad la voz de fuego del oficial comandante.
La orden termina con la siguiente recomendación: “Chile confía en vosotros; y en vuestro comportamiento va envuelta la honra de la Patria”.
Los niños dieron tres vivas a la tierra lejana, y se dedicaron a limpiar y aceitar el mecanismo de los rifles y afilar el inseparable corvo.
El enemigo mientras tanto, hace alto en Porvenir, en el siguiente:

Orden de batalla:

General en jefe: Don Juan Buendía.
Ayudantes y escolta: 56 individuos.
Estado Mayor General: Coronel don Belisario Suárez.
Ayudantes y escolta: 52 plazas.

Derecha.

A las órdenes directas del general en jefe, comprende:
a) División Exploradora. General don Pedro Bustamante.
1. Batallón Ayacucho, Nº 3 850
2. Provisional de Lima Nº 3 300
3. Columna Cerro de Pasco 180
Total 1.330 plazas

b) División Vanguardia (o IV). Coronel don Justo Pastor Dávila.
1. Batallón Puno Nº 6 400 plazas
2. Batallón Lima, Nº 8 400
Total 900 plazas

c) Primera División boliviana. General don Carlos Villegas.
1. Batallón Illimani 500
2. Batallón Olañeta 450
3. Batallón Paucarpata450
4. Batallón Dalence, comandante don Nonato Vásquez 500
Total:1.900 plazas

Artillería:
Una brigada de seis piezas con sirvientes 91 plazas

Caballería:
1. Regimiento Guías, coronel don Juan González 173 hombres
2. Escuadrón Castilla, coronel don Santiago Zavala 146
3. Franco tiradores 81
Total 400 hombres

Centro.

Jefe: Coronel don Belisario Suárez.
a) 1ª División peruana. Coronel don Francisco Bolognesi.
1. Batallón Cazadores del Cuzco Nº 5, coronel graduado Víctor Fajardo 450
2. Batallón Cazadores de la Guardia Nº 7, coronel Alejandro Herrera 450
Total 900 hombres

b) III División peruana.
1. Batallón Ayacucho, coronel Manuel A. Prado.440 hombres
2. Batallón Guardia de Arequipa, coronel graduado
don Manuel Carrillo y Ariza 450
Total: 890 hombres
Seis piezas de Artillería de Costa 96

Izquierda.

Jefe: General don Pedro Villamil.
a) II División boliviana, comandada por el mismo general.
1. Batallón Aroma 550
2. Batallón Vengadores 460
3. Batallón Victoria 300
4. Batallón Colquechaca (en reemplazo del Independencia evaporado después de Pisagua) 400
Total 1.710 hombres

b) Caballería:
1. Húsares de Bolivia 200
2. Húsares de Junín 200
Total 400 hombres
Plana Mayor 40

Reserva.
Jefe: Coronel don Andrés Avelino Cáceres.

1. Batallón Zepita Nº 2, comandado por el mismo coronel Cáceres 500
Regimiento 2 de Mayo, coronel graduado don Manuel Suárez 600
Total 1.100 hombres
Artillería 80

Totales.
Derecha 4.573
Infantería 4.030
Artillería 91
Caballería 400
Cuartel General 52

Centro 1.926
Infantería 1.790
Artillería 96
Escolta del Estado Mayor 40

Izquierda 2.150
Infantería 1.710
Caballería 400
Plana Mayor 40

Reserva 1.180
Infantería 1.100
Artillería 80
Resumen General.

Derecha 4.573
Centro 1.926
Izquierda 150
Reserva 1.180
Total 9.829

El ejército aliado llegaba a cerca de diez mil hombres, aunque no hay constancia oficial de los efectivos en el mismo día de la batalla.
Ahumada Moreno (Recop. Tomo II) publica dos estados de fuerzas de los ejércitos, perubolivianos, pero de fechas anteriores a la acción de San Francisco.
El último estado, correspondiente al 31 de Octubre de 1879, diez y nueve días antes de la acción, consigna los siguientes efectivos:

Ejército peruano 2 Generales, 113 jefes, 551 Oficiales, 5.656 Tropa
Ejército boliviano 1 Generales, 57 jefes, 327 Oficiales, 4.143 Tropa
Total: 3 Generales, 170 jefes, 878 Oficiales, Tropa 9.799

En este cómputo no están comprendidas las fuerzas traídas por el coronel Bustamante, compuestas del Ayacucho Nº 3, de 500 plazas; del Provisional de Lima Nº 3, de 260; del Voluntarios de Cerro de Paseo, de 150.
El general Villamil, llegado de Bolivia poco antes de Dolores, vino con algunas centenas de refuerzo.
Los contingentes de Bustamante y Villamil alcanzan a unos 1.100 hombres; pero a la vez, hay que descontar la división Ríos, de guarnición en Iquique, fuerte de 1.182 individuos, que no asistió a este hecho de armas.
El jefe enemigo, después de las evoluciones de la mañana, arma pabellones para refrescar y arranchar su gente.
El ejército chileno, después de la lectura de las órdenes, hace los honores a un almuerzo caliente, por el cual suspiraba desde tiempo atrás. Qué porotos más exquisitos, los de ese día. Y agregaremos que estaban cocinados con trigo mote, con aditamento de ají en vaina legítimo de Aconcagua.
El ranchero llenaba el plato de la caramayola y el ayudante de cocina echaba encima una cucharada de color, y un puñado de dientes de ajo con cebolla cruda picada en cruces menudas.
Era de ver el contento de la tropa. Los niños decían: Un plato de porotos, un cachucho de agua, tres saltos en el aire, y no hay cholo que aguante.
Los aliados arman pabellones, y envían a la tropa por grupos a surtirse de agua.
Los ayudantes cruzan la pampa en todas direcciones. Llevan órdenes, seguramente.
En tan solemnes momentos, llegan algunos chasques procedentes de Camarones, anunciando el regreso del general Daza y de su ejército a la plaza de Arica.
La noticia corre sobre un reguero de pólvora, produciendo penosa impresión, sobre todo, en las filas bolivianas, que creían ver llegar a su Presidente y compañeros de armas, antes del encuentro con el enemigo.
Los jefes quisieron ocultar tan desagradable nueva; pero ya era tarde. El ejército entero tenía conocimiento del regreso de Daza, que privaba al ejército de Tarapacá del valioso contingente de los batallones bolivianos.
A las 2 P. M. los aliados forman e inician un movimiento de avance. Las alas y centro maniobran a la misma altura. Las bandas a la cabeza de los cuerpos tocan marchas guerreras.
Son las 3 P. M.
Los infantes chilenos permanecen tendidos al pie de los pabellones. Los oficiales siguen con los anteojos las maniobras de los batallones contrarios. La convicción general es que el enemigo efectúa un tanteo para estudiar las posiciones chilenas.
Los artilleros permanecen listos en el puesto de combate. Saben por la orden general que los jefes divisionarios tienen facultad de cañonear al adversario, si intenta penetrar a la zona de fuego, en son de ataque.
3:05 P. M. Las cabezas de las columnas de la derecha de Buendía, caen bajo el alza de los Krupp; Salvo lo comunica al comandante Amunátegui, y éste contesta: Romper el fuego.
3:10 P. M.- Suena el primer disparo; la granada revienta entre las columnas en movimiento.
Un ¡viva Chile! formidable estalla en todo el cerro; las cornetas tocan tropa; la gente corre a su puesto; se inicia el combate, aunque predomina la convicción en la línea chilena de que se trata de un reconocimiento en grande escala.
Salvo continúa enviando granadas; dos baterías enemigas contestan, una de la derecha y otra desde el frente de Porvenir.
¿Por qué los aliados inician la acción en la tarde? ¿Por qué no aprovecharon las primeras horas?
La exposición hecha en Lima por el general don Pedro Bustamante, en Enero de 1880, levanta el velo de esta debatida cuestión, aun no resuelta con toda fijeza por los historiadores.
Dice el citado general:
“Al amanecer del día 19, ocupábamos las alturas de Santa Catalina, frente de San Francisco, y previa una hora de descanso para reunir el ejército, se ordenó por el general Buendía, que la primera línea ocupase la misma oficina de Santa Catalina, y las demás adyacentes.
Verificado esto, los cuerpos que componían la línea formaron pabellones para que la tropa tomase agua, y en estas circunstancias presentóse el general en jefe acompañado del coronel don Manuel Velarde, el teniente coronel Recabarren, el cronista Neto y otras personas, habiendo manifestado que era absolutamente necesario tomar el cerro que ocupaban los chilenos. Le hice presente que por mi parte no tendría embarazo alguno para emprender el ataque, pero que, tuviera en cuenta que la tropa estaba cansada, que no había tomado agua y que la hora (12M.) me parecía inconveniente.
En la creencia de que el general Buendía había desistido de su propósito, porque se retiró, al parecer, convencido de su inoportunidad, dispuse que, la división fuese por parte a tomar agua en unos pozos inmediatos; pero poco después, recibí orden del mismo general, por medio de uno de sus ayudantes, de avanzar hasta ponerme a vanguardia de una oficina nombrada Saca si Puedes (El Molino), previniéndome que lo hiciera con las fuerzas que tenía reunidas, sin esperar a la que había ido a los pozos.
Hícelo así, no sin haber hecho generala y llamada al trote a dicha fuerza ausente, que vino a reunirse a la división en la citada oficina. Formadas en columnas, permanecieron allí mis fuerzas, hasta las 2 P. M., hora en que hice traer cuatro carretas de agua, de cuya existencia me dió noticia el comandante Somocurcio; pero no bien se había principiado a hacer la repartición, un ayudante del general se presentó para transmitirme la orden de que avanzase, y poco después un segundo ayudante me comunicaba que era preciso hacerlo sin perder instantes, porque la artillería estaba ya al frente y la primera división boliviana avanzaba, debiendo yo seguir su movimiento. Recibida esta orden, marché de frente con la división de mi mando en columnas progresivas y paralelamente con la división aliada. No teniendo instrucciones sobre la misión que se me encomendaba, mandé al jefe de Estado Mayor de mi división para que las pidiera al general en jefe, y por su conducto se me ordenó que tratase de tomar la artillería enemiga que estaba en un morro sobre la derecha, previniéndoseme además, que tuviese cuidado con unas zanjas abiertas por los contrarios.
Seguí avanzando ya con un objeto determinado, y tan luego como las fuerzas estuvieron a tiro de cañón, de las posiciones ocupadas por los chilenos, rompieron éstos los fuegos de su artillería sobre nosotros”.
No podernos dudar de la palabra del general Bustamante, que mandaba el ala derecha que comprometió la acción; y más todavía, cuando estaban en Lima todos los testigos citados por dicho general.
Había desacuerdo entre el general Buendía y el coronel Suárez, su jefe de Estado Mayor sobre si la batalla se daría esa tarde o al día siguiente, como era el parecer de éste; Buendía cortó por lo sano y dió la orden de ataque, contra la opinión del coronel Suárez.
El general boliviano don Carlos Villegas empieza la acción con dos compañías guerrilleras, de los batallones Ayacucho y Puno, al mando del coronel Russell; y dos compañías también en guerrilla de los batallones Illimani y Olañeta, comandadas por el coronel don José María Lavadenz.
Estas compañías rompen un vivo fuego graneado poco eficaz por la distancia y la ubicación de la línea chilena en la cima. Pero avanzan visiblemente y llegan al pie del cerro.
El coronel Lavadenz lleva personalmente al fuego a la 1ª compañía del Dalence, mandada por el sargento mayor graduado don Domingo Vargas, el capitán don Nicanor Romano, tenientes señores Toribio Quintanilla y Nicolás Martínez y subteniente Secundino Sempétigue, unidad que alcanza a subir hasta cuarenta pasos de la batería. El corneta de órdenes, Mariano Mamani quedó muerto muy cerca de los cañones, al lado del comandante Espinar, que conducía dos compañías del Batallón Combinado, formado por compañías de cazadores, agrupadas para el asalto.
Villegas cree llegado el momento de apurar el ataque, y hace entrar una compañía boliviana del Dalence y los batallones peruanos Lima Nº 8, del coronel Remigio Morales Bermúdez y el Puno, del coronel Rafael Ramírez de Arellano.
Mientras el general Villegas organiza la acción, el general Buendía describe un semicírculo con la derecha sobre la pampa, con intenciones de lanzarse sobre el Pozo de Dolores. No bien desembocan sus columnas, las toman en fuego cruzado las baterías Frías y Carvallo, cuyas granadas destrozan la formación cerrada.
Las mitades se rehacen, encajonan de nuevo y siguen en demanda de su objetivo.
Entra entonces, en acción la infantería chilena.
La compañía del capitán Chacón, tendida tras Don Bartolo hasta la estación, recibe las columnas con vigoroso fuego, junto con otra compañía del 3º, reforzada por los pontoneros y cincuenta convalecientes, en tanto las seis compañías restantes del mismo regimiento, fusilan al enemigo por el flanco, parapetados tras la trocha del ferrocarril, entre el Pozo de Dolores y la estación de San Francisco.
El capitán Chacón manda fuego en avance, no obstante su inferioridad numérica; la compañía se impone.
Buendía, agobiado por los proyectiles que le vienen de frente y flanco, retrocede hasta colocarse fuera de tiro.
Villegas, empeñado contra el centro izquierdo de Amunátegui, aprovecha el ángulo muerto de la batería de Salvo para tentar sobre ella un golpe de mano, reforzando a Lavadenz y Espinar.
Conduce a sus infantes contra los cañones que no cuentan sino con 56 sirvientes.
Salvo ve el peligro, dispersa su gente para defender las piezas con carabina, en tanto viene auxilio de los batallones Atacama y Coquimbo, a quienes pide refuerzos.
El capitán ayudante Cruz Daniel Ramírez, con las compañías de los capitanes Vílchez y Vallejo, del Atacama, llegan a tiempo para salvar la situación, haciendo retroceder al enemigo. Reforzado éste al pie del cerro, por una compañía del Dalence, dirigida por Lavadenz, vuelve al asalto, alcanza hasta cerca de las piezas de Salvo. Las dos compañías del Atacama y otra del Coquimbo, mandada por el teniente don Enrique Astaburuaga, rechazan a los asaltantes nuevamente hasta el pie del cerro.
Engrosados los aliados por nuevos refuerzos, embisten por tercera vez; pero cuando están a media falda, se descuelgan los mineros del Atacama y del Coquimbo, bayoneta calada, y caen sobre ellos como avalancha, con ensordecedor chivateo.
El choque es brutal, porque el enemigo se encara. Se forma el entrevero, acciona el corvo, y entre ayes y juramentos, la masa de amigos y enemigos rueda ladera abajo; a los gritos de viva Chile, muera Chile, se llega al plan; el enemigo destrozado huye a la desbandada, ocultándose en las catas de los calichales explotados.
A la vuelta, coquimbos y atacamas deshacen algunas colleras ensartadas mutuamente por la fuerza del choque.
En los momentos críticos de la carga aparece el padrecito Madariaga, el franciscano de Pisagua, montado en un pingo negro, exhortando a las tropas a grito herido.
Mineros del norte, dice, ahora debéis mostrar vuestro empuje. Y después, a auxiliar heridos.
Los aliados vuelven caras, esta vez en definitiva. En vano los jefes tratan de contenerlos; el miedo a la bayoneta y al corvo, que desempeñó lucido papel en el entrevero, les induce a alejarse por la extensa pampa del Tamarugal.
Las tres embestidas contra la batería Salvo constituyen la parte más ruda de la batalla. Lo atestiguan las bajas habidas en uno y otro bando.
Salvo perdió al teniente Argomedo, muerto; al capitán Urízar y a los alféreces García y Nieto, heridos, con treinta bajas de tropa.
Del Atacama murieron el capitán Vallejos y los subtenientes Blanco y Wilson; quedaron heridos el ayudante Ramírez y subteniente Abinagoitis, con 82 de tropa entre muertos y heridos.
Del Coquimbo cayeron heridos el teniente Abel Risopatrón, muy grave; y el subteniente Ramón Enrique Beytía. El teniente Risopatrón falleció al desembarcar en Valparaíso, en brazos de sus padres que se habían transladado a recibirlo desde Concepción.
De la tropa quedaron cinco muertos sobre el campo y veintitrés heridos.
Los aliados sufrieron considerables bajas; el comandante don Ladislao Espinar, murió a pocos pasos de nuestros cañones. El general Villegas y coronel Ramírez de Arellano, ambos heridos, fueron conducidos a la ambulancia, junto con los oficiales del Dalence Domingo Vargas, Nicanor Romano, Toribio Quintanilla, Nicolás Martínez y Secundino Sempétigue, caídos en el asalto a los cañones de Salvo.
Mientras se define la función en nuestro centro izquierdo, he aquí lo que ocurre en el centro derecho:
El coronel don Belisario Suárez con la 1ª división peruana de Bolognesi, compuesta de los batallones Cazadores del Cuzco Nº 5 y Cazadores de la Guardia Nº 7; y, la III división, batallones Ayacucho y Guardias de Arequipa, ataca de frente, sostenido por seis piezas de artillería ubicadas a vanguardia de Porvenir.
Amunátegui recibe a Suárez con la batería Montoya, y el fuego de salva del 4º, Atacama y Coquimbo; desconcertado el avance de sus tropas, busca refugio en las catas y zanjas de los calichales explotados. Se contenta con quemar municiones en abundancia, pero sin salir de sus escondites. Esta fuerza permanece anulada por el resto de la refriega.
Continuemos a la izquierda aliada.
El general Villamil despliega sus tropas y las dirige hacia la Encañada, oblicuando a la izquierda, con ánimo visible de flanquear la derecha chilena, y llegar al Pozo de Dolores a dar la mano a Buendía que debe llegar por la pampa del Tamarugal, con el ala derecha.
Por medio de conversiones concéntricas, caerán sobre el Pozo, Villamil por la izquierda y Buendía por la derecha de Dolores, encerrando en San Francisco al ejército de Sotomayor, sin retirada posible, con la captura de la estación, vía férrea, telégrafo, aguada, bagaje y parque.
Villamil se mueve a buen paso.
Una vez a tiro, Urriola hace funcionar las baterías de Wood y Villarreal, que pronto introducen la confusión en las columnas bolivianas, con certeras granadas.
El general se retira tres veces para reorganizar sus batallones; tres veces embiste contra la línea formada por Navales, Valparaíso y Regimiento Buin 1º de línea; en las tres circunstancias el certero fuego de artillería descompagina de tal manera la formación de los cuerpos, que se ve forzado a retirarse en definitiva, sin alcanzar a medirse con la infantería contraria.
Las alas del ejército aliado retroceden; el centro sale de las zanjas y catas, siguiendo el movimiento retrógrado. Suárez se dirige rectamente a Porvenir y se une a la reserva del coronel Cáceres, que intacta, permanece mera espectadora de la acción que se desarrolla a su vista, no obstante que tiene dos cuerpos de línea, entre ellos el famoso Zepita, flor y nata del ejército permanente peruano.
El enemigo abandona el campo, no en derrota y disperso como lo pregonan algunos historiadores; maltrecho, sí, busca las aguadas de Porvenir y Santa Catalina, como puntos de apoyo.
La caballería chilena no desempeñó papel alguno durante la refriega; destinada como reserva general, permaneció en la Encañada, en espera de órdenes, que no se le dieron, por cuanto no hubo necesidad de emplearla.
En ciertos momentos apareció por las vecindades del mogote de don Bartolo, un núcleo montado. Inmediatamente se pone en movimiento la compañía de cazadores a caballo de custodia en el Pozo de Dolores, y a buen aire se dirige contra los jinetes enemigos.
El general don Nicanor Flores que se había aventurado por ahí con los Húsares de Junín, vuelve bridas, empeñado en poner la mayor distancia entre su gente y los cazadores chilenos, que vuelven tranquilamente a su puesto.
Grandes aclamaciones se hacen sentir en nuestra izquierda.
Es el general Escala que asoma con la División Arteaga, cuya tropa aunque rendida por una marcha forzada terrible, se siente feliz y contenta porque llega a tiempo para tomar parte en la gran batalla del día siguiente.
El ejército se encuentra concentrado, con agua en abundancia, víveres y municiones suficientes. Conserva como dueño indisputable sus líneas de comunicaciones, por carretera, ferrocarril y telégrafo, que le ponen en contacto con Pisagua, su nueva base de operaciones.
Escala felicita a Sotomayor y demás jefes por el brillante éxito de la jornada, y reasume las funciones de comandante en jefe, en medio del regocijo general, por la victoria que se espera al día siguiente.

Las Cuatro Campañas de La Guerra del Pacífico, Francisco A. Machuca Tomo I. Capítulo XXV.

Esteban McLaren
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Re: La guerra del Pacífico

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 24, 2013 1:31 pm

Esteban McLaren escribió:Excelente reseña, mi estimado Mangosta. De todos modos, el Wikipedia lo puedes editar tu también. Tal vez valdria la pena que reproduciese este extracto en la pagina correspondiente.

Quizas mas adelante, ando medio corto de tiempo............

Esteban McLaren escribió:¿Sabes de algún mapa o plano de la batalla de Dolores?

un gran abrazo

El primero corresponde a un plano extraido del mismo libro del capitulo que subi en el anterior post.

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El segundo a Google Earth

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Un abrazo

PD: ¿Fui ascendido?, Laughing

Esteban McLaren
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Re: La guerra del Pacífico

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 24, 2013 1:32 pm

La epopeya del guano
Es rico en fósforo, potasio y nitrógeno. Obtenerlo cuesta sudor, esfuerzo y algunas lágrimas, pero sobre todo implica conservar el ecosistema marino, en un juego que involucra a peces, aves y, por supuesto, al factor humano. Conocer este abono natural, ancestral riqueza peruana, implica toda una aventura

RAMIRO ESCOBAR LA CRUZ 17/04/2010

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La epopeya del guano- ERNESTO BENAVIDES DEL SOLAR

La isla Guañape Norte, en Perú, es pálida, sin vegetación, de una arena y una roca medio amarillentas, pero luce cruzada por miles de raudos puntitos negros. Al acercarse más, esos puntitos cobran mayor vida y ruido, revolotean, se mueven entre la isla y las olas, conformando un auténtico enjambre oceánico. Pero no son insectos, son aves, miles, millones acaso. Son incontables, como en la tenebrosa película Los pájaros, de Alfred Hitchcock.

Alfredo, el botero que conduce la lancha hacia la isla, lleva al periodista a dar una vuelta por algunos acantilados para que compruebe la inmensidad de la bandada. En una ladera de tierra están apostados, sobre sus nidos, cientos de piqueros (Sula variegata), un ave marina parecida a la gaviota, de pico puntiagudo, lomo negro y pecho blanco. Y de mirada desconcertante.

Sus nidos son como pequeños círculos de tierra, desperdigados por cientos en laderas, pampas y acantilados. Más allá, el ruido aumenta, a decibelios casi insoportables. Se trata de una guardería natural de bebés pelícanos (Pelecanus thagus), instalada, sin permiso, junto a la casa de Proabonos, una empresa aposentada en la isla en busca de algo.

¿De qué? Del excremento de esas dos aves y también del que deja el guanay (Phalacrocorax boungainvillii). Los hombres que allí viven, trabajan y sufren, recogen, por temporadas, ese vital elemento, que no es un desecho, y que ha servido para abonar ingentes campos en Europa.


HOMBRES Y AVES

Del muelle construido por Proabonos, compañía estatal peruana dependiente de Agro Rural (institución del Ministerio de Agricultura), hay que subir por una escalera de cuerdas, similar a la que usaban los piratas. La isla se encuentra a casi dos horas de las costas de Trujillo (a unos 600 kilómetros al norte de Lima), frente a Puerto Morín, y disponen de lo necesario, pero ningún lujo: unas oficinas modestas, un almacén, el muelle de madera, un comedor y un edificio para alojar a las decenas de trabajadores que pasan semanas entre el guano.

No es una metáfora. El guano (palabra que viene de wanu, que en quechua, idioma andino peruano, significa precisamente excremento) de las islas Guañape, es decir, los coprolitos de estos miles de aves, se extrae manualmente, en jornadas que comienzan alrededor de las cuatro y media de la mañana y se prolongan, sudorosamente, hasta el mediodía.

Lenin Jiménez, encargado de la capacitación ambiental, explica más dimensiones de esta actividad que, digamos, recicla lo que podría parecer inservible y lo reinyecta en el ciclo de la vida en forma de abono. "Acá no molestamos a las aves, son nuestra riqueza", dice.

Es cierto. Las aves están amansadas. La guardería de los pelícanos, por ejemplo, se encuentra muy cerca de la oficina, debajo de una especie de balcón. Los pichones, pelados y de aire prehistórico, gritan ahí a pico desatado, sin que los obreros o ingenieros les toquen un plumón. Son la joya de estas tierras solitarias.

Por donde uno voltee hay aves. Encima de los techos, en la escalera, en los cerros, en el aire, en los acantilados, en el muelle. Parecen haberse confundido con el ser humano en una mutua asociación de beneficio: los hombres les cuidan el ecosistema -donde habitan las anchovetas, su principal alimento- y ellas dejan su huella orgánica para fertilizar.

Porque el guano sirve para hacer florecer la tierra sin apelar a fórmulas químicas peligrosas. Su alto contenido de potasio, fósforo y nitrógeno alimenta suelos necesitados. Además no contamina, asunto fundamental para tiempos de agricultura orgánica. "Es un abono sumamente valioso", afirma Jorge Díaz, jefe de operaciones de Proabonos.

Y aún más: el guano todavía está allí tras vivir una auténtica epopeya histórica, que dio un impulso financiero vital a la naciente República del Perú en el siglo XIX, que casi provocó guerras y que se mantuvo hasta el siglo XX como un ejemplo de sostenibilidad.


ORO EN POLVO

En rigor, el excremento de las aves ya había sido valorado ancestralmente y quizá fue usado por el hombre prehispánico, pero es a finales de la década de 1830 cuando se dispara como una riqueza natural. La hazaña es atribuida, en gran medida, al científico peruano Mario Rivero y Ustáriz, quien había trabajado con Alexander von Humboldt.

Rivero investigó las propiedades fertilizantes del guano de las islas y sus trabajos fueron publicados en Europa, hasta que en 1841 se produjo un primer embarque de ensayo hacia el Reino Unido. Según los historiadores peruanos Marcos Cueto y Carlos Contreras, los resultaron fueron tan alentadores que el producto se disparó en el mercado mundial.

Tal fue su potencial que el mismo año fue declarado patrimonio del Estado peruano y se procedió a arrendar las islas a varias compañías peruanas para que extrajeran y vendieran el guano a cambio de pagar una suma al erario público. El negocio era mágico: no requería inversión, sólo implicaba esfuerzos de extracción, y se vendía como oro.

Se juntaban, además, dos condiciones redondas. Por un lado, la demanda subía como la espuma en todo el mundo, porque se le consideraba el mejor abono para la agricultura, y los depósitos eran gigantescos, ya que habían permanecido casi intocados por los siglos de los siglos. Las vetas de excrementos entonces podían ser de hasta 50 metros de altura.

Las aves en esa época sumaban decenas de millones, que revoloteaban y anidaban en las numerosas islas y puntas de la costa peruana. La fiebre fue tal que, según el historiador Shane Hunt, entre 1849 y 1861, la firma Gibbs and Sons llegó a vender guano por un monto de 89.055 millones de soles (al menos unos 374 millones de euros).

La mencionada compañía era británica, lo que revela que el negocio pasó de manos peruanas a extranjeras, o a empresas mixtas, debido a que el empresariado local ya no podía solo con el negocio. El Estado peruano, sin mover apenas un dedo, recibía el 60% de las ventas, lo que hizo crecer geométricamente sus ingresos y su poder económico.

Los historiadores peruanos y extranjeros han llamado a este periodo histórico "la república del guano", por el impulso fabuloso que esta sustancia dio al naciente país. Comenzó en 1841 y terminó en 1879, cuando estalló la Guerra del Pacífico que involucró a Perú, Bolivia y Chile. Y que de alguna manera tuvo que ver con el precioso guano.

Los yacimientos de salitre y de guano gravitaron en la disputa que devino en el sangriento conflicto, pero no fue el único episodio bélico estallado alrededor del recurso. En 1865, barcos españoles ocuparon las islas de Chincha, guaneras por excelencia, y el incidente condujo a una guerra de Perú, Bolivia y Chile contra España en 1866.

Antes, en 1852, aduciendo que Perú no tenía control sobre las islas Lobos (costa norte), Estados Unidos mandó sus barcos a ocupar el lugar, lo que casi deviene en un conflicto armado entre los dos países. Gracias a la habilidad de la diplomacia peruana, los cañones no sonaron, pero quedó claro que, en el siglo XIX, el guano era como el petróleo actual.

MUERTE Y RESURRECCIÓN AVIARIA

Tras la Guerra del Pacífico (1879-1882), Perú cayó en desgracia y la emergencia del salitre, otro abono natural, desplazó al guano. Con todo, en 1909 se fundó la Compañía Administradora del Guano (CAG) para reorganizar la explotación de este recurso y usarlo para la agricultura nacional. Entonces comenzó una actividad sostenible pionera.

Durante el boom del siglo XIX, el excremento de las aves, acumulado durante siglos, se había extraído a mansalva, sin ninguna previsión. Para 1910, de las decenas de millones de aves quedaban apenas cuatro millones, lo que ponía en riesgo no sólo el negocio, sino el ecosistema. La nueva entidad, entonces, dispuso una serie de medidas que hasta hoy tienen vigencia.

Por un lado, creó el sistema rotatorio para la extracción del guano, de modo que se dejaba descansar a algunas islas y se favorecía la reproducción de las aves; por otra parte, se restringió la actividad humana (pesca, caza de las mismas aves, recolección de huevos) en los alrededores de los sitios guaneros. Con ello, el hábitat aviario quedaba protegido.

Además se construyeron instalaciones básicas para los trabajadores, así como puestos de vigilancia, algunos de los cuales todavía hoy existen. En Guañape, de hecho, se ven algunos rastros vetustos de estos inicios auspiciosos, que llevaron a que, hacia 1930, la cantidad de aves haya subido a 10 millones. Todo un logro sostenible de antaño.

En 1946, el director de la CAG, Carlos Llosa Belaúnde, hizo algo más: cercó las puntas guaneras para crear islas artificiales donde las aves podían anidar sin mayores amenazas. De acuerdo con registros de la Universidad peruana Cayetano Heredia, esto hizo que los guanayes, pelícanos y piqueros pasaran de 16 millones a 20 millones en sólo 10 años.

Hacia mediados de los cincuenta, sin embargo, aparece en escena un nuevo agente que complica el delicado equilibrio: la pesca industrial de anchoveta, un pequeño pez de unos 15 centímetros abundante en el mar peruano. Comenzaba así otro boom, que fomentó muchas fortunas en el país, pero que a la vez creó un gran problema de sostenibilidad.

El principal alimento de las aves guaneras es la anchoveta. Mientas ésta abunda, abundan las aves. Cuando ésta se esfuma, se produce una hecatombe aviaria o al menos una huida masiva. Las dos principales formas en que esto puede comenzar a ocurrir son el exceso de pesca industrial y la irrupción del temido fenómeno meteorológico llamado El Niño.

Cuando, debido a El Niño, las aguas se calientan, la anchoveta, pez de agua fría, se desplaza hacia el Sur y se fondea. La única especie que puede alcanzarla entonces es el guanay, que bucea varios metros abajo. El piquero y el pelícano, en cambio, sucumben literalmente de hambre, escena que se ha podido apreciar en Guañape.

Durante esta visita a las islas, en el verano suramericano, el fenómeno apenas llegaba a su nivel medio, pero en algunos nidos se apreciaba el llanto lastimero de algunos pichones abandonados por madres desesperadas que no podían alimentarlos.

Un enfoque integrado
Desde dentro del edificio de la isla Guañape Norte se escucha un sonido que parece perpetuo, imparable, desbordante. Ante la puerta, cientos o miles de aves dan vueltas, graznan, revolotean en el aire.

Difícil describir el detalle. Es imposible contar tantas aves. Pero su número es muy inferior, sin embargo, a los millones de antaño, como explica en Lima el ingeniero Fernando Ghersi, de The Nature Conservacy (TNC), una fundación norteamericana.

Lo sorprendente, según indica Gabriel Quijandría, otro funcionario de TNC, es que el recurso se ha mantenido y que, de alguna manera, "la Compañía Administradora del Guano propició un manejo sostenible de un recurso". Los años han pasado y, a pesar de la irrupción de El Niño y la pesca industrial, el guano aún da dividendos. No muchos, porque su cantidad hoy no es inmensa. Proabonos extrae anualmente 21.000 toneladas de guano, destinadas, básicamente, a los pequeños agricultores peruanos. La tonelada cuesta 1.000 soles (unos 600 euros) y, por el momento, no se exporta. Pero el auge de la agricultura orgánica a nivel mundial podría volverlo otra vez valioso. Agro-Rural, Proabonos, está en eso. Y ahora también el Ministerio del Ambiente (MINAM), que en diciembre pasado creó la reserva nacional Sistema de Islas, Islotes y Puntas Guaneras.

"Con esto se va a hacer un manejo más integrado de las 22 islas y puntas que conforman la reserva y de su entorno marino", afirma Ghersi. Esto permitiría un mejor manejo social y ambiental del ecosistema marino de la corriente de Humboldt, lo que incluiría el fomento de actividades como el turismo y la pesca sostenibles.

"El reto es cómo hacer una gestión más eficaz", añade Ghersi. En suma, juntar todas las piezas en un haz: mantener la población de aves y mamíferos marinos, conservar la anchoveta, poner la pesca industrial dentro de límites razonables y estar prevenidos contra El Niño, que en 1998 provocó la muerte de cerca del 80% de la fauna guanera.

La preservación de las islas, además, ha hecho que en torno a ellas se mantenga "una alta diversidad biológica", como recuerda Quijandría. Cerca de Guañape, en un islote, cientos de lobos de mar se amontonaban y gritaban, sin perturbaciones, en medio de la soledad del mar. Estas aguas oceánicas son de las más ricas del mundo.

El Pais

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Re: La guerra del Pacífico

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 24, 2013 1:32 pm

Armas de persuasión masiva


En "Retórica y Ritual en la Guerra del Pacífico" (Santiago de Chile, CIP, 2010) la historiadora peruana Carmen Mc Evoy califica como "armas de persuasión masiva" los encendidos discursos de los clérigos y oradores chilenos durante la "Guerra del Pacífico" (1879-1883). La guerra se produjo cuando, tras la ocupación por el gobierno boliviano de la Compañía de Salitres de Antofagasta - que exportaba desde ese puerto boliviano el salitre y guano del desierto de Atacama-, Chile respondió con la ocupación naval de la costa boliviana y más tarde, desvelado el Tratado de defensa entre Bolivia y Perú, con la toma de Lima.

A pesar del móvil económico de la guerra, los oradores chilenos lograron popularizarla como una "guerra santa" llevada a cabo por un "pueblo elegido por Dios" para civilizar y castigar a "dos repúblicas pecadoras", e hicieron de la victoria chilena un hito en la formación de la identidad nacional.

Las ficciones en política

Otro ilustre peruano, Mario Vargas Llosa, describió también la influencia de los mitos y ficciones en un episodio político más reciente. En el capítulo 16 "El Pez en el Agua"(1993) describe así uno de los motivos de su fracasada campaña en 1990 como candidato a la Presidencia de Perú [ver pg. 185]:

"Desde muy joven he vivido fascinado con la ficción, porque mi vocación me ha hecho muy sensible a ese fenómeno. Y hace tiempo que he ido advirtiendo cómo el reino de la ficción desborda largamente la literatura, el cine y las artes, géneros en los que se la cree confinada. La ficción aparece por doquier, despunta en la religión y en la ciencia y en las actividades más aparentemente vacunadas contra ella. La política, sobre todo en países donde la ignorancia y las pasiones juegan un papel tan importante como el Perú, es uno de esos campos abonados para que lo ficticio, lo imaginario, echen raíces".

A la malintencionada distorsión por el Gobierno del primer Alan García de sus propuestas sobre racionalización de la Administración peruana y liberalización del mercado de trabajo atribuye, en gran medida, su fracaso en las urnas: "La ficción derrotó a la realidad".

Como señala el escritor peruano, las imágenes sociales, la retórica y las creencias que arraigan entre los ciudadanos pueden tanto hacer descarrilar propuestas sensatas como dar aliento a reformas profundas.

Hoy, Primero de Mayo, la retórica que impregnará las soflamas de los líderes sindicales y políticos de izquierda se asemejará bastante, como ocurrió el domingo, a las que describe Vargas Llosa en contra de las reformas del mercado de trabajo que propugnó [ver página 184]:

"Expliqué en visitas a fábricas que una trabajador eficiente es alguien muy valioso como para que las empresas se desprendan de él y que nuestras reformas no afectarían derechos ya adquiridos, sólo a esos millones de peruanos sin empleo a quienes teníamos la obligación de ayudar. Que los trabajadores enajenados por la prédica populista se mostraran hostiles, porque no entendían estas reformas, o porque las entendían y las temían, lo comprendo. Pero que el grueso de los desocupados votaran masivamente contra estos cambios dice mucho sobre el formidable peso muerto de la cultura populista, que lleva a los más discriminados a votar a favor del sistema que los mantiene en esa condición".

Los buenos mitos

La influencia social y política de los mitos, "historias" o "narrativas" es tal que el reformista prudente debe no sólo impulsar medidas sensatas, sino ser también capaz de explicarlas mediante mensajes sencillos que, sinceros, susciten la adhesión emocional o, al menos, la comprensión de una amplia mayoría de ciudadanos.

A mi juicio, ni el Presidente Rajoy ni el PP han encontrado hasta ahora un relato convincente que sirva de contrapunto a la perniciosa marea populista y antiliberal que, tradicional en los sindicatos y en los partidos de izquierdas, viene siendo también alentada por el PSOE en la oposición y por su medio afín, el grupo PRISA. Rajoy estuvo poco acertado el pasado domingo cuando, lejos de adoptar un tono constructivo y paciente, se mostró reacio a reconocer las reformas parciales impulsadas por el Gobierno Zapatero desde que en mayo de 2010 recobró la cordura, e insistió en que "en muchas ocasiones hay que hacer exactamente lo contrario de los que [los socialistas] hicieron".

La ímproba tarea que tenemos por delante en España es lograr impulsar su crecimiento al tiempo que seguimos ajustando los déficits estructurales gemelos en las cuentas públicas y la balanza de pagos. Esa "epopeya" exigirá un crecimiento sostenido de las exportaciones y una mayor orientación de la demanda interna hacia una producción nacional más competitiva. Por eso tenemos un legítimo interés en que la Unión Europea en su conjunto, y nuestros grandes países acreedores ?como Alemania u Holanda- adopten medidas que, al impulsar su crecimiento y la demanda global, estimulen nuestro potencial de crecimiento. Carece de sentido, por ejemplo, que Holanda, un país con un enorme superávit de balanza de pagos, adopte medidas adicionales de austeridad. Los que tenemos que seguir ajustando nuestros desequilibrios somos los países deudores, no nuestros acreedores europeos. La futura elevación del IVA y la reducción de las cotizaciones sociales entrañará una "devaluación fiscal" que favorecerá ese proceso.

Los héroes de la gigantesca epopeya que nos aguarda deben ser los empresarios e innovadores que, con tenacidad y la colaboración de sus profesionales y trabajadores, logren aumentar su presencia en mercados extranjeros, mantener la actividad de sus empresas, aumentar el empleo y pagar impuestos. Tenemos ya muchos, pero no son suficientes y apenas son conocidos por la opinión pública.

Debemos encontrar con urgencia un relato socialmente persuasivo que sustituya la retórica populista del "no a los recortes de derechos sociales" y de la "defensa del Estado del bienestar" por el culto al espíritu de empresa, a la innovación y a la internacionalización. Un Registrador de la Propiedad da bien el perfil de "político aburrido" que ayer, en su columna en el Financial Times, Wolfgang Münchau consideraba ideal para un reformista. Pero precisará del concurso de genuinos emprendedores cuyo ejemplo y retórica persuada a las masas de que la prosperidad de nuestras empresas será el principal camino para superar la crisis.

Expansion.com

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Re: La guerra del Pacífico

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 24, 2013 1:32 pm

La vida en el frente de batalla
POR: GONZALO MAGUIÑA, 24 de Octubre del 2002

1. Introducción a la vida militar del siglo XIX
2. Adelantos científicos en el siglo XIX
3. Evolución de las armas
4. Evolución de las fortificaciones
5. La logística en campaña
6. La dieta en el frente, el rancho.
7. Las rabonas
8. La medicina de guerra
9. La instrucción
10. La moral


El siguiente material esta enfocado como apoyo a la enseñanza de Historia en los colegios del Perú.

1. introducción a la vida militar del siglo XIX

El Perú desde sus inicios republicanos se vio inmerso en constantes guerras y revueltas populares. Como ya es sabido cada época de guerra trae como secuela la siguiente época de rechazo a todo lo militar. Para ubicarnos en el contexto que antecede a la Guerra del Pacífico, es necesario hablar de la Guerra con España en 1866.

Del 2 de Mayo de 1866 hasta el 15 de abril de 1879

Para 1864, el Perú gozaba de una pujante situación Económica gracias a la explotación del guano, Esta inesperada riqueza no se supo administrar y se despilfarró a una velocidad vertiginosa. Pronto el Perú habría gastado más de lo que podía pagar con su extracción de guano. Es con este Perú, rico y republicano con el que se encuentra España en 1864. Los sucesos que nos llevaron a la Guerra contra España no son asunto de este trabajo, pero silo son los acontecimientos geopolíticos.
El Perú para hacer frente a la Armada Española y vencerla, invirtió considerables sumas de dinero en armas. Entre el armamento que adquirió, se encontraban algunos nombres de buques que años más tarde volverían a las primeras planas, nombre como: Unión, Independencia y América, o aun más conocido, el legendario Huáscar.

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En su mayoría el equipo militar con que el Perú enfrentó a Chile en 1879 fue adquirido para luchar contra España entre 1864-1866. En el intervalo de años entre 1866 y 1879 la tecnología militar había progresado considerablemente; al punto que colocaba a todo nuestro material bélico como de segunda categoría.

Los sistemas de retrocarga en las armas de fuego, fue un paso fundamental durante esos años, y si bien el Perú entendió lo importante que eran estos nuevos sistemas nunca hubo un plan de adquisiciones a largo plazo ni proyección de renovación del equipo obsoleto. Y es así que para el inicio de la guerra el Perú contaba en sus pañoles 12 tipos de fusiles de todo tipo de sistemas y munición, desde los de avancarga hasta los de repetición.


No quiero con esto justificar la derrota de las armas peruanas por no haber tenido armamento adecuado, por que la historia nos demuestra que pueblos mal armados pero pero bien organizados han superado a ejércitos bien equipados y profesionales.

En el campo de la artillería al comienzo de la guerra el Perú no contaba con cantidades serias de cañones de retrocarga, apenas 3, y por el contrario mantenía en servicio cañones que usaban balas esféricas. Estos sistemas habían sido ampliamente superados en cadencia de tiro, distancia, potencia y precisión.

El Perú como Chile reflejó en sus ejércitos su vida laboral, se organizaron batallones según procedencia o gremio. Lo cual hacía más fácil desarrollar el espíritu de grupo.

Muchos de los terratenientes organizaron sus propios batallones que pusieron al servio de la Nación como también en defensa de sus propias tierras.

Pero lo que más dificultó el accionar del ejercito Peruano es la variedad de grupos idiomáticos, sumado a la carencia de instructores veteranos se hizo más que imposible el adiestramiento de las tropas en tan corto tiempo.

El día de hoy hablar de entrenar a 20,000 hombres en 3 meses es algo imposible, aún contando con infinidad de medios tecnológicos y pedagógicos.

Nuestros oficiales estudiaban usualmente en el extranjero, en países como Francia, Prusia o Inglaterra. Lo cual producía una gran falta de cohesión en la doctrina impartida. Las tácticas eran diferentes, las preferencias a un determinado tipo de armamento eran diferentes, eso solo como para dar unos ejemplos

El Mundo en Guerra

Durante las décadas del 60 y 70 el Mundo estuvo muy convulsionado. En 1861 comienza la Guerra Civil Americana, 1863 Francia fracasa su invasión México, en 1866 la guerra entre Austria y Prusia, ese mismo año se da la batalla naval de Lisa entre Italia y Austria, en 1866 Paraguay invade Brasil, dando comienso a la Guerra de la Triple Alinza, donde participarian Argentina, Brasil y el Uruguay contra el Paraguay. En 1870 Francia y Prusia entran en guerra, en 1876 recrudecían las guerras contra los indios en los Estados Unidos, y el mismo año de 1879 las fuerzas zulúes se enfrentan a los ejércitos ingleses, un año más tarde del inicio de la guerra del Pacífico comienza la primera Guerra Boer.

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Es así como estas guerras proporcionan el caldo de cultivo para el desarrollo tan acelerado en la maquinaria de guerra. Inventos tan importantes como la máquina de vapor, la dinamita, el acero y la energía eléctrica jugarán papeles protagónicos en las contiendas bélicas del siglo XIX.

Los Peruanos y sus antiguos aliados, los chilenos, pondrían en escena todo tipo de ingenio bélico para conseguir la victoria, artillería moderna, fusiles de repetición, ametralladoras, torpedos automóviles dirigidos, minas y hasta un submarino.

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2. Adelantos científicos en el siglo XIX

Es indiscutible la gran aceleración que tomó el desarrollo tecnológico durante el siglo XIX, Si bien existían
ingeniosas máquinas durante la historia del hombre pero el dominio de la máquina en magnitudes incalculables para el hombre del siglo XVIII. La máquina de vapor cambió la forma de navegar independiente del viento, los trenes movilizarían pueblos enteros, estamos en la puerta de la Revolución Industrial.
Coincidentemente con el inicio de la Guerra del Pacifico se inventa la dinamita y la bombilla eléctrica.

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En las comunicaciones, la aparición del telégrafo, el fonógrafo y el gramófono. Y lo que cambió el estudio de la historia es la aparición de la cámara fotográfica que nos da detalles que se pierden entre los textos de historia.

El uso de la corriente eléctrica brindaría nuevas posibilidades táctica, como el control de torpedos, la implementación de minas como dispositivos de defensa y la luz eléctrica abriría nuevas posibilidades.

3. Evolución de las armas

Para hacer un análisis más ordenado dividiremos las armas en terrestres y navales.

Terrestres:
La Guerra Civil Norteamericana, sumado a la expansión de los imperios Europeos provocó una acelerada evolución del armamento.

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Los fusiles de avancarga pasarían a ser obsoletos por los nuevos de retrocarga, y luego por los de repetición. La aparición del casquillo metálico mejoró las condiciones de tiro como su fácil manejo.

Las condiciones mejoraron tanto, que de 1 tiro por minuto pasaron a 8 tiros por minuto. La efectividad de un tiro cambió de 100 m a 400 m. Adicionalmente la instrucción era mucho más sencilla.

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La artillería de campaña evolucionó más rápido que sus parientes navales debido al menor esfuerzo mecánico en las detonaciones por no tener que destruir corazas. La artillería de campaña de avancarga tenía un rango de 600 m a 1200 m en contraposición de su evolución de retrocarga con un rango de 4000 m, y con una cadencia de tiro de 3 tiros por minuto contra 1 tiro cada 6 minutos de sus antecesores de avancarga.

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Navales:
La aparición de la máquina de Vapor, permitió a embarcaciones de gran desplazamiento ser independientes del viento. Al inicio los barcos usaban rueda de palas para trasmitir la fuerza de sus máquinas, pero eran muy vulnerables para ser buques de guerra.

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La hélice solucionaría este problema.

En busca de la invulnerabilidad, apareció el blindado y éste obligaría a la evolución de la artillería naval, haciendo que se construyeran cañones muy grandes para poder perforar las corazas de estos primitivos blindados.

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La mejora de la munición y de los sistemas de cierre de retrocarga consiguió avances increíbles en la artillería naval.

El uso de minas, torpedos automóviles filo-guiados y de un arma que cambiaría totalmente el concepto de guerra naval, el submarino. Es en este escenario que enmarca la guerra del Pacífico.

4 Evolución de las fortificaciones
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La Fortaleza Independencia, o como la conocemos actualmente Real Felipe, como era su nombre en época de la Colonia. Solo se pudo mantener vigente hasta la aparición de los blindados y por ende la aparición de la artillería de grueso calibre. Durante las guerras de la Independencia esta fortaleza estuvo artillada con cañones de 12, 24, y 32 libras. Cuando aparecieron los primeros blindados toda esta artillería quedaría en desuso por ser totalmente inútil contra las corazas de los primeros blindados. Esto obligo a mejorar la artillería de defensa costa usando cañones de mayor tamaño que estuvieron entre 68 lb. hasta las 1000 lb., fue necesario entonces retirar toda la artillería "menor"(menor a 68 lb.) para emplazar un numero reducido de piezas de gran tamaño.

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En la Fortaleza Real Felipe (Independencia), el torreón del Rey, que se muestra en la foto superior, sufrió la demolición de parte de la torre y mirador para poder emplazar 2 cañones pesados, en la foto de la izquierda se aprecia un cañón Rodman de 500 lb. y un Blackely de 450 lb. En el torreón de la Reina se instalaron 3 cañones Vavaseur de 250 lb.

La aparición de artillería pesada demostró que las paredes de roca de la fortificaciones que existían hasta ese entonces no podían absorber los impactos sin derrumbarse o ser gravemente dañados.

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Durante la Guerra Civil Norteamericana se ensayaron varios tipos de defensas y la que mejor dio resultado fue usar sacos de tierra mampuestos, estos absorbían muy bien los impactos sin desmoronarse y sobre todo no producían esquirlas cuando eran impactados y de hecho que eran más económicas y fácil de construir. Otros intentos de mejorar las fortificaciones fue usar planchas de hierro, este es el caso de la Torre de la Merced en el Callao para el combate del 2 de Mayo de 1866. Para este combate las defensas peruanas contaban con fuertes coloniales ya en desuso, el Fuerte Independencia o Real Felipe y muchas baterías defendidas por parapetos de costales de tierra.

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Durante las excavaciones en las defensas de la línea de San Juan, se ha podido recuperar varios de estos sacos de tierra que en su mayoría son costales para café, en la foto podemos apreciar uno de estos sacos que fue encontrado una batería del Salto del Fraile.

Durante la Guerra del Pacífico (1879-1884) las mayoría de las defensas peruanas fueron de sacos de tierra y dejando de lado por completo las defensas acoradas con planchas de hierro.

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Las trincheras, como es lógico pensar, se construyeron con el material de la zona a defender, si bien la mala experiencia de los norteamericanos con trincheras en base a troncos y maderos fue desastrosa, los peruanos en la defensa de Miraflores echaron mano de todo cuanto encontraron para construir los reductos. La construcción de parapetos con adobe fue una expresión local de fortificación que solo era viable si se contaba con agua cerca de la zona a defender.


El uso de minas antipersonales como parte de las fortificaciones fue de uso común durante la Guerra del Pacífico, En las Baterías del Salto del Fraile se encontró varias minas, polvorazos, alrededor del emplazamiento. Los defensores de Arica minaron gran parte del Morro como dispositivo de defensa. Estas Minas podían ser de fricción o eléctricas.

En la foto superior vemos una escena de la guerra civil norteamericana, muchos de los reductos en la línea de Miraflores no se llegaron a terminar y quedaron como se muestra en la foto.


5. La logística de campaña

La evolución de los ejércitos nos enseña que para poner en marcha un ejército se tiene que contar con otro ejército que permita operar al primero, brindándole servicios como: rancho, ambulancia, intendencia entre otras cosas.

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Para mantener 1000 hombres en el frente implica cosas tan simples como poder servir 2 comidas (rancho) para cada soldado, de manera que se tendría que tener una capacidad para entregar 2000 ranchos por día. Y no solo hablamos de preparar los alimentos que se incluyen en el rancho si no el hecho de que si cada rancho incluye una papa, implica que cada día se consumen 2000 papas. Si esto lo trasladamos al agua nos encontramos que cada soldado consume como mínimo un litro de agua.

Entre las especialidades más importantes encontramos las siguientes:
· Carpintero
· Herrero
· Telegrafistas
· Médico o enfermero
· Cocineros
· Veterinario
· Ingenieros civiles
· Electricistas
· Mecánicos
· Contador
· Capellán

Mantener tantos hombre en el frente ya es algo complicado, pero más aún es mantenerlos en campaña lejos de los puestos de aprovisionamiento. Chile sufrió este problema durante toda la guerra, sin embargo su buena organización le permitió operar a más de 2,500 Km. de sus bases originales.

Movilizar 20,000 hombres, más pertrechos hasta el Perú implicó fletar barcos adicionales a la flota y modificar transportes.

Para desembarcar en Pisagua, Pisco y Curayaco se usaron lanchones construidos específicamente para este fin. Como verán una campaña de la envergadura como la que emprendió Chile contra el Perú no se preparó de un día para el otro.

Para facilitar la logística de munición de la fusilería chilena se estandarizaron los cartuchos de todos los tipos de fusiles que usó Chile durante la guerra; muy diferente fue el caso del Perú que usó más de 12 tipos de munición para diferentes sistemas de armas.

Parte fundamental en el transporte de los pertrechos del ejercito son los animales de carga, trenes y barcos cargueros.

La administración de estos elementos facilitarán la victoria del ejército.

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Esteban McLaren
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Re: La guerra del Pacífico

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 24, 2013 1:33 pm

6. La dieta en el frente, el rancho

La dieta de cada ejército depende de su propias tradiciones culinarias y es de suponer que la dieta de los peruanos poco o nada tenía que ver con la de los chilenos.

Comencemos con los Chilenos:
Cada regimiento contaba con calderos grandes y pequeños de 50 a 70 galones, que se llevaban a lomo de mula. Estos calderos se ponían sobre una fogata para hacer sopa, que era la comida usual, preparada con harina de arroz, guisado, camotes, verduras, frijoles y grasa.

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Las comidas estaban dispuestas de modo siguiente:
Café a las 5:00 a.m.; desayuno, de sopa, a las 10:00 a.m.; comida, de sopa, a las 5:00 p.m.

Raciones para soldados Chilenos:

Charqui 150 gramos
Frijoles 350
Cereales 120
Arroz 120
Galletas 200
Cebollas 50
Harina 400
Manteca 50
Ají 5
Sal 15
Papas 150
Azúcar 25
Café 10
Fresca 230


Para las tropas peruanas:

Los hábitos de la vida de haciendas y las chacras se traslado al frente, y es así que tenemos que diferenciar tres grupos sociales muy marcados con diferentes dietas.
Los Indios, igual que toda la tropa recibían una buena ración de carne, pan, frijoles, cebollas y un cuarto de galón de agua. Adicionalmente y como eje fundamental en la logística peruana estaban las "rabonas", que eran las mujeres de los soldados que los acompañaban a donde fuera el ejército, sobre ellas hablaremos más adelante. Estas mujeres compartían las raciones de sus maridos para hacer ollas comunes. Ellas acarreaban todos los utensilios de cocina.

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Durante las excavaciones en la línea de San Juan, se ha encontrado evidencia de la dieta de la tropa, como por ejemplo: choclos, mariscos, reces, gallinas y pescados. Como utensilios de cocina se encontró cucharas de palo y ollas de barro.

Muchos de los "Blancos" llevaron a sus sirvientes al frente como mayordomos o ayudantes. En su mayoría se trataba de afro-peruanos que si bien ya no eran esclavos vivían bajo un régimen de servidumbre. Estos afro-peruanos preparaban la comida de sus amos y que ellos también consumían. Siendo beneficiados por los favores de sus amos.

Esto marcó profundas diferencias entre Indios y afro-peruanos en la vida de trinchera, cosa que no favoreció a la integración de la tropa.

7. Las "Rabonas"

Uno de los aspectos de la vida en el frente que le da un matiz muy especial al Perú, es la participación de sus mujeres, sobre todo la mujer indígena, que acompañaron a sus hombres a todas partes donde fue el ejército. Esta mujeres recibieron el nombre de "rabonas".

Cumplían, sin que nadie se lo ordenara, múltiples funciones, como el de enfermeras, cocineras, la preparación de munición y en muchos casos de construcción de las trincheras.

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En las memorias de un observador inglés que acompañó a Cáceres nos cuenta que:
" ... Todos los implementos culinarios eran llevados por las esposas de los soldados, quienes también se ocupaban de ese tipo de tareas. Estas pobres mujeres o "rabonas", como se les llamaba, merecen gran admiración por la manera infatigable como seguían a sus maridos, incluso en medio de las batallas, dedicándose sin acobardarse al cuidado de los heridos, sordas e indiferentes a las balas que volaban a su alrededor."

Creo que las anteriores palabras describen lo que fueron esta valientes mujeres.

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El ejército no les repartía raciones a estas abnegadas mujeres que tenían compartir la ración de su marido y lo que ellas pudiesen conseguir de los alrededores. Sin embargo estas mujeres se organizaban en ollas comunes construyendo sus propias cocinas con piedras y adobes.

Estas mismas mujeres cocían los uniformes de sus esposos como sus morrales para llevaran las municiones.

Indirectamente esto creaba una presencia de niños en los campamentos de lo que no tenemos muchas referencias.

Esta mujeres podían ser esposas, madres, hermanas o hijas del soldado, en muchos casos la totalidad de la familia estaba en el frente incluyendo a los niños. Todo esto hacía muy vulnerable al Ejercito Peruano.

8. La medicina de guerra

La aparición de los antisépticos mejoró notoriamente, la condiciones de supervivencia de los pacientes. Pero los médicos tuvieron que afrontar otros problemas diferentes de las heridas de guerra, cosas como la deshidratación, insolación, hipotermia, soroche, enfermedades como la verruga o la terciana. Este tipo de dolencias infringió gran número de bajas en el ejército invasor que fue obligado a combatir no solamente contra las fuerzas locales sino también contra el medio.

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Muchas de las tropas chilenas enfermaron de terciana en la campaña de Lima y se les agravó al iniciarse la campaña de la Sierra.

La verruga, hizo sus estragos en las fuerzas invasoras cuando entraron en el valle del Mantaro.

La cirugía lidiaba con heridas producidas por armas que sobrepasaban la velocidad del sonido reventando los interiores de la víctima, pequeñas heridas de entrada y grandes agujeros de salida caracterizaron las heridas hechas por los fusiles usados en esta contienda.

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Las supervivencia a las amputaciones mejoraron notablemente de la década de los 60 a los 70 llegándose hasta un 25% de éxito.




Las facilidades de infraestructura para atención médica en el caso del Perú, fue notoriamente mejor que la que tuvo que soportar Chile. Al ser Perú el país invadido siempre contó con servicios locales de muy buen nivel y gran cantidad de personal para sus ambulancias.
Muchas personas buscaron en el servicio de ambulancias una forma de evadir ir a servir en el frente de batalla, haciéndose valer de sus influencias.

El Parque de la Exposición , hospital San Bernardo, el hospital 2 de Mayo y el colegio San Pedro de los Jesuitas fueron usados entre otros para recibir a los heridos de San Juan y Miraflores.

Contando con un buen número de camas y ambientes ventilados, propios de una gran ciudad.

Las fuerzas invasoras carecían de un gran número de personal para abastecer a sus ambulancias, adicionalmente la escasez de insumos y materiales médicos hacían un verdadero caos durante las batallas. La poca experiencia en enfermedades tropicales que era frecuente en esa época era aun más marcada en los chilenos causándole muchas bajas entre sus líneas y un deseo incontenible de dar por terminada la guerra, atentando directamente contra la moral de la tropa.

9. La Instrucción

Algo que siempre a sido una lucha de titanes a lo largo de la historia del Perú, es la Educación, y uno de los escollos que aún se trata de sortear es el problema multicultural y multi-lingüísticos. Proyectemos nuestros problemas de educación actuales hacia 122 años en el pasado, donde el analfabetismo llegaba a niveles alarmantes del 98% de la población indígena.

Contradictoriamente con más de 400 años de intentar de amansar al indio haciéndolo un mancebo si era posible; ahora la patria necesitaba hombres y fácilmente recurrió a los más pobres para mandarlos a defenderla.

No voy a hablar de los militares de carrera, si no de cómo se convirtió al indio común, hombre de chacra o mina en soldado de la Patria.

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Como no es ajeno a los actuales educadores, se necesita un a cantidad de instructores para cada cierto número de personas; esos instructores tenían que saber con cierta experiencia sobre las artes de la guerra, posiblemente podríamos pensar cómo se hace ahora para conseguir instructores de los mejores veteranos de campañas anteriores. Pero en nuestro caso las tropas que se encargarían de defender Lima contaban con escasísimos veteranos, la mayoría de nuestros veteranos eran prisioneros de guerra o estaban esparcidos en alguna parte del sur del Perú ó se habían replegado a Arequipa.

La llegada del nuevo armamento, implicaba nueva capacitación para esa arma, pero eran totalmente novedosas para todos y se tendría que aprender experimentando. Se repartieron los nuevos fusiles y munición. Aceleradamente se instruyó a los comandantes de cada batallón para que transmitieran este conocimiento. Pero la mayoría de los capitanes de batallón eran criollos limeños que no sabían quechua o aymará lo que entorpecía la instrucción entre otras cosas.

Los regimientos tenían números que los identificaba pero la mayoría de los Indios no sabían qué simbolizaban esos números, por lo que se usó con más intensidad los nombres del lugar de donde fueron levados, el TARMA, el PAUCARPATA, etc.

Los movimientos de la infantería de orden cerrado eran casi imposibles si nadie sabía cual era su derecha o su izquierda.

Algo que sabemos por testigos extranjeros, es lo difícil que era crear el espíritu de grupo entre las tropas, los comandantes se veían imposibilitados de infundir alguna motivación a sus tropas ya que sus tropas los entendían a medias o muy distorsionadamente.

Muchos de los indios pensaban que esto era una revolución más, y que todo esto eran entre le general Pierola y el general Chile, y ellos no pensaban morir por ningún blanco.

Entendamos que el Perú recién nacía como tal gracias a esta cruenta guerra. Se les enseñó a gritar cada vez que hacían una "carga" "Viva el Perú", y pocos entendieron que era una "carga". El resultado fue que en medio de la batalla muchos de estos batallones gritaban "Viva el Perú" cada vez que corrían sea hacia el enemigo o en huida.

En la mayoría de partes chilenos vemos que cada vez que se habla de la puntería de los peruanos el resultado es que era pésima, y no nos extraña, la mayoría jamás había usado un arma de fuego y los que sí tenían algún grado de experiencia pensaban que eran carabinas de chispa. Para colmo de males cuando llegaron los fusiles Peabody todas las escrituras de las miras estaban en turco.

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Para la defensa de Lima se reclutaron, ya tardíamente, a la población limeña, que era mucho más homogénea, por lo menos todos hablaban el mismo idioma y era más fácil armar batallones de gente instruida, esta gente que era más idónea para enfrentar al enemigo solo tuvo 6 meses de entrenamiento sin ser estos entrenamientos muy rigurosos o siguiendo un plan de instrucción.

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Para Chile, esto fue más fácil pero no mucho, la mayoría de sus soldados tenían cierto grado de instrucción y TODOS hablaban el mismo idioma. Antes del comienzo de la guerra las tropas chilenas se fogueaban combatiendo a los indios araucanos ganando una valiosa experiencia de combate. A las tropas Chilenas era fácil motivarlas, todos tenían un solo propósito; destruir al Perú a apropiarse de sus riquezas, algo que Chile necesitaba desesperadamente.

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El ejército chileno usó 4 tipos de fusiles para su tropa y todos usaban el mismo tipo de munición como se dijo anteriormente. Pero de estos 4 fusiles se usaron 2 en gran número , los Comblaind y los Grass. Estos fusiles fueron adquiridos años antes de la guerra y la tropa pudo entrenar sin dificultadas mejorando su destreza en el uso de estas armas así como en técnicas de infantería.

10. La Moral

Este tema lo podríamos dividir en dos partes, de Abril del 79 hasta octubre del 79, y la otra parte desde Octubre del 79 hasta noviembre del 83.

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Es claro de qué estamos hablando, al inicio de la guerra con Chile los peruanos aún se creían invencibles, por la victoria del Combate del 2 de mayo del 66. Muchos incautos pensaron que la guerra con Chile sería un simple jalón de orejas a la muy pequeña nación del sur. Al comienzo de la contienda Grau y el Huáscar harían de esta supuesta superioridad algo más creíble aún, sumado a una prensa que infló cada suceso de la guerra, cosa que paso en ambos bandos. Contribuyó a que la moral de nuestro país se mantuviera muy en alto, lo que nos permitió muchas jugadas muy audaces durante el 79.
Perdido el Huáscar los acontecimientos se precipitaron muy rápido, se invade Pisagua, Iquique, se captura a la Pilcomayo todo en menos de 40 días. Y tan rápido como fueron llegando las desastrosas noticias fue cayendo la Moral de todo el país.

El presidente de turno deja el país en busca de material bélico para hacer frente a Chile y en su ausencia Piérola da un golpe de Estado, contribuyendo aún más al caos que vivía la nación.

La Moral de la Nación tocaría fondo tras la derrota de las fuerzas aliadas en Tacna y la Captura de Arica, lo que indicaba que nuestros mejores hombres, o sea el ejercito de Línea había desaparecido. La fuerza invasoras se ganaba una fama de imbatibles.

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En la defensa de Lima sólo la existencia de una segunda Línea de defensa tras de la primera ya era desmoralizador. La iniciativa reprimida por el supremo gobierno, grafica en su inacción frente al enemigo en Lurín, dejando de organizarse y reforzarse para el asalto a Lima, trajo como era de esperarse un ambiente de evacuación de la capital en vez de una férrea voluntad de defensa, el pesimismo se dispersó por todos los reductos y se intento solucionar esto colocando hombres "símbolo" en cada regimiento o batallón, es como así casi la totalidad de los sobrevivientes del Huáscar fueron destacados por toda la línea de defensa.

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Por los resultados en la batalla de Miraflores, la resistencia de los peruanos fue más que heroica, pero la falta de coordinación en todo el frente pudo más que el valor de estos peruanos, siendo increíble que más de 8,000 hombres no entraron en combate por falta de ordenes.

La caída de Lima supuestamente era el fin de la Guerra, pero faltaba más de la mitad de esta sangrienta guerra. Es en estos momento que nace el Perú, por fin con un solo objetivo; echar al invasor de nuestras tierras y por qué negarlo, la venganza, Chile pagaría muy caro los días de ocupación.

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De toda esta desgracia apareció un sentimiento de peruanidad jamás antes visto, que no pudo ser frenado por la intimidación del invasor y todos los fusilamientos de patriotas que murieron por ver libre su amada patria.

War Book (2002)

Esteban McLaren
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