La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:10 pm

Operacion Primicia – El Ataque Montonero al Cuartel Formosa en 1975


Excelente relato de Gerardo Young, para el Clarin de Argentina, que a continuacion presentamos, editado abreviado para no competir con el original. Si quieren leer el original, ya saben a donde ir …
Tenían, casi todos, 21 años. También Roberto Mayol, enviado desde Santa Fe al Regimiento de Infantería de Monte 29, con sede en Formosa, tres meses antes, bajo sospechas de simpatizar con ideas revolucionarias. Sus ideas lo terminaron como soldado topo, reventado a tiros, con cada soldado y cada oficial que pasaba a su lado volviendo a darle. Al pecho, a las piernas, a cualquier lado. Lo importante era descargar la ira y el miedo sobre el cadáver de ese soldado topo, que ahora que todo había terminado, se revelaba como el montonero que los había entregado.
Esa fue la Operación Primicia, el primer y último intento de la guerrilla peronista de ocupar un cuartel del Ejército. Un operativo que cambió para siempre la historia de Formosa y que apuró o ayudó a apurar el golpe de Estado de marzo del año siguiente.

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En la tarde de aquel domingo murieron en Formosa 28 personas, de las cuales sólo dos pasaban por poco los 23 años. Diez de los muertos eran conscriptos del regimiento, clase 54, pobres campesinos del monte formoseño que poco o nada habían escuchado sobre revoluciones. Otros 12 eran militantes montoneros de Rosario, de Santa Fe (como Mayol), de Buenos Aires. También murieron un policía, un sargento y un subteniente. Y fueron fusilados por el Ejército, en la represión posterior, tres vecinos, uno de 15 años.
El responsable de la operación fue el jefe montonero Raúl Yaguer, alias Roque, un ingeniero químico de 31 años famoso por ser metódico y audaz. Su plan incluyó el secuestro en vuelo de un Boeing 737-200 de Aerolíneas Argentinas, al que se obligó a aterrizar en el aeropuerto de Formosa para luego evacuar a los montoneros hasta un campo de Santa Fe.
La conducción de Montoneros, según informó entonces, decidió el ataque para presentarle al país el flamante “Ejército Montonero” con el que pensaba enfrentar al Ejército formal cuando se diera el golpe militar que todos creían inminente.
Esa acción se puso en marcha a las 16.20 del 5 de octubre. Era el momento de la ‘siesta’, en un regimiento con un personal estable de más de 600 hombres, pero que un domingo de tarde apenas tenía a dos oficiales de guardia, a un puñado de suboficiales y a unos 100 conscriptos.
Mayol, el soldado montonero, aprovechó la confianza para burlar al que hacía de guardia en una de las entradas al regimiento. Así facilitó el ingreso de los seis vehículos en el que llegaron los 30 atacantes con armas suficientes para el desastre.
A tiros de fusil, de metralletas halcón y con granadas de fabricación propia, pasaron sin problemas por las primeras edificaciones del cuartel, como el Casino de Suboficiales. Allí se dividieron para atacar a los distintos objetivos de un predio de 25 hectáreas.
Les fue sencillo en el pabellón de la “Compañía A”, donde mataron al subteniente Ricardo Massaferro, un joven de 21 años al que convirtieron en héroe. Yaguer, el jefe del ataque, se dirigió hacia el depósito de armas (sólo se iban a llevar unos 30 fusiles), mientras un grupo fue a controlar la reserva de soldados que descansaba en el pabellón de la “Compañía B”.
Fue allí donde gritaron “¡Ríndanse, carajo, que no es con ustedes!”. El soldado Luna apenas pudo gritar “Ni mierda” cuando una ráfaga lo partió en dos por el estómago.
El último grupo de montoneros, entre los que estaba Mayol, atacó al pabellón de la guardia. Era el objetivo más complejo, porque allí estaba el oficial de servicio y los radiotransmisores, junto a un grupo grande de soldados, los conscriptos, que estaban o durmiendo o descansando en una habitación amplia de la guardia, con la puerta cerrada. Eran 22 o 23 jovenes. Fue todo rápido, un desastre, cayeron muertos los primeros soldados y otros gritaban de dolor, agonizantes.
Los demás lograron tirarse al piso y trabaron la puerta con su cuerpo para evitar el ingreso de los montoneros, mientras una segunda ráfaga pasaba por encima de sus cabezas. En cuanto el fuego se detuvo, los soldados abrieron una ventana del fondo de la habitación, por la que salieron al parque.
Los guerrilleros ocupaban el pasillo cuando vieron salir a los soldados hacia el parque. Alcanzaron a dispararles y le dieron a dos, que salieron lanzados por la fuerza del impacto. Los demás se arrojaron al pasto con sus fusiles en la mano, y contra todos los pronósticos, giraron para devolver los disparos.
La resistencia de los soldados tuvo, a los segundos, un apoyo decisivo de parte de dos o tres suboficiales y soldados que en otro flanco del cuartel, en el ala sur, habían alcanzado una ametralladora asentada junto al mástil de la Plaza de Armas del Regimiento.
Los montoneros decidieron entonces la retirada. Se tenían que ir rápido, porque los esperaba el avión secuestrado y los refuerzos del cuartel no tardarian en llegar. Sin embargo, el repliegue deberian hacerlo por un sector abierto del predio, sin cobertura, la zona del lapacho.
Empezaron a cruzar de a dos en dos, corriendo en zig zag, tirándose de cuando en cuando a tierra, pero los esperaban los tiros de la metralla y los de los soldados con sus fusiles. Fue letal. Uno tras otro fueron cayendo hasta contarse doce. Entre los últimos estuvo Roberto Mayol, que quedó tumbado boca arriba justo al pie del lapacho, muerto.
Para empezar, una vez que los demás guerrilleros lograron huir hasta el aeropuerto y subir al Boeing que los llevó a Santa Fe, desde el regimiento salieron patrullas para buscar cómplices o montoneros ocultos en los barrios de la zona. Lo que consiguieron, esa misma tarde, fue a tres vecinos que se habían asomado por curiosidad y a los que confundieron con rebeldes. Los mataron a tiros y durante años los intentaron hacer pasar por guerrilleros, que no eran. Asi empezó la represión que conocería el resto del país a partir de marzo del 76.

Fuente:
Clarin.com

Zona
Gerardo Young

Maquina de Combate

Esteban McLaren
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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:11 pm

Para ex oficial montonero la Operación Primicia fue un error: "No supimos entender al pueblo"
Rafael María Menéndez y el ex soldado Ricardo Valdéz presentaron en Formosa el libro que relata el ataque que precipitó el Golpe de Estado de 1976. Fotos.Por Ceferino Reato (*) | 23.11.2010 | 09:02

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Imágenes de la presentación del libro "Operación Primicia" en Formosa. | Foto: Cedoc

El ataque de Montoneros al cuartel de Formosa sigue siendo una herida abierta para los formoseños, que supura recuerdos, pasiones, interrogantes y diversas estrategias para derrotar tanto dolor y tanto olvido, como quedó demostrado durante la presentación del libro Operación Primicia, que rebalsó el molde de este tipo de eventos: no hubo público en el sentido estricto del término; no podía haberlo porque cada uno de los asistentes al auditorio del diario La Mañana se sentía protagonista de los hechos y muchos de ellos, además, querían tomar el micrófono y contarlo.

Otros se mantuvieron en silencio, soltando algunas lágrimas de tanto en tanto, como María, la madre del soldado Marcelino Torales, uno de los muertos aquel domingo 5 de octubre de 1975, y sus hijas; Dora, la esposa del sargento Víctor Sanabria, otra de las víctimas fatales, y sus hijos; Mariana, la hermana de Edmundo Sosa, otro de los conscriptos muertos, y los parientes de Hermindo Sosa, un “criollo” de Las Lomitas que cayó luego de un grito que ya pasó a la historia: “¡Acá no se rinde nadie, mierda!”.

La gente llenó el auditorio y hubo muchísimos que se quedaron parados, entre ellos el ex gobernador peronista Vicente Joga; el diputado radical Ricardo Buryaille, y el senador Luis Naidenoff, también de la UCR. También estuvo la senadora Adriana Bortolozzi, peronista disidente. Del gobierno provincial, que desde 1995 es encabezado por el peronista ultrakirchnerista Gildo Insfrán, hubo inasistencia perfecta: no fue nadie. Bortolozzi y Buryaille explicaron la marcha de sus proyectos de ley para otorgar a los parientes de los muertos que defendieron el cuartel la misma indemnización que ya cobraron los herederos de los guerrilleros caídos en ese combate, que en marzo ascendía a 620.919 pesos. Naidenoff dijo que él adhiere a esas iniciativas. Por lo que señalaron, es posible que haya ley en 2011: calculan que a los legisladores oficialistas les será difícil negar sus votos en un año electoral.

Todo eso ocurrió en la calurosa noche del sábado; antes de que la presentación del libro se transformara en una asamblea de emociones que parecía estar regida por un guionista invisible, habló la mesa, como se estila, que estuvo formada por el librero y editor Braulio Sandoval; el historiador Julio Ortiz; el ex soldado Ricardo Valdéz; el ex “oficial” montonero Rafael María Menéndez, ingeniero y ex ministro de Acción Social, y por mí, autor de Operación Primicia.

El ex soldado Valdéz tuvo palabras medidas, a tono, en general, con las manifestaciones de otros ex soldados, como Antolín Brítez, que cumplió el servicio militar obligatorio en la Enfermería. “Todo esto me sigue doliendo, pero lo que pasó, pasó. No tiene que haber rencor, más allá de los reclamos que hacemos para que los padres de los conscriptos muertos reciban un beneficio digno y para que también nosotros, los que estamos vivos, seamos atendidos”, dijo Brítez.

A Menéndez, uno de los dos oficiales que Montoneros tuvo en Formosa, el libro “me gustó mucho, pero creo que falta explicar mejor el contexto de lucha de doscientos años entre la liberación y la dependencia. Nosotros luchábamos por la liberación del país. Yo creo que la guerra de guerrillas fue parte importante de esa lucha. Pero creo también que el ataque al regimiento fue un grave error; en aquel momento, yo me puse contento, como otros compañeros, pero luego fuimos comprendiendo que había sido un error. Es que nosotros éramos casi todos de clase media o de clase media para arriba y no supimos entender al pueblo”. Menéndez contó que él estuvo preso durante ocho años y medio y que “luego, yo cobré, como todos los habíamos sido presos. Cobré durante el gobierno de Carlos Menem; unos cien mil pesos, que eran pesos dólares. Creo que hubo falta de solidaridad de todos nosotros porque debíamos haber exigido que les pagaran también a los familiares de los soldados”.

(*) Editor jefe del diario PERFIL y autor del libro Operación Primicia

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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:11 pm

Original de Delfin
Combate de Manchalá
De Wikipedia, la enciclopedia libre

Parte de Operativo Independencia
Fecha: 26 de mayo de 1975
Lugar: Manchalá, Tucuman
Resultado: Victoria decisiva del ejercito argentino

Beligerantes
[*] Ejercito Argentino
[*] ERP
Comandantes
[*] Gral. Acdel Vilas (EA)
[*] Mario Santucho

Formación de la Compañía de Monte del ERP en Tucumán
El Combate de Manchalá, fue un enfrentamiento armado entre miembros del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y del Ejército Argentino el 28 de mayo de 1975 en Manchalá, en las cercanías de la localidad tucumana de Famaillá. El marco histórico es el del inicio de la guerra sucia en Argentina y del Operativo Independencia, cuyo comando se había establecido en Famaillá.[1] El hecho marca un punto de inflexión a favor del Ejército, que pasa a una acción ofensiva.[2] La mayoría de los datos del Combate están recogidos por parte de Acdel Vilas, militar argentino con numerosas causas penales por su accionar represivo.[3]

Preparativos
Los guerrilleros habrían planearon para el 29 de mayo de 1975 un ataque al Puesto de Comando Táctico de Famaillá: comando de las operaciones en el frente rural. Tenían una maqueta con el Puesto de Comunicaciones, las habitaciones y baños de los jefes, el Lugar de Reunión Detenidos.
ERP contaba, según declaraciones posteriores del Capitán Armando, 117 hombres uniformados y 50 hombres de civil para las operaciones de apoyo. Estos habrían de encontrar a unos 30 o 35 hombres para la defensa del Comando, puesto que las 2 secciones de comunicaciones estaban a lo largo de la ruta 301 y la Sección de Ingenieros 5 en tareas de acción cívica.

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Los combatientes se habían atrincherado en Finca Sorteis, a 18 km de Famaillá

Se había fijado el ataque para el 28 de mayo casi al oscurecer, de manera tal que coincidiese con la fecha en que se celebra el día del Ejército. Pero, ese día, dos grupos de la Sección Ingenieros 5 habían traído material en la Escuela de Manchalá para completar el plan de acción cívica. Esta casualidad ayudó a la derrota de la Compañía Ramón Rosa Gimenez que estaba apoyada por contingentes del ERP que concurrían desde Córdoba. Los 117 combatientes se habían atrincherado en Finca Sorteis, a 18 km de Famaillá, apresando a los dueños y a los peones. Comieron, descansaron y filmaron una película documentando sus actividades para fines propagandísticos.

La fuerza de Ejército contaba con información secreta sobre un plan del ERP, aunque no se sabía dónde ni cómo se desarrollaría. Por eso, el Escuadrón de Gendarmería "Jesús María" llegó a la zona del Río Colorado y Santa Rosa de Leales donde Vilas esperaba el ataque. Allí un Mayor del Ejército asumió el mando y tuvo como tarea rastrear la zona en vista de que algunos pobladores habían visto movimientos sospechosos.

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La información dada por un policía de la provincia el 27, coincidió con el hecho de que en la plaza de Famaillá fueron apresados varios jóvenes con cuadernos donde tenían dibujos de Famaillá. Ante tamañas "casualidades" Acdel Vilas ordenó que el Escuadrón de Gendarmería batiera la zona de Río Colorado, Simoca, Santa Rosa de Leales y todavía más al norte, si bien el 28 a la mañana una de las patrullas de ese Escuadrón pasó cerca de Finca Sorteis, no advirtió que la finca estaba ocupada. Eso dio pie a que el ERP levantara campamento y se pusiera en marcha para evitar un enfrentamiento prematuro que podría hacerle fracasar todo el plan.

La toma de Famaillá tenía según Acdel Vilas varias fases: fusilar a los oficiales; tomar al comandante de la brigada para canjearlo; licenciar a los soldados previa toma del armamento; liberar a los detenidos, y anunciar la victoria.

Enfrentamiento
Los irregulares avanzaron por la ruta de tierra 99. Allí hubo de toparse con 12 soldados y dos suboficiales que pintaban la Escuela de Manchalá.

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Rastrojero como el utilizado para transporte del ERP

Columna de transporte y logística del ERP
1 Ford F-100, vehículo punta.
1 Camión Mercedes Benz 608, color verde claro de 4 toneladas.
1 Rastrojero Diésel, color verde claro.
1 Camión Mercedes Benz 1114 , color bordó de 4 toneladas.

En los vehículos había 117 combatientes. Cuando el vehículo punta pasa frente a la Escuela de Manchalá y ve al personal armado, y, creyendo que eran sorprendidos por un Retén militar, abren el fuego sobre los mismos, reaccionando inmediatamente la propia tropa con fuego de FAL 7,62. Dicho tiroteo hace que se detenga la columna que marchaba detrás, procediendo una parte de los irregulares a rodear la Escuela. Al mismo tiempo, un camión de la brigada que de la ruta 38 se dirigía a la Escuela, transportando elementos logísticos, es atacado por el ERP desde el costado del camino. Ante esta aparición, el oponente que viajaba en los vehículos de transporte de la columna, abandona los mismos introduciéndose en los cañaverales, dejando variado material: armamentos, munición, equipos varios, documentación conteniendo un plan de ataque al Puesto de Comando Táctico y una maqueta de éste último.


Personal de Gendarmería Nacional.
La sorpresa fue grande, y el grupo guía, creyendo que el Ejército los había descubierto, contestó el fuego hiriendo a un soldado. Como la munición se consumía y los 14 hombres estaban cercados en la Escuela; un suboficial rompió el cerco y corrió 17 km hasta Famaillá donde encontró al oficial Jefe de la Sección de Ingenieros. Inmediatamente relató lo sucedido, y con tres camionetas y tres jefes del comando van a la Escuela cuando empezaba a caer la noche. Las luces de estos vehículos provocaron el desbande de los que cercaban a la Escuela.
Media hora más tarde, un contingente de la Fuerza de Tarea Fronterita llegaba a Manchalá donde se le dio la orden de perseguir junto al Escuadrón de Gendarmería, a los guerrilleros. Debido a la oscuridad de la noche no se pudo atrapar a nadie, pero en la fuga abandonaron los camiones con todo el material disponible.

Consecuencias
De la documentación secuestrada permitió al Ejército conocer la estructura de la organización ERP; de la Compañía de Monte, obteniendo los nombres de 400 personas y direcciones que eran combatientes que figuraban en la estructura celular de apoyo y que no habían sido tocadas. El hecho marca un punto de inflexión a favor del Ejército, que pasa a una acción ofensiva.[2]

El 28 de mayo de 1975, el Batallón de Ingenieros 5 se hace acreedora a la medalla de Campaña de la Nación Argentina en virtud a su destacada actuación en la "Operación Independencia" y en el Combate de Manchalá en San Miguel de Tucumán. El 15 de diciembre de 1993 se le impone nombre histórico pasando a denominarse Compañía de Ingenieros 5 "Combate de Manchalá". Y por resolución BPE 4692 de 20 nov 1997, se le impone el nombre histórico de "Gral. Div. Enrique Mosconi".


Referencias
1. «Castigan a dos oficiales porque uno invocó el Operativo Independencia». La Gaceta de Tucumán. Viernes 24 de Junio de 2005. Consultado el 08/10/2010.
2. a b Fraga, Rosendo (13 de febrero de 2005). «Memoria: sangre sobre el monte». La Nación. Consultado el 08/05/2010.
3. Vilas, Adel Edgardo (1976). Nunca Más. ed. Tucumán, Enero a Diciembre de 1975. Consultado el 8 de mayo de 2010.

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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:11 pm

El combate de Manchalá

La subversión había planeado para el 29 de mayo de 1975 un ataque al Puesto de Comando Táctico de Famaillá, que era el comando de las operaciones contra la subversión en el frente rural. Se había hecho una maqueta exacta, donde figuraba el Puesto de Comunicaciones, las habitaciones y baños de los jefes, el Lugar de Reunión Detenidos, es decir todo lo importante. Los subversivos contaban, según declaraciones posteriores del Capitán Armando, 117 hombres uniformados y 50 hombres de civil para las operaciones de apoyo. Estos habrían de encontrar a unos 30 o 35 hombres para la defensa del Comando, puesto que las 2 secciones de comunicaciones estaban a lo largo de la ruta 301 y la Sección de Ingenieros 5 en tareas de acción cívica. Se había fijado el ataque para el día 28 de mayo casi al obscurecer, de manera tal que coincidiese con la fecha en que se celebra el día del Ejército. Sin embargo, ese día, dos grupos de la Sección Ingenieros 5 habían aparcado material en la Escuela de Manchalá para completar el plan de acción cívica. Esta casualidad y el coraje individual de todos obraron una victoria increíble sobre la Compañía Ramón Rosa Gimenez que estaba apoyada por contingentes del ERP que concurrían desde Córdoba. Los 117 subversivos se habían atrincherado en Finca Sorteis, a 18 Kms. de Famaillá, apresando a los dueños y a los peones. Comieron, descansaron y hasta filmaron una película que luego de su triunfo distribuirían por el mundo.

De todos modos, las fuerzas legales contaban con información secreta sobre un plan del ERP, aunque no sabíamos dónde ni cómo se desarrollaría. Por eso, el Escuadrón de Gendarmería "Jesús María" llegó a la zona del Río Colorado y Santa Rosa de Leales donde esperábamos el ataque. El Escuadrón cumplió su labor y llegó a Río Colorado, donde un jefe del Ejército, mayor él, asumió el mando y tuvo como tarea rastrear la zona en vista de que algunos pobladores habían visto movimientos sospechosos. La información dada por un policía de la provincia el día 27, coincidió con el hecho de que en la plaza de Famaillá fueron apresados varios jóvenes con cuadernos donde tenían dibujos de Famaillá. Ante tamañas "casualidades" ordené que el Escuadrón de Gendarmería batiera la zona de Río Colorado, Simoca, Santa Rosa de Leales y todavía más al norte, si bien el 28 a la mañana una de las patrullas de ese Escuadrón pasó cerca de Finca Sorteis, no advirtió que la finca estaba ocupada. Eso dió pie a que el ERP levantara campamento y se pusiera en marcha para evitar un enfrentamiento prematuro que podría hacerle fracasar todo el plan.

La toma de Famaillá tenía varias fases: se fusilaría a todos los oficiales; se tomaría al comandante de la brigada para canjearlo; se licenciaría a los soldados previa toma del armamento; se liberaría a los detenidos, y se anunciaría al mundo la victoria.

Los subversivos avanzaron por la ruta de tierra 99, una ruta aledaña y casi abandonada. Allí hubo de toparse con 12 soldados y dos suboficiales que pintaban la Escuela de Manchalá.

La columna de transporte y logística del oponente estaba compuesta por un vehículo Ford F-100 que iba como vehículo punta y distanciado del mismo marchaban tres vehículos con las siguientes características: Camión Mercedes Benz 608, color verde claro de 4 toneladas, chapa B 487697, Camioneta Rastrojero Diésel, color verde claro con chapa T 023450; Camión Mercedes Benz 1114, color bordó de 4 toneladas, chapa B 1120144.

En los vehículos había distribuido aproximadamente 117 delincuentes subversivos.

Cuando el vehículo punta pasa frente a la Escuela de MANCHALA y ve al personal militar armado, y, creyendo que eran sorprendidos por un control militar, abren el fuego sobre los mismos, reaccionando inmediatamente la propia tropa con fuego de FAL que llena de impactos a la camioneta punta.

Dicho tiroteo hace que se detenga la columna que marchaba detrás, procediendo una parte de los delincuentes subversivos a rodear la Escuela. Al mismo tiempo, un camión de la brigada que de la Ruta nacional 38 se dirigía a la Escuela, transportando elementos logísticos, es atacado por el ERP desde el costado del camino. Ante esta aparición, el oponente que viajaba en los vehículos de transporte de la columna, abanadona los mismos introduciéndose en los cañaverales, dejando variado material compuesto por armamentos, munición, equipos varios, documentación conteniendo un plan de ataque al Puesto de Comando Táctico y una maqueta del referido PCT.

La sorpresa fue grande, y el grupo guía, creyendo que el Ejército los había descubierto, contestó el fuego hiriendo a un soldado. Como la munición se consumía y los 14 hombres estaban cercados en la Escuela; un suboficial rompió el cerco y corrió 17 kms. hasta Famaillá donde encontró al oficial Jefe de la Sección de Ingenieros. Inmediatamente me relató a mí lo sucedido con una pequeña dotación de tres camionetas de mi custodia y tres jefes del comando nos lancemos hacia la Escuela cuando empezaba a caer la noche. Las luces de estos vehículos provocaron el desbande de los que cercaban a la Escuela.

Media hora más tarde, un contingente de la Fuerza de Tarea Fronterita llegaba a Manchalá donde se le dió la orden de perseguir junto al Escuadrón de Gendarmería, a los guerrilleros. Debido a la oscuridad de la noche no se pudo atrapar a nadie, pero el mito de la guerrilla se había desvanecido. Abandonaron los camiones con todo el material disponible fugándose de la manera más vergonzosa (1). De la documentación secuestrada que nos permitió conocer toda la estructura de la organización; de la Compañía de Monte, obtuvimos los nombres de 400 personas y direcciones que eran cobatientes que figuraban en la estructura celular de apoyo y que no habían sido tocadas.

Declaración de Acdel Vilas

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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:12 pm

QUIEREN DERRIBAR MONUMENTO AL COMBATE DE MANCHALA

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Otro hecho que podría avergonzar al Ejército Argentino y al pueblo de la Nación


Tal como sucediera en el 28 aniversario del inicio del último gobierno militar, cuando el entonces presidente de la Nación Néstor Kirchner hiciera retirar los retratos de dos ex directores del Colegio Militar de la Nación , hay una propuesta para quitar un monumento histórico ubicado en los cuarteles en Salta. De concretarse, sería una muestra más de revanchismo sin sentido.

En el 2004, el entonces presidente Néstor Kirchner encabezó un acto en el que se descolgaron las fotos enmarcadas de los ex presidentes de facto Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone, quienes a su vez habían sido directores del Colegio Militar de la Nación. Este hecho no cayó bien en las filas, sobre todo porque fue el propio jefe del Ejército quien retiró esos cuadros.

Por otra parte, se conoció por estos días una propuesta por la cual se impulsa retirar el monumento al Combate de Manchalá, que está frente a la Compañía de Ingenieros de Montaña 5 de nuestra provincia.

Esta obra rememora el combate ocurrido en mayo de 1975, donde efectivos de esa unidad que por entonces tenía asiento en Tucumán, reparaban una escuela pública y repelieron el ataque de una columna del Ejército Revolucionario del Pueblo. Esa victoria de las Fuerzas Armadas fue uno de los hechos bélicos de mayor trascendencia para el Ejército contra las fuerzas subversivas.

Consultado por FM Profesional, el comandante del IIIer Cuerpo de Ejército, General Carlos Artuzo, confirmó el pedido de dos particulares solicitando que se quite el monumento del Combate de Manchalá pero aseguró que desconoce los motivos y los nombres de los solicitantes.

Desde un sitio de Internet se pretende buscar adhesiones a esta propuesta, donde se explica “que hay muchas interpretaciones sobre el Combate de Manchalá, pero ninguna de ellas justifica que exista un monumento en el que se reinvindique el accionar de las FFAA dentro del llamado "Operativo Independencia".

Lo cierto es que de concretarse esta desafortunada propuesta provocaría una enorme herida a quienes forman o formaron parte de la Compañía de Ingenieros que lleva ese nombre, como así también en el resto de las Fuerzas. Ese montón de piedras es mucho más que un monumento, es un símbolo del coraje de unos pocos soldados argentinos que cumplieron su deber y repelieron el ataque de una enorme cantidad de rebeldes del ERP.

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Sobre el combate de Manchalá
La subversión había planeado para el 29 de mayo de 1975 un ataque al Puesto de Comando Táctico de Famaillá, que era el comando de las operaciones contra la subversión en el frente rural. Se había hecho una maqueta exacta, donde figuraba el Puesto de Comunicaciones, las habitaciones y baños de los jefes, el Lugar de Reunión Detenidos, es decir todo lo importante. Los subversivos contaban, según declaraciones posteriores del Capitán Armando, 117 hombres uniformados y 50 hombres de civil para las operaciones de apoyo.
Estos habrían de encontrar a unos 30 o 35 hombres para la defensa del Comando, puesto que las 2 secciones de comunicaciones estaban a lo largo de la ruta 301 y la Sección de Ingenieros 5 en tareas de acción cívica. Se había fijado el ataque para el día 28 de mayo casi al obscurecer, de manera tal que coincidiese con la fecha en que se celebra el día del Ejército.

Sin embargo, ese día, dos grupos de la Sección Ingenieros 5 habían aparcado material en la Escuela de Manchalá para completar el plan de acción cívica. Esta casualidad y el coraje individual de todos obraron una victoria increíble sobre la Compañía Ramón Rosa Gimenez que estaba apoyada por contingentes del ERP que concurrían desde Córdoba. Los 117 subversivos se habían atrincherado en Finca Sorteis, a 18 Kms. de Famaillá, apresando a los dueños y a los peones. Comieron, descansaron y hasta filmaron una película que luego de su triunfo distribuirían por el mundo.

De todos modos, las fuerzas legales contaban con información secreta sobre un plan del ERP, aunque no sabíamos dónde ni cómo se desarrollaría. Por eso, el Escuadrón de Gendarmería "Jesús María" llegó a la zona del Río Colorado y Santa Rosa de Leales donde esperábamos el ataque. El Escuadrón cumplió su labor y llegó a Río Colorado, donde un jefe del Ejército, mayor él, asumió el mando y tuvo como tarea rastrear la zona en vista de que algunos pobladores habían visto movimientos sospechosos. La información dada por un policía de la provincia el día 27, coincidió con el hecho de que en la plaza de Famaillá fueron apresados varios jóvenes con cuadernos donde tenían dibujos de Famaillá. Ante tamañas "casualidades" ordené que el Escuadrón de Gendarmería batiera la zona de Río Colorado, Simoca, Santa Rosa de Leales y todavía más al norte, si bien el 28 a la mañana una de las patrullas de ese Escuadrón pasó cerca de Finca Sorteis, no advirtió que la finca estaba ocupada. Eso dió pie a que el ERP levantara campamento y se pusiera en marcha para evitar un enfrentamiento prematuro que podría hacerle fracasar todo el plan.

La toma de Famaillá tenía varias fases: se fusilaría a todos los oficiales; se tomaría al comandante de la brigada para canjearlo; se licenciaría a los soldados previa toma del armamento; se liberaría a los detenidos, y se anunciaría al mundo la victoria.

Los subversivos avanzaron por la ruta de tierra 99, una ruta aledaña y casi abandonada. Allí hubo de toparse con 12 soldados y dos suboficiales que pintaban la Escuela de Manchalá.

La columna de transporte y logística del oponente estaba compuesta por un vehículo Ford F-100 que iba como vehículo punta y distanciado del mismo marchaban tres vehículos con las siguientes características: Camión Mercedes Benz 608, color verde claro de 4 toneladas, chapa B 487697, Camioneta Rastrojero Diésel, color verde claro con chapa T 023450; Camión Mercedes Benz 1114, color bordó de 4 toneladas, chapa B 1120144.

En los vehículos había distribuido aproximadamente 117 delincuentes subversivos.

Cuando el vehículo punta pasa frente a la Escuela de MANCHALA y ve al personal militar armado, y, creyendo que eran sorprendidos por un control militar, abren el fuego sobre los mismos, reaccionando inmediatamente la propia tropa con fuego de FAL que llena de impactos a la camioneta punta.

Dicho tiroteo hace que se detenga la columna que marchaba detrás, procediendo una parte de los delincuentes subversivos a rodear la Escuela. Al mismo tiempo, un camión de la brigada que de la Ruta nacional 38 se dirigía a la Escuela , transportando elementos logísticos, es atacado por el ERP desde el costado del camino. Ante esta aparición, el oponente que viajaba en los vehículos de transporte de la columna, abanadona los mismos introduciéndose en los cañaverales, dejando variado material compuesto por armamentos, munición, equipos varios, documentación conteniendo un plan de ataque al Puesto de Comando Táctico y una maqueta del referido PCT.

La sorpresa fue grande, y el grupo guía, creyendo que el Ejército los había descubierto, contestó el fuego hiriendo a un soldado. Como la munición se consumía y los 14 hombres estaban cercados en la Escuela ; un suboficial rompió el cerco y corrió 17 kms. hasta Famaillá donde encontró al oficial Jefe de la Sección de Ingenieros. Inmediatamente me relató a mí lo sucedido con una pequeña dotación de tres camionetas de mi custodia y tres jefes del comando nos lancemos hacia la Escuela cuando empezaba a caer la noche. Las luces de estos vehículos provocaron el desbande de los que cercaban a la Escuela.

Media hora más tarde, un contingente de la Fuerza de Tarea Fronterita llegaba a Manchalá donde se le dió la orden de perseguir junto al Escuadrón de Gendarmería, a los guerrilleros. Debido a la oscuridad de la noche no se pudo atrapar a nadie, pero el mito de la guerrilla se había desvanecido. Abandonaron los camiones con todo el material disponible fugándose de la manera más vergonzosa (1). De la documentación secuestrada que nos permitió conocer toda la estructura de la organización; de la Compañía de Monte, obtuvimos los nombres de 400 personas y direcciones que eran cobatientes que figuraban en la estructura celular de apoyo y que no habían sido tocadas.

Implicancias

El costo en hombres y equipos que sufrió el ERP en el combate de Manchalá fue de tal dimensión que toda su capacidad quedó minada. Pero sobre todo fue el revés psicológico sufrido por los marxistas el que puede considerarse, dentro del hecho mismo, el de mayor trascendencia para el Ejército.

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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:12 pm

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El despliegue militar: Imagen satelital donde se muestran los principales elementos del despliegue militar. Se destacan las localidades donde residían o se instalaron la Br. I. V y su PCT, las distintas fuerzas de tareas del Ejército y escuadrones de la Gendarmería; mas el aeropuerto "Benjamín Matienzo" de la capital provincial.

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Tropas argentinas en Tucumán


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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:12 pm

En Salta
Revindican el combate a la guerrilla
Mensaje de un jefe de regimiento
Miércoles 22 de junio de 2005 | Publicado en edición impresa

La Nación


SALTA.- El jefe del Regimiento de Caballería Blindada General Güemes, teniente coronel Roberto Augusto Vega, revindicó el combate de Manchalá, librado en las cercanías de Famaillá por efectivos militares y guerrilleros, al tomar ayer el juramento de fidelidad a la bandera a los soldados del Núcleo de Instrucción Básico.
El oficial, que es veterano de Malvinas, instó a mirar la enseña patria "porque es la misma bandera a la que se abrazó el Negro Falucho antes de verla atada al carro del enemigo. Es la misma por la que entregó su sangre el general [Martín Miguel de] Güemes. ¡Mírenla bien! Porque es la misma bandera por la que varios soldados llevan grabadas en sus cuerpos las heridas recibidas peleando en Manchalá, contra el terrorismo apátrida que pretendía cambiarla por un trapo rojo".
Con un ambiente militar muy sensibilizado por la anulación de las leyes de punto final y de obediencia debida, resultó fuerte el mensaje del teniente coronel Vega delante de una formación.
La formación se realizó en el Campo Castañares, donde se libró la Batalla de Salta en 1813, y fue presidida por el gobernador, Walter Wayar, y el comandante de la V Brigada Mecanizada, general de brigada Ricardo Sarobe. Posteriormente, la ministra de Educación, María Esther Altube, tomó la promesa de fidelidad a la bandera a alumnos de cuarto año de EGB de ocho escuelas.

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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:12 pm

MIÉRCOLES 19 de ENERO ,
MEMORIA HISTÓRICA , EL COMIENZO DE UN MARTIRIO ATROZ
de Arturo Cirilo Larrabure, el miércoles, 19 de enero de 2011 a las 20:07
MIÉRCOLES 19 de ENERO
MEMORIA HISTÓRICA

EL COMIENZO DE UN MARTIRIO ATROZ


El 19 de noviembre venidero se cumplirán 37 años del nunca recordado holocausto, a manos de uno de sus captores, del Teniente Coronel Jorge Roberto Ibarzábal, asesinado segundos antes de ser hallado, tras diez meses cabales de torturas por sus secuestradores e incesantes búsquedas por parte de las autoridades.

Fue “tomado prisionero” (secuestrado y desaparecido) la noche del 19 de enero de 1974, durante una incursión de más de un centenar de terroristas del “PRT-ERP” en la zona de cuarteles de Azul, compartida por el Regimiento 10 de Caballería al mando del Coronel Gay y el Grupo de Artillería Blindado 10 a su mando. Dado que podían sorprender a una mayoría del personal y sus familias durmiendo, luego de degollar a un centinela —el soldado conscripto Daniel Osvaldo González— comenzaron su ataque por el barrio de viviendas. Avistados por otro centinela e iniciados los disparos, ametrallaron al Coronel Camilo Arturo Gay cuando salía de su casa para encabezar la defensa y —como modelo para los delincuentes comunes de fin de siglo— tomaron como rehenes a la Sra. Hilda Casaux de Gay y a sus hijos de 14 y 16 años.

Estos desdichados adolescentes, que acababan de ver morir a su padre, tuvieron que presenciar rato después cómo los “jóvenes idealistas” (así los calificó Sábato) asesinaban también a su madre cuando ya no les servía para cubrir su retirada. La hija del matrimonio —Patricia Gay Casaux— perdió la razón en 1984 cuando leyó que “el retorno de la democracia” había puesto en libertad a los asesinos de sus padres; debió pasar los últimos años de su corta vida internada hasta que la truncó por mano propia el 5 de octubre de 1991, suicidio no imputable a esa desdichada mujer de 31 años sino a quienes le destruyeron su familia y su salud mental cuando tenía sólo 14.

El no menos infortunado Tte. Cnel. Ibarzábal —reducido e inmovilizado por superioridad numérica— fue cargado en uno de los camiones en que huyeron los terroristas y trasladado por distintas “cárceles del pueblo”durante diez meses. Fue “condenado a muerte” por ser lo que era —un militar— con la “ejecución en suspenso” a la espera de ser canjeado por una suelta de presos que no lograron. Más tarde, se supo que fue mantenido todo el tiempo con fuertes ligaduras que dejaron sus huellas en su torturado cuerpo, como también las dejaron el hambre y la sed que le hicieron padecer. Otro de los tormentos infligidos fue el encierro en un estrecho armario de oficina colocado en la parte trasera de una camioneta a la cual llamaban “cárcel del pueblo móvil”. En esa cámara de torturas rodante, traqueteando a su víctima durante días enteros, se sumaron el entumecimiento y falta de aire, la suciedad acumulada y ulceraciones en la piel.

El 19 de noviembre de 1974 a las 19:30, la “chatita del horror” fue interceptada para un control de automotores en las avenidas San Martín y Donato Álvarez de San Francisco Solano. Su conductor —Sergio Gustavo Lincowsky (a) “El Polaco”— se apeó según le ordenaron pero extrajo un arma y alcanzó a impactar varios disparos contra el armario mientras era a su vez abatido. Así concluyó la vida terrenal y el martirio prolongado del Tte. Cnel. Jorge Roberto Ibarzábal sin que —desde entonces— ni “Madres” ni “H.I.J.O.S.” ni garzones a su servicio se hayan dignado jamás condolerse por sus suplicios e injusta muerte.

Quien comandó el ataque a Azul y lo secuestró no escarmentó con aquella derrota e hizo atacar (por otros) los cuarteles de La Tablada: se llamaba Enrique Haroldo Gorriarán Merlo.

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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:13 pm

MIÉRCOLES 16 DE FEBRERO DE 2011

ANIVERSARIO DEL COMBATE DEL RÍO PUEBLO VIEJO
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El 14 de febrero de 1975 se libró el primer combate en los montes tucumanos entre efectivos del Ejército Argentino y del “Ejército Revolucionario del Pueblo” (ERP).
El hecho tuvo lugar en el contexto de la “Operación Independencia”, un conjunto de acciones militares y cívicas ordenadas por la entonces presidente de la Nación María Estela Martínez de Perón para “neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos”, tal el texto del Decreto firmado el 5 de febrero del mismo año.
El Ejército Revolucionario del Pueblo fue creado en 1970 por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), organización de carácter marxista leninista que pretendía la toma del poder y la instauración de la dictadura del proletariado en Argentina como parte de un plan más ambicioso que abarcaba toda la región latinoamericana.
El PRT, inspirado en el triunfo de la Revolución cubana, convencido, a la luz de lo que ocurría en la guerra de Vietnam, del inevitable triunfo del socialismo en el mundo, y entusiasmado por las consecuencias del “cordobazo” que significó el principio del fin del gobierno de facto del General Juan Carlos Onganía, entendió que las condiciones para el inicio de la guerra revolucionaria en Argentina estaban dadas. La creación del ERP fue una consecuencia lógica de ese pensamiento.
La llegada de un gobierno constitucional en mayo de 1973 no fue motivo para que el PRT-ERP abandonara la lucha armada. Solamente apreció una diferencia entre la presidencia de Héctor Cámpora que le resultaba propicia para el fortalecimiento de sus unidades y la de Juan Perón que le sería hostil.
Si bien la revolución cubana inspiraba a los jefes de la organización, la metodología revolucionaria empleada en Argentina fue diferente. En Cuba se aplicó la teoría “foquista”. Esto es un foco de insurrección armada cuyo centro era el ejército de Fidel Castro que desde sus inicios en Sierra Maestra se fue fortaleciendo para luego avanzar triunfante hasta La Habana. El PRT-ERP pensó que en Argentina los focos insurreccionales debían ser numerosos, combinando la agitación política con las acciones armadas tanto de pequeños grupos como de unidades militares más grandes. Las ciudades de Buenos Aires, La Plata, Rosario, Córdoba y Tucumán, y la franja industrial de la costa del Río de la Plata fueron los lugares de mayor actividad del accionar revolucionario.
Desde su creación y hasta el inicio de la Operación Independencia, el ERP ejecutó resonantes operaciones militares como fueron el copamiento del Batallón de Comunicaciones 141 en Córdoba; el ataque al Comando de Sanidad del Ejército en la ciudad de Buenos Aires; el ataque a los cuarteles de Azul, en la provincia de Buenos; la toma de la Fábrica Militar de Pólvora y Explosivos en Villa María, Córdoba y el intento de copamiento del Regimiento de Infantería Aerotransportado 17, en la ciudad de Catamarca, además de un sinnúmero de acciones consideradas menores como el copamiento de localidades, de dependencias policiales, robos, secuestros, asesinatos y atentados.
Pero si bien la organización aplicó en Argentina una metodología revolucionaria que puede considerarse original, la revolución cubana y la guerra de Vietnam siguieron ejerciendo su influjo al punto de intentar emularlas, salvando las distancias, con la apertura de un frente rural en la provincia de Tucumán. Había otra razón, El FRIP (Frente Revolucionario Indo Popular), una de las organizaciones que dio lugar a la formación del PRT, tuvo sus orígenes en las provincias de Santiago del Estero, de donde provenía Roberto Santucho, su jefe, y de Tucumán. El FRIP pensaba que la revolución debía nacer en esas zonas rurales. Posteriormente, con la creación del PRT y su tránsito ideológico al marxismo leninismo, se sostuvo que el sujeto de la revolución, su principal artífice, debía ser el proletario con conciencia de clase de las zonas industriales. No obstante ello, la idea de una guerrilla rural formaba parte de los deseos de no pocos dirigentes de ese partido. Nació de esa manera la “Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez”, una de las fracciones dependientes del ERP y que operó en la provincia de Tucumán, fundamentalmente al sudoeste de la ciudad de San Miguel de Tucumán, en una zona de cañaverales y monte que se extiende al oeste de la ruta 38 que conduce a Catamarca y sobre la cual se destacan las localidades de Famaillá, Monteros, Concepción y Villa Alberdi.
Esta “compañía” contó con el apoyo que le proporcionaban otros elementos del PRT-ERP que actuaban en la ciudad de Tucumán y con refuerzos que fueron llegando desde otros puntos del país, cuando se hizo necesario cubrir las bajas de combate.
En sus inicios, en febrero de 1974, la “Compañía de Monte” estuvo formada por unos 40 efectivos, cifra que aumentó rápidamente a 70, para llegar en alguna oportunidad a 200.
El primer contingente contó con fusiles FAL obtenidos del copamiento del Batallón de Comunicaciones de Córdoba, “casi un lujo para una guerrilla latinoamericana”.
Ante la presencia guerrillera en la zona, en 1974, el gobierno nacional montó un operativo con efectivos del Ejército y de la Policía Federal que no dio resultados porque el ERP, alertado, se retiró de la zona a marcha forzada. Tiempo después regresó para tomar la localidad de Acheral y dar a conocer al resto del país el comienzo de la guerrilla rural.
Tras la muerte de Perón, el PRT apreció un pronunciado deterioro del gobierno nacional muy favorable para el sobre dimensionamiento del ejército revolucionario. La tarea de reclutamiento y ejercitaciones militares prosiguieron durante el año 1974 pero se vieron afectadas por el fracaso del intento de copamientos del Regimiento de Infantería Aerotransportado 17 de Catamarca, en el mes de agosto. Los atacantes pertenecían a la “Compañía de Monte” y en el paraje de Capilla del Rosario sufrieron una decena de bajas lo que provocó su retirada a Tucumán.
No obstante las pérdidas, para febrero de 1975, los efectivos guerrilleros en el monte oscilaban entre los 70 hombres con algunas mujeres (combatientes), sin contar los elementos de apoyo existentes en las localidades próximas y en la ciudad de Tucumán.
La “Operación Independencia” comenzó el 9 de febrero y fue conducida por el General Acdel Vilas, Comandante de la Vta Brigada de Infantería. En su inicio tres Fuerzas de Tareas se asentaron en Lules, Santa Lucía y Los Sosa, tres localidades menores ubicadas sobre un eje paralelo al oeste de la ruta 38 en una zona mayormente de cañaverales, donde comienza el monte y el terreno empieza a elevarse. El puesto de comando de la Brigada se instaló en Famaillá.
En Los Sosa se ubicó la Fuerza de Tarea “Chañi” que contaba con dos Equipos de Combate (Unos 60 hombres cada uno) formados con efectivos del Grupo de Artillería de Montaña 5 (GAM 5) y del Regimiento de Infantería de Montaña 20 (RIM 20) respectivamente, ambas unidades provenientes de Jujuy.
A los cinco días de iniciada la operación se produjo el combate de Pueblo Viejo en el cual participé y del cual conservo hasta el día de hoy vivamente sus imágenes.
Los Sosa era un caserío -sin policía- ubicado al oeste de la localidad de Monteros, entre los ríos del mismo nombre y Pueblo Viejo que desde las sierras del Aconquija corren hacia el llano.
El 2 de noviembre de 1974, para “el día de las ánimas”, según la denominación que los pobladores daban al día de los difuntos, la “Compañía de Monte” había desfilado impunemente por el pueblo e izado la bandera del ERP (dos franjas horizontales celeste y blanca con una estrella roja en el medio) dejando en claro la existencia de una vasta “zona liberada” en la provincia.
Cuando la Fuerza de Tarea Chañi llegó a Los Sosa comenzó a hacer patrullajes diarios en los alrededores que tenían el doble propósito de reconocer el lugar y adaptar los soldados, muchos de ellos de la puna, a una nueva geografía.
Paralelamente se realizaron otras actividades como censar la población, controlar las existencias de alimentos imperecederos de los almacenes (probables lugar de aprovisionamiento de la guerrilla) y proporcionar asistencia sanitaria a los lugareños.
La Fuerza de Tarea tenía como Base la escuela del pueblo que resultó estrecha para albergar a sus dos Equipos de Combate e inapropiada desde el punto de vista táctico teniendo en cuenta un eventual ataque nocturno.
Por esa razón se decidió que el Equipo de Combate formado por efectivos del Grupo de Artillería 5 (los artilleros operaban como tropa de infantería) debía realizar un reconocimiento en una zona próxima al Río Pueblo Viejo a fin de establecer una segunda Base.
El día 14 de febrero el Equipo de Combate a órdenes del entonces Capitán Jones Tamayo inició una marcha en camiones por la ruta 38 hasta el sur del Río Pueblo Viejo y luego hacia el oeste hasta donde el terreno lo permitió. La marcha prosiguió a pié por una senda en el monte donde los hombres avanzaron encolumnados. Formaban el Equipo dos secciones de unos 30 hombres cada una al mando del Subteniente Arias y del Subteniente Martínez Segón respectivamente. Agregados íbamos el Teniente 1ro Cáceres y yo que éramos infantes y fuimos enviados desde Buenos Aires para completar los cuadros de la Brigada teniendo en cuenta nuestra experiencia en monte en el curso de “comandos”. También iba el Mayor Bidone, segundo jefe de la Fuerza de Tarea, para interiorizarse del lugar probable donde se instalaría la nueva Base.
El ERP fue insistente en el intento de mostrar a los oficiales del ejército como burgueses (en el sentido peyorativo del término) que mandaban los soldados al frente como “carne de cañón”. Una metodología de propaganda íntimamente relacionada con la guerra revolucionaria.
La circunstancia, agravada por que los soldados estaban en un ambiente y en una circunstancia desconocida hasta el momento, exigió una medida muy clara que desvirtuara la versión.
Se decidió que los oficiales y suboficiales entraran al monte a la cabeza de sus respectivas fracciones, es decir un poco más adelante de lo que marca la doctrina. La medida tenía una ventaja adicional; al estar el oficial muy adelante no era necesario dar ninguna orden verbal. Los soldados actuaban atentos a las señales o por simple imitación. En horas de marcha, el silencio fue casi total a pesar de que eran 60 los hombres que avanzaban por una senda del monte.
Pasado el medio día se llegó a las compuertas del Río Pueblo Viejo. El nombre del río hace alusión a las cercanas ruinas de Ibatín, el lugar de la primera fundación de la ciudad de Tucumán.
En las compuertas, Jones nos hizo saber que el camino de regreso sería distinto para evitar una posible emboscada en caso de que el enemigo nos hubiera visto pasar.
Regresamos en dirección oeste este por una senda que bordeaba el río, alejándose del mismo de a ratos, en una zona de monte.
Yo iba como jefe de la punta de infantería, la fracción más adelantada. No era el puesto para un Teniente sino para un Cabo o Cabo 1º pero formaba parte de la decisión que a la mañana se tomó respecto a la ubicación de los cuadros en el orden de marcha.
Mandé como hombre punta al Cabo 1º Orellana, un catamarqueño al que conocía de la Brigada de paracaidistas en Córdoba tres años antes. Aparentaba tener menor edad y parecía que recién hubiera salido de la Escuela de Suboficiales, pero yo confiaba en él y no me defraudó.
La senda seguía serpenteando; el río se veía crecido por las tormentas del verano. El calor de febrero, y más aún la prudencia, exigían una marcha lenta.
Tuve unos momentos de aprensión al entrar a uno de esos pequeños lugares con que el monte sorprende. A la derecha de la senda encontré como un arco natural hecho de vegetación que entraba a un pequeño espacio, una especie de habitación formada por una cortina de árboles y maleza que cubrían también el “techo”. Había menos luz y el suelo estaba muy húmedo. Puse la rodilla en el suelo, apresté más aún el fusil y empecé a recorrer lentamente con la vista el lugar esperando no tener ninguna sorpresa. No la hubo y proseguimos la marcha hacia el este, hacia la ruta 38.
La senda se bifurcó en otras dos paralelas. Eran las cinco de la tarde aproximadamente.
Orellana tomó la derecha y yo la izquierda, más cerca del río. Marchaba con el fusil tomado con las dos manos, como tantas veces se insiste, cuando de repente, a unos 20 metros, vi parado sobre la senda a un guerrillero. La sorpresa fue mutua, pude ver la de él en su rostro. Abrí el fuego y él escapó por unos matorrales. Avancé tirando sobre los mismos a la altura de la cintura y más abajo, buscándolo. Sobrepasé a alguien que me disparó con una escopeta. Sentí un fuerte golpe y un dolor en la espalda y caí. El fusil cayó de mis manos. Hubo una pausa, un silencio, e inmediatamente empezaron los disparos de uno y otro lado.
Orellana también había caído en la otra senda. Un disparo de FAL le hizo un surco en la espalda pero sin penetrarlo. Un guerrillero se levantó para rematarlo pero se le trabó el arma y volvió a su posición. Cuando volvió a asomarse Orellana disparó.
Desde el suelo grité ¡Cáceres, estoy herido! Cáceres fue uno de mis instructores en el curso de “comandos”. En ese momento no nos llevábamos muy bien y lo tenía como un hombre de carácter difícil. No obstante, durante los pocos días que estuvimos en Los Sosa, salíamos juntos de patrulla y fue naciendo una mutua confianza.
Pensé que me rescatarían cuando el ataque progresara pero Cáceres se lanzó solo al lugar donde estaba caído, en un pequeño claro en el monte. A pesar del egoísmo de cualquier herido que desea una pronta atención, me pareció que estaba arriesgando demasiado.
Cuando le pregunté ¡¿qué está haciendo?!, me contestó ¡quedate tranquilo que ya te saco! En ese momento nos dispararon con un FAL, Cáceres profirió un corto quejido y quedó inmóvil. Después supe que la bala penetró por el hombro, se desvió en el omóplato y siguió directo al corazón.
No podía moverme y no sentía las piernas. Vi un guerrillero adelante que me observó pero no me tiró seguramente para no delatar su posición teniendo en cuenta que en ese momento no era un peligro para él. Estaba más atento a lo que ocurría detrás de mí.
El Subteniente Arias estaba desplegando como podía, en la espesura, su sección y comenzaba a avanzar. Martínez Segón y sus hombres se tiroteaban a través del rió con una fracción guerrillera más numerosa.
Pensé ¿y si quiere rematarme? No podía tomar el fusil sin que se diera cuenta. Lentamente saqué la granada y luego de activarla se la arrojé. Explotó muy cerca de él pero ya estaba muerto. Varios disparos de FAL le llegaron antes, eso creo. Vi como la sección de Arias me sobrepasaba abriendo fuego desde la cadera. Fugazmente pensé: ¡los soldados andan bien! Pero volví inmediatamente a mi realidad. Estaba inmovilizado, me dolía mucho la espalda y me salía sangre de la boca. No sé cuánto tiempo pasó; los disparos proseguían sin interrupción. Fui llevado a un puesto de reunión de heridos. Allí vi a Arias. Estaba parado inmóvil y le salía sangre del cuello. Un disparo de escopeta Itaka lo alcanzó pero tuvo la suerte que ningún perdigón penetrara demasiado. Todavía alcanzó a hacer unos disparos sobre un guerrillero. También estaba Orellana, sentado y algo encorvado. Se veía el dolor en su rostro.
El Capitán Jones estaba a nuestro lado tratando de comunicarse con dos helicópteros que se aproximaban. Si no me sacan en helicóptero no llego, le dije.
En la radio de Jones, que un disparo de la guerrilla le había cortado la antena y que recibía pero no transmitía, se escuchó nítida la voz de un helicopterista que dijo: “¡Si no hay identificación voy a disparar sobre los que están al sur del río!”. Los que estábamos al sur éramos nosotros. La masa del contingente guerrillero estaba al norte, salvo la fracción adelantada que había cruzado y luego de enfrentarse con muestra punta estaba en retirada con bajas.
Jones no pudo comunicarse y el piloto, Capitán Grandinetti, nos disparó dos cohetes. El segundo explotó cerca en el mismo instante en que Jones lograba comunicarse. Sentí nuevamente los disparos del helicóptero pero esta vez sobre el lado norte del río.
Jones se veía relativamente calmo dando órdenes a pesar de la presión que se ejercía sobre él. Grandinetti le había tirado dos cohetes; de sus dos Secciones, que seguían combatiendo, llegaban informes y además los heridos lo mirábamos casi permanentemente esperando alguna señal sobre nuestra evacuación.
Solucionada la comunicación con las aeronaves y en retirada el enemigo, se organizó el rescate de los heridos. Previamente el Mayor Bidone y el Subteniente Martínez Segón con un grupo de soldados, lograron cruzar el río pero luego de que la correntada los arrastrara muchos metros.
El único lugar donde podía bajar un helicóptero era en el río que, aunque crecido, mostraba un pequeño islote de piedras. Los guerrilleros que estaban en la margen norte se habían retirado pero no existía la certeza de que el área estuviera totalmente despejada. Un solo guerrillero que hubiera quedado en la otra orilla podría haber dado cuenta de la máquina. Pero Grandinetti bajó lo mismo y nos rescató.
En ese momento no lo supimos pero nos habíamos enfrentado a la totalidad de la “Compañía de Monte” que se estaba yendo de la zona para que el Ejército cayera en el vacío. Marchando ellos de norte a sur y nosotros de oeste a este, las posibilidades de que nos encontráramos al mismo tiempo en el cruce de los caminos de marcha eran muy escasas y sin embargo se dio; con tal sorpresa que durante mucho tiempo ambos bandos creyeron que habían sido emboscados por el oponente.
La Compañía de Monte” estaba al mando de Hugo Irurzún, nombre de guerra “Capitán Santiago”.
Posteriormente fue herido en el combate de Manchalá, en mayo, y como no tuvo una buena recuperación tuvo que bajar del monte y fue reemplazado.
Irurzún decidió replegarse rápidamente siguiendo la doctrina de que la guerrilla no debe empeñarse en un combate que no ha elegido previamente en tiempo y lugar. No obstante no se fue muy lejos.
Para mí, al llegar al Hospital Militar de la ciudad de Tucumán, el combate de Pueblo Viejo había terminado. Pero no terminó para el Equipo de Combate. Tiempo después los oficiales me relataron lo que sucedió después de la evacuación de los heridos y los tres muertos (el Teniente 1ro Cáceres y dos guerrilleros cuyos nombre eran Laser y Toledo).
Un helicóptero regresó trayendo al Teniente Iglesias, del RIM 20, que se agregó como reemplazo del Subteniente Arias.
En el lugar del combate se recogieron dos fusiles FAL y un cargador de una pistola ametralladora PAM, arma que habría pertenecido a un tercer guerrillero muerto, conocido como “Carlos”, que cayó herido al río y la correntada se llevó su cuerpo.
Luego del combate un tercio de la munición estaba consumida. Jones ordenó desarmar las cintas de de las ametralladoras pesadas (MAG) y entregar cinco proyectiles a cada soldado.
Aprestados nuevamente los efectivos, se inició la marcha de regreso. Estaba oscureciendo cuando en un claro de monte el Subteniente Martínez Segón que se desempeñaba como “punta de infantería” detectó el dispositivo de una emboscada enemiga. Inmediatamente se batió la zona con disparos reunidos de FAL que los oficiales marcaron con munición “trazante”. Descubierta la emboscada esta perdió su gran efectividad: la sorpresa. Los guerrilleros se dieron a la fuga.
El Equipo de Combate continuó la marcha y llegó a la zona donde había dejado los vehículos, a las 23 horas.
Para llegar a Los Sosa la columna de camiones pasó por Monteros, la localidad que está sobre la ruta 38. Era carnaval. Los hombres pudieron observar los bailes y escuchar la música. El mundo seguía andando ajeno a los hechos de violencia y muerte ocurridos no muy lejos de allí.
Al llegar a la Base el Equipo de Combate formó en cuadro a la luz de la luna. Se rezó por las almas del Teniente 1ro Cáceres y de los otros muertos, y se pidió a Dios por la recuperación de los heridos.
La formación concluyó con un ¡¡Viva la Patria!!
Al día siguiente el Equipo de Combate volvió al monte donde permanecería hasta el mes de julio de 1980. La Fuerza de Tarea Chañi cambió de nombre y pasó a llamarse “Capitán Cáceres”.
Pero ¿Qué pasó con la “Compañía de Monte”? Probablemente esa noche se reorganizó y prosiguió su marcha hacia el sur, afuera de la zona de operaciones del ejército para que éste “cayera en el vacío”.
Pero el plan del ejército en 1975 era distinto al de 1974. No tenía previsto retirarse de sus objetivos independientemente de la presencia o no de guerrilleros.
La “Compañía de Monte” no podía estar indefinidamente fuera de la zona donde se estuvo preparando tanto tiempo y que era cara a sus sentimientos revolucionarios. Volvió y en el transcurso de ese año y el siguiente se produjeron unos cien enfrentamientos, pequeños la mayoría de ellos salvo los de Manchalá y Acheral.
Para fines de 1975 la actividad de la compañía guerrillera era escasa y un año después casi había desaparecido.
El Combate del Río Pueblo Viejo no tuvo una importancia que llegara a modificar la marcha de las operaciones para ninguno de los bandos. Sí incidió en lo que hace al aspecto espiritual de la aptitud para el combate de los soldados. La propaganda del ERP fue desvirtuada. Ningún soldado murió o fue herido en ese enfrentamiento. Confiando en sus superiores se adaptaron rápidamente al terreno y combatieron con determinación.
El ejército perdió un brillante oficial pero su muerte heroica no fue olvidada y ha quedado como ejemplo de valor y camaradería. Tucumán también lo recuerda dando su nombre a un pueblo que el ejército construyó en las proximidades del lugar al año siguiente.
En lo estrictamente personal tuve una enseñanza de vida. El hombre de carácter difícil con el que alguna vez tuve un roce y que alguna vez también despertó mi desconfianza murió en el intento de salvarme.
Él constituye también un pequeño rincón, ignorado para muchos, inolvidable para unos pocos, de la historia argentina.
Autor: Teniente Coronel (R) Rodolfo Richter

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Esteban McLaren
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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:13 pm

Impactantes revelaciones de Pedro Cossio, el médico que acompañó a Juan Domingo Perón hasta su muerte
El fastidio de Perón con el presidente Cámpora.
Las designaciones de éste que lo disgustaron.
La masacre de Ezeiza y el impacto en su salud.
Por qué vivió en Gaspar Campos y no en Olivos.
Las armas que guardaba en su habitación.
Su deseo de no volver a ser Presidente.
Su desconfianza hacia grupos izquierdistas.
El discurso final que minó su salud.
Sus obsesiones y recelos.


Pedro Cossio, el médico que acompañó a Perón hasta su muerte le escribió hace un tiempo una carta a los jóvenes de la Cámpora que fueron quienes en gran medida armaron y apoyaron el último acto de Cristina en Huracán. ¿Que les decías en esa carta?

Yo les plantee algo muy sencillo. Sabrás que yo tuve la responsabilidad de colaborar con el padre en el cuidado del general Perón. Así que yo estuve en el durante un año.

Cuando hablás de colaborar hablas de vivir con Perón

Claro. Yo estuve doce horas por día hasta que Cámpora tuvo que renunciar en el cuarto del General Perón de 10 de la mañana a 10 de la noche. Tanto Taiana como mi padre iban y hacían la visita pero el que estaba en el cuarto con él era yo.

¿Y que les dijiste a los jóvenes de la Cámpora?

A los jóvenes de la Cámpora yo les dije primeramente que tienen el derecho político de que tengan la posición política que quieran y que si ellos quieren respetar la imagen del Doctor Cámpora podrían respetarla. Pero que ellos tendrían que saber que la acción final política de él desde que asume como presidente de la Nación el 25 de mayo de 1973 le causó un gran disgusto al General Perón. Disgusto que el General Perón tuvo y yo viví a su lado.

¿Por ejemplo?

28, 29 de junio de 1973, Cámpora siendo presidente anuncia por TV, en ese momento la cadena nacional se cortaban todos los canales, anuncia la visita al General Perón a Gaspar Campos. Esa noticia la vimos el General Perón y yo. El anuncio de que Cámpora iba a ir a verlo a Perón. A los quince minutos vuelve a cortarse la cadena nacional y mostraba al presidente como Cámpora entraba a Gaspar Campos. Planta baja, yo no se en que parte estaba. El cuarto donde yo estaba con Péron era en el primer piso de Gaspar Campos. Transcurría el tiempo, se cortaba la cadenal nacional y el presidente Cámpora anunciaba al país que había estado con el General Perón. Y estaba hablando de cómo había visto al General Perón y al cuarto donde estábamos el General Perón y yo no había entrado nunca.

Ahora... le dijeron a Perón que estaba Cámpora?

Si yo lo vi junto con Perón al noticiaero que anunciaba que estaba entrando Cámpora....

Bueno Perón era adicto a este tipo de maldades, a la gente la recibía y la despedía según su propio canon... ¿Cual era el origen del conflicto de Perón con Cámpora siendo Cámpora históricamente el más alcahuete de los funcionarios que tuvo Perón?...Sobre todo en la primera etapa de gobierno y luego como su delegado personal....

En esos días de junio había dos o tres hechos políticos que le habían dado gran fastidio a Perón. Primero la presencia de Esteban Righi como Ministro del Interior. Segundo la presencia de Héctor Peco como Ministro de Relaciones Exteriores porque no contaban cono el apoyo del General Perón...

¿Y a que obedecía tanto enojo?

Uno del os motivos mas importantes era como se había llevado a cabo la amnistía del 25 de mayo de 1973. El desorden y la desprolijidad conque la habían llevado adelante tanto Cámpora como Esteban Righi. El otro punto de fastidio era el 20 de junio de 1973. El General Perón llegó a la Argentina con el convencimiento de que algo iba a pasar. Y estaba pasando. Tanto asi que mi padre que estaba en el avión de cola de Madrid sin combustible y hace una escala técnica en Canarias para perder tiempo. Para llegar más demorados a Ezeiza cuando las cosas estén un poco mas numerosas. Porque el General Perón y esto es muy importante que se tenga conciencia estaba convencido y a mi me lo manifestó dos o tres veces de que en Ezeiza grupos de izquierda lo querían matar y a partir de eso...

Perdón... ¿Y él asociaba a los grupos de izquierda con Cámpora? ¿O con Righi?

No. Él lo que pensaba es que no habían tenido la suficiente solvencia cómo para evitar todo eso.

Que habían sido desbordados...

Que habían sido desbordados o improvisados en cuanto a la organización de todos ese asunto.

Perón ya como presidente no iba a la Quinta de Olivos se quedaba en Gaspar Campos. ¿Tenía temor él?

Total. Tal es así que ¿Sabe porque yo tenia que estar ahí de guardia? Porque el General Perón al saber que tenía que estar internado quiso tener un unidad coronaria en Gaspar Campos porque era el único lugar donde se sentía seguro. ¿Por qué el no acepta la invitación de Cámpora de vivir en Olivos cuando llega el 20 de junio? Porque no se sentía seguro en Olivos. Tan no se sentía seguro en Olivos que el General Perón asume la presidencia el 12 de octubre de 1973 y recién se muda a Olivos en enero del 74. El seguía viviendo en Gaspar Campos porque la guardia y la custodia de allí le merecía confianza a él.

A mi me da la impresión que Perón le tenía menos miedo a los militares a los cuales les había arrancado el poder que a su propia gente

Yo pienso lo mismo. Porque también tenemos otro episodio que demuestra que el tenía un espíritu y un orgullo de ser militar y tenía el ser militar en su alma. Los ascensos militares de finales del 73, en ese momento era comandante en Jefe el General Anaya, y Anaya nos cuenta ocho días después que en ese momento en el escritorio de Perón había otra carpeta de ascensos. Y cuando Perón le pregunta a Anaya por qué había dos corrientes de ascensos Anaya le contesta: “Esta, la que yo le traigo es la carpeta castrense. Esta otra es la política”. Perón destruyó la política y firmó la castrense.

¿Es cierto que Perón en su cuarto tenía armas?

Cuando se enferma Perón y decide ser tratado en Gaspar Campos, mi padre y los médicos plantean la instalación de una unidad coronaria. Y plantean que ciertos médicos concurran. Entre los cuales fue propuesto el entonces Jefe de Cardiología del Hospital Italiano Doctor Raúl Oliver, un hombre muy serio y muy correcto dentro del punto de vista médico y vinculado a Liotta porque Liotta ya era cirujano. ¿Qué ocurrió? Tenía en su prontuario una entrada a Villa Devoto por actividades políticas de izquierda. Inmediatamente no pudo entrar él y ahí mi padre dijo “yo confío completamente en mi hijo” y ahí entro yo.

Me estabas contando lo de las armas

Yo llego ese 28 de junio y yo intercambiaba palabras con él cada vez que tenía que hacerle un control y observo en su mesa de luz a la izquierda de su gran cama una pistola y en el rincón del cuarto un arma larga. Ese primer día no dije nada pero en el segundo cuando yo había perdido ese temor que tenía frente a la responsabilidad que estaba teniendo y le pregunto y me contesta: “Por la dudas doctor, por las dudas”. Ese es un mensaje muy fuerte. Porque significa que el estaba decidido a defender hasta las últimas consecuencias su vida. O sea que si hasta su custodia claudicaba. El iba a tirar.

¿Y quienes lo visitaban a Perón?

A Perón lo visitaba muy poca gente. Por supuesto Taiana y mi padre a la mañana y a la tarde...

Ya que hiciste mención a Taiana, y tu padre, ambos grandes hombres.. todo este fenómeno de las formaciones especiales a los que Perón les desconfiaba y en alguna medida estaba fastidiado con ellos, Taiana también escuchaba todo esto...

Si.

Pero Taiana tenía a su hijo que estaba en las formaciones especiales...

Pero con nosotros no hablaba de ese tema. Y quiero resaltar el fastidio que Perón siente por Cámpora que es algo que no se ha difundido y que mi padre estuvo involucrado hasta las últimas consecuencias y fue que el último acto político que Perón realiza en su vida es el sábado 29 de junio al mediodía de 1974, 48 horas antes de morir y es firmar la aceptación de la renuncia de Cámpora como embajador.

En México.

Estaba en Argentina. En cuanto Perón se enferma Cámpora se viene de México a Argentina y eso cayó muy mal en Olivos. Y al firmar la renuncia Perón da expresas instrucciones que mi padre las escuchó omitiendo a propósito agradecer los importantes y patrióticos servicios prestados. Es decir es una renuncia a secas.

Y en general eso no ocurre.

No. Eso es un acto para mostrar el fastidio que el sentía por la gestión política de Cámpora. Y es más en enero del 74, el General Perón ya presidente conversando con el doctor Carlos Seara uno de los médicos de guardia, caminando por Olivos, Perón le manifiesta al Doctor Seara lo que antes me había manifestado a mí de una manera más suave, de que él no había tenido ningún interés de volver a Argentina a ser presidente. Que el quería venir a ocuparse de la macro política y tener tiempo para volver a España periódicamente.

Y lo llevó la vorágine.

Y la vorágine lo obliga. A mi preguntó :”¿Será posible que no haya nadie más joven para ser presidente'”. Y me lo preguntó seis, siete veces. Pero lo importante es esto. Le dice a Seara en enero del 74: “Mire doctor por las circunstancias políticas que usted conoce yo tuve que elegir a alguien para la Presidencia de la República y Evita siempre me había dicho que la persona más leal a mí iba a ser el Doctor Cámpora por eso me recosté en el Doctor Cámpora pero mírelo se ha rodeado de izquierdistas y lo que es peor, a través de su hijo, que además de ser izquierdista tiene ciertas costumbres particulares y mire en el lío en el que estoy metido”.

Vos dirías que el hecho de haber sido presidente y participar de todo esto a Perón se lo llevo más rápido la muerte...

Por supuesto.

Digamos que es una tendencia también atribuible al caso Kirchner. ¿No?

También. Y esto lo deje escrito: “Todo hombre de Estado que tiene alto stress y tiene la enfermedad subyacente está condenado a acelerar esa enfermedad mientras duren las tensiones del Estado”. Pero en el caso del General Perón el primer infarto es a pocos días del evento del 20 de junio del 73. Del disgusto de Ezeiza.

Cuando viene

Y el segundo evento donde se agrava todo y termina con su muerte es a partir del disgusto del primero de mayo de 1974. Ahí empieza la angina de pecho de él a recrudecer de una manera difícil de gobernar y termina con su vida.

Eso en cuando el atentado....

No. Eso es cuando “a los imberbes”.

Ah. Pero había tenido el episodio militar de Azul.

En ese yo tuve la oportunidad fantástica, porque yo tuve la oportunidad única en la vida: me toca el electro cardiograma de rutina a la mañana siguiente y ya en Olivos porque fue el 20 o 21 de enero del 74 y ya se había mudado a Olivos. Y le hago un electro cardiograma y cuando termino y Perón si bien impartía autoridad era un hombre muy afable y de respeto, y le dije: “Que problema General – porque a le le gustaba que le digan General – y ya le había sacado los electrodos y se empezó a reincorporar en la cama, se recostó en la cabecera de la cama y pasándose su mano por el pelo negro me dice: “Doctor al toro no se lo voltea cuando embiste, se lo voltea cuando pasó”. Y acordémonos que después fue el episodio de Bidegain y de Obregón Cano...

Claro, los gobernadores que fueron echados.

Que fueron echados y pertenecían al ala progresista o más revoltosa del movimiento.

La gente que iba con Perón eran todos como muy denominados de derecha. Lopez Rega... ¿Quienes más?

Ascar , el jefe de la custodia, Gamboa que era el enfermero de confianza de toda la vida de él. El tenía su gente su grupo de gente yo no diría de derecha sino conservador. Y una de las cosas más importantes y que el insistía en ese momento, es que había comprendido en ese momento y que le achacaba al gobierno de Cámpora, era que había sido confrontativo, confrontador. Él ya estaba más allá de la confrontación. Creía que los argentinos tenían que trabajar todos unidos. Tan es así que el famoso apotegma de que “para un peronista no hay nada mejor que otro peronista” era para poner que “para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”.

¿Con Isabel que tipo de relación había?

Ella era una mujer muy correcta, una ama de casa que hasta me llevaba la bandeja con el te con leche cuando yo estuve en Gaspar Campos, muy solícita, ella estaba en función de atenderlo y complacerlo a él. Pero era una relación como podía ser padre-hijo. Filial con respecto a él.

¿Perón le hacía caso a López Rega como pensaban algunos?

Yo lo conocí y relato en un libro que López Rega le podía dar consejos pero el que tomaba las decisiones era él. Pocos días antes de morir todo el entorno estaba haciéndole una especia de monitoreo para no estar molestándolo en el cuarto y se pudiera escuchar su voz desde el cuarto de al lado. Y eso fue, llegó a la residencia de Olivos, vía Bienestar Social y López Rega. Y Perón se puso furioso porque creía que lo estaban espiando con lo cual hizo sacar todo y hasta la última pastilla que recibía él la analizaba. Lo otro son todos cuentos. Como el cuento del Faraón que le sacudieron las piernas, eso son mentiras.

O la resucitación famosa de López Rega...

Sí y como el cuento de cuanta gente cuenta que vieron cosas allí y nosotros que estábamos ahí nunca los vimos allí.

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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:13 pm

Original de leobass

PUSe este tema por que no sabia donde postear los siguientes enlaces de YOu tube

Subversión en Tucuman - Antonio Domingo Bussi - Guerrilla (1980)

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Operativo independencia

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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:13 pm

MIÉRCOLES 7 DE SEPTIEMBRE DE 2011
Desaparecidos e indemnizaciones
Por Nicolás Márquez (*)


Otra vez sale a la luz el escándalo consistente en premiar o indemnizar (vía Estado) a guerrilleros que murieron en combate o directamente fueron asesinados por “juicios revolucionarios” efectuados por las propias organizaciones terroristas a las que estos pertenecían en los años 70`.


Algunas solitarias plumas alzan la protesta ante este despropósito, pero sin embargo ninguna dice nada respecto a las indemnizaciones pagadas a los familiares de los desaparecidos, convalidando virtualmente este último tipo de desembolso. Pero desde La Prensa Popular preguntamos: indemnizar a los guerrilleros que no cayeron en combate pero que desaparecieron, ¿sí constituye un acto estatal encomiable acaso?
Según lo han confesado repetidas veces personalidades que van desde Mario Firmenich, Hebe de Bonafini, Martín Caparrón y hasta el Magistrado Gil Lavedra (interviniente en el Juicio acaecido en los años 80`contra la Junta Militar), salvo excepciones los desaparecidos era integrantes del ERP y Montoneros.
Asimismo, conforme el propio listado de la Secretaría de DDHH. (en la versión del libro estatal “Nunca Más” publicado en el 2006 bajo supervisión de Eduardo Luis Duhalde y editado por Eudeba), sumando el período del gobierno peronista (1973/76) y el cívico militar (1976/83), durante la guerra antisubversiva hubo 7560 desaparecidos y 840 abatidos en combate.
Según datos documentados que como ensayista investigué y publiqué oportunamente en mi libro “La Mentira Oficial – el setentismo como política de Estado”, de este guarismo aproximadamente 5750 eran integrantes de Montoneros, 1980 eran del ERP y 700 integraban otras organizaciones delictivas de menor envergadura (FAP; FAL, OCPO etc.).
Vale decir, salvo casos particulares o excepcionales, los desaparecidos en mayoría absoluta formaron parte de estructuras político-militares subversivas. Por ende eran delincuentes y así los tipificó el gobierno peronista de entonces, declarando terroristas a los miembros del ERP y Montoneros a través de los decretos 1454 y 2452 respectivamente.
Todo indica entonces que el grueso de los desaparecidos no fueron víctimas sino culpables: ¿esta culpabilidad justifica la metodología estatal consistente en detener al guerrillero, ejecutarlo y no dar dato alguno de su paradero? Mil veces no y a esa reprochable praxis contraterrorista (que se practicó tanto bajo el gobierno peronista como en el de facto) la repudiamos con toda energía.
Pero ojo: la condición de desaparecido no convierte al terrorista en inocente y mucho menos en “héroe” merecedor de indemnizaciones.

(*) Nicolás Marquez. Abogado. Periodista. Director de La Prensa Popular
Publicado en La Prensa Popular Nº 38, del 7 de Septiembre de 2011


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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:14 pm

Emotiva evocación del coronel Duarte Ardoy a 37 años de su muerte en combate con guerrilleros del ERP. Silencio oficial
MIÉRCOLES, 07 DE SEPTIEMBRE DE 2011 19:40 ESCRITO POR ADMINISTRATOR
La memoria del teniente coronel Raúl Juan Duarte Ardoy,caído en combate hace 37 años, fue evocada el pasado martes (6 sept 2011) con una emotiva ceremonia realizada en la sede central del Círculo Militar, en la Capital Federal. No hubo ninguna recordación oficial y los sitios oficiales de difusión, tanto de la cartera de Defensa como del Ejército, ignoraron, al menos en las primeras 24 horas, el acontecimiento.
Familiares del militar y compañeros de promoción, así como representantes de entidades que nuclean a la familia militar y a quienes fueron víctimas de acciones terroristas,estuvieron presentes ocasión en que se pronunciaron palabras alusivas donde se recordó la hidalguía y trayectoria del caído.
El coronel Ardoy fue abatido por el disparo de un francotirador en momentos en que encabezaba las operaciones de recuperación -al frente de sus soldados del Regimiento de Infantería Patricios- de las instalaciones del Comando de Sanidad del Ejército, en el barrio porteño de Parque de los Patricios.


Estos hechos se produjeron en la madrugada del 6 de septiembre de 1974 durante la administración constitucional de María Estela Martínez de Perón.
Los guerrilleros que atacaron la unidad, pertenecientes al ERP, habían logrado incautarse de 170 fusiles , 40.000 municiones y explosivos, cuando se vieron cercados por las tropas de Patricios entablándose un combate que concluyó con la rendición de los incursores.
Varios de ellos, condenados por su acción y llevados a prisión, percibieron luego indemnizaciones del orden del cuarto de millón de dólares.y ocupan en algunos casos prominentes cargos en la actual administración.

Tiempo Militar

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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:14 pm

Derechos humanos / El Ministerio de Justicia respondió la intimación judicial
Admiten pagos por ex guerrilleros
Por Mariano De Vedia | LA NACION
Twitter: @mdv2011 |



El Gobierno informó a la Justicia que desde 1997 se pagaron por lo menos $ 12.052.490 en concepto de indemnizaciones a familiares de guerrilleros que atacaron cuarteles militares durante el período democrático de 1973 a 1976.

Reveló que la mayor parte de esa suma -$ 7.848.126- se abonó durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner y que también durante las presidencias de Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde se pagaron resarcimientos a sucesores de miembros de Montoneros y del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), por $ 3.584.000. A eso se añaden $ 844.364 por tres casos en los que no se informó la fecha de los pagos.

El Ministerio de Justicia presentó el detalle en un escrito, al responder a una intimación judicial, en la primera información oficial del Gobierno sobre un tema en el que siempre mantuvo una estricta reserva. Por caso, el ministerio no contestó ayer la consulta realizada por este diario.

El detalle de las indemnizaciones pagadas a los familiares de guerrilleros fue presentado por la cartera que conduce Julio Alak en el Juzgado Nacional en lo Contencioso Administrativo Federal N° 2, a cargo del doctor Esteban Carlos Furnari, quien hace dos semanas había hecho lugar a una acción de amparo presentada por la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia.

En su presentación judicial, la cartera de Alak argumentó que el 3 de agosto del año 2000, durante el gobierno de De la Rúa, la Secretaría de Derechos Humanos elaboró un informe que fijaba los lineamientos que debían observarse en el pago de las indemnizaciones, a partir del caso de Jorge Alberto Livieres, uno de los miembros de Montoneros que cayó durante el intento de copamiento del regimiento de Formosa, en 1975.

Consultado por LA NACION, el diputado Ricardo Gil Lavedra, ex ministro de Justicia durante el gobierno de De la Rúa, se mostró sorprendido por la revelación de que en la presidencia de la Alianza se hubieran aprobado esos pagos. "Me parece una barbaridad, una concesión de irregularidades no previstas por la ley", dijo, al recordar que los trámites se gestionaban en la Subsecretaría de Derechos Humanos, a cargo de Diana Conti.

Al respecto, Conti explicó que en ese tiempo los casos previos al golpe de 1976 "no se archivaban ni se resolvían, a la espera de que se ampliaran las leyes reparatorias y se generara otra doctrina". Si bien dijo no recordar casos, consideró probable que hayan prosperado.

El juez le había pedido a Alak que informara si 68 guerrilleros muertos en los ataques a guarniciones militares perpetrados antes de 1976 figuran como desaparecidos o víctimas de ejecución sumaria en las listas elaboradas por la Secretaría de Derechos Humanos en 2006, y si los herederos cobraron indemnizaciones .

Al presentar su informe el jueves, en el último día del plazo judicial, el Gobierno detalló el pago de 39 casos, admitió que hay por lo menos otros cinco en trámite, cuatro fueron denegados, no tiene datos sobre 19 y un expediente está sin resolver. De acuerdo con el detalle oficial, el gobierno de Menem abonó $ 1.344.000. Una suma idéntica se pagó durante el gobierno de De la Rúa; $ 896.000, en la gestión de Eduardo Duhalde. Néstor Kirchner pagó $ 2.679.040 y la actual presidenta, $ 5.169.086.

Cada uno de los casos pagados por Menem y De la Rúa tenía una retribución de $ 224.000, que equivalían a la misma suma en dólares, dada la vigencia del uno a uno en la convertibilidad de la moneda. Los últimos dos casos abonados por Cristina Kirchner ascendieron a $ 901.407, el 26 de agosto último, para indemnizar a la familia de Ismael Antonio Monzón, muerto en el ataque a Monte Chingolo, y a $ 750.984, el 9 de mayo, por la muerte de Juan Sebastián Hernández, fallecido en el ataque a Formosa. Fuentes que siguen el caso interpretaban que históricamente se mantuvo un monto equivalente a los US$ 220.000 dólares, por lo que el importe total de $ 12 millones podría representar unos US$ 8,4 millones.

Según los datos aportados por el Ministerio de Justicia, seis de los doce atacantes fallecidos en el ataque al cuartel de Formosa han sido ya indemnizados, con montos que cobraron sus familiares. Se trata de los casos Reinaldo R. Brigiller ($ 396.364), Juan Sebastián Hernández ($ 750.984), Saúl Kobrinsky ($ 322.560), Jorge Alberto Livieres ($ 224.000), Alfredo Velázquez ($ 224.000)y José Daniel Graziano ($ 322.560). El expediente de Oscar Ramón Boero está en trámite y otro -mencionado en el libro Operación Primicia , de Ceferino Reato como Luis Carlos Morero-aparece ya abonado ($ 396.364), pero con el nombre de Jorge Horacio Morero.

RESARCIMIENTO POR EL CASO HAYMAL

El Gobierno ratificó que se pagó la indemnización al dirigente montonero Fernando Haymal, ultimado en 1975 por la propia organización. Sus familiares cobraron el resarcimiento a partir de una resolución firmada el 25 de abril de 2002, durante la presidencia de Duhalde, aunque no se especificó el monto..

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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:15 pm

Piden a la Justicia que cite a Horacio González por la muerte de Rucci
Claudia, hija del sindicalista José Ignacio Rucci, asesinado a balazos en 1973, habló de 13 "ex montoneros" que "deberían" dar explicaciones; también mencionó a Bonasso


LA NACIÓN

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A casi 38 años de la muerte del sindicalista José Ignacio Rucci, su hija Claudia, diputada del peronismo disidente, adelantó que se presentará hoy ante el juez a cargo de la causa para pedirle que cite a 13 personas "para que den explicaciones". Además, dijo que sabe quién apretó el gatillo, pero que hablará con el magistrado Ariel Lijo antes de dar a conocer públicamente ese nombre.

En diálogo con radio 10, Claudia adelantó que entre esas personas que pretende que sean interrogadas están el presidente de la Biblioteca Nacional Horacio González, el diputado Miguel Bonasso, Roberto Perdía, Fernando Vaca Narvaja, Mario Firmenich y Ernesto Jauretche.

"Se cumplen 38 años del asesinato de mi papá. Como una de las querellantes de la causa, le presentaré al juez un informe para que llame a declaración a 13 ex montoneros. Le digo las preguntas que quiero que haga y llegará a lo que yo llegué: que estas personas tienen que ver con el asesinato de mi padre", sostuvo.

"Nosotros sabemos quién fue el culpable, quien apretó el gatillo, pero por respeto al juez primero se lo diré a él y después a la prensa", agregó la candidata a vicegobernadora bonaerense del frente duhaldista Unión Popular.

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Foto: LA NACION / Foto archivo LA NACION / Soledad Aznarez


"Hicimos investigación y estamos convencidos de que la organización que mató a Rucci fue Montoneros. Queremos que el juez cite a estas personas. Este crimen prescribió y ellos se sintieron libres, empezaron a hablar y a dar detalles. El autor de Operación Traviata [Ceferino Reato] tuvo un informante; yo sé quién es. Ese nombre le voy a llevar al juez para que lo cite", explicó la actual diputada del peronismo disidente.

"Lo han dicho: hay pruebas. Hay un señor que habló con [Ceferino] Reato. Lo único que hay que hacer es citarlos. Están vivos", agregó.

QUÉ PASÓ

José Ignacio Rucci era el secretario general de la CGT en 1973. El 25 de septiembre de ese año, cuando salía de su casa en el barrio de Flores, lo mataron a balazos. Habían pasado dos días de las elecciones que le dieron el tercer mandato a Juan Domingo Perón.

Rucci era el líder de la Unión Obrera Metalúrgica de San Nicolás e integrante de la rama más ortodoxa del movimiento peronista. Había protagonizado el operativo para lograr el retorno de Perón a la Argentina (en noviembre de 1972) tras su largo exilio en España.

De hecho, la foto de Rucci paraguas en mano al lado de Perón, en el aeropuerto de Ezeiza, se convirtió en una de las imágenes emblemáticas del peronismo.

La muerte de Rucci se atribuyó extrajudicialmente a Montoneros, pero la Justicia nunca logró identificar a los responsables. En 1988, sin que se llegara a acusar formalmente a alguien, la causa se archivó con un sobreseimiento provisional.

Hace tres años, por pedido de la familia Rucci, el juez federal Ariel Lijo resolvió reabrir la causa y ordenó medidas de prueba para avanzar en la investigación..

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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:15 pm

Dicen que el segundo del Ejército actuó en el Operativo Independencia
Septiembre 22nd, 2011
Su legajo señala que estuvo en Tucumán y una fuente afirmó que participó de ese plan.

El actual subjefe del Ejército, general César Milani, participó en 1976 con el grado de subteniente del “Operativo Independencia” contra la guerrilla en Tucumán, según adelantó a Clarín una fuente militar que conoce el legajo personal completo del oficial. Ese plan fue en 1975 comandado por el general Acdel Vilas hasta que en diciembre de 1976 fue reemplazado por el general Antonio Bussi, quien está procesado por haber cometido delitos de lesa humanidad en esa provincia.

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Semana Santa, 1987, Campo de Mayo. Milani junto a Herminio Iglesias, hablando con los sublevados, en una foto de la revista Somos


Actualmente, Milani también es el titular de la dirección general de Inteligencia y el candidato de la ministra de Seguridad y ex de Defensa, Nilda Garré, para ser el nuevo jefe del Ejército en el caso de que la presidenta Cristina Kirchner sea reelecta en octubre.

La presencia de Milani en ese operativo represivo fue preguntada al ministro de Defensa, Arturo Puricelli, por el jefe del bloque de senadores de la UCR, Gerardo Morales, en un pedido de acceso a la información pública presentado el 10 de setiembre de este año. Puricelli tiene 10 días hábiles para contestar según el decreto de acceso a la información pública 1172/03.

Morales preguntó si concretamente Milani participó como agente de inteligencia de aquel operativo . En el resumen del legajo que el Gobierno envió al Senado para la aprobación del ascenso a general de división, solo se afirma que Milani, entonces subteniente, estaba destinado en el batallón de Ingenieros de Construcción 141 con sede en La Rioja pero en “comisión en Tucumán” donde e stuvo entre el 1 de febrero de 1976 y el 6 de febrero de 1977. Una fuente militar altamente confiable dijo que “participó del operativo” pero no le imputó ningún delito.

Clarín llamó ayer al vocero de Puricelli para preguntarle por este dato pero no obtuvo respuesta.

Otra de las preguntas de Morales es qué rol tuvo Milani como oficial de Inteligencia en La Rioja donde estuvo después del asesinato del obispo de esa provincia, monseñor Enrique Angelleli, cometido el 4 de agosto de 1976 en Punta de los Llanos. Antes habían sido asesinados por grupos paramilitares los sacerdotes Gabriel Longeville y Carlos de Dios Murias. El juicio por el crimen de Angelelli aún está abierto. Según el resumen del legajo -los senadores no tuvieron acceso al documento íntegro-, Milani estuvo “en comisión de servicio (censo) en Los Llanos” , La Rioja “desde el 20 de setiembre de 1977”, es decir casi un año después del crimen de Angelelli. En su legajo dice que el 1° de diciembre de 1982 entró a la Escuela de Inteligencia del Ejército y se recibió de “técnico” el 14 de enero de 1983, meses antes del retorno de la democracia el 10 de diciembre de ese año.

Otras de las preguntas del senador radical por Jujuy es si Milani participó del alzamiento carapintada de Aldo Rico de 1987. En octubre del año pasado, tres meses antes de que la mayoría K y sus aliados aprobaron el ascenso de Milani de general de brigada a general de división, Clarín reveló dos fotos de la revista Somos en la que se ve a Milani con el dirigente peronista Herminio Iglesias dialogando con carapintadas a metros de la Escuela de Infantería de Campo de Mayo. Garré, como ministra de Defensa, contestó que estuvo allí cumpliendo misiones de “contrainteligencia” impartidas por sus superiores leales al gobierno de Raúl Alfonsín.

Ahora, Morales preguntó si Milani tuvo alguna sanción en 1998. En su resumen de legajo se lee que el 19 de diciembre de 1988 se le aplicaron 8 días de arresto por haberse negado a reprimir la rebelión carapintada de Villa Martelli que lideró el fallecido coronel Mohamed Alí Seineldín, la tercera rebelión de esas características. Dice textualmente que fue decir a su superior inmediato que “ no ejecutaría (operaciones) militares contra sus camaradas con la atenuante de poseer sobresalientes antecedentes profesionales y no haber observado conductas objetables durante acontecimientos similares anteriores”.

por Daniel Santoro

Fuente:
Diario Clarín 22/9/2011

Informacion Adicional:
Operativo Independencia, el plan para “aniquilar a la subversión” -
17/6/2010

En febrero de 1975, un decreto de Isabel dio origen al accionar sangriento de los militares en el Norte.

El país era un tembladeral en febrero de 1975. Juan Perón, el viejo líder, había muerto tal como debe haber soñado, en el ejercicio de la presidencia. Como herencia no había dejado, como decía, al pueblo, sino a su tercera esposa, María Estela Martínez, una mujer jaqueada por su incapacidad, por los jefes militares, por el poder económico que había vaciado los supermercados, por los desvaríos de una inflación desorbitada y por los gremios que intentaban correr en la tortuga de los salarios al jet de los precios.

Y por la guerrilla, que tenía en jaque al país. La peronista, Montoneros, había pasado a la clandestinidad enfrentada al gobierno que la había cobijado. La trotskista, el ERP, con su “Compañía Ramón Rosa Jiménez”, intentaba establecer en Tucumán un foco de guerrilla rural y una zona liberada, con bandera propia: un paisito dentro de la Argentina. La guerrilla, que empujaba al país al golpe, se enfrentaba a unas fuerzas armadas que ya habían decidido dar el golpe más sangriento de la historia. Era un cóctel letal.

La aceituna de ese cóctel la puso la propia Presidenta: en febrero de ese año, firmó un decreto secreto, el 261, que dio origen al “Operativo Independencia” en Tucumán. El decreto tenía una frase inicial que también era letal. Ordenaba al Comando General del Ejército ejecutar las operaciones necesarias “para neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos que actúan en Tucumán”. Meses después, con la Presidenta de vacaciones, el titular del Senado, Ítalo Luder, extendió esa orden a todo el país. La palabra “aniquilar” dio la excusa para desatar el terrorismo de Estado, que ya planeaban los futuros dictadores de marzo del 76. No se trataba de aniquilar el accionar de, sino de aniquilar a. No era un entuerto semántico. Era decisión política.

El primer jefe del Operativo fue el general Acdel Vilas. Dijo que no iba a Tucumán a terminar con la guerrilla, sino a terminar con la subversión. Y que no pensaba detenerse ante las leyes. Lo hizo. Inauguró el que, al menos hasta hoy, es el primer centro clandestino de detención, “La Escuelita”, en Famaillá, por donde pasaron la mayor parte de los desaparecidos de la provincia. No fue el único sitio de detención ilegal de Tucumán. Vilas comandó la V Brigada de Infantería, envuelta en el Operativo, que dependía del Cuerpo de Ejército III, que en septiembre de ese año pasaría a manos del general Luciano Benjamín Menéndez. Vilas fue reemplazado en diciembre de 1975 por el general Antonio Bussi, cuando ya el ERP, que llegó a tener una radio en el monte, Radio Liberación, estaba diezmado tras numerosos combates en la provincia más chica del país.

Junto a los combates, Vilas y Bussi, sobre todo este último, implantaron el molde del terrorismo de Estado que después se extendería a todo el país, ya con los golpistas en el poder y la guerrilla anulada.

El 75% de los desaparecidos en Tucumán no son guerrilleros, sino trabajadores rurales de la caña y la industria azucarera, peones y obreros de la construcción, según reveló la Comisión Investigadora de las Violaciones a los Derechos Humanos local.

por Alberto Amato

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Esteban McLaren
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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:15 pm

A 36 años del asalto al regimiento de Formosa, se evocará, el 5 de octubre, el "Día Nacional de las Víctimas del Terrorismo"
MARTES, 20 DE SEPTIEMBRE DE 2011 11:39 ESCRITO POR ADMINISTRATOR 10 COMENTARIOS

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La Asociación Unidad Argentina (AUNAR) invita a la ciudadanía a participar el próximo miércoles 5 de octubre, a un nuevo acto por el “Día Nacional de las Víctimas del Terrorismo” que se realizará en Plaza San Martin (Retiro) en Capital Federal a las 19 horas. La ceremonia no se suspende por lluvia.
“Las víctimas del terrorismo subversivo merecen ser recordadas. Por favor asista, lleve una flor y deposítela antes de retirarse del acto. Los organizadores, por esta vez, han pedido no llevar velas”, dice un comunicado de la institución
La fecha del homenaje recuerda al domingo 5 de octubre de 1975 cuando la organización guerrillera Montoneros atacó los cuarteles del Regimiento de Infantería Monte 29, el Casino de Suboficiales de dicha fuerza y el Aeropuerto "El Pucú" de la Ciudad de Formosa en la provincia homónima, Argentina. En el asalto, al que suele denominárselo Operación Primicia, participaron siete pelotones de combate compuestos por más de 50 Montoneros, en su mayoría vestidos con uniforme militar, empleando casi 20 automóviles que utilizaron para la fuga. Conducidos por el soldado entregador, el santafecino Luis Roberto Mayol, los Montoneros sabían bien dónde se hallaban las diversas armas.[1] En el copamiento se produjo un violentísimo enfrentamiento armado que le ocasionó al Ejército 30 bajas, entre muertos y heridos, en su mayoría soldados que estaban realizando el servicio militar obligatorio .


Luego de robar cincuenta fusiles automáticos FN FAL , los Montoneros se dirigieron al Aeropuerto local El Pucú, desde donde, previa confrontación armada con algunos militares que se hallaban en esa zona, escaparon en una avioneta Cesna que aterrizó en un campo correntino; y en un Boeing 737 de Aerolíneas Argentinas que bajó en una improvisada pista de en las cercanía de Angélica, Provincia de Santa Fe. Al día siguiente el entonces presidente provisional Italo Luder dio a conocer los decretos 2770, 2771, y 2772 creando un Consejo de Seguridad Interior integrado por el presidente y los jefes de las fuerzas armadas, y extendiendo a todo el país la política de "aniquilar" el accionar de los elementos "subversivos" que había sido iniciada pocos meses antes.
En los hechos denominados murieron 12 integrantes del Ejército y 16 guerrilleros.[2] En el ataque fallecieron los soldados conscriptos Antonio Arrieta, Heriberto Ávalos, José Coronel, Dante Salvatierra, Ismael Sánchez, Tomás Sánchez, Edmundo Sosa, Marcelino Torantes, Alberto Villalba y Hermindo Luna, como así también el subteniente Ricardo Massaferro y el sargento Víctor Sanabria.
Los deudos y la familia de muertos y heridos de las fuerzas legales no recibieron reconocimiento especial. Los familiares de los guerrilleros muertos, por orden den fallecido presidente Néstor Kirchner, percibieron cuantiosas indemnizaciones.

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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:16 pm

Un juez federal en Rosario admite la procedencia para investigar un ataque terrorista que en 1976 mató a once personas
VIERNES, 07 DE OCTUBRE DE 2011 21:03

El juez federal de Rosario, Marcelo Martín Bailaque, admitió en las últimas horas una solicitud de familiares de policías muertos durante un atentado terrorista perpetrado por la organización guerrillera Montoneros, el 12 de septiembre de 1976, en lo que de hecho implica negar la prescripción de ese episodio y abre las puertas a un nuevo y largo camino judicial que puede terminar en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

El magistrado, a cargo del juzgado federal número 4, secretaría número 1 del doctor Gonzalo López Quintana, consideró procedente la presentación de la familia de uno de los nueve policías asesinados en ese ataque, Domingo H. Alfonso. En la acción también perecieron dos civiles.

La querella consideró como imprescriptible ese criminal atentado y pidió que, por sus brutales características se lo encuadre como un delito de "lesa humanidad" (agravio a la humanidad). El 12 de septiembre de 1976 Montoneros hizo estallar un coche bomba al paso de un el colectivo policial, cuando éste regresaba de la cancha de Rosario Central transportando a personal que había prestado servicio de seguridad en un partido de fútbol.



En la investigación posterior del atentado –perpetrado con una bomba del tipo vietnamita que mutiló además a decenas de personas inocentes- fueron involucrados jefes montoneros que años más tarde ocuparon prominentes cargos tanto en los gobiernos provincial de Santa Fe como nacional.

La procedencia de los cargos establecida por el magistrado federal rosarino, a contramano de la intención del ministerio público oficial de considerar prescriptos los atentados y asesinatos cometidos por guerrilleros en los 70, cobra magnitud en función de la jurisprudencia internacional que admite la procedencia y juzgamiento de tales hechos más allá del paso de los años.

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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:16 pm

ENTREVISTA EXCLUSIVA EN CAMBIO16 / JORGE RAFAEL VIDELA, EXDICTADOR ARGENTINO (1976-1981)
"En Argentina no hay justicia, sino venganza, que es otra cosa bien distinta".

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Ricardo Angoso
LA CRISIS ARGENTINA DE LA DÉCADA DE LOS SETENTA

Cambio 16


Ricardo Angoso:¿Cómo estaba viviendo Argentina en el año 1976, qué estaba pasando en ese momento?
Jorge Rafael Videla: Mi impresión sobre ese período es fácil de definir. Ubiquémonos en el año 1973, para comenzar. Se cerró un ciclo militar, tras un gobierno de esas características, y llegó el doctor Héctor Cámpora, que era un hombre de poco carácter, manejable e incluso peligroso, en un momento en que el peronismo se estaba redifiniendo y también radicalizando. Cámpora representaba, siguiendo la moda del momento, una tendencia de izquierdas, progresista podemos decir dentro del movimiento, frente al conservadurismo. Sin ser una persona de izquierdas era más afín a esa tendencia, plegándose a los intereses y deseos de los más jóvenes dentro del peronismo. Cámpora se hace con el gobierno, tras haber ganado las elecciones, el 25 de mayo de 1973, y una de las primeras medidas que toma, sino la primera, es el decreto por el que se pone en libertad a todos los terroristas detenidos y condenados por un tribunal que había sido creado por el general Alejandro Danusse. Este tribunal era una Cámara Federal en lo Penal (Cafepena) creada específicamente para investigar y condenar actos de terrorismo cometidos en todo el ámbito nacional y era específica para dichos actos. Como consecuencia del trabajo llevado a cabo por las autoridades anteriores a Cámpora había más de un millar de terroristas detenidos por delitos probados. Cámpora firma el decreto de indulto por el cual se liberan a todos estos presos que provienen de los sectores jóvenes y radicales del peronismo; salen victoriosos de las cárceles y cuando salen, a la media noche, les esperan sus seguidores y compañeros. Comienza el caos y el terror se adueña, de nuevo, de las calles de Argentina.


Los jóvenes peronistas más radicales le llaman al presidente el "tío Cámpora", lo cual revela la afinidad entre este sector del movimiento con el presidente. Esta gente, desde luego, no salen arrepentidos ni con deseos de integrarse en el sistema democrático, sino directamente con la idea de continuar con la revolución y seguir por la vía violenta, incluso matando. Simultáneamente a estos hechos, el Congreso refrenda ese indulto y queda, digamos, legalizado de facto. Ni que decir tiene que estos jóvenes estaban armados e iban a continuar por la vía violenta su objetivo de hacer la revolución. Amnistía y olvido quedaban así refrendados. Ese fue el comienzo de los hechos que vinieron después; Perón no estaba en el país y, cuando tuvo conocimiento de los hechos, parece que no le agradaron. Estos jóvenes no actuaban de acuerdo con los principios que tenía Perón, que pasaban más por un reencuentro, un acuerdo entre todos los argentinos para solucionar los problemas, y tampoco estaban en la línea de su pensamiento.

Este desacuerdo se confirma cuando llega Perón a Argentina y no puede aterrizar donde estaba previsto, debido a que se había desatado una batalla campal donde estaba programado aterrizar y porque los propios peronistas se habían enfrentado entre ellos por el liderazgo del movimiento; se habla de que hubo entre un centenar y dos centenares de muertos. La recepción a Perón degeneró en un enfrentamiento entre la derecha y la izquierda del peronismo por monopolizar la figura del líder y controlarlo durante su llegada. Y el liderazgo, siguiendo sus patrones, tenía que dirimirse por la fuerza de las armas. El avión de Perón tiene que aterrizar en un aeropuerto militar por razones de seguridad y le recibe el vicepresidente que estaba en Buenos Aires. Perón toma conciencia de que las cosas no le van a resultar tan fáciles como él pensaba y que está juventud maravillosa de antes le iba a traer problemas; tendría que tomar medidas para evitar que la situación se desbordase y ya toma posiciones, considerando que estos jóvenes no eran tan idealistas sino revolucionarios, claramente. Tiempo después, consciente de la situación tan adversa que asume, provoca la renuncia de Cámpora y se hace un llamado a elecciones, en donde Perón sale elegido mayoritariamente con su esposa como vicepresidente. Perón, en esas elecciones, sale elegido con un alto porcentaje de votos, más del 62% del censo, y decide poner orden en un estado de cosas y en un movimiento que ya no compartía sus ideas.

Hay un episodio que lo conmueve a Perón, que es el atentado contra el dirigente gremial José Ignacio Rucci, que es asesinado y ahí, el presidente dice: "Me cortaron las piernas". Fue un acto doloroso y mostraba que Perón no dominaba todavía la situación, mostrando a las claras que el oponente ya no tenía miramientos y estaba dispuesto a llegar hasta el final. Perón, entonces, en una reunión secreta con los dirigentes peronistas, en Los Olivos, da a entender a través de una directiva que se acabaron los miramientos hacia estos actos y que había acabar de una vez, incluso por la violencia, respondiendo a este tipo de acciones violentas y terroristas. Esta decisión dio lugar a que se produjeran una serie de acciones encubiertas. Y lamentablemente la mano ejecutora de este grupo que operaba bajo las órdenes y el consentimiento de Perón era el ministro de Bienestar Social, José López Rega, que organiza la Triple A, las famosas tres A -Alianza Anticomunista Argentina-, un hombre de confianza del presidente que se dedica a ejecutar las órdenes que le da el viejo general y que no siempre se atienen a la legalidad. De esta manera, se van dando los primeros pasos y pone orden en el país, pero, sin embargo, el líder ya no es el de antes y tiene la salud muy desgastada. Hasta el último aliento da todos sus esfuerzos por normalizar y por trabajar en su proyecto, que desde luego no era el de los jóvenes "idealistas", sino el de normalizar el país de una vez por todas tras los excesos cometidos.

MARÍA ESTELA MARTÍNEZ DE PERÓN, PRESIDENTA DE ARGENTINA
Perón muere y le sucede automáticamente su mujer, María Estela Martínez de Perón, tal como se preveía legalmente. La mujer de Perón, desde luego, no estaba preparada para ser presidente y mucho menos en las circunstancias en las que estaba viviendo el país. Para afrontar la situación que vivíamos, se necesitaba carácter, conocimiento, capacidad para tomar decisiones y prestigio, rasgos de los que carecía totalmente esta señora. El gobierno de María Estela va perdiendo fuerza. Era una buena alumna de Perón, eso sí, ya que desde el punto de vista ideológico se situaba en la extrema derecha del peronismo y el marxismo le provoca un rechazo total. En un almuerzo con varios generales, una treintena si mal no recuerdo, llegó a ser muy dura con el marxismo, en ese sentido no quedaban dudas de que la dirección ideológica estaba encaminada, pero le faltaban fuerzas y conocimientos para llevar a cabo el combate, la lucha, y poner orden. Incluso para poner coto a las actividades de López Rega, que mataba por razones ideológicas pero que también lo hacía por otras razones para cobrarse algunas cuentas pendientes. La situación, como ya he dicho antes, era muy difícil, reinaba un gran desorden. A Isabel se le hizo saber este estado de cosas y destituye finalmente a López Rega, que lo envía de embajador itinerante al exterior. Así se cumplía el deseo de muchos, entre los que me encontraba, que no queríamos que este hombre siguiera al frente de sus responsabilidades.


La acción del terrorismo sigue por su cuenta. Aquel calificativo de que eran "jóvenes idealistas" por pensar distinto hasta el extremo de masacrarlos quedo en evidencia, era una vulgar patraña. Esta gente estaba entrenada en el exterior, principalmente en Cuba, Siria, Libia y otros países, y luego dentro del país con instructores foráneos; además tenían armamentos y equipos de alto nivel ofensivo, incluso de tecnologías avanzadas. Todo ello reforzado con fábricas de armas y explosivos que llegaron a operar y tener dentro del territorio argentino. Tenían capacidad para matar y hacer daño a la sociedad argentina. Como remate a toda esta estructura, estaba la crueldad que les distinguía, no eran ángeles sino terroristas. Incluso la revista Time, en un artículo de la época, establecía que si comparábamos a terroristas argentinos, alemanes e italianos, en términos de crueldad, los europeos eran infinitamente más humanos que los de nuestro país. Huelgan más comentarios. Con esos "jóvenes idealistas" y sus crueles métodos nos teníamos que enfrentar entonces.

Así llegamos a finales de agosto de 1975, en que soy nombrado Comandante en Jefe del ejército argentino, y en los primeros días del mes de octubre, a principios, somos invitados los comandantes de los tres ejércitos a una reunión de gobierno presidida por Italo Luder, que ejercía como presidente por enfermedad de María Estela, en las que se nos pide nuestra opinión y qué hacer frente a la desmesura que había tomado el curso del país frente a estas acciones terroristas.

Vivíamos unos tiempos turbulentos y había que dar una respuesta. Muestra de la debilidad del momento era la enfermedad de la presidenta, que ni siquiera podía ejercer su mandato en esa difícil situación. Y con el acuerdo de las otras dos fuerzas militares, la armada y la aérea, yo expuse algunos lineamientos para hacer frente a la amenaza terrorista que padecíamos. De acuerdo con el gobierno de entonces se realzaban algunas medidas acordadas entre las partes para hacer frente al terrorismo y que un periodo de año y medio estaba amenaza fuera conjurada de una forma eficiente. Italo Luder llegó a firmar los decretos para que las Fuerzas Armadas del país pudieran actuar efectivamente en la lucha contra los "subversivos" y el terrorismo. También se decidió que las fuerzas de seguridad del Estado, conjuramente con las Fuerzas Armadas, se coordinasen en estas acciones antiterroristas. Se había logrado un acuerdo entre el poder político y los militares para luchar conjuntamente contra el terrorismo.

Con acuerdo de las otras dos fuerzas, yo hube de exponer cuatro cursos de acción, que no viene al caso detallar ahora, que culminó con la selección de parte del doctor Luder del cuarto curso de acción, que era el más riesgoso, en cuanto que confería más libertad de acción, pero que garantizaba en no más de un año y medio que el terrorismo sería derrotado. Los cursos de acción del 1 al 3 eran más contemplativos, pautados con el fin de evitar errores, pero – de ser seguidos – irían a dilatar sin término el caos en el que se vivía.

El acuerdo se firmaba, bajo estos decretos, para combatir el terrorismo en todas sus formas y hasta el aniquilamiento definitivo; por otras razones, más tarde, cuando fuimos juzgados, se le preguntó a Luder por el término aniquilar e hizo un excelente exposición en términos semánticos sobre la cuestión, que se resume en reducir a la nada; no tiene otra interpretación. A partir de ese momento, de hecho y de derecho, el país entra en una guerra, pues no salimos como Fuerzas Armadas a cazar pajaritos, sino a combatir al terrorismo y a los subversivos. Estamos preparados, como militares, para matar o morir, estábamos en una guerra ante un enemigo implacable, aunque no mediara una agresión formal, estábamos en una lucha. Así, a principios de octubre de ese año, entramos en una guerra de una forma clara. Desde el punto de vista del planeamiento no fue sorpresa porque el ejército ya jugaba con hipótesis de conflicto, una de las cuales era un desborde sorpresivo terrorista que sobrepasara a las fuerzas de seguridad y que se tuvieran que emplear a las Fuerzas Armadas para detener la amenaza. Teníamos esa contingencia prevista y, ante tal eventualidad, lo único que teníamos que hacer era salir a luchar con los planes previstos.

LA LUCHA CONTRA EL TERRORISMO
Llegamos así, ya en plena lucha contra el terrorismo, al mes de marzo de 1976, en donde padecemos una situación alarmante desde el punto de vista social, político y económico. Yo diría que en ineficacia la presidenta había llegado al límite. Sumando a esto la ineficiencia general se había llegado a un claro vacío de poder, una auténtica parálisis institucional, estábamos en un claro riesgo de entrar en una anarquía inmediata. El máximo líder del radicalismo, Ricardo Balbín, que era un hombre de bien, 42 días antes del pronunciamiento militar del 24 de marzo, se me acercó a mí para preguntarme si estábamos dispuestos a dar el golpe, ya que consideraba que la situación no daba para más y el momento era de un deterioro total en todos los ámbitos de la vida. "¿Van a dar el golpe o no?", me preguntaba Balbín, lo cual para un jefe del ejército resultaba toda una invitación a llevar a cabo la acción que suponía un quiebre en el orden institucional. Se trataba de una reunión privada y donde se podía dar tal licencia; una vez utilice este argumento en un juicio y me valió la dura crítica de algunos por haber incluido a Balbín como golpista. Los radicales apoyaron el golpe, estaban con nosotros, como casi todo el país. Luego algunos dirigentes radicales, como Alfonsín, lo han negado.

El hecho efectivo es que el 24 de marzo se produce el levantamiento militar. Y conforme a los estatutos fijados para reorganizar el Estado, el nuevo orden conducción jefatura iba a ser la Junta de Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas, de la cual dependía el presidente con las facultades propias que le otorgaba la Constitución y con algunas limitaciones, entre otras que el Comando Supremo de las Fuerzas Armadas que yo retenía otorgaba autonomía a cada uno de los componentes del ejército en su zona operacional. Los tres cuerpos de las Fuerzas Armadas se integraban en el cuerpo institucional, comenzaba una nueva era.

LA SOCIEDAD CIVIL ANTE LA INTERVENCIÓN MILITAR
R.A.: ¿Cómo reaccionó la sociedad civil ante la intervención militar del 24 de marzo de 1976 y después de la misma?

J.R.V.: Padecíamos vacío de poder, parálisis institucional y riesgo de una anarquía, y frente a este estado de cosas el clamor ciudadano, con sus dirigentes a la cabeza, pidiendo la intervención de las Fuerzas Armadas. Había un sentir general, que representaba Ricardo Balbín y otros dirigentes, en favor del cambio, de la intervención. La gente nos demandaba que interviniéramos e incluso Balbín llegó a decir en esos momentos que tenía las manos vacías de soluciones, que la clase política no podía hacer más.

R.A.:¿Sin esa intervención militar qué habría pasado en el país?
J.R.V.: En general, el consenso era que había que hacerlo, quizá porque en Argentina de una forma natural siempre se ha creído que las soluciones políticas cuando los gobiernos fracasaban se arreglaban con golpes de Estado. Y esta ocasión, además, se veía la intervención de una forma justificada ante los extremos a los que habíamos llegado. Hacía falta una medida de fuerza y la gente compartía esa visión. Si nosotros no lo hacíamos, el vacío de poder iba a ser aprovechado por la subversión para llegar al poder y ocupar todo el espacio dejado por otros. Así de sencillo. O tomábamos el poder o la subversión se hacía por la vía de las armas con las instituciones. Teníamos planes, métodos para el combate al terrorismo, podíamos hacerles frente y así lo hicimos. Pero, además, el gobierno que teníamos, que actuaba de una forma pusilánime y anarquizante, no estaba en condiciones de hacer frente a la amenaza que vivíamos en esos momentos, en que cada día el deterioro era mayor.

R.A.:¿Había unidad en las Fuerzas Armadas con respecto a esta acción?
J.R.V.: Había unidad total, sin ningún género de dudas. Así como la hubo en lo que fue la lucha contra la subversión, también la hubo en lo que fue la necesidad de llevar a cabo la intervención militar para poner orden en el país. Después hubo divisiones, por otras razones, porque la política obra siempre con matices, hubo algunas diferencias, pero en ese momento hubo total unanimidad en lo que respecta a llevar a cabo la intervención militar.

EL PROCESO DE REORGANIZACIÓN NACIONAL
R.A.:¿Cómo podría definir lo que se denominó entonces como el Proceso de Reorganización Nacional (1976-1982)?

J.R.V.: El 24 de marzo se produce el pronunciamiento militar, que no fue una sorpresa para la mayoría de los argentinos porque era evidente que tarde o temprano se iba a producir y ocurrir. Estaba previsto en el guión y todos los sectores políticos y sociales habían sido consultados para confluir en ese resultado esperado. Nosotros éramos conscientes de la situación que se vivía, no podíamos dejar que el país siguiera inmerso en esa crisis y teníamos que actuar. Nuestra intención era ayudar a enderezar el rumbo y teníamos previsto que es lo que había que hacer con urgencia. Salimos a hacer lo que creíamos que había que hacer y estaba en nuestros planes.

El Proceso de Reorganización Nacional preveía que Junta era el máximo órgano del Estado y que debajo de esta entidad política estaba un presidente con las mismas funciones que le daba la Constitución, salvo algunas como los poderes que le daba a cada comandante de la Junta en el manejo de sus fuerzas. Luego, por acuerdo dentro de la Junta, se me nombró presidente de la misma reteniendo la jefatura del ejército. Vivíamos en una situación de excepción que implicaba medidas excepcionales, valga la redundancia. Después, cuando llegamos al año 1978, en que la situación ha mejorado notablemente en términos de seguridad pública, yo abandonó ese esquema y dejó uno de los dos cargos; pasó a retiro de jefe del ejército y asumo la presidencia con las limitaciones que le he explicado antes.

R.A.:¿Cuál fue la reacción de la comunidad internacional en esos momentos?
J.R.V.: Favorable, totalmente favorable. Así como después la comunidad internacional mostró desconocer la realidad argentina y hacer una asociación errónea de los hechos, especialmente lo que fue la comunidad de países europeos, que veía en la dictadura argentina, o en su forma de autoritarismo, una suerte de conexión con que fue el fascismo y el nazismo. Nos querían medir con esa vara y nosotros no teníamos nada que ver con todo eso, por supuesto. Nos costó mucho tener que mejorar esa imagen errónea que tenían de nosotros y dedicar mucho trabajo a ese esfuerzo.

R.A.:¿Qué logró, en definitiva, el Proceso de Reorganización Nacional?
J.R.V.:Estábamos en el año 1978 y el Proceso había cumplido plenamente con sus objetivos, entre los que destacaba el fundamental, que era poner orden frente a la anarquía y el caos que amenazaba y enfrentaba el país el 24 de marzo de 1976. Y porque digo que había cumplido con sus objetivos, simplemente porque no había ni asomo ya de la amenaza terrorista y mucho menos de la delincuencia común. Eramos uno de los países más seguros del mundo, caminábamos en la mejor de las direcciones.

En lo económico, también se había mejorado, aunque teníamos riesgos inflacionarios que no voy a ocultar ni minimizar. Pero sí se había logrado la confianza del exterior, sobre todo a través de créditos para la Argentina para remozar el aparato productivo del país que estaba seriamente desatendido. Había, además, una gran paz social y se aceptó, mediante un acuerdo con los gremios, que los salarios estuvieran sujetos a la productividad y no a otros elementos; el que más trabaja más ganaba, simplemente. Teníamos un desempleo peligroso, podemos decir, pero no alto, del 2,5%. Digo peligroso porque no permitía flexibilidad en el mercado de trabajo. Y la clase política no daba muestras ni ansiedad de que el periodo se agotase y se iniciase una nueva etapa política; nos seguían con atención y desconocían cómo había sido la guerra, que parecía haber ocurrido en una nebulosa. Los políticos no querían meterse mucho en estos asuntos y los dejaban para aquellos que manejaban la seguridad del país, responsabilidad que recaía en nosotros en aquellos momentos.

EL MUNDIAL DE FÚTBOL DE 1978
R.A.: Así llegamos al Mundial de Fútbol de 1978, ¿cómo lo vivió?

J.R.V.:Tuvimos la suerte de organizar este evento en un momento en que la amenaza terrorista había sido doblegada. Además, para congratularnos más, Argentina ganó ese campeonato mundial y al margen de que habíamos ganado, el país mostró su capacidad de organización en un corto tiempo. Mostramos al mundo que podíamos y sabíamos organizar una actividad internacional de estas características; fue un gran avance y en apenas unos meses, pues antes no se habían comenzado los trabajos, desarrollamos todas las capacidades para este Mundial. Los anteriores gobiernos que nos antecedieron no habían hecho nada y recayó en nosotros la responsabilidad de poner en marcha aquellos trabajos que se desarrollaron satisfactoriamente. Es decir, se sabía del mundial desde hacia cuatro años y en los dos años en que estuvieron los peronistas no se hizo nada para el desarrollo de la actividad; el trabajo lo hicimos nosotros en solo dos años en los que trabajamos mucho en infraestructuras e instalaciones. Incluso desarrollamos la televisión en color, que hasta en ese momento no la teníamos en Argentina. Pudimos exhibir al exterior nuestra capacidad de organización y trabajo junto con un país en paz frente a las maledicencias de algunos sectores interesados. Le Monde llegó a reproducir un reportaje de un periodista que se imaginaba que unos disparos que sonaban en los alrededores del estadio, procedentes del Tiro Federal Argentino cercano, eran las balas dirigidas a un pelotón de personas fusiladas. El estadio estaba a dos cuadras del polígono de tiro y el periodista, obviamente, quería denigrarnos al precio que fuera. Se nos atacaba injustamente, estábamos en una guerra por explicar qué es lo que pasaba en el país frente datos y noticias calumniosas, claramente. Eran informaciones aberrantes, tendenciosas, tendentes a denigrar a Argentina como fuera.

R.A.:¿La Iglesia católica qué actitud tomó en aquellos momentos?
J.R.V.:La Iglesia cumplió con su deber, fue prudente, de tal suerte que dijo lo que le correspondía decir sin que nos creara a nosotros problemas inesperados. En más de una oportunidad se hicieron públicos documentos episcopales en donde, a juicio de la Iglesia, se condenaban algunos excesos que se podían estar cometiendo en la guerra contra la subversión, advirtiendo de que se corrigieran y se pusiera fin a esos supuestos hechos. Se puso en evidencia de que se debía concluir con esos excesos y punto, pero sin romper relaciones y sin exhibir un carácter violento, sino todo lo contrario. No rompió relaciones, sino que nos emplazó a concluir con esos hechos. Expresó lo que consideraba que no se estaba haciendo bien, porque podía corresponder a su terreno, pero no fue a más. Mi relación con la Iglesia fue excelente, mantuvimos una relación muy cordial, sincera y abierta. No olvide que incluso teníamos a los capellanes castrenses asistiéndonos y nunca se rompió esta relación de colaboración y amistad. El presidente de la Conferencia Episcopal, Cardenal Primatesta, a quien yo había conocido tiempo atrás en Córdoba, tenía fama de progresista, o sea proclive a la izquierda de entonces, pero cuando ocupó su cargo y yo era presidente del país teníamos una relación impecable. Y debe reconocer que llegamos a ser amigos y en el problema del conflicto, de la guerra, también tuvimos grandes coincidencias. La Iglesia argentina en general, y por suerte, no se dejó llevar por esa tendencia izquierdista y tercermundista, politizada claramente a favor de un bando, de otras iglesias del continente, que sí cayeron en ese juego. No faltó que algún miembro de esa Iglesia argentina entrara en ese juego pero eran una minoría no representativa con respecto al resto.

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R.A.:¿Y con los empresarios cómo fue esa relación?
J.R.V.: Los empresarios también colaboraron y cooperaron con nosotros. Incluso nuestro ministro de Economía de entonces, Alfredo Martínez de la Hoz, era un hombre conocido de la comunidad de empresarios de Argentina y había un buen entendimiento y contacto. Hubo algún roce, claro, como suele suceder, porque cada uno defiende sus intereses siempre. Pero, en general, fue una buena relación.

R.A.:Entonces, y volviendo a sus objetivos iniciales, ¿el Proceso había cumplido sus objetivos y por qué no abandonaron el poder?
J.R.V.:El Proceso había cumplido sus objetivos a mediados del año 1978, este es un punto crucial que quiero destacar. La pregunta era:¿Si el Proceso había cumplido sus objetivos porque no darlo por terminado? No había otra razón de ser, las cosas ya se habían hecho. O había que darle otro sentido. Y si así era, el Proceso iba a languidecer porque no tenía otra razón de ser en aquellos momentos. Nunca se planteó oficialmente esta cuestión que era crucial y fundamental. Había un sector perfeccionista de las Fuerzas Armadas que decía que ahora las cosas están bien y vamos a embarcarnos en otros problemas, a seguir trabajando hasta que las cosas sean perfectas, pero no era así, creo yo, porque los hombres no llegan nunca a la perfección absoluta. Los hombres no son perfectos, solo Dios lo es. Era tan sólo una forma de justificar el quedarse en el poder por quedarse. Y había un sector que decía que a este Proceso que habíamos comenzado había que darle otra razón de ser.

R.A.:¿Hablamos, entonces, de que las Fuerzas Armadas estaban divididas en ese momento?
J.R.V.: Este asunto sobre la naturaleza del Proceso no fue tratado oficialmente, pero el debate estaba ahí, subyacía esa división acerca de que dirección se quería tomar y había sus matices sobre cómo afrontar el futuro. Había que dar otra naturaleza, otro contenido al Proceso, pero también estaba la posibilidad de abandonarlo de una forma definitiva. Luego estaba el conflicto con Chile por las islas del Canal de Beagle y tenga en cuenta que estuvimos a punto, en diciembre de 1978, de llegar a una guerra. También quedaba el camino de una salida política ordenada de un Proceso que se había mostrado exitoso en el desempeño de sus funciones; en ese momento se podía negociar desde una posición óptima. Yo mantenía que el Proceso, en esos momentos, tenía que ser capaz de dejar su descendencia, es decir, hacer política de una forma que las Fuerzas Armadas transcendieran más allá del periodo histórico que ya habíamos superado.

¿Cómo? Dejando la herencia de un Proceso exitoso a los políticos que eran nuestros aliados y amigos, ese era el camino de entonces que yo defendí. Pero hay hubo otros problemas, ya que la política se hace con ideas y con hombres; las ideas eran las del Proceso, que llevamos adelante, y luego estaban los hombres, que tienen nombre y apellidos. Si en aquellos momentos se hubieran antepuesto los nombres y apellidos de algunos que estaban participando en el proceso, se hubiera roto la cohesión de las Fuerzas Armadas y este era un valor que no podíamos poner en juego y arriesgar. No podíamos darnos el lujo de romper la cohesión de las Fuerzas Armadas, estaban todavía en juego muchas cosas. Lamentablemente, en ese dejar pasar el tiempo el Proceso en sí languideció y llegó muy desgastado, sin presión externa, hasta fines del año 1979, en que la Junta hizo públicas las Bases políticas del Proceso y las sometía a la opinión de toda la comunidad argentina a cuyo frente se situaría el ministro del Interior de entonces para escuchar a todas las voces cualificadas de la sociedad argentina para consultarlos sobre esas bases o modificarlas. O, en su defecto, después de escuchar a todas las partes, enriquecerlas con nuevos aportes. Se trataba de establecer un diálogo productivo entre las autoridades y la sociedad argentina sobre estas Bases Políticas, pero había dos preguntas ineludibles: 1) ¿Si era conveniente la revisión del acuerdo en la guerra que habíamos librado contra la subversión?; y 2) ¿si estuvo justificado el levantamiento militar del 24 de marzo de 1976? La respuesta a la primera llegó al 70% y A la segunda, al 80% del acuerdo nacional, respectivamente.

LAS VÍCTIMAS DEL CONFLICTO: DISPARIDAD DE CIFRAS
R.A.:Hay una gran disparidad en las víctimas que se ofrecen desde la izquierda, desde las Madres de Mayo, y desde otros colectivos, ¿cuántas víctimas o desaparecidos hubo en Argentina entre 1976 y 1982?

J.R.V.: Hay una gran disparidad en las cifras que se ofrecen, como usted dice, lo cual le resta credibilidad a lo que se presenta o se intenta hacernos creer. No se puede pasar de un extremo a otro, es decir, de 32.000 que presentan algunos a a 7.000 cifrado por otras comisiones. Creo que este asunto tiene mucho que ver con las compensaciones o el resarcimiento económico que se le dio a las víctimas, o a los supuestos desaparecidos, y en este caso sólo se presentaron 7.000 personas para reclamar lo que les correspondía. Y esa indemnización era de 240.00 dólares por cada caso probado, una cifra nada despreciable, desde luego. Esa es la cifra real porque estamos hablando de la época del presidente Menem y la gente no tenía miedo ya de presentarse abiertamente para hacer sus reclamos. Los militares habíamos desaparecido ya de la escena política. Esa es la realidad, 7.000, frente a los 30.000 que reclaman las Madres de Mayo. ¿Cómo es posible que 23.000 personas renunciaran a esa ayuda?

Este dato demuestra que asistimos a una clara manipulación en el asunto de los desaparecidos, se trataba de alterar las cifras con un sentido político o con el interés de conseguir fraudulentamente una indemnización del Estado argentino. Fue un error de nuestra parte aceptar y mantener en el tiempo el término de desaparecido digamos como algo así nebuloso; en toda guerra hay muertos, heridos, lisiados y desaparecidos, es decir, gente que no se sabe donde está. Esto es así en toda guerra. En cualquier circunstancia del combate, abierto o cerrado, se producen víctimas. A nosotros nos resultó cómodo entonces aceptar el término de desaparecido, encubridor de otras realidades, pero fue un error que todavía estamos pagando y padeciendo muchos. Es un problema que nos pesa y no podemos quitárnoslo de encima. Ahora ya es tarde para cambiar esa realidad. El tema es que el desaparecido no sabe donde está, no tenemos respuesta a esta cuestión. Sin embargo, ya sabemos quienes murieron y en qué circunstancias. También más o menos cuántos murieron, luego cada cual que invente sus cifras.

R.A.:¿Por qué ustedes no le dieron un reconocimiento a las víctimas del terrorismo en Argentina, cuando es un asunto importante y todavía no resuelto en su país?
J.R.V.: Tiene usted razón, tenía que haberse abordado este asunto. El término víctima del terrorismo no fue tenido en cuenta, se veían muertos y víctimas por atentados, pero los consideramos víctimas como tales de estas acciones subversivas. Hubo también secuestros y asesinados, pero nunca se les vio como víctimas del terrorismo. En este momento, y visto con esta perspectiva, es algo que no se hizo. Se reivindicó a los combatientes, también se trabajó en la reivindicación de los presos políticos, que somos nosotros, y ahora se trabaja en esta última reivindicación, en la de las víctimas del terrorismo. Al margen de los combatientes y muertos, y de los presos políticos que estamos pagando un servicio a la patria, faltaban las víctimas del terrorismo y hay ya gente que está trabajando en este asunto, en la búsqueda de esa reivindicación, aunque si bien es cierto que todavía no se ha tenido éxito en lograr ese justo y merecido reconocimiento a ese colectivo por el que usted pregunta. Es un trabajo en él que se lleva trabajando desde hace años, pero este gobierno se niega a reconocer sistemáticamente que existieran víctimas del otro lado, ya que sí lo hiciera tendría que juzgar a los terroristas que produjeron aquellos hechos y actos que provocaron la existencia de víctimas. Fíjese que hasta en el gobierno de Menem había paridad y cierto respeto a las fuerzas de las dos partes que lucharon o se enfrentaron en aquellos años, incluso emite varios decretos que tienen una dirección simétrica hacia las dos partes. Reconoce con exactos argumentos a las dos partes.

Pero el gobierno actual se ha caracterizado por la asimetría y nos ha considerado solo a nosotros como la parte beligerante, como el Demonio que tiene que ser condenado y encarcelado. El otro Demonio, los terroristas o los guerrilleros, no existen, eran simplemente "jóvenes idealistas". Y los esfuerzos que se han hecho en presentar casos de víctimas con nombres y apellidos siguen abiertos esperando el sueño de los justos; la justicia, en un caso, llegó hasta la segunda instancia, pero ahí se extinguió la acción y la lucha sigue. El gobierno sólo reconoce a las víctimas de una de las partes, pero les niega todos los derechos a la otra.

R.A.:Hay un tema importante:¿Es cierto que se intentó recrear la Cámara Federal en lo penal y que no se encontraron jueces voluntarios?
J.R.V.: Fue real, fue tal como dice. La comunidad judicial de entonces estaba amedrentada. A partir de la amnistía de Cámpora, que terminó con todos los condenados por actos violentos en la calle, los jueces, por el contrario, fueron asesinados, cesanteados y tiroteados. Esa era la realidad de entonces, de antes de que llegáramos al gobierno. Este asunto no se llegó a tratar oficialmente, pero quiero señalarle que tampoco se encontraban los jueces que quisieran trabajar en el desarrollo del proyecto. No se pudo hacer, simplemente. Aunque quiero decirle algo, los decretos de Luder nos dieron todo el poder y competencias para desarrollar nuestro trabajo e incluso excedían lo que habíamos pedido; Luder, prácticamente, nos había dado una licencia para matar, y se lo digo claramente. La realidad es que los decretos de octubre de 1975 nos dan esa licencia para matar que ya he dicho y casi no hubiera sido necesario dar el golpe de Estado. El golpe de Estado viene dado por otras razones que ya explique antes, como el desgobierno y la anarquía a que habíamos llegado. Podía desaparecer la nación argentina, estábamos en un peligro real. No es que los militares nos levantáramos un día de la cama y nos hubiéramos dicho: ¡vamos a ir de cacería o a matar "jóvenes idealistas"! Nada de eso, había otras razones de otra índole. Pero realmente Luder nos había dado para la guerra todas las formas y medios que necesitábamos, en nosotros estaba el ser prudentes o no, queriendo reconocer que en algunos casos hubo excesos.

R.A.:¿Por qué la Junta no dio instrucciones más precisas, incluso por escrito, de lo que estaba haciendo y de las órdenes que impartía?
J.R.V.: Creo que órdenes existieron y fueron precisas, no puedo entrar en detalle ahora en todas ellas. Las órdenes estaban y los que las impartieron, que fueron asumidas por cada uno de los miembros de la cadena de la mando que las dieron. Creo, sinceramente, que fue así.

EL PRIMER JUICIO A LAS JUNTAS
R.A.:¿Usted cree que fue necesario que el presidente Raúl Alfonsín juzgara a las Juntas Militares en su momento?

J.R.V.: Alfonsín era un político claramente comprometido, no olvidemos que había sido abogado del grupo terrorista Ejército Revolucionario del Pueblo, el ERP. Luego estaba comprometido con la socialdemocracia europea, que fue la que le ayudó para llegar a la presidencia, tenía que tomar una medida punitiva para juzgar unos supuestos excesos que se habían cometido ante la sociedad y ante algunas críticas que se habían producido; entonces, para calmar esas críticas, toma esa medida. Pero creo que lo hizo con un poco de decoro y puntualizó que solo debían ser sancionados, detenidos, juzgados y condenados aquellos que hubieran cometido hechos aberrantes. No debían ser sancionados aquellos que se limitaron a cumplir las órdenes, en principio de lo que se llama la obediencia debida, dando lugar, más tarde, a la Ley de Obediencia Debida, que legislaba dicho concepto. Quien cumplía una orden sin rechistar ni preguntar no podía ser sancionado y la responsabilidad final debía de caer sobre el superior que daba la orden.

En definitiva, el planteamiento de Alfonsín era prudente y también consideraba la posibilidad de que fueran juzgados quienes se excedían en el cumplimiento de una orden e iban más allá. Acepto que este enfoque puede ser correcto. Alfonsín, además, cuando estalla el movimiento de los "carapintadas" (una asonada militar que tiene lugar en el año 1987), se da cuenta que las cosas pueden desbordarse y que los juicios no cesan nunca. Así establece la Ley de Punto Final, por la cual los jueces tienen un plazo de treinta días para procesar aquellos militares que consideren que tienen delitos pendientes. Entonces, hubo una carrera de muchos jueces por procesar en ese plazo a quienes consideraban culpables de algunos delitos y aquello se convirtió, todo hay que decirlo, en una caza de brujas, generando una gran inquietud en la sociedad y ello provoca que Alfonsín promulgue la Ley de Obediencia Debida. Se trataba de que las responsabilidades no se extendieran a todo el ejército y que sólo hubiera procesos para aquellos que tuvieron alguna importancia o jerarquía en la cadena de mando. Pese a todo, el juicio a las Juntas creo que fue un error y concluyo ya: nunca debió realizarse. Menem luego desenredó ese error, en cierta medida, y nuestro momento peor, hablo para los militares, es con la llegada de los Kirchner al gobierno. Ha habido una asimetría total en el tratamiento a las dos partes enfrentadas en el conflicto. Fuimos señalados como los responsables, ni más ni menos, de unos acontecimientos que no desencadenamos.

R.A.: ¿Cómo juzga al almirante Massera, tuvo diferencias con él?
J.R.V.:Hubo diferencias, claro, él era esencialmente un hombre político, algo que yo no era. Era un hombre muy político, quizá se equivocó eligiendo la profesión de militar y se dedicó a la profesión equivocada.

R.A.: ¿Por qué le juzgan en este momento?
J.R.V.:Como le había dicho al principio, Alfonsín se ciño al derecho con sus más y sus menos; la justicia funcionaba, a pesar de que se cometieron numerosos errores jurídicos durante nuestro proceso, como por ejemplo el principio de la no retroactividad, el principio del juez natural que fue vulnerado y otros errores de orden penal, por citar tan solo algunas deficiencias. Todo ello para llevarnos ante ese "teatro" que tuvo difusión mundial, pero así todo Alfonsín cumplió a su manera. Menem llegó después a la presidencia y también, a su forma, cumplió a través de los indultos y los perdones. Así llegamos al matrimonio Kirchner, que vuelve a retrotraer todo este asunto a la década de los setenta, y vienen a cobrarse lo que no pudieron cobrarse en esa década y lo hacen con un espíritu de absoluta revancha, con el complejo, y esta es una opinión personal, y con el agravante de quien pudiendo hacerlo no lo hizo en su momento. Estos señores eran burócratas que repartían panfletos y no mataron ni una mosca entonces. Y eso les da vergüenza, claro, y quisieron exagerar la nota de la persecución para sacar patente de corso, de malos de una película en la que no estaban. No, no, es la vendetta para una satisfacción personal sin razones, totalmente asimétrica, fuera de medida. Aquí no hay justicia, sino venganza, que es otra cosa bien distinta.

R.A.:¿¿No es sorprendente también que se hayan juzgados a oficiales y suboficiales que aquellos días tenían apenas una veintena de años o algo más?
J.R.V.: Mire, yo digo que si el juzgado en este caso, independientemente de su edad, lo es en función de haberse excedido en el cumplimiento de una orden está bien juzgado. Los demás, le aseguro, son todos juicios políticos, como parte de esa venganza, de esa revancha, como parte de ese castigo colectivo con que se quiere castigar a todas las Fuerzas Armadas. Este plan sigue una política gramsciana que esta gente cumple de punta a punta, disuadiendo a unas instituciones que han tomado como rehenes, creando desaparecidos que nunca existieron y vaciando de contenidos a la Justicia. Hoy la República está desaparecida, no tiene Justicia porque la que tiene es un esqueleto sin relleno jurídico; el mismo parlamento no tiene contenidos, está compuesto por ganapanes que temen que les vayan a quitar el puesto y se venden al mejor postor. No hay nadie en la escena política con lucidez capaz de hacerles frente. El país tampoco tiene empresarios porque están vendidos al poder. Hoy las instituciones están muertas, paralizadas, mucho peor que en la época de María Estela Martínez de Perón. Lo que me permite decir que no tenemos República porque no tenemos a las grandes instituciones del Estado funcionando. La Justicia, el Congreso y las demás instituciones, por no hablar de otros aspectos, no existen; las realidades no son así.

LA AUSENCIA DE UN JUICIO A LOS MONTONEROS
R.A.:¿Cómo es que los antiguos terroristas, los Montoneros, no hayan sido juzgados y condenados por los muchos crímenes cometidos?
J.R.V.: Alfonsín y Menem hicieron un acuerdo que era mitad y mitad, en el tema de los indultos me refiero. Los Kirchner son los que dijeron que no habría simetría en el asunto de la guerra que vivimos y nos señalaron a los militares como los malos, los responsables de crímenes de lesa humanidad, y a los terroristas como los buenos, como las víctimas de aquellos años terribles.

Esteban McLaren
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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:16 pm

A 37 AÑOS DEL
COMBATE DEL RIO PUEBLO VIEJO-TUCUMÁN
OPERACIÓN INDEPENDENCIA
de Roberto Breo.


El heroico Tte. Cnl. (R) RODOLFO RICHTER participó del primer combate librado entre el Ejército Argentino y el ERP, llamado Combate del Río Pueblo Viejo, dentro del Operativo Independencia. Dicho Operativo Independencia comenzó el 9 de febrero de 1975 en Tucumán y en octubre del mismo año se lo extendió a todo el país, a los fines de combatir al terrorismo que estaba asolando a la Argentina (ver decretos 261 del 5 de febrero de 1975 y 2770, 2771, 2772 del 6 de octubre de dicho año). Tales decretos fueron dictados por un gobierno al menos formalmente constitucional. El 14 de febrero de 1975 tuvo lugar el Combate del Río Pueblo Viejo, donde fallece el Cap. Héctor Cáceres y queda inválido el entonces Tte. Richter, infante, paracaidista y comando, miembro de la promoción101 del Colegio Militar de la Nación. Una vez retirado del servicio activo, el actual Tte. Cnl. Richter se licenció en Ciencias Políticas y curso el doctorado. Además, es profesor en la UCA. Palabras del Tcnl (R) Rodolfo Richter en elacto de reconocimiento que le hiciera la Promoción 101 al cumplirse, en el año2.005, el 30º aniversario del Combate del Río Pueblo Viejo. Aclaración El Tcnl RICHTER es Infante, aptitud especial deParacaidista y Comando. Licenciado en Ciencias Políticas, Profesor en la UCA y Doctor en Ciencias Políticas.Es además egresado del Liceo Militar General PAZ. Desde el 14 de febrero de 1975 y, por las secuelas del combate, yace en una silla de ruedas.



“Acepté este acto por dos motivos: El primero esque no soy insensible a los afectos y esto es como una mano muy grande y muy cálida que me da unas palmadas en el hombro. Y esa mano es la de mis camaradas .Es muy gratificante, me estimula y les estoy muy agradecido.

El segundo motivo es que me brinda una oportunidad para rendir homenaje a los hombres que cayeron durante el transcurso de la Operación Independencia. Es justo y es necesario que lo hagamos. Es justo porque hay hombres que murieron en combate ,heroicamente y que están siendo olvidados. Y es necesario hacerlo porque el país atraviesa por una crisis de valores y estos hombres encarnan valores que son un ejemplo no sólo para las Fuerzas Armadas sino para toda la juventud argentina.

Tenemos un ejército que ha sido criticado, cuestionado y de algún modo juzgado y condenado por ciertos sectores. Es necesario fortalecerlo; de la manera que ahora y siempre, aquí y en cualquier lugar se fortalecen los ejércitos. No con el material bélico, ni con efectivos, ni con presupuestos. Tampoco con palabras más o menos condescendientes de alguna prensa. Sino espiritualmente, con el ejemplo de la sangre derramada.

Yo no voy a hablar de todos los hombres que murieron porque no los conozco a todos ni conozco en detalle las circunstancias. Tampoco quiero generalizar porque en las generalizaciones se pierden detalles importantes referidos a las virtudes expuestas. Prefiero referirme solamente a un hecho del que fuí actor y testigo preferencial y a un hombre al que vi morir heroicamente en combate a mi lado: el Teniente 1º Héctor Cáceres. Comencé a ver en él a un hombre enamorado de su profesión y enamorado de su mujer a quién se refería con frecuencia. Los hombres que aman algo, por eso sólo, ya merecen respeto pero en los próximos días él daría motivos para que lo respetara mucho más.

Cuando llegamos a Tucumán nos encontramos con dos problemas: Por un lado teníamos a soldados del norte, muchos de ellos de la montaña o la puna, que tenían que operar en él y necesitaban un período de adaptación. Por otro lado la subversión había hecho la propaganda de que los oficiales mandaríamos al frente a los soldados como carne de cañón. Frente a esos problemas no cabían las palabras sino los hechos concretos. Nació la idea de que los oficiales y suboficiales debíamos entrar a la cabeza de nuestras respectivas fracciones. No se trataba de amontonarnos absurdamente, todos, en los primeros puestos sino de que marcharíamos más delante de lo que marca la doctrina. La idea flotaba en toda la Fuerza de Tarea; no era de Cáceres exclusivamente, pero él era uno de los que más repetía la frase: "Los oficiales y suboficiales debemos entrar a la cabeza de nuestras respectivas fracciones".

Ese fue el carácter que tuvo cada incursión en los cañaverales. Cáceres no murió de casualidad o porque tuvo mala suerte. Cáceres murió porque fue a desafiar al peligro. No fue el desafío delos arrogantes sino de alguien que creía que ese desafío era inevitable de acuerdo a la misión impuesta y a los valores que había que defender.

El combate de Pueblo Viejo tuvo lugar entre la autodenominada "Compañía de Ramón Rosa Jiménez", unos 80 guerrilleros o más y un Equipo de combate del Grupo de Artillería de Montaña 5 al mando del Capitán Jones Tamayo. Agregados al Equipo de combate iba un grupo del Regimiento de Infantería de Cáceres y yo. En total unos 60 hombres. Nosotros volvíamos de un reconocimiento marchando de oeste a este. La "Compañía D" lo hacía de norte a sur. Su intención era irse de la zona de operaciones a fin de que el ejército cayera en el vacío. Lograron ese objetivo, probablemente en los días posteriores al enfrentamiento, pero como el ejército no se fue de la zona y la subversión no podía abandonar todo el trabajo que habían hecho durante casi un año, al tiempo volvieron. El combate fue tan sorpresivo para ambas partes que durante mucho tiempo el ejército creyó que los subversivos nos habían emboscado y a su vez los subversivos creyeron que nosotros los habíamos emboscado a ellos. En un momento del enfrentamiento "La Compañía D" inició el repliegue a fin de no quedar aferrada y mantener la libertad de acción. Por esa razón y porque se avanzaba en columna de a uno por las características del terreno, algunos hombres no alcanzaron a empeñarse. Fui herido en la primera parte del combate cuando chocaron las puntas de infantería. Grité: ¡Cáceres estoy herido! Creí que sería rescatado cuando nuestro avance progresara. Pero no, Cáceres vino directamente hacia donde yo estaba en un pequeño claro. A mi no me tiraban seguramente pensando: para que vamos a delatar la posición tirándole a uno caído. En cambio a Cáceres, cuando se tiró cuerpo a tierra a mi lado, le dispararon desde unos20 o 30 metros y lo mataron. No dijo nada al morir; no necesitaba decir nada ,su acción lo había dicho todo.

Recuerdo Pueblo Viejo como un gran día. Se podrá decir cómo puede ser un gran día si murió un camarada y quedaron dolores y secuelas irreversibles. Pero tal vez por una cuestión de supervivencia, cuando algo es irreversible se lo termina dejando de lado y en cambio se busca rescatarlo que hay de positivo dentro de lo negativo. En ese sentido Pueblo Viejo fue un gran día por dos motivos: Primero, porque tuve la oportunidad de combatir, de sentir el fusil bramando en las manos y no precisamente en un polígono. Es una suerte grande. Muchos compañeros han deseado combatir y nunca se les dio esa oportunidad. La Argentina ha tenido dos conflictos pequeños que no permitieron el empleo masivo de los hombres de las Fuerzas Armadas y muchos camaradas pasaron a retiro sin haber podido cumplir ese anhelo.


Tuve la suerte de combatir y también de presenciar acciones que enaltecen el espíritu humano. Creo que en toda empresa ,en toda actividad siempre hay alguna defección o alguien que no está a la altura de las circunstancias. Creo que eso es normal. Sin embargo en Pueblo Viejo no ví nada de eso. Me siento orgulloso de haber combatido con los hombres que ese día combatieron a mi lado. Siento por ellos un entrañable cariño… Ellos realizaron actos que, vuelvo a repetir, enaltecen el espíritu humano. Relataré algunos hechos: El Subteniente Arias pasó al asalto a la cabeza de su sección. Fue herido en el cuello, el único herido de su fracción, y no obstante ello continuó combatiendo algunos minutos más. El Cabo 1º Orellana fue herido cuando iba de hombre punta. Logró reponerse y abrir el fuego sobre un guerrillero próximo. Ese día ningún soldado murió o fue herido. Eso fue la consecuencia de aquella intención de que los oficiales y suboficiales marcharían más adelante de lo que marca la doctrina. Cáceres no fue el único hombre que acudió en mia yuda. Hubo otro más y a él le debo la vida. Está en estos momentos en este lugar y seguramente se debe estar poniendo colorado. Él, así como demuestra coraje en el peligro, huye de los halagos. Hace treinta años mi madre le dijo: "Gracias por salvar la vida de mi hijo" y él no sabía donde ponerse.

Me estoy refiriendo al General Grandinetti. En aquel momento el Capitán Grandinetti apareció con su helicóptero. A los heridos no se nos podía sacar llevándolos a pié y luego en camión hasta el hospital militar de Tucumán. No llegaríamos. Al menos yo, seguro que no llegaba. Había que sacarnos en helicóptero, pero el único lugar para bajar era el río, a través del cual también se había estado combatiendo. Si bien el enemigo había iniciado el repliegue, nadie tenía la certeza de que no quedara uno en la otra margen y abatiera con facilidad la máquina que a su vez disponía de escaso combustible. Creo que una medida prudente hubiera sido no bajar. Pero Grandineti bajó lo mismo. Seguramente hizo un cálculo respecto a los riesgos y al combustible; pero debe haber sido un cálculo muy justo, sin margen de error, que requería sangre fría y valor. A lo largo de treinta años uno se ha hecho muchas preguntas referidas a las conductas propias y ajenas de aquel día. ¿Qué habrá sentido uno u otro? ¿Cuáles fueron sus motivaciones más intimas? etc. Yo llegué a descubrir, más adelante, que lo de Grandineti no fue sólo valor.

El tiene una gran sensibilidad por el dolor ajeno. Por eso bajó. Antes de ser rescatados, a los heridos nos llevaron a un lugar que era también el puesto de comando del jefe del Equipo de Combate, el Capitán Jones. Lo mirábamos a Jones casi permanentemente ya que deél saldría la información del momento en que nos sacarían. Creo que con esas miradas le pusimos una gran presión. Y él estaba presionado por todos lados. Grandineti, cuando apareció en el aire exigió que quienes estaban al sur del Río Pueblo Viejo se identificaran, de lo contrario dispararía. En la radio salía la voz de Grandineti pero de tierra no lograban contestarle. Entonces nos tiró un cohete y luego Jones pudo comunicarse.
Grandineti: ¡Todavía le reprochamos ese cohetazo! No, es una broma.


En la milicia nos han enseñado que para conducir hay que tener la cabeza fría y el corazón caliente. Y no es lo mismo la forma de conducción en la paz que en combate. Ví a Jones conducir con la cabeza bien fría y sé por la actuación que él tuvo a lo largo de la Operación Independencia que es un hombre con la sangre bien caliente. Tiempo después me enteré que el 14 de febrero es el día de los enamorados. La fecha es todo un símbolo porque nosotros también ramos enamorados. Amábamos ciertos valores y como éramos jóvenes expresamos ese sentimiento con pasión. Los que combatimos allí nunca nos creímos mejores que nadie, tampoco peores. Cometimos errores técnicos y tácticos, al menos yo; pero suplimos esos errores fervorosamente, apasionadamente. Ahora nos estamos volviendo un poco viejos pero no hemos dejado de amar aquello por lo que luchamos. Y creo que de eso se trata, de una cuestión de amor. Creo que la palabra amor y también la palabra eternidad sirven para definir a las partes del conflicto que involucró al ejército y que lo involucra también hoy.


El Ejército Argentino tiene hoy enemigos. No son iguales a los de hace treinta años. Aquellos, hay que reconocer, se pusieron un uniforme, empuñaron un arma y pelearon. Los de ahora no. No quieren destruir al ejército sino disolverlo. Odian al ejército no por los errores históricos y políticos que pudo cometer o por algunas crueldades cometidas durante la lucha contra la subversión. Eso creo que no les importa mucho. Odian al ejército porque está formado por hombres que juran de por vida, que tienen lealtades y compromisos, amores en definitiva, de por vida; que creen en verdades permanentes, eternas. Eso les repugna. Cuando no lo atacan es porque creen que ya no tiene el mismo espíritu o la misma mística. Me resisto a darle a ese enemigo un nombre de carácter ideológico. Los hechos han demostrado que las ideologías se mudan o que son meros instrumentos de otras motivaciones más profundas. Motivaciones que están en la psiquis, en el corazón y hasta en las vísceras de los hombres. Nuestros enemigos exaltan al hombre que vive la mera existencia, sin fé, sin trascendencia, sin dignidad, sin gloria sin amor en última instancia. Creen que todo es efímero, que nada es permanente. Frente a ellos, nosotros los ingenuos; los que todavía creemos que existen valores eternos, que hay una patria para siempre, instituciones para siempre y también un ejército para siempre.


Cuando éramos muy jóvenes levantamos muchas banderas. Algunas se diluyeron, otras, nosotros mismos las arriamos porque no tenían identidad de tales. Sin embargo hay una o dos que todavía permanecen allí arriba. Son viejas pero firmes y genuinas... No caerán y si caen tendremos que caer con ellas. Queremos ser fieles a ellas y por tal motivo no vamos a renegar a las mismas. No claudicamos, no dudamos, no nos arrepentimos... ni queremos que nadie tenga la osadía de arrepentirse por nosotros…

Finalmente quiero rendir un homenaje al Tte. 1ºCáceres. Quiero que le dediquemos un minuto pero no de silencio. Permítanme el atrevimiento de alterar esa costumbre. Prefiero algo más acorde al coraje, al empuje y a la vitalidad de Cáceres:
Camaradas, La marcha de San Lorenzo, por favor...

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Marcha de San Lorenzo.


Rodolfo Richter TCnl (R) Promoción 101

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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:16 pm

"Estoy herido, ataque!"
Combate de Pueblo Viejo

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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:17 pm

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El 26/02/1976 en San Fernando, provincia de Buenos Aires, fueron asesinados los agentes de la Policía Bonaerense Daniel Gerardo Laurino (35 años, vestido de civil) y Carlos Alberto López (26 años, uniformado). Alrededor de las 8.00 ambos esperaban el colectivo, cuando un auto con 3 terroristas se acercó y les disparó una ráfaga de ametralladora. Luego los terroristas se bajaron y los remataron cuando yacían en la calle. Les robaron sus armas reglamentarias y documentos.
Volver a casa después del trabajo era tan peligroso para un policía como su misma actividad. Jacinto Gaibur explica que "Para entrar a Montoneros nos pidieron que matáramos a tres vigilantes."
Acompañamos a sus familias y reclamamos el esclarecimiento de estos 2 atentados terroristas. ¡Justicia, Verdad y Reparación para las víctimas!

CETyV

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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:17 pm

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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:32 pm

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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:33 pm

Carta abierta de un ciudadano argentino en recuerdo y homenaje a los "Bravos de Manchalá"


MANCHALA.- ERAN DOCE MAS SUS JEFES

“Caminante, ve a Esparta y diles a los espartanos que por obedecer sus leyes aquí yacemos”
Simónides de Ceos, poeta griego


Eran doce Soldados Salteños mandados por dos Suboficiales. Estaban ese día, 29 de mayo, en Manchalá. Ni siquiera tenían la pretensión de ser Militares. Sólo cumplían las Leyes de la República Argentina, en especial esa que imponía a los ciudadanos a cumplir con el Servicio Militar y habían ido allí por orden de un Gobierno Constitucional. La mañana del 29 de mayo de 1975 los sorprendió pintando la escuela de Manchalá. Un poco más tarde la historia los puso en un brete del que todo hombre recela pues siempre tiene la duda de cómo responderá. Sin embargo, no dudaron, ¿Cómo iban a dudar si habían crecido escuchando en cuentos y consejas las historias de los Infernales que con Don Martín le guardaron, a pura lanza, la frontera norte a San Martín?, ¿Cómo iban a rehuir el combate si eran de la estirpe que le puso el pecho a cuanto bandido quiso asolar su provincia?. No preguntaron, ellos, los doce Soldados Salteños de Manchalá y sus Jefes, cuantos eran los otros. Solo sabían que eran muchos más que ellos pero respondieron al plomo con el plomo y en esas horas en que jugaron con la muerte se ganaron para siempre el mote de “Los bravos de Manchalá”.


Un pueblo agradecido y un Ejército- era otro Ejército-, orgulloso levantaron en el cuartel donde se formaron un túmulo para recordar su coraje. Hoy, si se han cumplido con presteza las órdenes de un obsecuente ministro y unos generales más preocupados en cobrar sus sueldos el 29 de cada mes que en formar Soldados, el monumento ha sido demolido. Los enanos de la revancha trabajan rápido y sin pausa, e inclusive han obligado a empleados uniformados- amenazándolos, seguramente, con hacerles perder su pitanza ganada a fuerza de agachar la cabeza- para que aprieten a Soldados que se han animado a expresar lo que su honor les imponía.

Quizás, la demolición del monumento sea lo mejor. La frase de Simónides que alguna vez fue tallada en una piedra en las Termópilas quizás duró más tiempo que el Monumento a los Bravos de Manchalá- las inclemencias del tiempo son más generosas que la bajeza de los hombres- pero sirvió, aún después de desaparecer hace más de dos mil años, para hacernos saber que el coraje y el amor a la Patria prevalecen.

JOSE LUIS MILIA
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P.S.: El uso de mayúsculas y minúsculas para determinados empleos o grados no es errático. Es sólo una manera de mostrar el respeto o el desprecio que los actores de esta historia me provocan

Tiempo Militar

Esteban McLaren
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Re: La Guerra contra la Subversión, 1973-1976

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