La Guerra del Paraguay, 1865-1870

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La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:45 pm

Thread unificado de todas los posts sobre la guerra.


Originalmente publicado por Yaguarete_AR
Las amenazas al orden gestado en Pavón: las montoneras provinciales

El peculiar orden gestado en Pavón a través de la alianza entre Urquiza y Mitre contaba con el respaldo otorgado por varios gobiernos liberales en las provincias. No obstante, el cuadro de las provincias después de Pavón distaba de ser homogéneo. Ciertos caudillos y gobernadores provinciales resistían la autoridad del vencedor de Pavón e incluso esperaban un nuevo "pronunciamiento" de Urquiza, esta vez contra Mitre. Entre estos caudillos provinciales que desafiaban el orden mitrista estaba el riojano Angel Vicente Peñaloza, apodado el "Chacho", quien inició desde La Rioja a principios de 1862 un movimiento contra los liberales que deponían gobernadores urquicistas.
Dada la dificultad de vencer a la montonera, que no presentaba batalla abierta, Mitre decidió negociar -como en los días de Pavón- a despecho de los elementos intransigentes que desde el liberalismo porteño y provincial deseaban el exterminio del caudillo, como un jalón en la lucha de la "civilización" contra la "barbarie", que, entre otros, predicase Domingo Faustino Sarmiento desde su obra Facundo. Para alivio de Mitre, la paz se firmó el 30 de mayo en La Banderita, acordándose que el "Chacho" se encargaría de pacificar La Rioja con la ayuda de su lugarteniente, el teniente coronel Felipe Varela. Se mantuvo así la calma, aunque sólo por un tiempo. Un año más tarde, Peñaloza resurgió ante la difícil situación económica de la provincia que llevaba a sus paisanos a optar por la vida montonera. Las injusticias sufridas por los habitantes de las provincias a causa de la guerra civil eran otro aspecto de la situación, expuesto por Peñaloza al presidente Mitre el 10 de abril de 1863, en los siguientes términos:

Después de la guerra exterminadora no se han cumplido las promesas hechas tantas veces a los hijos de esta desgraciada patria. Los gobernantes se han convertido en verdugos de las provincias, atropellan las propiedades de los vecinos y destierran y mandan matar sin forma de juicio a ciudadanos respetables por haber pertenecido al Partido Federal. (1)

A diferencia de la actitud negociadora adoptada durante la primera guerra del "Chacho", Mitre encomendó al más encarnizado enemigo del caudillo riojano, Domingo Faustino Sarmiento, la "guerra de policía" contra Peñaloza y sus fuerzas. Sarmiento, gobernador de San Juan y director de la guerra por nombramiento de Mitre, junto con otros generales mitristas, hostigaron al Chacho, quien terminó siendo derrotado y asesinado por el coronel mitrista Irrazábal.
En síntesis, la tarea a desarrollar por Mitre sería harto compleja: organizar el Estado Nacional, garantizar la modernización económica, crear los mecanismos adecuados para el funcionamiento de un país unificado pero no uniformado. Las luchas facciosas afectaban tanto al liberalismo como al federalismo, amenazando a sus respectivos jefes, Urquiza y Mitre, quienes buscaron mantener el orden a cualquier precio. En el particular caso de Mitre, el precio fue el compromiso en una guerra internacional contra el régimen paraguayo de Francisco Solano López. En el de Urquiza, se trató de adoptar un rol pasivo respecto de auxiliar a las montoneras provinciales -que conspiraban contra el orden mitrista- y al presidente paraguayo. Este rol pasivo de Urquiza implicaba la reafirmación de la alianza implícita convenida con Mitre en Pavón. Para el presidente argentino, empujado por los liberales tanto nacionalistas como autonomistas, la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay constituyó uno de los instrumentos adoptados -el más extremo y evidente quizás- en la búsqueda de la consolidación de un Estado nacional que necesitaba superar la lucha facciosa para concluir exitosamente este nuevo intento de organización.

NOTA

1. Carta del "Chacho" Peñaloza al presidente Bartolomé Mitre, 10 de abril de 1863, citada en Haydée Gorostegui de Torres, La organización nacional, Colección Historia Argentina, vol. 4, Buenos Aires, Paidós, 1972, pp. 75-76.

Esteban McLaren
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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:46 pm

Las causas de la guerra

Uno de los aspectos más polémicos de la Guerra de la Triple Alianza es la identificación de sus causas, existiendo relevantes diferencias de interpretación. Algunos historiadores (el caso del británico Pelham Box, la corriente liberal argentina o el paraguayo Cecilio Báez) centran su análisis causal en la conducta del régimen de Francisco Solano López, presentándolo como un gobierno poco prudente respecto de su política en el Río de la Plata. De este modo, López sería el responsable del estallido de la Guerra de la Triple Alianza.
Otros, en cambio, (el revisionismo argentino con José María Rosa y Miguel Angel Scenna) responsabilizan de la guerra al Imperio del Brasil -y particularmente a los intereses ganaderos de Río Grande- por su política intervencionista en el Uruguay, causa eficiente del conflicto con Paraguay pues el intervencionismo brasileño en Uruguay, respaldado por la Argentina, afectaba el equilibrio del área rioplatense que el régimen de Solano López estaba dispuesto a defender. La línea de este razonamiento implica que López decidió intervenir en la crisis oriental temiendo una futura intervención conjunta argentino-brasileña en territorio paraguayo.
Otra causa alegada por el revisionismo es la existencia de problemas limítrofes pendientes de Paraguay con la Argentina y Brasil, disputas territoriales no solucionadas y que tenían clave económica (el reclamo argentino en Misiones y el Chaco Central, el del Imperio en el norte y noreste de Paraguay, áreas ricas en yerbales)- agravadas por el problema de la fortaleza de Humaitá para la libre navegación del río Paraná. También figura en el enfoque revisionista como factor causal de la guerra la presión de la diplomacia británica para que López abriera su economía, que llevó al ministro británico en Buenos Aires y Asunción, Edward Thornton, a dar luz verde a la política mitrista contra López y los blancos uruguayos.
Otro factor que aparece en los revisionistas argentinos y en historiadores como el oriental Luis Alberto de Herrera o el paraguayo Cecilio Báez como un detonante de la Guerra de la Triple Alianza es la crisis oriental, y, en el caso específico de Báez, el poder de sugestión de la diplomacia oriental sobre Solano López para que éste adoptase una actitud intervencionista en la crisis entre blancos y colorados, respaldando a los primeros en nombre de la defensa del equilibrio en el Río de la Plata. De acuerdo con esta línea argumental que centra su causalidad en la crisis uruguaya, ante la intervención argentino-brasileña a favor de los colorados, los blancos que estaban en el gobierno uruguayo decidieron ir en busca de López, quien intervino como garante del equilibrio amenazado en el área rioplatense. (1)
Finalmente, Halperín Donghi y McLynn desechan las argumentaciones anteriores como causas directas de la Guerra de la Triple Alianza. Para ellos, el expansionismo brasileño, los recelos del régimen paraguayo de Francisco Solano López, la crisis interna oriental expresada en la lucha entre blancos y colorados, los intereses económicos de Río Grande, serían más bien factores estructurales que operaban en el panorama rioplatense. Pero el gatillo que hizo estallar el conflicto fue para ambos autores la actitud de la diplomacia mitrista respecto de Paraguay, vinculando la Guerra de la Triple Alianza con el proceso de formación y consolidación del Estado nacional argentino, objetivo éste al que Mitre apuntó. (2)

NOTAS

1. Ver Luis Alberto de Herrera, La diplomacia oriental en el Paraguay, Montevideo, Barreiro y Ramos, 1908, y Cecilio Báez, Resumen de la historia del Paraguay desde la época de la conquista hasta el año 1880, Asunción, H. Kraus, 1910. Un resumen de estas causas puede apreciarse también en el trabajo de Harris Gaylord Warren, Paraguay and the Triple Alliance. The Postwar Decade, 1869-1878, Institute of Latin American Studies, The University of Texas and Austin, University of Texas Press, 1978, p. 8.

2. T. Halperín Donghi, op. cit.; F.J. McLynn, "The Causes of the War of Triple Alliance: An Interpretation", Inter-American Economic Affairs, Vol. 33, Nº 2, Autumn 1979.

Esteban McLaren
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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:46 pm

Versión argentina liberal: el rol expansionista de López

Para la escuela liberal -sobre todo en la versión de Bartolomé Mitre como historiador y en la de los columnistas de su diario La Nación-, el régimen paraguayo representaba la violación de la libre navegación de los ríos y de la "libertad" que defendía el partido mitrista. Asimismo, los autores de extracción liberal -empezando obviamente por el propio Mitre- presentan el régimen de López como un "régimen tiránico y expansionista" que tuvo por objetivo enfrentar y amenazar los intereses de la República Argentina, como lo habían hecho sus antecesores desde los tiempos de la Revolución de Mayo. Por oposición, Mitre presenta al Imperio del Brasil como un "régimen democrático" que no tenía deseos de expansión territorial. En el análisis del mitrismo, la Argentina no tenía deseos expansionistas, adoptando respecto de la crisis oriental una postura neutral. De este modo -y de acuerdo con este enfoque- Flores obró por su cuenta en los sucesos de abril de 1864.
Según Ramón J. Cárcano, miembro de la Academia Nacional de la Historia y también representante de este enfoque liberal, existen dos responsables en los sucesos que tuvieron lugar en el Estado oriental y que desencadenaron la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay: el mariscal Francisco Solano López y el expansionismo brasileño. Respecto del primer factor, sostiene que López "considera destruido el equilibrio del Río de la Plata con la caída de Paysandú, la ocupación militar de Montevideo, y la imposición de la presidencia del general Flores por las armas imperiales (...). (1) Respecto del segundo, el desprecio de las autoridades imperiales por la protesta de López contra el ultimátum brasileño al gobierno oriental y la intervención de Río de Janeiro en territorio uruguayo para derribar a los "blancos" del gobierno de Montevideo, resultan factores que según Cárcano movieron a López al enfrentamiento con Brasil.
El historiador liberal presenta al almirante brasileño Tamandaré y al mariscal paraguayo López como dos personajes convencidos de que había llegado el momento de la guerra. El primero creía así interpretar mejor el pensamiento del emperador brasileño. A su vez López estaba resuelto a defender el equilibrio rioplatense amenazado por la injerencia brasileña en territorio oriental. Incluso Cárcano cita una frase expresada por Francisco Solano López que reflejaba este convencimiento de que la guerra contra Brasil, que tanto había rehuido su padre Carlos Antonio, era inevitable: "Si no pegamos ahora (...) tendremos que ir a las manos con Brasil en algún otro momento menos conveniente para nosotros". (2) Solano López estaba persuadido de que no podía asegurar la independencia paraguaya, ni la fijación de sus límites con Brasil y la Argentina, ni el dominio de los ríos, sin enfrentar y vencer al Imperio. Decía Solano López: "Soy soldado, y tengo que declarar la guerra a Brasil. Es preciso hacerme respetar por las Repúblicas vecinas, dando una lección al Imperio". (3)
Cárcano, como en su tiempo el propio Mitre, subraya la actitud de neutralidad argentina respecto de la Guerra de la Triple Alianza:


(...) Argentina no altera su postura inicial. Rehusa reiteradamente participación en la contienda y renueva gestiones por la paz. Procura conservarse en su neutralidad, que algunos llaman de forma, y consolidar la unidad nacional todavía incipiente y movible. Esta actitud no le impide afirmar su condición y simpatías por Brasil, como alta expresión de orden y cultura americana. Está resuelto a colaborar moralmente para terminar la guerra, en la seguridad de mantenerse intacta la independencia e integridad de Uruguay. (...)
El general Mitre recién asciende a la presidencia de la nación pacificada y unida, pero todavía no consolidada. Empieza a organizar los diversos resortes de gobierno. No tiene todavía bien establecidas las aduanas, ni el régimen financiero, ni el orden económico. La nación carga con un presupuesto de $ 8.300.000 oro, y una fuerte, pesada deuda exigible. Las provincias viven en la mayor estrechez. Sus pocas industrias son rudimentarias y el comercio de importación y exportación muy reducido.
Aparte de las razones políticas, se impone al país la neutralidad en la guerra de Paraguay por la situación precaria de su administración y economía general. El gobierno no está en condiciones de distraer hombres y recursos fuera de la nación, pues en ella se sienten aún los fogonazos de la guerra civil. La necesidad imprescindible de observar la neutralidad y mantener la paz está en la conciencia, el sentimiento y las conveniencias del presidente general Mitre y del pueblo que gobierna.(...) (4)

Asimismo, Cárcano presenta tanto a Mitre como a Urquiza como opuestos a la guerra y partidarios de la neutralidad argentina. Dice Cárcano:

Urquiza (...) Quiere salvar la unidad nacional, la obra de Caseros y Pavón.
Escribe al presidente Mitre, sosteniendo la neutralidad y la paz delante del conflicto con el Imperio. Nunca la guerra, porque es impopular y resistida.
Comunica al presidente (Mitre) las cartas del mariscal (López). Envía varias veces a Benjamín Victorica para informarle ampliamente sobre la situación. Gestionar un subsidio para reforzar el presupuesto de Entre Ríos, es la razón ostensible del último viaje. Obtiene una subvención de diez mil pesos fuertes por mes. Se publica de todas formas para demostrar la buena amistad solidaria.(...)
Más tarde envía a Salvador María del Carril (...) Demuestra la necesidad de la paz y los peligros de la guerra. Hay que mantener firme la neutralidad para sujetar las facciones internas, pero desde el momento que la República sufra una agresión extranjera, la espada de Caseros se pondrá bajo las órdenes del vencedor de Pavón. Prevalece el sentimiento nacional sobre las pasiones bravías. (5)

Por otra parte, el texto de Cárcano pareciera implicar que el presidente Mitre apeló a una variante argentina de la "diplomacia del patacón" imperial -a la que resultaba tan permeable Urquiza- con el fin de obtener del caudillo entrerriano una alianza crucial para mantener el orden tan difícilmente gestado en Pavón.

NOTAS

1. Ramón J. Cárcano, Guerra del Paraguay. Orígenes y causas, XLIX, cit. en Ramón J. Cárcano, Guerra del Paraguay. Acción y reacción de la Triple Alianza, Vol. I, Buenos Aires, Domingo Viau, 1941, p. 37.

2. Ibid., pp. 37-38.

3. Ibid., p. 41.

4. Ibid., pp. 38 y 101-102.

5. Ibid., p. 137.

Esteban McLaren
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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:46 pm

Origins

Although many historians commonly trace the coming of war through the 1862s, some roots of it were present as early as the colonial period.

Portugal and Spain have disputed La Plata Region (Uruguay, Northwest of actual Argentina and South Brazil) since the animosity of the two metropolis emerged in Europe in the XVII century.

When the colonial countries conquered their independence in the beginning of the XIX century, they inherited the boundary conflicts from those two nations.

The struggle for hegemony involved foremost the government of Buenos Aires ( Argentina's capital) and the Brazilian Empire. After many boundary skirmishes, both went to war over the disputed Uruguay. In 1827, a combined Argentine-Uruguayan force defeated the Imperial Army on the Battle of Passo do Rosário (the Argentinean called it Ituzaingó). Nevertheless, on the sea the Imperial Navy imposed its predominance over the foes. Thanks to this dilemma, Uruguay obtained the independence in 1828.


Brazilian Troops on the way to Uruguay in the beggining of the XIX century. Picture by Jean Baptiste Debret


Buenos Aires also had its own problems with the surroundings Argentinean Provinces. In fact, they have never accepted Buenos Aires' hegemony in the confederation. They waged war on each other several times. The only thing that could keep them together was their common hate for the Brazilian Empire.

Threatened by Buenos Aires pretensions of incorporating it to Argentina, Paraguay conquered its independence after the Battle of Tacuarí in 1811. Nevertheless, Paraguay would not be free of concealed menaces for almost fifty years. Brazilian Empire also had contentions against Paraguay over the Apa River region.

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Finally, there was Uruguay, that had to play a dangerous game to keep its independence, surrounded it was by the two South America giants: Brazil and Argentina.

In such web of contradictory interests, caution should be a virtue, mainly by the two smallest countries of the region. Carlos Antonio López, Solano López' father, was aware of it. He had decided for a non-interventionist policy, even when Brazil called for his aid to back an alliance against the Argentinean dictator Juan Manuel Rosas in 1852.

When Solano López assumed power after his father's death in 1862, he came closest to Uruguay's Blanco faction. When Brazil intervened in the habitual strife between the Blanco and Colorado wings in benefit of the last one on August 1864, López assumed it as a threat to Paraguay's interests. He sent an advice to Rio de Janeiro's government not to break the tenuous balance of Uruguay's internal policy.



On October 16, 1864 the Imperial Fleet blocks Montevideo (Uruguay's capital) and 4,000 troops cross Brazil-Uruguay boundary. A casus belli for Solano Lopez.


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Pagina de Ulyses Costa (Brasil).

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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:46 pm

Captura de los barcos argentinos “25 de Mayo” y “Gualeguay”
de la ADGP saqué este enlace,



Es muy interesante, porque es el relato por parte del capitan argentino del "25 de Mayo" de la captura y deguello de parte de la tripulación por parte de los paraguayos.


"Lo que sigue es parte de las memorias del Capitán de Fragata Constantino, publicadas en folleto en 1906, ya que el autor dispuso que si las creían de alguna importancia las publicasen después de su muerte. Falleció el 22 de Agosto de 1905.

El 1ro de Abril salimos de Buenos Aires, a bordo del vapor nacional “25 de Mayo” con destino a Corrientes. Llegamos a ese puerto el día 11 donde se encontraba también el vapor “Gualeguay”. El día 13 del mismo mes (Jueves Santo) a las 6 de la mañana encontrándome sobre cubierta pues estaba de guardia, avisté cinco vapores que venían en dirección a nosotros. Tomé el anteojo para ver mejor y por este medio dime cuenta de que eran vapores paraguayos armados a guerra y tripulados por 3000 hombres más o menos, vestidos de colorado y bien armados. Se dirigían al puerto de Corrientes.

Al llegar frente al vapor “25 de Mayo”, el jefe de la escuadra paraguaya hizo señal de cambiar la línea y prepararse a combate. Esto lo comprendí porque el libro de señales de ellos era igual que el nuestro. Al ver esta evolución avisé inmediatamente al 2do Comandante, capitán Domingo Olivieri, que me ordenó hiciera cargar la batería a bala y metralla y tuviera la infantería lista, preparando también una mecha en la Santa-Bárbara por si el enemigo venía al abordaje y no nos diera tiempo a defendernos.

Sin embargo, a pesar de la maniobra que habíamos visto, saludamos con la bandera al enemigo, pero éste no contestó a nuestro saludo, lo que nos convenció de las intenciones hostiles con que se presentaba, y de la verdad de los díceres que corrían, de que así iba a suceder.

Sin esperar más, mandamos enseguida a llamar al comandante de nuestro buque, D. Carlos Mazzin, que se hallaba en tierra, viniendo éste inmediatamente a bordo, pues casualmente venía cuando le avisaron. Una vez a bordo, nos ordenó que nos desarmáramos pues el no tenía ninguna instrucción respecto a este incidente, y nos dijo también que el señor Gobernador Lagraña le había manifestado que no tuviese cuidado con la escuadra paraguaya, puesto que ésta no tenía nada que ver con nosotros. Pero cuando se le dio cuenta de las maniobras que habíamos visto hacer comprendió que habíamos sido traicionados y que nosotros seríamos la carnada, y así sucedió!.

Para cualquier maniobra de nuestra parte, era ya tarde; puesto que acto contínuo cargaron sobre nosotros dos vapores paraguayos, el Legoré y otro cuyo nombre he olvidado, uno a babor y otro a estribor. Los demás hicieron fuego a tierra y al vapor argentino “Gualeguay” que estaba atracado a la costa con planchada a tierra, por lo que pudieron salvarse los oficiales y tripulantes de este buque, abandonándolo por completo. La autoridad Provincial también abandonó la ciudad quedando por consiguiente sólo nosotros en poder de la escuadra pirata.

Como dije antes, vinieron al abordaje de nuestro buque, vapor “25 de Mayo”, dos vapores paraguayos, el Legoré con 300 hombres y el otro con 200, y sin darnos tiempo a nada, que aunque lo hubiéramos tenido nada hubiéramos podido hacer, pues sólo éramos 80 hombres desarmados.

Subieron a bordo y lo primero que hicieron fue ultrajar el pabellón argentino, lo arriaron y pisotearon, gritando viva López “mueran los porteños” y así tomaron posesión del vapor, matando a todos los que se encontraban por delante o que quisieran hacer resistencia.

Enseguida bajaron a la cámara y sacaron de allí a palos a los tenientes Calvo y Leitón y los subieron sobre cubierta.

Al ver esto nuestra tripulación, una parte de ella y tres oficiales se tiraron al agua y allí perecieron todos, los unos ahogados y los otros fusilados en el agua misma.

En vista de este triste espectáculo, en que se mataban a hombres indefensos, pedí al comandante del Legoré, Avelino Cabral, que contuviera a su gente e hiciera respetar la vida de los pocos que aún quedábamos, contestándome que no podía contenerlos. Lo único que hizo, que tal vez haya sido mucho en esos momentos, fue agarrarnos entre él y sus oficiales y echarnos al vapor Legoré, salvando de este modo nuestras vidas del furor de esos salvajes o fieras sedientas de sangre. Allí nos pusieron incomunicados, siguiendo viaje la escuadra enemiga a Itapirú, llevando la presa humana como también los dos vapores argentinos, el nuestro y el Gualeguay, éste sin gente.

El Capitán Constantino permaneció prisionero de las fuerzas paraguayas durante 4 años, 4 meses y cinco días.
"

Crying or Very sad

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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:47 pm

By November 12, 1864, Solano López assessed that Brazilian intervention in Uruguay as a disdain to his country. He was also inclined to believe that neither Brazil nor Argentina took Paraguay's interests into account. As a result, he concluded that to play a more important role in the region, Paraguay would have to incur in an offensive foreign policy. With such objective, he was determined to support the Blanco government under Anatasio Aguirre.

By december 12, he declared war against Brazil and on the 16th , he launched a quickly attack by invading Mato Grosso province in the west of Brazil


The success of this operation led Solano Lopez to concluded that his forces were superior to his foes troops. He paid little attention to the fact that Paraguayan Troops were sent to a province poorly defended, far from the Uruguayan soil and with no strategic importance for future war operations.

By the end of the year López decided to strike at Brazil's main force in the southern province of Rio Grande do Sul, isolating the empire forces in Uruguay from his base in Brazil. He gathered some of Paraguay's best troops under Colonel Antonio de La Cruz Estigarribia to cross the Argentine province of Corrientes in order to attack the Brazilian positions. On March 18, 1865 believing that Argentina would remain at least neutral, since many Argentine provinces were against an alliance with Brazil, the Paraguayan Army rushed into Corrientes expecting local strongmen to join them. Instead, the action set the stage for the May 1865 signing by Argentina, Brazil, and Uruguay of the Treaty of the Triple Alliance.


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Paraguayan officer. Officers wore a blue coat with red colar, while soldiers wore a red coat. On the right, the war phases.
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Under the treaty, these nations vowed to destroy Solano López' goverment.


Post de EstebanMcLaren

Solano López assessed that Brazilian intervention in Uruguay as a disdain to his country. He was also inclined to believe that neither Brazil nor Argentina took Paraguay's interests into account. As a result, he concluded that to play a more important role in the region, Paraguay would have to incur in an offensive foreign policy

Eso es en parte tristemente cierto. Solano Lopez pensaba que Argentina y Brasil no tomaban a Paraguay en cuenta... se sentia rechazado internacionalmente... por eso entró en guerra... Un psicólogo por aca!!!!!!!

Lo lei en varios libros eso del sentimiento de inferioridad de Solano López, algo que a su padre jamás le molestó. Increible que jamas tuvo una estrategia de guerra fundada para enfrentar a Argentina y Brasil. Que pena que la falta de diván y de un poder legislativo serio costara tantas vidas.

Siberian, gracias por hacer el collage que te pedi y manda los links de las notas originales.

abrazo

Esteban McLaren
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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:47 pm

TRATADO DE LA TRIPLE ALIANZA CONTRA PARAGUAY (1° de mayo de 1865)

Art. 1. La República Oriental del Uruguay, Su Majestad el Emperador del Brasil, y la República Argentina contraen alianza ofensiva y defensiva en la guerra provocada por el gobierno del Paraguay.

Art. 2. Los aliados concurrirán con todos los medios de que puedan disponer, por tierra o por los ríos, según fuese necesario.

Art. 3. Debiendo las hostilidades comenzar en el territorio de la República Argentina o en la parte colindante del territorio paraguayo, el mando en jefe y la dirección de los ejércitos aliados quedan a cargo del presidente de la República Argentina y general en jefe de su ejército, brigadier don Bartolomé Mitre. Las fuerzas navales de los aliados estarán a las inmediatas órdenes del Vice Almirante Visconde de Tamandaré, comandante en jefe de la escuadra de S.M. el Emperador del Brasil. Las fuerzas terrestres de S.M. el Emperador del Brasil formarán un ejército a las órdenes de su general en jefe, el brigadier don Manuel Luis Osorio. A pesar de que las altas partes contratantes están conformes en no cambiar el teatro de las operaciones de guerra, con todo, a fin de conservar los derechos soberanos de las tres naciones, ellas convienen desde ahora en observar el principio de la reciprocidad respecto al mando en jefe, para el caso de que esas operaciones tuviesen que pasar al territorio oriental o brasileño.

Art. 4. El orden interior y la economía de las tropas quedan a cargo exclusivamente de sus jefes respectivos. El sueldo, provisiones, municiones de guerra, armas, vestuarios, equipo y medios de transporte de las tropas aliadas serán por cuenta de los respectivos Estados.

Art. 5. Las altas partes contratantes se facilitarán mutuamente los auxilios que tengan y los que necesiten, en la forma que se acuerde.

Art. 6. Los aliados se obligan solemnemente a no deponer las armas sino de común acuerdo, y mientras no hayan derrocado al actual gobierno del Paraguay, así como a no tratar separadamente, ni firmar ningún tratado de paz, tregua, armisticio, cualquiera que ponga fin o suspenda la guerra, sino por perfecta conformidad de todos.

Art. 7. No siendo la guerra contra el pueblo paraguayo sino contra su gobierno, los aliados podrán admitir en una legión paraguaya a todos los ciudadanos de esa nación que quisieran concurrir al derrocamiento de dicho gobierno, y les proporcionarán los elementos que necesiten, en la forma y condiciones que se convenga.

Art. 8. Los Aliados se obligan a respetar la independencia, soberanía e integridad territorial de la República del Paraguay. En consecuencia el pueblo paraguayo podrá elegir el gobierno y las instituciones que le convengan, no incorporándose ni pidiendo el protectorado de ninguno de los aliados, como resultado de la guerra.

Art. 9. La independencia, soberanía e integridad territorial de la República , serán garantizadas colectivamente, de conformidad con el artículo precedente, por las altas partes contratantes, por el término de cinco años.

Art. 10. Queda convenido entre las altas partes contratantes que las exenciones, privilegios o concesiones que obtengan del gobierno del Paraguay serán comunes a todas ellas, gratuitamente si fuesen gratuitas, y con la misma compensación si fuesen condicionales.

Art. 11. Derrocado que sea el gobierno del Paraguay, los aliados procederán a hacer los arreglos necesarios con las autoridades constituidas, para asegurar la libre navegación de los ríos Paraná y Paraguay, de manera que los reglamentos o leyes de aquella República no obsten, impidan o graven el tránsito y navegación directa de los buques mercantes o de guerra de los Estados Aliados, que se dirijan a sus respectivos territorios o dominios que no pertenezcan al Paraguay, y tomarán las garantías convenientes para la efectividad de dichos arreglos, bajo la base de que esos reglamentos de política fluvial, bien sean para los dichos dos ríos o también para el Uruguay, se dictarán de común acuerdo entre los aliados y cualesquiera otros estados ribereños que, dentro del término que se convenga por los aliados, acepten la invitación que se les haga.

Art. 12. Los aliados se reservan concertar las medidas más convenientes a fin de garantizar la paz con la República del Paraguay después del derrocamiento del actual gobierno.

Art. 13. Los aliados nombrarán oportunamente los plenipotenciarios que han de celebrar los arreglos, convenciones o tratados a que hubiese lugar, con el gobierno que se establezca en el Paraguay.

Art. 14. Los aliados exigirán de aquel gobierno el pago de los gastos de la guerra que se han visto obligados a aceptar, así como la reparación e indemnización de los daños y perjuicios causados a sus propiedades públicas y particulares y a las personas de sus ciudadanos, sin expresa declaración de guerra, y por los daños y perjuicios causados subsiguientemente en violación de los principios que gobiernan las leyes de la guerra. La República Oriental del Uruguay exigirá también una indemnización proporcionada a los daños y perjuicios que le ha causado el gobierno del Paraguay por la guerra a que la ha forzado a entrar, en defensa de su seguridad amenazada por aquel gobierno.

Art. 15. En una convención especial se determinará el modo y forma para la liquidación y pago de la deuda procedente de las causas antedichas.

Art. l6. A fin de evitar discusiones y guerras que las cuestiones de límites envuelven, queda establecido que los aliados exigirán del gobierno del Paraguay que celebre tratados definitivos de límites con los respectivos gobiernos bajo las siguientes bases: La República Argentina quedará dividida de la República del Paraguay, por los ríos Paraná y Paraguay, hasta encontrar los límites del Imperio del Brasil, siendo éstos, en la ribera derecha del Río Paraguay, la Bahía Negra. El Imperio del Brasil quedará dividido de la República del Paraguay, en la parte del Paraná, por el primer río después del Salto de las Siete Caídas que, según el reciente mapa de Mouchez, es el Igurey, y desde la boca del Igurey y su curso superior hasta llegar a su nacimiento. En la parte de la ribera izquierda del Paraguay, por el Río Apa, desde su embocadura hasta su nacimiento. En el interior, desde la cumbre de la sierra de Mbaracayú, las vertientes del Este perteneciendo al Brasil y las del Oeste al Paraguay, y tirando líneas, tan rectas como se pueda, de dicha sierra al nacimiento del Apa y del Igurey.

Art. 17. Los aliados se garanten recíprocamente el fiel cumplimiento de los acuerdos, arreglos y tratados que hayan de celebrarse con el gobierno que se establecerá en el Paraguay, en virtud de lo convenido en este tratado de alianza, el que permanecerá siempre en plena fuerza y vigor, al efecto de que estas estipulaciones serán respetadas por la República del Paraguay. A fin de obtener este resultado, ellas convienen en que, en caso de que una de las altas partes contratantes no pudiese obtener del gobierno del Paraguay el cumplimiento de lo acordado, o de que este gobierno intentase anular las estipulaciones ajustadas con los aliados, las otras emplearán activamente sus esfuerzos para que sean respetadas. Si esos esfuerzos fuesen inútiles, los aliados concurrirán con todos sus medios, a fin de hacer efectiva la ejecución de lo estipulado.

Art. 18. Este tratado quedará secreto hasta que el objeto principal de la alianza se haya obtenido.

Art. 19. Las estipulaciones de este tratado que no requieran autorización legislativa para su ratificación, empezarán a tener efecto tan pronto como sean aprobadas por los gobiernos respectivos, y las otras desde el cambio de las ratificaciones, que tendrá lugar dentro del término de cuarenta días desde la fecha de dicho tratado, o antes si fuese posible.

En testimonio de lo cual los abajo firmados, plenipotenciarios de S.E. el Presidente de la República Argentina , de S.M. el Emperador del Brasil y de S.E. el Gobernador Provisorio de la República Oriental , en virtud de nuestros plenos poderes, firmamos este tratado y le hacemos poner nuestros sellos en la Ciudad de Buenos Aires, el 1º de Mayo del año de Nuestro Señor de 1865.

Carlos de Castro – F. Octaviano de Almeida Rosa – Rufino de Elizalde.

Esteban McLaren
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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:47 pm

The Opponents

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Neither Paraguay nor the Allies were prepared for a long-term war.

At the beginning of the conflict Paraguay's Army could put into the battlefield 30,000 men plus an equal number of reservists and its equipment was as good as his opponents were. Until the end of the conflict, some 80.000 men fought under the Paraguayan Flag. Taking into account that Paraguay's population summed up to 800,000, we can figure the efforts of the country to sustain the hostilities.

The weakness of this force, however, rested in its lack of trained leadership, of an industrial base to replace weapons and other means to war and the immense disadvantage in terms of population when compared with the combined Allies.

The Allies, for their turn, faced their own problems.
Uruguay was prostrated after the two-years civil war and, worst of all, occupied by a foreign army. When hostilities began was able to put into the fight less than 2,000 troops. Uruguay's population counted up 200,000.

The Argentine Army was far from being a perfect force of combat. Argentina had hardly started its process of union. Many provinces were still resentful of Buenos Aires hegemony after the Battle of Pavón in 1861 and looked with suspect on Brazil's intervention over the Uruguay Therefore, Argentine Army could rely only on Buenos Aires forces. In fact,many uprisings took place in the country during the war. As a result, much of the means and efforts were deviated to repress these riots.
It's believed that Argentina Army lined a force of 30.000 men out of a population of 1,5 million until the end of the war. This number however is not entirely reliable due to Argentina's troubles in gathering men to serve at the army in the countryside. When war broke out the army fielded only 6,000 troops.


The Imperial Army had a well-trained team of officers. Many of them were veterans of the battles against the Argentinean Dictator Juan Manuel Rosas in 1852. Its equipment if not abundant, were suitable for a shorter conflict. Besides, Brazil's Navy was far the most powerful of the Latin America. The fleet included ironclad steamships and many other vessels.

Nevertheless, Brazil had its weak points. First, in terms of size the army was far from appropriate for a country which area is comparable to the extent of Europe. It lined up less than 20,000 men, dispersed along the territory and with problems of logistic and training. To make things worst, when the war broke out, part of the army was fighting in Uruguay. The second problem had to do with the country social structure. Many of the inhabitants of the Empire were slaves: at least 2 millions out of a population of 8,5 millions. It meant that part of the army was necessary to deal with the potential revolts of the slaves. As the war progressed, it became clear that slavery was responsible for draining much of the war efforts.

However, until the end of the war Brazil mobilized some 150,000 land troops (125,000 in the Volunteers or National Guard Battalions, 25,000 in the regular army and some others in small police units ). The total amount of men who fought in the Navy is not known, but according to Brazilian Navy archives, a sum of 6,500 fought during the entire campaign aboard the ships. By the end of the first year of war, the Empire could field a force 60,000 strong and by mid-1868 71,000 men were at disposal for the war. During the campaign 61 batallions were formed of volunteers, while the first line of the army was constitued of 22 others. The Army formed five cavalry regiments between 1865-1870, four of which fought in Paraguay.
The National Guard had its own cavalry regiments and infantry battalions, but the numbers of troops involved and the organization of this branch of the land force are not well known. It is believed that 15,000 to 18,000 National Guard men served as logistic support troops during the war and were not sent to Paraguay. Nevertheless, some battalions were organized as a fighting force.

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The Emperor D. Pedro II - Imperial Museum (BRAZIL)

The conflict was marked by poor logistic and diseases. From a certain point, neither side was able to use cavalry. Horses and men were victims of famine and cholera. The Imperial Navy, for instance, lost 170 men in action, 107 by accidents and 1,470 by diseases!

Although the problems, soldiers of both sides fought with bravery and distinction in many occasions. The Paraguayans, paticularly, showed great tenacity and stiff resistance even when became clear that the war was hopeless for their country. The commom soldier courage and devotion often wasted under the poor leadership of the officers on both sides.

The number of people killed in wars is always a matter for discussions. So, the estimations vary widely in the conflict. However, the true source of so many differents figures lay on the way the casualties were calculated. The allies sources (from where many, but not all, of the figures here are taken), count the Paraguayan casualties almost always in the category of "deads" or "killeds". The allies casualties, on the other hand, are mentioned in three categories: "deads", "wounded" and "missing". In fact, due to the poor health and care conditions on the battlefield, many of the wounded and missing faced death just after an engagement, but not always they were counted as "dead" or "killed".
The more conservatives estimates reckon on 150,000 dead, half of which Paraguayans. Others count 400,000 killed, while some reach the number of 600,000.

A more accurate estimate may be halfway of the more exaggerating and conservative ones .

Based in some recent studies we are going to assume that by the end of the conflict 15% to 20% of Paraguay's population were killed by bullets or diseases. It means a toll of 120,000 to 160,000 dead among soldiers and civilians.
The Allies also suffered a great toll of casualties.

Argentina lost a number estimated between 27,000 and 30,000 men ( 18,000 due to combat, including internal riots, and 12,000 by diseases). Among the dead a great toll of civilian casualties ocurred, mainly in the Province of Corrientes.
From Uruguay's 5,000 soldiers less than half came back home.

Brazil casualties mount up to 30,000 killed in the battlefield or by wounds and an equal number (if not more) killed by cholera and looseness. Civilians casualties performed a high percentage of deaths in the province of Mato Grosso. Out of a population of 75,000, some 5,000 were killed by diseases.

These numbers, however, does not include the losses at Uruguay's campaign from October,1864 until February 1865.

Esteban McLaren
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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:47 pm

From Corrientes to Paso de La Pátria

By late May and early June, 1865, Estigarribia's army captured some villages and small towns in Rio Grande. São Borja, a city of some importance, fell to his troops with little fight. It seemed that López' plan would be achieved with success again.

Nevertheless, things had changed since López'decision of invading Rio Grande.
On February 22, Montevideo, Uruguay's capital, fell to the combined forces of the Brazilian Army and Colorado forces under General Venâncio Flores. This fact alone should be enough to show the lack of foresight of López' plan. El Supremo, however, was enraptured by his objectives. He would not give up.

On June 11, the Brazilian Navy succeeded in engaging Paraguayan ships in the Battle of Riachuelo on Paraná River. Estigarribia was now trapped between Brazilian troops stationed in Rio Grande and the Paraná.
A retreat would be advisable. Nonetheless, the Paraguayans did not move back. Instead, they went on and captured Uruguaiana on August 5.
To make things worst, on August 17, the second column of the Paraguayan Army under Major Pedro Duarte (a force of 2,700 men) was defetead in the Battle of Yatay in Corrientes. The vanguard of the Allies was commanded by Uruguay's president Venancio Flores (4,500 Argentineans; 2,440 Uruguayans and 1,450 Brazilians). While the most part of Duarte's men escaped to Paraguay by crossing the river, many were captured. The Allies had 83 dead and 257 wounded.

By Mid-September, when he was almost encircled and supplies were quickly diminishing, Estigarribia surrendered to the Allies. A 5,200 strong military force (made-up of Paraguayans, Blancos and some Corrientes troops) ceased to exist. Dom Pedro II, the emperor himself, attended to the surrender of the Paraguayans. López best troops yielded for almost nothing. From this point the war became a desperate struggle for Paraguay's survival.
The Allies, notwithstanding, were not prepared to cross Paraná River into the Paraguayan soil at once. It took months before they tried to irrupt into Paraguay coming from Corrientes.
The major problem was the terrain around Corrientes and Passo de La Pátria (on the Paraguayan side of Paraná River). It was flooded. Besides, the Brazilian Navy, although powerful, was not suitable to back a landing from the Paraná waters. The vessels were projected for sea operations; their navigation was not free of problems on Paraná waters.

There was another problem. Before the Allies stood the Fort of Itapirú, a stronghold artillery position, located at a strategic point of the riverbank on the Paraguayan side of the river. It had to be taken for a safe cross.

While sundry skirmishes between the Paraguayan and the Triple Alliance Army took place in Corrientes and the nearby area, between September, 1865 and March, 1866, the Allies Commanders under General Bartolomé Mitre, Argentina's president, were evaluating those problems and preparing a plan of waging war on the Paraguay soil.


Only on March, 1866, after months of meetings and plannings, they decided to sent troops to disembark northward of Itapirú in order to take it from the rear. Meanwhile ships would fire on the Paraguayan positions. After it had been taken, more troops would cross the river.
A large fleet was gathered on the Paraná waters nearby Corrientes. It consisted of a diversity of ships, four of which were ironclads.
On April 16, 1866 General Manuel Luís Osório stepped on Passo de La Pátria with 15.000 men. He immediately marched towards Itapirú. His troops found some opposition from the Paraguayan, but it was faint at most.

Meanwhile, Itapirú was under fire of the Allied Fleet. The Paraguayan managed to attack the ships by using everything they had at disposal (boats, captured steamships).

Taking advantage from the limited maneuver of the Allied vessels, they inflicted some damage to the ships and losses to the Allies; but they could not overcome the Allies superiority in equipment and number and soon they withdrew.

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Colonel Antonio de la Cruz Estigarribia, commander of the Paraguayan column that yielded to the Allied Army in Uruguayana

Along the river the Allies aimed at some strategic positions that would enable them to send fire on Itapirú. One of these points was a small bank just in the middle of the crossing and almost in front of the Paraguayan cannons. Lieutenant- Colonel Antonio Cabrita´s detachment of the Imperial Army headed to land on the bank. As soon as he reached the place he and his men found themselves under fire of the Paraguayan positions. They also had to bear assaults from the enemy that was trying to expel them from there. After a fierce and lasting fight, and thanks to the ships that came in his aid, Cabrita´s men held the position.

Both sides experienced great losses. Only in the fight for the bank the Allies suffered 57 dead, 102 wounded and 3 missing. The Paraguayans, according to a Brazilian source, had 600 casualties.

On April 18, Mitre's 60.000 army landed on Paraguay. They would leave the Paraguayan soil only one decade later.

The next day Itapirú was abandoned by Paraguayans forces.

Esteban McLaren
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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:48 pm

Estero Bellaco

Después de dos semanas en suelo paraguayo, los aliados no habían visto mucha acción. Las tropas de López se trasladaron hacia el interior, esperando la oportunidad de conducir a los hombres de Mitre fuera del territorio paraguayo. Las fuerzas aliadas se movieron con cuidado hacia el norte a un lugar llamado Estero Bellaco, un pantano de terreno fangoso cubierto de palmas. Desde entonces los problemas de la relación entre Mitre y los comandantes brasileños estaban presentes.

Muchos oficiales del ejército imperial estaban descontentos que el comando del ejército aliado se le diera a un argentino. Las tropas brasileñas componían las dos terceras partes del ejército unido. En particular, los oficiales brasileños se vieron mejor entrenados que sus homólogos de los Aliados. Ahora, ellos se mostraron molestos por la conducta de las operaciones de Mitre. A su juicio, las fuerzas aliadas debían ser más ofensivas. Las dos semanas de precaución y lento avance era intolerable para ellos. El principal problema de los dos oponentes era cómo calcular las fuerzas del enemigo. Mitre, sin embargo, tenía otro. No tenía ni idea del tipo de terreno en frente de sus tropas. Por lo tanto, prefirió ser cauteloso.

Sin embargo, no habría que esperar mucho tiempo para la acción.

El 2 de mayo de 1866, 3.500 tropas paraguayas, al mando del coronel José Díaz, lanzaron un ataque a la vanguardia de los Aliados bajo el mando del general Venancio Flores, dirigente del Partido Colorado y actual presidente de Uruguay. Él estaba al mando de tres batallones de Uruguay en la cabeza de la posición de los aliados. El ataque fue una completa sorpresa para él y sus hombres. Además, la fuerza atacante les superaban en número. Los soldados de Flores lucharon con gran tenacidad contra los hombres de Díaz, pero no pudieron evitar la pérdida de una batería de cuatro cañones La Hitte. Pronto Flores tuvo que emprender la retirada. Esta maniobra fue dificultada por un piletón natural y terrenos inundados que había entre su posición y el ejército en Mitre. Díaz persiguió a las tropas uruguayas, tal vez tratando de capturar un gran número de prisioneros. Desafortunadamente, para él, los disparos y lucha puso el ejército aliado consciente de la situación. De un vistazo, la situación había cambiado. Ahora Díaz fue la lucha contra el grueso del ejército enemigo. Sólo con feroz determinación que él y sus hombres escaparon de vuelta al campamento paraguayo.

Las pérdidas en este episodio varían de una fuente a otra.

Los aliados sufrieron 1.600 bajas. El Batallón de Infantería 38 del Ejército del Brasil, que vino en ayuda Flores, tuvo 94 muertos y 188 heridos. Las bajas del 1er Regimiento de Caballería del Ejército Argentino sumaron un centenar de hombres. El batallón Florida de Flores perdió 19 de sus 27 oficiales.

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Colonel Diaz Paraguayan Army archives

Las pérdidas de los paraguayos alcanzaron hasta un número de entre 2.000 y 2.300, pero habían capturado a una batería de cañones.

Mientras que Díaz y los aliados estaban en lucha en Estero Bellaco, López estaba esperando noticias sobre la batalla. Él tenía la intención de derrotar al enemigo con un golpe rápido en Tuyuty, donde se creía que su ejército sería capaz de lograr una gran victoria.


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The Imperial Navy on Paraná River (1866) - Brazilian Navy archives

Posteado por Joaquin Vadalleta
foto del campamento argentino en Tuyuti.
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Esteban McLaren
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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:48 pm

El antecedente inmediato a la Guerra del Paraguay fue el conflicto interno uruguayo. El incidente más fiero del conflicto fue cuando la Escuadra Brasileña realizó el Bombardeo de Paysandú (1864 - 1865).
Se trata de una acuarela de Carlos Díaz, perteneciente al Museo Histórico Nacional de Uruguay.

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La imagen muestra el aspecto de la ciudad sitiada, vista desde una isla situada frente a ella. En primer plano se puede observar el campamento provisional de los familiares de los sitiados y de los extranjeros, a los que se permitió abandonar Paysandú antes del asalto final. El capitán de la Marina francesa Feliciano Olivie, actuó como mediador entre Flores y Gómez y, aunque no consiguió que el heroico coronel oriental capitulase, concertó una suspensión del fuego que permitió la evacuación de las familias inocentes, que fueron llevados a la isla, donde les llegó ayuda de Entre Rí os y de los barcos extranjeros.

El ataque a Paysandú
El 4 de diciembre de 1864, el Almirante Tamandaré -apoyando a las fuerzas de Flores- desembarcó 400 hombres pertenecientes a un Batallón del Cuerpo de Fusileros Navales, junto con artillerí a. El 6 de diciembre la Escuadra bloqueó Paysandú y comenzó el bombardeo de la ciudad, que debió suspender el dí a 10 porque se le habí an agotado las bombas. El diplomático norteño José M. da Silva Paranhos consiguió del Presidente de Argentina, Bartolomé Mitre, nuevas municiones (Argentina era neutral), sacadas directamente del arsenal de Buenos Aires y el 14 de diciembre se reanudó³ el cañoneo de la Escuadra. Al mismo tiempo, la baterí a de 36 cañones brasileños del Coronel Mallet hací a fuego sobre la ciudad sitiada. La baterí a se ubicaba en el norte, en la altura de Bella Vista y dirigí a sus disparos sobre el Baluarte de la Ley, la Iglesia parroquial y otros puntos elevados de la plaza. Los brasileños poseí an desde 1855 los nuevos cañones rayados La Hitte, de mayor alcance y precisión que las piezas lisas de Leandro Gómez.
En el bombardeo internivieron las naves de guerra imperiales Araguaia, Belmonte, Ivahy, Jequitinhonha, Parnahyba (o Paranaiba) y Recife.
Además de estas naves que subieron el Uruguay, la Escuadra contaba con los siguientes buques: Niteroi, Amazonas (Nave Capitana), Paraense, Beberibe, Itajai, Ipiranga, Araguari, Iguatemi, Mearin, Maracana, Taquari, Peperi-açu e Iguaçu, con un total de 102 cañones y 2.384 hombres.

Características de las naves ante Paysandú

Araguaia.
Esta nave se incorporó a la Marina Imperial, llegando desde Plymouth en 1858, siendo gemela de la Ivahy, Araguarí e Iguatemy. En febrero de 1864 se hallaba estacionada en Montevideo. Contaba con 6 piezas de artillerí a y una tripulación de 111 hombres.
Luego de participar en el asedio a Paysandú, la Araguaia intervino en combates navales durante la Guerra del Paraguay, el 30 de marzo y el 15 y 16 de abril de 1865, contribuyendo a transportar el 2º Cuerpo de Ejército Brasileño a Paso de la Patria.

Belmonte.
La corbeta Belmonte fue construida en El Havre (Francia) en 1854 y se incorporó a la Marina Imperial en 1858. Desplazaba 602 toneladas, tení a 51,2m de eslora, 7,46m de manga y 2,74m de calado. Su tripulación era de 143 hombres. Era impulsada por máquinas alternativas de vapor que le brindaban una potencia de 120 shp. Estaba armada con 4 cañones de calibre 32 en baterí a, 2 de 68 y un cañón rayado Withworth de 70 calibres. Fue retirada en 1876.

Ivahy
Cañonera mixta de velas y vapor, construida en Inglaterra. Se incorporó a la Marina Brasilera en agosto de 1858. Tení a un desplazamiento de 400 toneladas, 44,2m de eslora, 7,4m de manga y 2,6m de calado. Su máquina alternativa de 80hp le permití an alcanzar una velocidad de 9 nudos. Estaba armada con 2 piezas de calibre 32 y 8 piezas de calibre 68. Su tripulación constaba de 77 hombres.
El 4 de diciembre de 1864 intervino en el desembarco de 400 efectivos frente a Paysandú. En 1865, además del bombardeo de la ciudad, participó en el ataque a Las Cuevas, sobre el Paraná. En agosto de 1866 participó en una operación de desembarque y protección de fuerzas brasileñas en Itapirú. En julio de 1867, auxilió en el transporte del 3er Cuerpo de Ejército Brasileño de Itatí a Paso de la Patria.

Jequitinhonha.
Era una corbeta a vapor construida en Inglaterra e incorporada en 1854. Desplazaba 637 ton, medí a 53,3m de eslora, 7,92m de manga y 3,81m de calado. Su tripulación era de 138 hombres. Sus máquinas de vapor le brindaban una potencia de 130hp. Estaba artillada con 6 piezas de calibre 32 en baterí a y 1 pieza calibre 38.
La Jequitinhonha (nombre derivado de un rí o de Minas Gerais y Bahí a) intervino en el combate contra los vapores Artigas (24 agosto 1864) y Salto (7 septiembre 1864). Después del asedio de Paysandú, participó en las operaciones fluviales contra el Paraguay, participando en la Batalla de Riachuelo (1 junio 1865). El 11 de junio de 1865, encalló frente a dos baterí as paraguayas, debiendo ser abandonada e incendiada dos dí as después, ante la imposibilidad de su rescate. Palleja menciona que los paraguayos capturaron las piezas de 32 de la Jequitinhonha para artillar sus propias baterí as.

Parnahyba o Paranaiba.
Era esta una corbeta mixta de hélice, construida en El Havre por Agustí n Normand e incorporada a la Marina Brasileña en 1858. Desplazaba 602 toneladas y su máquina de vapor acoplada a una hélice le permití an alcanzar una velocidad de 12 nudos. Su tripiulación era de 132 hombres. Estaba artillada con 1 cañón Withworth de 70 calibres, 2 obuses de 68 y 4 de 32.
La Parnahyba fue la nave capitana de la Escuadra del Almirante Tamandaré ante Paysandú, interviniendo en el desembarco de las fuerzas norteñas y el asedio. Desde 1865 participó en las operaciones contra Paraguay: batalla naval de Corrientes, 10 de junio; Riachuelo y bombardeo de Curupaity. Durante la batalla de Riachuelo, la Parnahyba resistió el intento de abordaje de naves paraguayas, consiguiendo capturar el vapor Salto, pese a sufrir la pérdida de 80 de sus marinos.

Recife.
El vapor corbeta Recife fue construido para el gobierno en el dique de Punta de Arena (Rí o de Janeiro) y botado el año de 1849. Tení a 50,9m de eslora, 7,01 de manga y 4,15m de puntal. Su tripulación era de 188 hombres. Era impulsada por un motor de vapor de 150hp, que accionaban ruedas de propulsión lateral. Su armamento inicial consistí a en 2 culebrinas Paixhans de calibre 30 y 2 carronadas de calibre 30, aunque luego el armamento se redujo a dos bocas de fuego.
El Recife participó en 1852 en la guerra contra Rosas. El 4 de diciembre de 1864, esta corbeta -junto con la Parnahyba, la Belmonte, la Araguaia y la Ivahy desembarcaron 100 marinos imperiales, 100 soldados del Batallón Naval (al mando de los Tenientes da Silva freitas y Antonio Manoel Perdigao).
Durante la Guerra del Paraguay, realizó algunos viajes como transporte. Fue retirada en 1880, después de servir como cuartel de la Compañí a de Marineros Aprendices en Pernambuco.

Estas imágenes se elaboraron en base a varias fuentes gráficas: fotos de la Plaza de la Constitución y de Lucas Pí riz y una ilustración del Puesto de Mando del general Flores. Aunque en ambos aparecen las tropas sitiadoras floristas, por los testimonios de que disponemos los orientales no combatieron uniformados, sino con ropas civiles. Teniendo en cuenta que muchos de los que lucharon eran voluntarios, se comprenden bien las razones de tal situación.

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Información

A. General Lucas Píriz.

El 17 de noviembre de 1864, el Coronel Lucas Píriz fue nombrado jefe de las fuerzas nacionales de caballería de los departamentos de Paysandú, Salto y Tacuarembó. El 1 de Diciembre, el Coronel Leandro Gómez, en reunión de Jefes, le puso al mando de la Plaza de Paysandú, por sus relevantes méritos militares y por su antigüedad; Pí riz, sin embargo, rechazó el nombramiento y se puso a las órdenes de Gómez, quien le puso entonces a cargo de la lí nea de defensa.
El 20 de diciembre Píriz, al mando de 250 hombres, atacó el campamento del General Flores -pese a la inferioridad numérica de los defensores- y tras un corto combate se apoderó de muchas armas y municiones, aunque sufriendo cerca de 30 bajas, entre ellos 7 oficiales.
El 31 de diciembre, tras un bombardeo demoledor, los sitiadores comenzaron el asalto a las trincheras de Paysandú. Las fuerzas atacantes constaban de unos 4.000 brasileños, quienes se apoderaron del edificio de la Aduana y avanzaron sobre la Plaza. En este momento, Lucas Pí riz (ascendido a General por el Gobierno) y 34 hombres cargaron a la bayoneta al enemigo, poniéndolo en fuga y obligándolo a abandonar la Aduana. Dos horas después de estos sucesos, Pí riz fue herido de bala en el estómago y falleció el 2 de enero, poco antes de que cayera Paysandú.

En esta ilustración "heroica", Píriz viste pantalón gris de corte civil y camisa. En su mano, sable estilo mameluco, de hoja muy curva y sin guardamanos; al cinto lleva una vieja pistola de chispa, aunque se sabe que en la reconquista de la Aduana usó un revólver, del cual el autor desconoce el modelo.
A sus pies se ve una lanza con hierro de luneta, enastada en una caña tacuara, arma corriente de las tropas de caballerí a.
Reconozco que Pí riz me salió bastante delgado... Creo que era un hombre mucho más robusto.

B. Soldado de la Defensa

Este hombre está armado con una carabina de percusión, un modelo relativamente reciente introducido en 1863. Lleva una bandolera de cuero negro para la cartuchera y un morral de lona en su cadera izquierda. Nótese también la funda de la bayoneta, debajo del morral. Los hombres también llevaban puñales, sables y pistolas para el combate cuerpo a cuerpo.
No lleva uniforme y su vestimenta consiste en pantalón bombacho de color oscuro remetido en botas de cuero negro. Una camisa color beige completa su indumentaria.

Armas y Defensas

Las tropas de infanterí a estaban armadas con fusiles de percusión de modelo francés o belga -según indica el historiador Schulkin- con bayonetas caladas; los Jefes agregaban pistolas Lefaucheux. La caballerí a disponí a de carabinas francesas de la época de la Independencia, sables y lanzas de luneta, como los que se han inclui do en la ilustración. Las tropas del Coronel Gómez capturaron en numerosas ocasiones armas y municiones enemigas, que luego usaron contra sus anteriores propietarios.
Alrededor del 12 de diciembre, las tropas sitiadas comenzaron a quedarse sin fulminantes; en este trance Orlando Ribero, un comerciante sanducero, ideó utilizar fósforos colocados en las chimeneas de las armas para provocar los disparos, reservando los fulminantes para casos de vida o muerte.
Se sabe también que cuando las balas se les terminaron los defensores se defienderon con armas blancas y, hacia el final del Sitio con piedras de los muros derrumbados...

El perí metro defensivo del Coronel Gómez constaba de un rectángulo de 2 manzanas de Sur a Norte por 6 manzanas de Este a Oeste y sus defensas eran simples paredes de barro, con troneras en las mismas, que cerraban las bocacalles. Por delante, a unos dos metros de distancia, tení an unas tablas de menor altura que las paredes, clavadas en postes resistentes y sujetas a las paredes con barrotes de hierro. Las trincheras formaban entonces una especie de cajón lleno de tierra, con un foso de dos metros de ancho cavado frente a él. Los centros de las manzanas sólo quedaban protegidos por los tapiales de las casas y los muros de las mismas. En el Este y el Oeste habí a dos portones de hierro, con fosos y puente levadizo, los cuales permití an salir y entrar a las tropas.
Los hombres habí an abierto huecos en las paredes de las casas linderas para poder moverse con libertad y sin ser blanco de los disparos del enemigo. Los hombres de los Cantones disparaban por troneras efectuadas en los muros de las casas.
Además del perí metro existí a en el ángulo sureste de la Plaza de la Constitución una baterí a en forma de torreón con una explanada en caracol para subir y bajar las piezas de artillerí a. Esta Baterí a se denominaba Baluarte de la Ley.

El ataque a la ciudad se convirtió para los sitiadores en un combate entre ruinas, casa por casa y habitación por habitación, donde el peso del número de combatientes no siempre daba la ventaja.

Durante la defensa, se vio flamear el Pabellón Nacional sobre la Torre de la Iglesia. El mismo fue capturado y entregado como trofeo de guerra al Almirante Tamandaré y estaba destinado al Arsenal de Marina del Imperio de Brasil. Pero José A. Lamas, Ministro uruguayo en Rí o de Janeiro, se presentó ante Tamandaré y adujo que dicho Pabellón nunca habí a sido vencido por Brasil (sino por las fuerzas de Flores), quien además nunca habí a declarado la guerra a nuestro paí s.
La Bandera fue devuelta a Lamas.

El Sitio de Paysandú (2 diciembre 1864 - 2 enero de 1865)

La autotitulada "Cruzada Libertadora" del General Venancio Flores comenzó el 16 de abril de 1863. Desde el principio fue un ajuste de cuentas entre blancos y colorados por la Hecatombe de Quinteros (28 de enero de 1858), cuando fueron fusilados César Dí az, el ex integrante de los Treinta y Tres Manuel Freire, Francisco Tajes, Eugenio Abella y cerca de 145 oficiales y tropa más, alzados contra el Gobierno de Gabriel Pereira, en un acto cruel y confuso que marcó la historia uruguaya por más de 50 años.
Además, Flores explotaba algunas desinteligencias con la Iglesia del entonces Presidente Bernardo P. Berro, así como protestas del Brasil sobre atropellos a ciudadanos brasileños afincados en el Uruguay.

Los enfrentamientos en los alrededores de Salto y Paysandú menudearon, por lo que a mediados de 1864 Leandro Gómez se preparó para un ataque de las fuerzas floristas. Comenzaron los preparativos en Paysandú, cavándose fosos y trincheras y colocando cadenas en las bocacalles.
Leandro Gómez defenderí a la Independencia de nuestro paí s contra las ambiciones de ese "inicuo Gobierno Brasilero... y con los infames traidores sus aliados" (carta de noviembre de 1864).

En enero de 1864 Leandro Gómez resistió con sus hombres el primer sitio de las tropas de Flores, que debieron retirarse ante el peligro de ser tomadas por retaguardia por el ejército gubernamental.

El 2 de diciembre de 1864, Gómez debió enfrentar un segundo sitio, estando ahora Flores apoyado por las tropas brasileñas. La Escuadra del Almirante brasileño Tamandaré ascendió el Uruguay y comenzó un bombardeo despiadado de la ciudad (ver enví o anterior). Le apoyaba el General Mena Barreto, con 5.000 hombres (otros dicen 16.000) y Flores con 1.500 hombres (4.000 según otros) y 36 cañones.
Durante un mes se sostuvo la plaza -que no contaba con fortificaciones de ninguna especie- defendida por 1.086 bravos, con pocas piezas de artillería de cañón liso.

El 1 de diciembre, Flores intimó la rendición de la plaza, a lo que Leandro Gómez respondió "Cuando sucumba".
Los atacantes comenzaron el ataque apoderándose de los suburbios e incendiándolos, debiendo la población concentrarse en la plaza.
Tres dí as se combatió casa por casa, hasta que el 8 Gómez concertó una tregua para permitir retirarse a los civiles y extranjeros. Muchos eligieron quedarse con sus seres queridos.

El 10 de diciembre cesó el cañoneo de Tamandaré, pues éste habí a agotado el parque. Aunque 200 defensores habí an muerto, la ciudad aún resistí a, ganando notoriedad por su heroica defensa en Montevideo y Argentina.
Pero la Escuadra marchó a reabastecerse en Buenos Aires y el 14 recomenzó el cañoneo, más feroz que nunca.
El 31 de diciembre comenzó el ataque final, guiado por las fuerzas brasileñas de Mena Barreto y Joao Propicio. Aunque consiguió conquistar la Aduana, fue rechazado por un ataque a la bayoneta de ¡34 hombres! al mando del General Lucas Píriz, quien murió en la acción.
La mitad de la guarnición estaba fuera de combate.

El 1 de enero de 1865 -cuando ya la Escuadra Brasilera habí a realizado 4.000 disparos- nada quedaba en pie, ni la iglesia, pero seguí a el bombardeo con metralla. A los defensores ya no les quedaban pólvora ni balas.
El 2 de enero, tras la muerte del Jefe Polí tico de Paysandú, Rafael Ribeiro, Gómez ordenó levantar bandera de tregua para enterrar a sus muertos, cosa que fue rechazada por los sitiadores. Entretanto, se produjo una confusión cuando muchos sitiadores desarmados se acercaron a las trincheras. Muchos de los defensores, creyendo que el combate habí a terminado, bajaron las armas. Gómez, imprevistamente, fue tomado prisionero por los brasileños. Por órdenes del jefe florista Gregorio Suárez (conocido también como "Goyo Jeta"), serí a fusilado sin más trámite, junto con tres de sus jefes. Otros 50 hombres murieron degollados, apuñalados o fusilados antes que cesara la carnicerí a.
Al parecer, Suárez contravino una orden de Flores y Tamandaré en el sentido de respetar la vida a los prisioneros, debido a su deseo de venganza por la muerte de su madre, a manos de los blancos, años atrás.
600 hombres cayeron prisioneros y salvaron sus vidas por orden de los jefes sitiadores.

La muerte del "Héroe de Paysandú" (Gómez) y los "Beneméritos de la Patria" marcó también el comienzo de la Guerra con el Paraguay, pues Solano López responderí a a la invasión brasileña de nuestro territorio con la invasión del Matto Grosso.

Toda la información es del forista danny de UruguayMilitaria

Esteban McLaren
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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:48 pm

Extraído de Ironclads At War : The Origin and Development of the Armored Warship, 1854-1891, por Jack Greene y Alessandro Massignani. Combined Publishing, 1998

The Despot Lopez and the War of the Triple Alliance

When the war broke out the population of Paraguay was 1,337,439; when hostilities ceased it consisted of 28,746 men, 106,254 women above 15 years of age, and 86,079 children.
11th edition Encyclopedia Britannica

In some ways more crucial to Paraguayan survival in a protracted struggle than its army was its navy, which would have to keep the rivers open, transport men and supplies, and maintain contact with the outside would.
John Hoyt Williams

There are several good English accounts of this war available in the academic literature, though nothing of a more "popular" nature has appeared. Unfortunately, even when well researched, the accounts vary widely. For example, the surrender at Uruguayana on 18 September 1865 by Paraguay to the Allies, has surrendered troop totals running from 4,200 to 5,500 to 6,000 depending on the account one consults. And this, one would think, should be a firm number. Another recent example is an article in MHQ by Dolores Moyano Martin in which at the battle of Riachuelo she gives the Brazilians "the latest 120- and 150-pounder Whitworths." The largest Whitworths on board that day were 70-pounder Whitworths. Of all the chapters in Wilson's original Ironclads in Action, his chapter on this war was probably the most inaccurate though most entertaining reading, as he unfairly painted the Brazilians as utter cowards.
Paraguay in 1864 was a landlocked nation fed by the Parana and Paraguay Rivers that ultimately fed the Rio de la Plata. It was well off in rich soils and a great many crops could be grown, but she was dependent on her rivers for transportation, especially in light of virtual wilderness and/or vast distances that covered much of her border with Brazil and Argentina. The bulk of her population was primarily of Guarani Indian background intermixed with Europeans and was run by the Creoles, though, like Chile, she was fairly united as a nation. Nationalism was strong in Paraguay as was her desire to remain an independent nation.
The local military had gained some expertise at fighting as there was a constant threat of Indian attacks by both river Indians and Indians in the north of Paraguay. As late as 1747 her capital at Asuncion had been "ravaged by a large daylight raid." Paraguay had originally been established as a Jesuit state and was fairly rich. This Jesuit background also tended to unify Paraguayand make her dependent on a strong leader that has been part of her political landscape up until modern times.

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She enjoyed her independence in part by lying between Argentina and Portuguese-speaking Brazil. Argentina at the time of her revolt from Spain in the early 1800's had coveted Paraguay, but a strong local movement had secured Paraguay's separate independencethough at the expense of dictatorial rule by one El SupremoJose Gaspar de Francia. Portuguese Brazil was looked upon as an alien nation so there was little hope of uniting with her. Neither of these two larger powers wanted to see the other in sole possession of Paraguay.

Francia would be succeeded by Carlos Antonio Lopez, and then in September of 1862, with Carlos' death, his son would come to rule Paraguay. Francisco Solano Lopez was short and wore a full beard. An intelligent man, he enjoyed appearing in full dress uniform in public. He spoke both his nation's native Spanish and Guarani, as well as French, German, English, and Portuguese. His father had given him many and varied duties early in his life and so he had a good background for running his nation. Both father and son had invested heavily into the military machine. Lopez once said of himself "I am Paraguay," which is also why in the coming war the alliance against him insisted on his removal from power.

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The nation that this dictator ruled was one that had enjoyed economic growth over the past few decades and was financially sound. She had a loyal standing army and small navy. She also had long term border disputes with three of her neighborsUruguay, Argentina, and Brazil. Her population was almost the size of Argentina's, though Brazil numbered almost 7,000,000 free and 2,000,000 more slaves.

Brazil was a constitutional monarchy under Pedro II, and had resolved many of the earlier regional differences she suffered from, including a civil war in the province next to Paraguay. By 1864 she was the strongest power in South America. Her navy consisted of ''45 armed ships, 33 steam (at least five being paddlewheeled) and 12 sailing" warships. They were armed, according to Jurg Meister, with 239 guns and she had 609 officers and 3,627 sailors. The first ironclad to arrive would be the Brasil in December of 1865. She had been funded by a popular subscription in 1862 and was an eight gun casemated warship. By the end of the war she would have 16 ironclads out of a total of 94 warships manned by 6,474 men.
Argentina also had earlier suffered from factionalism and by the 1860's was still recovering. In the war, she would field a much smaller army, and a navy that was primarily made up of transports. While Argentina would not acquire ironclads in this war, her president did give the elderly Brazilian Admiral the Marques Lisboa Joaquim Tamandare a two volume report by Gideon Welles on American Civil War naval operations (it was reported that he did not read it but his secretary, Artur Silveira da Mota "seized it and studied it earnestly"). Uruguay's contribution would be negligible though her fiery Colorado leader would help unite the Triple Alliance.
Lopez's motives are not clearly known as he was quite secretive and never fully announced his intentions. Also Lopez did not realize the enemy's potential strength. He wanted to take his fairly modern army and increase his nation's territory down to the Rio de la Plata and possibly incorporate Uruguay into Paraguay. Paraguay would then at minimum be a recognized regional power.
Uruguay, created as a buffer nation in 1828 when Great Britain mediated the Cisplatine War of 1825-28 fought between Brazil and Argentina over that land, was a pawn between those two powerful neighbors. Usually these two powers supported one or the other of the two major political parties (Blanco and Colorado) in Uruguay but by 1864 they both supported the Coloradowhich was out of power. The Blancos kept Lopez aware of what was transpiring and asked for his support. Finally, Brazil, slighted over various points, massed an army and invaded Uruguay on 14 September 1864. Her navy drove ashore a Uruguayan wooden warship. By February of 1865 the Blancos were out of power and with the exception of some minor guerrilla activity by the Blancos, Uruguay was in the camp of Paraguay's enemies.

This culminated on 11 November when a Brazilian steamer with funds, arms, and a small number of Brazilian troops took on coal at Asuncion while heading up river to Brazilian Mato Grosso. As it steamed off, Lopez, soon to take on the title of El Mariscal (The Marshal), ordered the warship Tacuari to seize her which it did on 13 November. The Brazilian flag would shortly appear in Lopez's palace as a rug. War was now certain.

The Paraguayan army probably numbered 14,000 men, though some modern authorities give her an army much larger than the three allies fielded. She had a small officer corps, in part to keep dissent against Lopez from appearing. Her standing army was fairly well supplied with modern arms. She had a small European run domestic munitions manufacturing capability, which in the course of the war would produce some artillery including three 150 pounder Whitworth style rifles. But beyond this she had no way of obtaining new guns and munitions except by capture or breaking the river blockade and importing them. She had a river fortress at Humaita, below Asuncion. This had been built by the elder Lopez as an overrated "Sevastapol of the Americas."
Her navy consisted of one war built steamer, the eight gun Tacuari, and nine river steamers. Lopez purchased or requisitioned at the outbreak of war six other steamers. Eventually by the end of the war her navy would have 23 steamers, three steam barges and five sailing ships carrying a total of at least 99 guns. As Williams has written, "foreign technicians labored almost around the clock to ready this hybrid Paraguayan fleet for action, and many British machinists were recruited to serve aboard on active duty." All but two were 200 or less tons and a typical crew was 50 men. There were also a handful of sailing vessels and small gunboats present with most of the gunboats stationed at Humaita. Paraguayan domestic war munitions production would be inadequate to meet all the war needs, but did produce a fair number of rifles and gunsincluding some quite large cannon.
Lopez had ordered a large amount of war materials in Europe and ended up not taking delivery of much of it. In the latter part of the war he would be forced to arm his troops with bow and arrow, and even wood spears and shards of glass. But, according to Hugh Lyon in Conway's All the World's Fighting Ships 1860-1905, he also had ordered a large number of ironclads at the time of the outbreak of war. One, the turreted Nemesis, was started in France. Part way through construction payments were halted and so France resold it to Brazil where it was renamed the Silvado. She was 1150 tons, 190 feet long, and armed with four 70 pounder 5.8" Whitworths.
Lopez also ordered two ironclads from Lairds in Great Britain. One, the Bellona was a 1,330 ton 12 knot twin turreted ship while the Minerva was about 1,008 tons and had a single turret. Each turret housed two guns and the main armor plating was 4.5 inches thick. Both ships would end as the Brazilian Lima Barros and Bahia respectively and would never fly the Paraguayan flag. Their main armament was 7" Whitworth rifles. This was a typical Laird design and would remind one of the similar Dutch designs or the Peruvian Huascar.

Finally, he also had ordered the Medusa and Triton. These small casemated warships were armed with four guns each and had a speed of nine knots. Like most of the ironclads for this war, they were armored with 4.5 inches of wrought iron, and would end up as Brazilian ships. These two would become the Herval and Mariz E. Barros respectively. It should be noted that modern sources, including scholarly studies, vary wildly in guesstimating the size and conduct of Paraguay's military policy. For example, the number of ironclads ordered in Europe by Lopez vary from five, four, two, to none in four different fairly reliable sources.
Lopez opened the war against Brazil by launching a drive north into the Mato Grosso that enjoyed quick success. Much war booty would later be shipped down to help the Paraguayan defense. Lopez next decided to drive south-east towards Uruguay. The easiest route lay across Argentine territory and after formally asking and being denied the right to transit, he declared war and entered anyway. Expecting factionalism to divide Argentina, he was surprised to find a new enemy on his flank. But Lopez would prove to be a poor war leader, even if he had a people who fought bravely throughout for Paraguay and his regime, and to keep the "alien" Brazilians from conquering their country.
By 1 May an agreement was signed by Brazil, Argentina, and the new government of Uruguay to fight Paraguayhence the name of "The War of the Triple Alliance" as it is best known. Both sides were mobilized, with Brazil ordering many new ironclad warships from foreign yards as well as domestic shipyards. Lopez ordered his main army to Corrientes, Argentina. Loren Scott Patterson quotes a German historian of this phase of the war,

The campaign in Corrientes was a war of movement with no major or decisive battles. . . The Argentines, who bore the brunt of all the fighting in this theater (at this early stage), conducted delaying operations skillfully, buying time for the concentration of the Allied army. It was up to Lopez to force the fight and in this he failed.
Brazil played her best card, and sent her wooden fleet up river loaded with troops. This ability to move up the river effectively flanked Paraguay's military movements. One early raid actually temporarily recaptured Corrientes, forced Paraguay to halt her easterly advance down riveran advance that had carried her to the border of Uruguay.
Lopez, who had now come down to take personal command, ordered his entire fleet to attack the Brazilian squadron anchored nearby. So would transpire the Battle of Riachuelo on Sunday, 11 June 1865. Lopez recognized that the defeat of the Brazilian fleet would be key in bringing victory and allowing the Paraguayan advance to continue. While it did not include any ironclads, we want to give an account of this action as it appears incorrectly in other sources of the battle.

Lopez's admiral was the elderly Rear-Admiral Pedro Ignacio Meza. In a meeting with him and other senior officers, it was determined that the best assault would be an early morning surprise attack between 03:00 and 04:00. The plan called for nine wooden warships, all but one being paddlewheeled, to steam downstream, towing six "chatas" (a small 35 or 40 ton rounded barge with no motive power carrying one large caliber gun, usually a 68 pounder though two carried an 80 pounder), and advance through the Brazilian fleet firing often and quickly, then reform below the enemy, advance up stream and have each ship board one enemy ship. The Paraguayan ship's crews were fleshed out by 500 infantry. A fundamental error existed from the start by not directly attacking the Brazilian ships as by steaming by them they only would alert them and possibly cause some damage. The chata would capture the imagination of Europe, and as pointed out by Martin, ''were described as some ingenious new war device."

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The actual attack was carried out by eight warships and six chatas with a fleet speed of about ten knots and a river speed of about two knots. Being almost exclusively paddlewheeled, it was discovered that the screw Brazilian warships were more maneuverable and it was difficult to board from a paddlewheeled warship (only the Brazilian flagship Amazonas was paddlewheeled). Additionally most of the machinery of the Paraguayan ships was above water and more vulnerable to hits. The Brazilian fleet had in addition to the flagship four screw corvettes and four screw gunboats. None of the warships were ironclads. The nine ship Brazilian squadron mounted 59 guns to the Paraguayan 44.
The Brazilian fleet was nominally under the command of Tamandare but he was in the rear organizing the logistics required for the campaign. The Brazilian river squadron was under the second in command Rear-Admiral Barroso de Silva, who had taken measures to avoid being surprised. It was arranged in a long line on the southern side of the river, away and out of range of some hidden (and unknown to the Brazilians) Paraguayan shore batteries on the opposite shore. The Paraguayans were delayed in their run downstream and ended up attacking at about 09:00 just as Mass was about to be performed on the Brazilian ships. Alarm was given and General Quarters was sounded. Surprise had been lost.
In the course of running by the Brazilian fleet, the Paraguayan fleet suffered the most damage with one ship temporarily disabled. Brazilian losses were minor. Meza now decided to change his plan of attack. As pointed out by Patterson, "it was not healthy to alter a plan of the Marshal/President, even though Lopez was safe at Humaita and uninformed as to how the battle was unfolding. Meza had plenty of reason for a change. There was no surprise, he was out-gunned, and possibly by this time he discovered that someone had forgotten to bring the grappling iron(s)!"

Meza decided to anchor below the Brazilian fleet near some of the hidden Paraguayan shore batteries. The chatas were cast loose and anchored near the shore. This was completed by about 10:00. Both fleets were now effectively cut off from their bases. Barroso raised two signals, one reading "Brazil expects that everyone will do their duty" and "attack and destroy the enemy at the closest possible range." The Brazilian fleet steamed down on the enemy at about 10:50 roughly in line ahead.
The third ship in line was the flagship, Amazonas. Barroso pulled out of line so he could act independently, but the ships behind him, instead of following the two lead ships, followed the Amazonas. By the time this was rectified, the first two Brazilian ships were among the Paraguayan fleet. The second ship, the eight gun Jequitinhonha, tried to regain position with the Amazonas, and failing this, advanced on the Paraguayan fleet and ran firmly aground on a sandbar. She would end up being destroyed by the enemy shore batteries in the ensuing battle.

The lead ship Belmonte, now alone, steamed past the entire enemy fleet and beached herself to prevent her sinking at 11:55. She lost 9 dead, 23 wounded, and had been hit 37 times.

The Amazonas had meanwhile closed to about 50-100 yards from the enemy fleet and proceeded to pour it on. Meza ran up a signal for his fleet to board, but they could not due to the intense fire. After a heavy exchange, the Brazilian fleet found itself below the Paraguayan fleet and trying to find deep enough water to turn around and steam back up river. The six gun Parnayba, which was the tail ship, noted that the Jequitinhonha was hard aground and saw three Paraguayan ships attempting to board her (an attempt she would beat off).
So the little Parnayba made a turn in the narrow river at that point and grounded, damaging her steering. As she steamed up to aid the Jequitinhonha a shot disabled her rudder and she was adrift, under fire, in the midst of the hostile fleet. An attempt to board was now made, in which the Parnayba rammed and sank a Paraguayan ship, the Paraguari, but she was eventually boarded. They gained control of the deck, which is when they discovered she could not steer. The Brazilian crew remained below and preparations were made to blow up the powder magazine.
By now Barroso had found a place in the river to turn, which he did, and he raced up river to continue the fight. As pointed out by P. L. Scott, "Admiral Barroso had never even considered abandoning the fight." Barroso charged with two ships following, directly towards the battle around the Parnayba. With grape shot from the Amazonas killing and maiming many of the Paraguayan boarders, the "sailors and marines come from the holds and fought successfully for the main deck."
The Amazonas next rammed two Paraguayan ships, disabling them, and then completed the defeat of the Paraguayan navy by sinking or capturing the chatas. It was now, with the Paraguayan fleet retiring, that they tried to capture the stranded Jequitinhonha. Meza was wounded during this attempt. Only five Paraguayan warships made it back up the river and the Brazilian pursuit was half hearted.
The elderly Meza would die from his wounds, but not before he received the following message from Lopez, "Tell Meza that as soon as he recovers, he will be shot for cowardice and for not carrying out my orders to not abandon the battle under any circumstances." Approximately 200 Paraguayans died, while Brazil lost 104 dead, 40 missing, and 148 wounded and the Jequitinhonha.
After the battle of Riachuelo, combined with three engagements shortly thereafter with Paraguayan shore batteries that resulted in no ship losses but some casualties, a decision was arrived at by Admiral Tamandare. He wanted the Allied fleet to not advance past enemy shore positions and "thus (be) out of communications." This would heavily influence the naval conduct of the war for some time to come.

However, with this defeat, combined with the destruction of about 18,000 Paraguayan troops, including 5,545 who surrendered at Uruguayana, Lopez's offensive into Brazil and Argentina was over. He was now conducting a defensive, and very bloody war. Beginning in 1866 he was asking for slaves to be released from plantations to fight in his armies and navy. By late 1866 volunteer units of 10 to 14 year old children were being enrolled into military units. By April of 1867 active recruitment of 12 to 15 year old boys was in full swing, and even some women fought, though most ran the home front. Lopez's consort, Irish born Eliza Lynch, formed a woman's corps and, once, dressed as a Colonel, "actually led a cavalry charge!"
The Brazilian troops would bare the brunt of the Allied offensive and would make great use of slaves offered their freedom if they would fight in the war. The advance up the rivers would be slow and would last until Lopez's death in 1870, in part due to the fanatical courage of the Paraguayans. The Brazilians were surprised by the ferocity of these bloody attacks, which even if resulting almost always in Allied victories, would still be costly to both sides. Combined with disease, overall casualties would soar.
Supporting the Allied advance would be the Brazilian ironclad fleet that offers another example of the influence of the American Civil War on naval and river warfare. The main obstacle was to reduce or neutralize Humaita, which guarded the Paraguay River and the hinterland behind it which had "extensive swamps and marshes." The goal was the capture of Asuncion and the deposing of Lopez. To achieve this, Humaita (Indian for "the stone is now black") must either be forced to surrender or passed by a strong naval force that could be supplied.
By 1866 Corrientes had fallen to the Allies and preparations were underway for the next advance. The Brasil and Tamandare first engaged Paraguayan positions below Humaita, known variously as the Flat or Passo de la Patria. A series of small skirmishes now took place as more ironclads arrived. The Paraguayans would occasionally send down a chata or a gunboat to test the Brazilian ships. It was soon realized that a 68 pounder could not penetrate the Brazilian ironclads.
However, on 27 March one of these engagements involved the Bahia and the casemated Tamandare and Barroso. The official Brazilian record stated

The ironclads Bahia and Tamandare approached the Flat to silence it. The Flat continued to fire on the ironclads and two balls entering the square box of the Tamandare placed thirty-four men hors de combat, ten being killed (including her Captain) and twenty-four wounded, the greater number severely. The Bahia took position near the fort, and her first shots broke the Paraguayan cannon. The ironclad Barroso, which likewise went to destroy the Flat, had six men severely wounded, all in her square box. The monitor Bahia . . . had no casualties reported except the wounding of the Commodore while outside the turret. These two vessels were struck respectively by twenty and thirty-nine 68-pounder balls at short range.
A series of maneuvers now transpired that forced this position. One such move involved the ferrying of over 42,000 men, 90 guns, and accompanying horses and supplies up river to turn a Paraguayan position. On September 1 and 2, 1866, a bombardment of fortifications at Curuzu brought about the worst Allied loss to date, that of the new ironclad Rio de Janeiro. She was hit by gunfire and pierced twice before exploding at least one and probably two mines, rapidly filling and sinking in the river. Her captain was lost, and as reported by Meister, along with 52 other men and officers while 61 survived. The fort was stormed by the army on 3 September.
On the 4th, the next fort was being bombarded at Fort Curupaiti, with the Lima Barros receiving 40 hits and the Brasil being hit 38 times. A later land assault on 22 September with the support of the fleet was bloodily repulsed and indirectly led to the relief of Tamandare by Vice-Admiral Joaquim Jose Ignacio. Ignacio, along with Tamandare, would prove that they were willing to fight but were not overly aggressive. None of the Brazilian commanders would prove to be fiery Farraguts in the course of the war.
The war now was focused on Humaita and Curupaiti. These back to back forts on the same side of the river employed thousands of men in defense, over 178 cannon, and some locally manufactured Congreve style rockets. However, these cannon were often antiquated and many did not bear on the river. Also present were three chains extending across the river, backed by minefields (including some electrically controlled ones).
The forts would be bombarded a number of times, though Ignacio had to be directly ordered to do so. It was on 29 December 1866 that the Brazilian fleet again bombarded Curupaiti with no result. Attacks were repeated on 2 and 8 February 1867, as well as 29 May and 24 June 1867. The captain of the Silvado was killed in the attack of 2 February.
Finally, on 15 August 1867, Ignacio passed the lower fort at Curupaiti with a mixed wooden and ironclad squadron, consisting of nine monitors and other ironclads, along with one chata, seven wooden ships and two mortar vessels, taking about two hours. Done in the daylight, the Brazilian squadron expended 665 shot and shell and were hit 256 times, losing 10 dead and 22 wounded. During the action the Tamandare had her engine disabled and was towed through by the Silvado. The operation was repeated on 9 September, and again on 13 February 1868. A tenuous land supply line was established between the two enemy forts. They were preparing for the "Big Game"the passing of Humaita.
Before then, the Paraguayans tried to harass the Brazilian ironclads by mounting a large rifled gun on 26 September 1867, but were forced to withdraw it from the fire of the Tamandare and Bahia. Additionally, they moved about 18 guns from Fort Curupaiti to Humaita, so the Brazilians would have to pass them twice. All this time land operations were in progress and Humaita was finally cut off from a land link with Asuncion.
The decision was finally made to force the passage on the night of 18/19 February. The fort would be passed by six ironclads. Three larger ships would be closest to the fort with three diminutive monitors lashed to their sides. These small monitors had a single gun on a 342 ton vessel propelled by a 30 hp engine. The three larger ships were, in order of advance, the Barroso the Bahia, and the Tamandare. Lashed to them were the Rio Grande, the Alagoas, and the Para. The lead ship was commanded by the former secretary, to Admiral Tamandare, Captain Mota, who after reading of Farragut, wanted to emulate him. The overall command was given to Rear-Admiral D.C. de Carvalho on the Bahia.
Before the advance began in earnest, several ironclads proceeded up river and opened fire on the Paraguayan defenses. Others were stationed just below Humaita and fired at the enemy as well. The squadron slated to run by the forts began steaming into position at 23:00 on the 18th.
As the passage of the forts was in progress, with rockets signaling the attack, the river bank came alive with gunfire from 98 cannon, including one that fired "projectiles weighing 420 pounds." Aim was aided by huge bonfires lit on the shore and the moon was also up to help the firing. The chains, booms, and minefields did not help this night as the river was particularly high, a reason why the Brazilians chose to make the attempt.
The lead pair managed to steam quickly pass the fort and the Barroso was only hit twice. Part way past, the lashings of the Alagoas to the Bahia broke, and the Alagoas began to drift down river. Ignoring an order to retire, she pushed on. Twice the river current carried her back down the river, the first time carrying her all the way back to the supporting Brazilian squadron where she collided with the Herval! She did not finally pass out of enemy gun range until 06:30. She was hit that night approximately 180 times. Her 4.5 inch armor with 15 inches teak backing (with an additional half inch of "skin" plates) was pierced 12 times and her 6 inch turret backed by 10 inches of teak, also with an additional half inch skin, was pierced twice. The "turret was very badly damaged; nearly all the bolts being broken, and the wood-backing being badly crushed in several places."
Meanwhile, her consort the Bahia was having a difficult time of it. Carvalho wanted to retire at one point and actually collided with the Para, which sprung a leak. By 04:50 they were safely past with the Tamandare suffering 120 hits.
Pushing further up river in the coming days, these ships engaged various forts, culminating on 24 February 1868 with the Barroso, Bahia, and Rio Grande arriving off Asuncion. They proceeded to bombard the naval arsenal and Presidential Palace, though Lopez had already evacuated key elements from the city. With this success, the naval war would begin coming to a close, and the days for Lopez would be numbered.
Humaita was now fully surrounded and under siege and Lopez had retreated north with a large force. But the Paraguayans next tried a surprise attack. On 2 March 1868, 200 men of the Cuerpo de Bogabantes (Canoe Paddlers Corps) on 24 disguised canoes (made to appear as floating masses of hyacinths) came down on two picket ironclads, the Lima Barros and Cabral. A Brazilian, Midshipman Jose Roque da Silva, as described in an article by Ricardo Bonalume Neto, decided to investigate the rather regular and large masses of vegetation floating down river. He quickly saw they were swarming with men. While raising the alarm, the Lima Barros was boarded and her captain was on deck. He was a small man and "was able to wiggle his way into his vessel's interior through a porthole." The division commander on board was not so lucky and died sword in hand on that same deck. In the ensuing action the ironclads buttoned up and grapeshot from arriving ships killed or dispersed over 150 men, for the loss of 8 dead and 52 wounded.
Later on 22 March, two of the remaining wooden gunboats of the Paraguayan navy were sunk by four ironclads while lying under the guns of a Paraguayan fort. This was accomplished by the Brazilians with little in the way of loss. The last of the Paraguayan wooden ships would be burned, after being disarmed, as the Brazilians approached them on 18 August 1869.
Another paddler attack was chanced on 9 July with 240 men. The Barroso and the little Rio Grande were attacked. The Barroso was boarded but the Rio Grande helped clear her deck and the attackers were beaten off. Paraguayan losses were heavy and 24 prisoners were taken. The Brazilians lost 1 dead and 12 wounded.
The end was now neat. The garrison escaped from Humaita on 24 July 1868, with the Allies entering it on the 25th. Inside they found 144 iron, 36 bronze, and eight other guns. Pursued, the now desperate garrison of 1,324 men and women was forced to surrender on 5 August. Lopez had the commander's wife executed for this surrender that he viewed as treason. The previous commander of Humaita, the blind Colonel Paulino Alen had earlier tried to commit suicide. He had been evacuated from the fort, and some accounts say he was now executed, though he still suffered from his wounds.
The remainder of the war can be summed up as a continuing advance on Asuncion and pursuit of Lopez. The Brazilian fleet several times passed up and down the river, sometimes to the Paraguayan capital. Engaged by forts several times, their ironclads would be hit, but not damaged. This culminated in the ferrying of the Brazilian army on 4 December 1868 to the rear of Lopez's army. A series of battles were fought, climaxing in the Paraguayan defeat on 20-27 December at Ita-Ibaty. In that month of fighting over 7,000 Allied and over 10,000 Paraguayans had died. On 1 January 1869 Asuncion was entered by the Brazilians.
As pointed out by Meister,

Lopez retreated from the rivers, controlled by the Brazilian fleet . . . Lopez wanted to prolong the war until there was dissension among the allies or he could find safety in Bolivia. He forced the civilian population to follow his retreat into the wilderness, causing the death of hundreds of thousands of women, children, and old men. Thousands were executed on mere suspicion of disagreeing with his scorched earth policy. . .
Lopez would finally be killed in a small action on 1 March 1870 and the war would end shortly after that. Considered by some the first of the modern "total wars," it spoke highly of the determination of the Paraguayan people to fight on, but it did not speak well of the leader they had followed, too many unto death. Polygamy was temporarily adopted after the war to help repopulate it.

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Brazil maintained an up-to-date naval arm long after the War of the Triple Alliance, as this rare shot of the Marechal Floriano in the 1880s clearly shows. (Vittorio Tagliabue)

The war itself had been conducted by the Allies as a river war, reminiscent of the American Civil War. ''It showed the superiority of armor over the penetration capabilities of the cannon shell, allowing the Brazilian armored ship and monitors to pass, relatively unpunished, even the strongest Paraguayan barriers." This failure of the gun to deliver decisive blows against enemy ships encouraged the use of ramming early in the war when a Paraguayan navy existed, as well as the novel concept of boarding in this now modern age.
Ironically, Lopez died sword in hand while trying to escape the destruction of his last meager "army" with the cry of "I die for my fatherland" on his lips, though he more than any man almost literally destroyed it. He is an honored hero today in his home country "and the war of 1864-1870 is the Paraguayan national epic."

Esteban McLaren
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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:49 pm

Batalla de Estero Bellaco

Comandantes
José Eduvigis Díaz (Paraguay)
vs
Bartolomé Mitre (Argentina)
Manuel Luís Osório (Brasil)
Venancio Flores (Uruguay)
Fuerzas en combate
5.000 a 7.000 hombres (Paraguay)
vs
5 batallones de infantería
1 batería de artillería
6ª división del ejército aliado

Bajas
2500 a 4000 muertos y heridos (Paraguay)
1200 a 2500 muertos y heridos (Aliados)

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La Batalla de Estero Bellaco fue uno de los combates más sangrientos de la Guerra de la Triple Alianza.
En esta batalla librada el 2 de mayo de 1866, el ejército paraguayo sufrió 2.000 muertos. Asimismo, 300 de sus hombres fueron tomados prisioneros por las tropas integrantes de la Triple Alianza: Argentina, Brasil y Uruguay.


Ubicación del Estero Bellaco
Este estero está situado en el Departamento de Ñeembucú, Paraguay, a orillas del río del mismo nombre. Al sur se encuentra la República Argentina.

Antecedentes
La Guerra de la Triple Alianza (1865 y 1870) ha sido uno de los más trágicos y dolorosos acontecimientos de la América Meridional. Llamada en Paraguay como Guerra contra la "Triple Alianza", fue un terrible enfrentamiento bélico donde la República Argentina, el Emperador del Brasil y el Partido Colorado de la República Oriental del Uruguay, se unieron en alianza ofensiva y defensiva en la guerra promovida por el Imperio del Brasil contra los gobiernos paraguayo y uruguayo.

Combate en Estero Bellaco
El 16 de abril de 1866 pasaron el río tropas brasileñas al mando del mariscal Osorio y se establecieron en el Fuerte de Itapirú. Luego, el mismo día, cruzó el general Flores al frente del primer cuerpo del ejército de Argentina y de una división de infantería uruguaya. Al día siguiente lo hicieron las tropas de Paunero.
El general Flores, posicionado en Estero Bellaco, fue atacado el 2 de mayo por una fuerza paraguaya de 6.000 hombres con cuatro piezas de artillería. Los paraguayos cayeron sobre Flores con tanta rapidez y sorpresa que prácticamente arrollaron a las tropas argentinas, en completa confusión hasta que estas fueron auxiliadas por doce batallones de reserva.
El 2 de mayo de 1866, el Mariscal López ordenó un reconocimiento ofensivo al sur del Estero Bellaco, para imponerse de la ubicación del oponente.
Las fuerzas aliadas entraron en campo paraguayo, sin figurarse el peligro y los sinsabores que les esperaban. El ejército adversario retrocedía sin hacer resistencia. Todo vaticinaba un éxito próximo y seguro. Siguiendo las huellas de las tropas de López, avanzaron por el camino real de Humaitá, hasta llegar, sin dificultad, al Estero Bellaco del Sur, en cuyas proximidades acampó la vanguardia, compuesta de cuatro batallones uruguayos, cuatro batallones brasileños, cuatro piezas de artillería, algunos regimientos de caballería riograndense y doscientos jinetes de la escolta particular del general Flores. En total, siete mil hombres de las tres armas.

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La posición de las fuerzas de Flores era, como sigue, en aquel momento:
Los cuatro batallones brasileños citados estaban acampados detrás de una suave cuchilla. El batallón 7º, que era el más avanzado, protegía las cuatro piezas del regimiento 1º de artillería. A ochocientos metros a retaguardia estaban el 21 y 38 cuerpos de “Voluntarios da Patria”. Los batallones uruguayos Veinticuatro de Abril, Florida, Independencia y Libertad ocupaban la izquierda de las tropas imperiales.
A las doce del día, cuando los aliados se entregaban a devorar el rancho, hicieron irrupción los paraguayos por los tres pasos del Estero, arrollando los puestos avanzados de la vanguardia. El empuje de la caballería paraguaya sembró en un primer momento el desconcierto entre las fuerzas brasileñas y orientales, más, rehechos los batallones y regimientos y recibidos oportunos refuerzos, fue rechazada junto con los cuerpos de infantería comprometidos en la operación.
En efecto, cuando la vanguardia del ejército aliado había sido completamente derrotada, el coronel José Díaz, comandante de las tropas paraguayas, quiso ir más allá todavía. En vez de ordenar en el acto la retirada, toda vez que el objetivo de la operación ya había sido cumplido, se empeñó en una imprudente persecución, sin pensar que se alejaba de su base, para estrellarse contra el grueso del ejército aliado. Y hubo de soportar, con tropas fatigadas, la presión terrible de todo el poder del oponente en movimiento.
Al otro lado del Estero, Díaz hizo fracasar un movimiento envolvente de las tropas brasileñas, intentado por el Paso Sidra, rechazándolos dos veces a la bayoneta, obligándolos a huir.

Perspectivas de los acontecimientos
Diferentes testimonios y evaluaciones de la Batalla de Estero Bellaco permiten analizar las diversas perspectivas con que fueron juzgados los acontecimientos:
Mitre informó a Paz: Los paraguayos
“fueron obligados a abandonar los bosques en que se guarecían, y haciéndoles dejar en muestro poder más de 1.200 muertos, 3 piezas de artillería, 2 banderas, como 800 fusiles, que son el regocijo y gran cantidad de prisioneros, en su mayor parte heridos, que hasta este momento no es posible precisar (…) la pérdida de los ejércitos aliados asciende en su totalidad de 656 hombres fuera de combate, en su mayor parte heridos” (Mitre a Paz. Cuartel General en el Estero Bellaco, 3 de mayo de 1866. Partes Oficiales. p.31 y 32).
La literatura de Mitre daba por "victoria", lo que en la realidad fue una "derrota". Los paraguayos tomaron “cuatro cañones rayados, con sus carros de municiones, y todos fusiles en pabellón” (Resquín. Partes históricos. p.43) y según el Natalcio Talavera, adscripto al cuartel del general López, dejo un saldo de 200 a 300 muertos y 1.000 heridos en la filas paraguayas en tanto en las filas aliadas contabiliza entre 5 y 6 mil bajas, entre muertos y heridos. (Natalicio Talavera. Crónica de guerra. Campamento de Rojas, mayo de 1866. El semanario N° 628). Para Thompson, las bajas fueron de 2.300 por cada una de las partes.
El derrotado fue Mitre y el propio Flores. Según O´Leary :
“Flores, el gaucho orgulloso, azote de su país, terror de sus compatriotas, no perdió tiempo para abandonar a sus tropas, huyendo cobardemente en un caballo desensillado que encontró a mano” (O´Leary. El centauro de Ibycuí.p.113)
Por lo visto Flores, “yendo por lana salió trasquilado”, según su propia predicción:
“Yo no sé que será de nosotros” escribe Venancio Flores a su esposa el 3 de marzo, al día siguiente de un contraste que había costado “perder casi totalmente la División Oriental, y de veras que si a la crítica situación en que estamos se agrega la constante apatía del general Mitre, bien puede suceder que yendo por lana salgamos trasquilados”.
El propio general Garmendia reconoce implícitamente la derrota, tratando de disimularla insultando al enemigo:
“El batallón (Argentino) empieza a retroceder, diezmado cruelmente: maltratado con la insolencia cobarde del fuerte, retrocede acuchillado enérgicamente, sin descanso, por el enemigo que como un enjambre de indios se le viene encima, enarbolando sus armas vencedoras, prorrumpiendo alaridos de combate, rugidos que piden sangre hasta hartarse, haciendo de la piedad un escarnio” .

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Batalla de Estero Bellaco. Detalle del óleo de Diógenes Hequet. "Historia del Ejército".
Posteriormente, dado el desempeño excelente demostrado por el Teniente Coronel Díaz, el Mariscal Francisco Solano López lo asciende al grado inmediato de Coronel. Las acciones continúan:
El error de López en esta etapa de la guerra estuvo en replegar el grueso de sus tropas a Paso Pacú para arriesgar el todo por el todo en una sola batalla (que habría de ser Tuyutí, según su plan). Una sola batalla puede ganarse o perderse por causas ajenas al mando en jefe o la calidad de las tropas, como sucedería precisamente en Tuyutí. López suponía condiciones militares a Mitre, por lo menos dignas del prestigio pregonado en La Nación Argentina. Cuando se dio cuenta, después de Curupayty, con qué clase de estratega tenía que habérselas, era tarde para ganar la guerra. También los brasileños habían comprendido los puntos que calzaba el General en Jefe; poco menos que exigirían más tarde su reemplazo por el duque de Caixas para que la guerra tuviese fin.


Bibliografía

Geografía del Paraguay- Última Hora

Wikipedia

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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:49 pm

EL EJERCITO ARGENTINO EN LA GUERRA DEL PARAGUAY (PARTE II)

LOS GUARDIAS NACIONALES

Este Ejército “de línea” argentino, sería reforzado, por tropas provenientes de las diferentes provincias del país, las conocidas milicias provinciales (protagonistas auxiliares en todas nuestras guerras civiles), ahora conocidas como Guardia Nacional.
Entraban en esta categoría todos los hombres comprendidos entre los 17 y 45 o 50 años, según fuesen casados o solteros. Se estimaba que el número en toda la República era de unos 185000 hombres aprox. .
Por diferentes motivos (operacionales, económicos y políticos), solo llegarían a movilizarse unos 25000 guardias nacionales, pero sólo unos 15000 llegarían a prestar servicio efectivo en el frente de combate.
Como no podía ser de otra manera, la Provincia que más Guardias Nacionales aportó a la guerra fue Buenos Aires. Eran las tropas que Mitre había comandado en la última guerra civil, de la cual había salido victorioso.
Buenos Aires llegó a aportar dos divisiones completas de hombres que se sumaron al Ejército que marchaba a la guerra. Hay que decir que la mayoría de la juventud de Buenos Aires, acudió a la guerra con un “entusiasmo romántico” contra el “tirano paraguayo”. No hubo problemas para llenar las plantillas de los batallones que marcharían al frente y de aquí también salieron muchas plazas para engrosar las unidades del Ejército regular. La mayoría liberal, que gobernaba la opinión pública en Buenos Aires, iba convencida a vengar el honor nacional contra un tirano invasor.
En el interior del país, aún frescos los recuerdos de las matanzas de los ejércitos comandados por los lugartenientes de Mitre (Rivas, Sandes, Paunero, Arredondo o Flores), la situación de las levas tanto para el Ejército Nacional, como para los batallones de Guardias Nacionales, sería muy complicado.
En los círculos del Gobierno, en la Prensa oficialista y en gran parte de la opinión pública de la Capital, todos confiaban en la proclama del Gral. Bartolomé Mitre : “en 24 horas a los cuarteles, en 15 días en el frente, en 3 meses en Asunción”. La realidad se encargaría de demostrar lo errado del vaticinio del General argentino.

EL APORTE DE BUENOS AIRES

En la provincia de Buenos Aires, la noticia de la invasión de Corrientes y el consecuente estado de guerra con la República del Paraguay, caló hondo en los ánimos patrióticos de esta provincia. A diferencia de las otras Provincias argentinas, aquí no hubo demasiadas resistencias a la recluta general, para marchar a la guerra. Inclusive, se podría decir, que la juventud porteña y liberal, se prestó con entusiasmo guerrero, a vengar esta afrenta al territorio y al honor Nacional. No hubo mayores dificultades en la formación de los Batallones provinciales de la Guardia Nacional.
Muchas de sus unidades eran veteranas de las campañas de las últimas guerras civiles, habiendo combatido en Cepeda y en Pavón.
La Guardia Nacional de Buenos Aires aportó la 1° División de Infantería compuesta por el 1° Batallón del 1° Regimiento, el 1° Batallón del 3° Regimiento y los batallones 2° y 3° del 4° Regimiento. Su Comandante era el Gral. José M. Bustillos. La 2° División de Infantería al mando del Gral. Emilio Conesa, se componía de los “nuevos” batallones 2°, 3°, 4° y 5°, sacados de diferentes unidades de la Guardia Nacional de Buenos Aires, en el interior de la Provincia. Cada batallón iba al completo con las 500 plazas, con lo cual cada División alcanzaba los 2000 hombres.

Había otra famosa unidad de la Guardia Nacional de Buenos Aires, con una foja de servicios gloriosa, que era orgullo de la localidad que le había dado vida. Se trataba del Batallón “San Nicolás”. Unidad veterana de las batallas de Cepeda y Pavón, que traía su enseña ennegrecida por las acciones de guerra en las que había intervenido, marchó representando a la localidad, con orgullo inflamado, uniformes y armas impecables, como toda unidad escogida, y como si fuera poco, contaba con la plantilla más numerosa de los batallones de la Guardia Nacional de Buenos Aires. Eran aprox. 600 hombres. Esta unidad fue incorporada al Primer Cuerpo de Ejército Argentino, durante Mayo de 1865. Las dos Divisiones marcharon hacia Concordia (Entre Ríos), durante Junio y Julio de ese año.
Al igual que este último Batallón, agregado como reserva a una de las mencionadas Divisiones, se sumó el 3° Batallón del 3° Regimiento, el llamado “3 de Oro”, también veterano de las campañas de la Guerra Civil. Así cada una de las Divisiones de Infantería de la Guardia Nacional de Buenos Aires contaba con 4 batallones más uno de reserva, totalizando unos 2500 hombres cada una de ellas.

No terminó allí el aporte bonaerense a la guerra. La Guardia Nacional de Buenos Aires, formó y envió a la guerra dos Regimientos de Caballería. Con aguerridos milicianos provenientes del centro-sur de la Provincia, se formó primeramente el Regimiento de Caballería “Gral. San Martín”, fuerte de poco más de 600 hombres y un plantel de 60 oficiales. Su Comandante fue el Coronel Esteban García, veterano de las guerras civiles argentinas.
En Junio de 1865, las tropas fueron embarcadas hacia la concentración argentina en Concordia.
Un mes después partía el Regimiento de Caballería “General Lavalle”, compuesto por dos escuadrones (igual que el “San Martín”), pero de menor tamaño. Era un Regimiento de poco más de 400 hombres.


LAS PROVINCIAS MESOPOTÁMICAS (ENTRE RÍOS Y CORRIENTES)


Implicadas casi directamente en la recién estallada conflagación, las Provincias de Corrientes y Entre Ríos debieron sortear diferentes situaciones que hicieron difícil la llegada de sus fuerzas al Ejército Argentino.
Corrientes, invadida por el Ejército Paraguayo el 13 de Abril de 1865, tuvo que movilizar lógicamente, las unidades de Guardias Nacionales para defenderse, ya que no había allí unidades del Ejército de Línea. Mientras los paraguayos ponían a un Triunvirato de gobernantes correntinos adictos, como Gobierno de ocupación, las tropas guaraníes al mando del Gral. Robles seguían ocupando el resto de la Provincia, tropezando sólo con la débil resistencia de las Milicias Correntinas.

En el apuro de la situación, el Gobernador Lagraña, se había dado a la tarea de organizar la resistencia, y con las milicias que había logrado reunir formó “La Vanguardia Correntina”. Todas eran fuerzas de Caballería, con una organización y armamentos precarios, pero que sin embargo, consiguieron molestar a las fuerzas de Robles en la Provincia, hasta la llegada de las fuerzas del Ejército Argentino.
Esta Vanguardia de Caballería, se componía de dos agrupaciones (o Divisiones) de Caballería, cuyo número efectivo de tropas era fluctuante, dado que los escuadrones de milicianos se formaban y se desintegraban con rapidez, para volver a formarse en otro punto de Provincia para golpear al invasor y volver a desaparecer.
Actuaron bravamente en la breve Reconquista de Corrientes en Mayo de 1865, en Pehuajó y en la Batalla de Yatay.
Cuando los paraguayos comenzaron la retirada en Octubre de 1865, las milicias Correntinas redoblaron sus esfuerzos de hostilizar al enemigo.
Cuando el Ejército Aliado ya había desalojado a los Paraguayos de la Provincia, la Guardia Nacional Correntina se organizó más formalmente para la guerra que continuaría en suelo guaraní; formando dos grandes Divisiones de Caballería de unos 1000 hombres cada una. Una de ellas estaba comandada por el Gral. Hornos (reconocido jefe de la Caballería porteña en la última Guerra Civil), mientras que la otra era capitaneada por el Caudillo local Nicanor Cáceres (el temido “Gaucho malo” como lo nombraban sus rivales provincianos, los Madariaga).
De más está decir que cuando se impuso el orden y la rígida disciplina militar, comenzó la deserción en estas unidades de bravos gauchos, que si bien habían combatido al invasor paraguayo, tenían poco interés de pelear en otra tierra que no era la suya y menos con y bajo el mando de oficiales del viejo Ejército de Buenos Aires. Después de durísimas medidas disciplinarias, para contener y cortar el ejemplo de la deserción, las dos Divisiones (con casi 1800 hombres, en conjunto), formaron el “Cuerpo de Vanguardia” del Ejército Argentino.
Se organizó también a fines de 1865, el Batallón 1° de Corrientes, compuesto por soldados de Infantería. Con unos 400 hombres y al mando del Coronel Desiderio Sosa, se incorporó al Ejército Argentino, en la costa del Río Batel a fines de ese año.

La Provincia de Entre Ríos, hubiera sido, junto con Buenos Aires, la que más tropas aportara al Ejército Argentino en la guerra. Esta Provincia tenía una Guardia Nacional fogueada en las últimas guerras civiles argentinas, saliendo victoriosas en muchos bravos combates, como Cepeda (1859). El grueso del Ejército confederado argentino, comandado por el Gral. Urquiza, en la última guerra civil, era compuesto por unidades entrerrianas. Su arma de Caballería se contaba entre las mejores tropas militares de Argentina.
Inmediatamente de estallada la guerra (luego de la invasión paraguaya, en Abril de 1865) y la posterior firma del tratado de la Triple Alianza; el Gobernador de la Provincia el Dr. José María Domínguez y el Gral. Urquiza, el viejo caudillo del Ejército de la Confederación, se abocaron a la tarea de reunir las tropas destinadas a engrosar las unidades del Ejército de línea y a formar las unidades de la Guardia Nacional de Entre Ríos, que iban a marchar a la guerra.

A principios de Julio de ese año, ya se había conseguido juntar un respetable contingente de casi 8.000 hombres de Infantería, Caballería y Artillería, destinado a incorporarse al Ejército Nacional que se concentraba en Concordia.
Los lugartenientes de Urquiza, ya le habían manifestado a su Jefe, las resistencias que encontraron en diversos pueblos, para enrolar los hombres destinados a la contienda.
Los paisanos “no querían marchar a la guerra contra los paraguayos, sino contra los porteños….”, le escribía un teniente suyo, un tal…López Jordán…. Muchos Jefes tuvieron que decir que el reclutamiento era con el objeto de enfrentar a las fuerzas del Gral. Mitre, para poder sacarlos de la localidad…….
La noche del 3 de Julio, viaja Urquiza hacia Concordia, a reunirse con Mitre, ya que aquel había sido nombrado Jefe del Ejército de Vanguardia, compuesto por los entrerrianos, el 1° Cuerpo de Ejército al mando de el Gral. Wenceslao Paunero y las milicias correntinas del Gobernador Lagraña. Esa ausencia desencadena las primeras deserciones de los desganados entrerrianos, acampados en la localidad de Basualdo….No querían ir a la guerra con los porteños.
Las Divisiones “Nogoyá” y “Victoria” se desbandan. Urquiza vuelve inmediatamente para contener la deserción generalizada.
Unos 3.000 hombres se han marchado ya del campamento y Urquiza ordena fusilamientos y medidas durísimas para frenar el desbande. Sin embargo, en las noches subsiguientes, éste continúa, hasta que el 7 de Julio, para tratar de mantener su vacilante autoridad, Urquiza ordena el licenciamiento de todos los hombres de la Guardia Nacional de Entre Ríos.
En Octubre, el Gobernador Domínguez había logrado reunir unos 800 hombres en Concepción del Uruguay. Eran el 2° Batallón de Infantería (al mando del Coronel José Caraza, fiel lugarteniente de Urquiza) y el 3° Batallón de Infantería (comandado por un veterano del Ejército Nacional, el Coronel Pedro García, luego reemplazado durante la guerra por el Mayor Lucio Salvadores –muerto en Curupayty-) y un escuadrón de Artillería. Estas, finalmente serían las únicas unidades de la Guardia Nacional de Entre Ríos incorporadas al Ejército Argentino, en Ensenaditas, Corrientes, en Noviembre de 1865.
Es conocida y muy difundida la anécdota del embarque de las tropas entrerrianas en Concepción del Uruguay. Estacionados en el puerto fluvial, dos vapores de la Armada Argentina, esperaban por los entrerrianos. Tuvo que hacerse presente el Gral. Urquiza, para asegurar el embarque del contingente.
Sin embargo, después de un breve discurso y pasar revista a las tropas, cuando el Coronel Caraza dio orden de embarcar, las filas titubearon….la masa de hombres parecía negarse. Urquiza, montado en su caballo y blandiendo su espada, gritó enérgicamente “Coronel Caraza ! ordeno el embarque y hágale volar la cabeza al que se resista”…
Testigo de esto fue el señor Julio Victorica, Secretario del Gobierno entrerriano y cercano al Gral. Urquiza.
Durante fines de Septiembre y Octubre de 1865, Urquiza y sus lugartenientes logran reunir otros 5.000 hombres en Yuquerí y finalmente consigue marchar hacia el frente. Sus establecimientos han vendido toda la caballada al Ejército Brasileño, así que los entrerrianos se encuentran marchando como simple Infantería.
El la noche del 8 de Noviembre, en Toledo, la División “Gualeguaychú” inicia el desbande en masa, seguida inmediatamente por las otras unidades. Urquiza actúa con energía, más desertores son fusilados; pero la rebelión de sus hombres es abierta ya contra él. La deserción termina siendo casi completa esta vez. Nuevamente son licenciados los pocos que quedaron y el Gral. Urquiza, se retira a su Palacio de San José, ya que no ha podido cumplir con su rol militar en esta guerra.


LOS RECLUTAMIENTOS EN SANTA FE Y CÓRDOBA

La Provincia de Santa Fé no tuvo tantos problemas como otras, debido principalmente, a la actividad y energía desplegada por su Gobernador, el Dr. Nicasio Oroño.
En Mayo de 1865, se designa Jefe del Batallón 1° de Santa Fé, al Coronel José María Avalos. La mayor parte de sus oficiales eran hijos de la ciudad de Rosario. Pronto los 500 hombres del Batallón estuvieron prontos a partir al frente, pero tropezaron con la falta de elementos de vestimenta que debía proveer el Gobierno Nacional.
Paralelamente en la ciudad de Rosario se alistó otra unidad. Se trataba del Batallón “Libertad”, fuerte de 500 hombres, al mando del Coronel José Ramón Esquivel, que sufrió las mismas demoras del 1° de Santa Fé.
Mientras el Estado enviaba (con atraso) algo de la vestimenta necesaria y el armamento, las damas de la Sociedad santafesina y rosarina, costearon y bordaron las banderas de guerra de las unidades que marcharían al frente de batalla. En Julio de 1865, los dos Batallones santafesinos, marchaban a la concentración del Ejército Nacional en Concordia.
Sin embargo, no fueron estas las primeras tropas de la Provincia en marchar a la guerra. El Escuadrón de Artillería, una pequeña unidad con unos pocos y viejos cañones y una plantilla que no llegaba a los 100 hombres, al mando del Coronel Leopoldo Nelson marchó y se unió al I Cuerpo de Ejército Argentino del Gral. Paunero y a los Correntinos de Lagraña, logrando tomar parte de la Batalla de Yatay, en Corrientes, en Agosto de 1865.
No terminó allí la contribución de la Provincia, al esfuerzo de guerra Argentino.

Algunos días antes de la partida del Batallón 1° de Santa Fé y del Batallón “Libertad”, el Coronel José A. Fernández comenzaba la formación del “Escuadrón de Voluntarios Santafesinos” de caballería, que para el mes siguiente, se presentaron en el Campamento de Ayuí con un total de 53 hombres entre oficiales, suboficiales y soldados.
Pero la unidad, quizás mas particular de toda la Guardia Nacional del Ejército Argentino, era el Regimiento de Caballería “Blandengues de Belgrano” con casi 700 plazas, formado por indios Mocovíes, reclutados en el Norte de la Provincia y comandado por el veterano Coronel Faustino Arambulo, que había combatido en la Guerra contra el Brasil (1825 – 1828) y en las sucesivas guerras civiles argentinas.
La unidad se embarco a fines de Julio de 1865 con destino al frente.
En el libro del Dr. Miguel Angel De Marco (por cierto, muy recomendable), cita este pintoresco discurso del Gobernador Oroño, al despedir estas tropas de Caballería santafesina :
“ En todo tiempo y cada vez que se los ha sacado de sus hogares para servir a alguna causa, ha sido con la promesa del robo………Hoy no van a hacer otra cosa que pelear por una causa santa y justa. Aunque vean oro en el suelo y los animales sueltos por el campo no hay que tomar nada. Si necesitaran algo, lo pedirán al Gobierno, que, como ahora, les ha de dar cuanto necesiten para comer y vestirse. El Gobierno de Santa Fé quiere que todos los hijos de ésta descuellen en el Ejército por su honradez, ante todo. ¡ Cuidado, pues, con ir a robar ! ”.
Una vez aportadas las unidades de Infantería, Caballería y Artillería y enviadas al frente, el Dr. Oroño, se entregó a la tarea de formar otro Batallón más.
En Rosario y alrededores se reclutaron otros 400 hombres, formando el Batallón “Gral. Paz”, puesto al mando del Coronel José Fidel de Paz. Sin embargo, aquí los contingentes santafesinos sufrieron las sublevaciones que habían ocurrido en las reclutas de otros batallones provinciales. En Noviembre, poco antes de partir, este Batallón de reserva, se sublevó. Hubo juicios sumarios y fusilamientos para frenar la deserción. Disminuído, el Batallón parte hacia Corrientes en Enero de 1866, a las órdenes del Coronel Daniel Villafañe, uniéndose al Campamento Argentino en Ensenaditas.
Al poco tiempo, por disposición del Alto Mando Argentino, los Batallones “Libertad” y “Gral. Paz”, se fusionan para formar el Regimiento “Rosario”, al mando del Coronel Esquivel, destacándose en numerosas acciones de guerra.

En la Provincia de Córdoba, se sucitaron numerosas dificultades para cumplir las pautas del Gobierno Nacional. Después de un primer momento de “shock” y posterior euforia patriótica, al conocerse la noticia de la invasión paraguaya de Corrientes, la opinión pública mediterránea, volvió a tomar distancia de las disposiciones del Gobierno del Gral. Mitre.
Al igual que Santa Fe, la Provincia de Córdoba, debía aportar dos Batallones de Guardias Nacionales, más una cantidad a determinar de plazas para las unidades de línea.
Para colaborar con el arduo reclutamiento, se instaló un delegación del Comando del Ejército en Río Cuarto, bajo las órdenes del General Emilio Mitre, (hermano del Presidente de la República) con el fin de coordinar las levas y el envío de dichas tropas desde Córdoba y Cuyo hacia el Teatro de Operaciones.

Para Julio de 1865, el Batallón “de la Campaña” (tropas reclutadas en el interior de la provincia), de 500 hombres, marchaba hacia Rosario al mando del Coronel Cesáreo Domínguez. Se sublevaron estas tropas en el camino, de manera que sólo 300, se embarcaron en Rosario, para ir a la concentración del Ejército Nacional en Concordia.
Hacia fines de Agosto, marchaba el Batallón reclutado en la capital de la provincia. 500 hombres más, con una magnífica bandera bordada por las damas de la ciudad y con tambores, salió de la capital hacia la posta de Toledo (cerca de Río Segundo) al mando del joven Teniente Coronel Agustín Olmedo.
Al igual que el primer Batallón, las tropas se comenzaron a desbandar al amparo de la noche. Su Jefe, pese a su juventud (tenía sólo 23 años) demostró que ya estaba bien curtido en el mando. Demostró firmeza y reprimió fuertemente el alzamiento.
En Diciembre se reunen ya, los dos Batallones de Guardias Nacionales de Córdoba en el Campamento de Ensenaditas, en Corrientes. El Alto mando Argentino, decide fusionar los dos batallones, en el nuevo Regimiento “Córdoba”, que actuaría a lo largo de casi toda la guerra, siendo de las últimas tropas de Guardias Nacionales en regresar a la Patria y ser desmovilizadas.


LOS GUARDIAS NACIONALES CUYANOS (MENDOZA, SAN JUAN, SAN LUIS)

Desde el Cuartel en Río Cuarto, el General Emilio Mitre, designa al Coronel Rómulo Giuffra (italiano de origen), comandante de las tropas nacionales en la Provincia de San Juan, para coordinar con el Gobernador local (El Dr. Camilo Rojo), el envío de los sanjuaninos al frente de batalla. La base fue el Batallón de “Rifleros de San Juan”, reclutados en las provincias de Cuyo, con el objeto de reprimir el alzamiento de las tropas del “Chacho” Peñaloza; por lo cual, el grueso eran tropas veteranas en la última guerra civil argentina (1861 – 1863).
El Gobernador quiso evitar los problemas de otros contingentes en lo referente a las deserciones, por lo que se suministraron carros y carretas, para el traslado de las tropas. Vale consignar, que en algunos casos, los contingentes provincianos, debieron recorrer larguísimas distancias (todos conocemos nuestro país), a pie !!!!! . Sólo el parque y los suministros logísticos eran transportados en carretas o carros.
Gracias a estas previsiones y a las gestiones de los organizadores, el Batallón de “Rifleros de San Juan”, con 350 hombres estuvo listo para marchar a Concordia en Junio de 1865.

En la Provincia de Mendoza, el Gobernador interino, el General Pascual Segura, remitió con rapidez el Batallón “Mendoza” con 250 hombres aprox., también usando una flota de carros y carretas contratados por el Gobierno Provincial. Este contingente partió de la Provincia durante el mes de Junio. El Batallón salió a las órdenes del mayor Julián Aguirre, luego reemplazado, a su llegada a Rosario, por el Teniente Coronel Manuel Morillo. Posteriormente, el Gobernador mendocino, envió otros 100 hombres para aumentar el número del Batallón “Mendoza”.

Los contingentes de San Juan y de Mendoza, llegaron a Rosario, a fines de Julio y acamparon a una legua de la ciudad. Las tropas fueron recibidas por el Coronel Emilio Mitre. Cuando se pasó revista a los batallones cuyanos, el “Rifleros de San Juan”, presentó algunos claros, es decir, sufrió algunas deserciones en el largo camino hacia el Paraná, a pesar de tener medios de transporte mas adecuados y rápidos que el resto.
Ambos Batallones tuvieron nuevas altas antes de partir hacia el frente, pero en ninguno de los dos casos alcanzaban los 400 hombres por unidad.

En San Luis, la recluta de hombres para el Batallón de Guardias Nacionales fue dificultosa, pese a la actitud de energía y de ardua colaboración que demostró el Gobierno de la Provincia, presidido por el Gobernador, Dr. Justo Daract.
Fue necesario echar mano de la fuerza para reclutar las tropas de la provincia. Al mando del Mayor Juan A. Ortiz Estada, se formó el Batallón “Gral. Pringles”, prontos a partir hacia el puerto de Rosario.
Para fines de Junio, hubo un intento de motín comprobado. Como en los demás casos, se aplicaron medidas durísimas como represión de estos movimientos. Se apresaron a los cabecillas, y una vez comprobados los hechos, mediante sumario militar, se ordenó el fusilamiento de tres promotores principales. Pese a los pedidos de clemencia de varias instituciones provinciales, intercediendo hasta la Sociedad de Beneficiencia, el Gobernador se mantuvo firme en su enérgica resolución.
Así, a fines de Julio de 1865, el Batallón “Gral. Pringles”, partió hacia Rosario. En Septiembre, asume el mando de la unidad el Coronel José María Cabot en reemplazo del Mayor Ortiz Estrada. Aquel era veterano de las últimas guerras civiles argentinas, revistando en el antiguo Ejército de Buenos Aires. Tuvo a su cargo la conducción del Batallón puntano a la concentración del Ejército Nacional en Concordia.

SITUACIÓN EN CATAMARCA, LA RIOJA Y SANTIAGO DEL ESTERO

La Provincia de La Rioja, había sido hasta hace poco tiempo, escenarios de sangrientas batallas entre los caudillos de la Confederación, contra las tropas Nacionales de Mitre. Silenciadas (momentáneamente) las armas del Coronel Ángel Vicente Peñaloza (“El Chacho”) y de Aurelio Zalazar, se habían acantonado allí las tropas del 5° Batallón de Infantería de línea del Ejército. Gobernaba la Provincia (interinamente) el Coronel Julio Campos.
Inmediatamente comenzó la tarea de la remonta del Batallón de Guardias Nacionales Riojanos y de la recluta de hombres para el Ejército de Línea. La hasta hace poco Provincia rebelde, sufrió de procedimientos compulsivos, para la recluta de hombres en todos los rincones de su territorio.
Estos procedimientos no hicieron otra cosa que volver a encender la llama de la insurgencia en las masas rurales de la Provincia.
A fines de Junio, se logró reunir trabajosamente, un contingente de 250 hombres, prontos a marchar “escoltados” por algunas tropas del Ejército de Línea. Sin embargo, fueron atacados por partidas montoneras comandadas por el Caudillo Aurelio Zalazar. El ataque se ejecutó por sorpresa, en el campamento de la localidad de Catuna, venciendo la resistencia de los hombres del Ejército y logrando dispersar fácilmente al contingente de reclutas.
Los rebeldes engrosaron sus fuerzas con estos hombres dispersos y ganaron los llanos que circundan la Capital.
El Gral. Campos, tuvo que salir a campaña con las tropas regulares a combatir a los rebeldes y a efectuar una nueva recluta en la Provincia.
Luego de algunos encuentros parciales, se produjo el choque decisivo. Tuvo lugar en las afueras de la ciudad de La Rioja, y allí las tropas regulares infligieron una dura derrota a la montonera. Aurelio Zalazar fue hecho prisionero. Su tropa fue deshecha y dispersada, sin embargo, muchos otros cayeron prisioneros como su Jefe.
Sobre la base de una compañía del Batallón 5°, más los prisioneros y nuevos reclutas, se efectuó la concentración en Olta, y se formó allí el Batallón de “Cazadores de La Rioja”, con 500 hombres, bajo el mando del mismo Coronel Campos, que resolvió partir a marchas forzadas hacia Córdoba y luego hacia Rosario, en Diciembre de 1865.
Aún así solo 400 hombres se embarcaron en Rosario hacia el campamento argentino de Ensenaditas, en Corrientes, uniéndose al resto de las tropas del Ejército Argentino en Febrero de 1866.
Su nuevo Jefe ahora, era el Coronel Gaspar Campos, ex ayudante del Gral. Bartolomé Mitre durante las jornadas de Cepeda y Pavón.
Era el hermano mayor del esforzado Gobernador que condujo las tropas hacia el Teatro de Operaciones.

En la Provincia de Santiago del Estero, los hombres del Partido Liberal tenían desde hace tiempo, las riendas del poder. Gobernaba el Sr. Absalón Ibarra y en la tarea de la remonta de tropas santiagueñas para el frente de guerra estaría firmemente secundado por el Gral. Antonio Taboada, otro fiel partidario mitrista. Este último ostentaba el cargo de Inspector de armas en Santiago del Estero y La Rioja, y por lo tanto, encargado de remitir al frente los Batallones correspondientes a ambas Provincias.
En Junio, el Gobernador Ibarra escribía al Vice-Presidente Dr. Marcos Paz, en Buenos Aires, que el Batallón Santiagueño se encontraba listo para marchar, pero que aún no lo había hecho, porque estaba “a la espera” del Contingente tucumano, y también por la escasez de medios de transporte, para llegar a Santa Fé a través del Chaco…
Subsanadas en parte, las dificultades relativas al transporte, se ordena al contingente santiagueño, marchar hacia Córdoba, donde le serían provistos medios para el transporte hasta Rosario.
Comienzan pues, a marchar los hombres de Santiago del Estero, estimándose su llegada a Rosario en la primera quincena de Septiembre. Pero, a fines de Agosto, estando el contingente cerca de un Fortin, que guarnecía la frontera contra los Indios, sabiendo que la mayoría de ellos serían incorporados a las tropas que llegaban, desertaban de este Fortín, dispersándose en el monte unos 30 hombres.
Posteriormente, en la Posta de La Viuda, un 9 de Septiembre a la madrugada, el contigente ya ganado por la rebelión, se desbanda masivamente. Los Jefes no pudieron evitarlo.
Posteriormente, se supo con los hombres que se pudieron apresar, antes de ser sometidos a juicio, que la sedición tenía incluso, como finalidad, matar a todos los Jefes, incluído el Comandante Gaspar Taboada.

Quizás, para evitar males mayores, en una Provincia donde gobernaban políticos aliados sinceros de Mitre, el Ministro de Guerra de la Nación, le comunicó al Gobernador Ibarra, que “por estar completos los cuadros del Ejército”, no iban a ser necesarios los hombres de la Guardia Nacional de Santiago del Estero, lo cual, como venimos relatando aquí, no era cierto, en absoluto.
Simplemente el Gobierno Santiagueño, juzgó y pasó por las armas a los cabecillas. No se remitió el Batallón de Guardias Nacionales de la provincia a esta guerra. Solo algunos hombres (presidiarios y gauchos vagos sin ocupación), fueron incorporados a las unidades del Ejército de Línea en el frente.

En la Provincia de Catamarca, el Gobernador Víctor Maubecín, se decidió a actuar con premura y energía, para tratar de evitar los problemas graves que afrontaban las provincias vecinas, en lo referente a la formación del Batallón de Guardias Nacionales que les correspondían suministrar al Ejército Argentino en el frente.
Hacia fines del mes de Julio, parecía que el Batallón había completado ya su plantel, y el Gobernador Maubecín, exultante, le daba cuenta al Gobierno Nacional, de que “cada día que pasa crece el entusiasmo de las tropas y su deseo de partir hacia el teatro de guerra para compartir sus alternativas con todos aquellos que defienden esta causa nacional en las batallas”….
Sin embargo, la realidad era muy distinta. Las penurias económicas de la provincia, la falta de asistencia del Gobierno Nacional, la casi total carencia de medios de transporte y de la pobreza del vestuario era notoria. El ánimo de los Guardias Nacionales catamarqueños, no era para nada del mejor. Todos estos escollos hicieron que se retrasara la partida de los hombres hasta la primera quincena de Octubre de 1865. Pero poco antes estalló el temido motín.
Cuando ya era evidente la marcha hacia el matadero, se sublevaron algunos hombres de uno de los escuadrones.
Los oficiales actuaron con rapidez, y el movimiento fue conjurado. Se apresaron todos los cabecillas, y fueron sometidos a un Consejo de guerra. A los menos comprometidos les correspondieron penas menores, pero a los tres cabecillas les cupo la sentencia de fusilamiento.
Sin embargo se acordó, que para tratar de atemperar la pena y evitar la conmoción de la pequeña sociedad –y por que no, reconocer que no se quería despertar el odio y la posterior rebeldía en masa- se decidió que uno de los tres cabecillas sería pasado por las armas…..en algo insólito en los anales de la Historia militar argentina, se procedió a un sorteo……la suerte de los dados, sería la que decidiría quién muere y quien no.
Javier Carrizo fue el joven catamarqueño que sacó el menor puntaje. El cuatro de sus dados fue el menor puntaje de los tres condenados. Minutos después caería bajo las balas del pelotón de fusilamiento.

Finalmente, todavía después de producidas otras deserciones y con la amenaza de un ataque de las montoneras, el Gobernador se decide a salir rumbo a Rosario. El, personalmente, marcha a la cabeza del Batallón “Libertad”, con casi 400 hombres. A fines de Diciembre, aún se encontraba dicho Batallón en Rosario, junto al contingente salteño a la espera del embarque hacia el frente. Ambos contingentes se hallaban fuertemente custodiados por tropas regulares en previsión de desbandes…..
En Enero de 1866, hacia fines de ese mes llegan los catamarqueños al campamento del Ejército en Ensenaditas, Corrientes. El Batallón “Libertad” tiene ahora un efectivo de 350 soldados y se le asigna como Jefe al Coronel Maximino Matoso.


LAS HEROICAS PROVINCIAS DEL NORTE (JUJUY, SALTA Y TUCUMÁN)


Las Provincias más alejadas del Teatro de Operaciones de la Mesopotamia y del Paraguay, en aquel “lejano” Noroeste Argentino, continuaron con su vieja tradición heroica, poniendo brazos en armas de la Nación desde el nacimiento de la Patria en 1810, conteniendo la reacción realista; luego representadas por la mejor Caballería en la guerra contra el Imperio del Brasil, o en tiempos de la Confederación Rosista, sobrellevando solas el peso de la guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana del Mariscal Andrés Santa Cruz.
En esta contienda tampoco estuvieron ajenas, pero sufrieron igual que sus hermanas, con el levantamiento (y el traslado) de sus Batallones de Guardias Nacionales.

En Tucumán, gobernaba por aquel entonces el Sr. José Posse, ferviente partidario del Mitrismo, e íntimo amigo también del Vice-Presidente Marcos Paz y de Domingo Faustino Sarmiento. Por otra parte, estaba allí el asiento del General Rojo, Inspector del Ejército encargado de los Contingentes de Tucumán y Catamarca. Así que en la Provincia, se procedió inmediatamente, una vez desatadas las hostilidades, a reclutar hombres con el fin de engrosar las tropas del Ejército Argentino. Sin embargo, pese a la formas expeditivas –y compulsivas- de los procedimientos ordenados por estos hombres, pronto surgieron los problemas derivados de la falta de fondos (pocos recursos para medios de transporte y escasa y pobre vestimenta), y la repulsión –como en todo el Interior de la República- de marchar a “esa” guerra. Encima de todo esto, los Gobernadores norteños, recibieron la “sugerencia” de los Comandantes militares en la Mesopotamia, de que las tropas norteñas acudieran al Teatro atravesando el Desierto del Chaco……no reparando tal vez, en la falta absoluta de medios de transporte…..

Tanto fue así, que se refleja en esta carta enviada por el Sr. Posse a su amigo el Vice-Presidente Marcos Paz: “…..El Chaco es el desierto, no hay agua, ni víveres. Un Ejército llegaría derrotado sin más enemigo que el desierto mismo….Ahora, para que marchen estos Contingentes (hablo siempre de la Guardia Nacional) por el camino carretero, no sé como se pueden vencer las dificultades de todo género que salen al encuentro. No hay carretas, porque no es tiempo de que anden tropas; no hay caballos porque no es estación de que los haya gordos, ni hay donde comprarlos, porque en esta Provincia no hay cría de la especie, así es que en los establecimientos de campo, solo tienen los muy precisos. El día que se los declarase artículos de guerra, sería peor porque los esconderían todos…..No te he apuntado los inconvenientes prácticos sin decirte nada de la deserción, imposible de evitar en los Guardias Nacionales; y debo agregarte el más poderoso de todos: la falta de recursos……”
Pese a todo, a mediados de Julio de 1865, el Batallón Tucumán, estaba listo para partir a las órdenes del Comandante Taboada, hasta Santiago del Estero, donde se comprarían caballos…… Aún así hubo algunos retrasos motivados por deserciones y falta de medios, así que finalmente partieron el 8 de Agosto.
En Santiago del Estero, se hizo cargo del Batallón el anciano Coronel José Segundo Roca, veterano de la Guerra de la Independencia, donde luchó en el Ejército de los Andes, bajo el mando del Gral. José de San Martín, y de la guerra contra el Imperio del Brasil (1825-1828). Era un Oficial respetado, y querido por su experiencia y por su valor, y que a pesar de su avanzada edad y de sus achaques, no vaciló en aceptar el mando de la unidad norteña.
Como dice el Sr. De Marco, fue una larga y penosa marcha a través del desierto, plagada de sacrificios e inconvenientes. La deserción se hizo presente también, y el Batallón llegó muy reducido a Santa Fé. El Batallón de Guardias Nacionales “Tucumán” contaba con una plantilla de un poco menos de 320 hombres, además de otros 135 voluntarios para el Ejército de Línea. El Batallón tucumano llegó al Campamento de Ensenaditas en Corrientes, el 31 de Diciembre de 1865. Poco tiempo después, el veterano Coronel Roca, era ascendido al comando de la 4° División del Ejército, así que asumió la Comandancia del Batallón “Tucumán” el Coronel José Casanova.





El veterano Gral. Rudecindo Alvarado, otro veterano de la Guerra de la Independencia, asumió el cargo de Inspector de armas de las Provincias de Salta y Jujuy.
En Salta, el Gobernador Cleto Aguirre, puso manos a la obra inmediatamente, tratando de cumplir las disposiciones del Gobierno Nacional, en el afán de llevar hombres reclutados en Salta, hacia el Teatro de Operaciones.
Con motivo del desbande de las fuerzas entrerrianas en Basualdo, el Gobernador Aguirre, le escribía a Marcos Paz: “……se ha despertado el sentimiento de conservación, amagado por el peligro general…” y agregaba: “…..se ha empezado a comprender la necesidad del esfuerzo de todos los argentinos en esta lucha común.....” expresaba también que “….desde ese día se han presentado numerosos ciudadanos voluntarios, ya para oficiales, o para soldados del Batallón que debe marchar……” Pero, al igual que el Gobernador tucumano, remarcaba : “……Lo que acobarda señor, no es la guerra; es la distancia. Caminar cerca de quinientas leguas a pie es la gran dificultad. Sin este inconveniente y el de los recursos pecuniarios que nos faltan, dos mil soldados sería el número con que sin esfuerzo alguno podría concurrir esta provincia…..”

Dado que las milicias salteñas, se hallaban bien regularizadas, la orden de marcha se dio prontamente. El Batallón “Salta” de unos 500 hombres, fue puesto a las órdenes del Coronel Aniceto Latorre y comenzó su marcha hacia Santiago del Estero, donde sería provisto de caballos, para continuar hacia Córdoba y luego a Rosario. Allí hubo un intento de deserción de parte de las tropas, que fue castigado duramente. Embarcados y transportados en buques argentinos, llegaron a Corrientes el 21 de Octubre de 1865 y marcharon al campamento de Ensenaditas. En los primeros meses de 1866 y ya en territorio paraguayo, se hace cargo de la comandancia del Batallón “Salta” el Coronel Julio A. Roca, futuro Presidente de Argentina, durante dos períodos.

El Dr. Pedro Portal, Gobernador de la Provincia de Jujuy, tropezó de manera inmediata, con la renuencia popular a marchar a una guerra en la lejanía, la falta absoluta de recursos (lisa y llana pobreza absoluta, para formar, sostener y transportar un batallón).
Tener que atravesar todo el país, con un Batallón puesto en pie sola, por una de las provincias más pobres del país y el espíritu de rebelión contra los mandos porteños, conspiraron para que el Gobernador, aún con la ayuda del Gral. Alvarado, no pudieran remitir el Batallón de Guardias Nacionales de Jujuy. El Gobierno Nacional, también lo entendió de la misma manera, así que no se insistió demasiado. Al igual que en el caso de Santiago del Estero, la provincia estuvo representada solo en el Ejército de Línea, con los pocos voluntarios que envió el Gral. Alvarado.


Bibliografía :
- La Guerra del Paraguay (Miguel A. De Marco)
- La Guerra del Paraguay y las Montoneras argentinas (José M. Rosa)
- Maldita Guerra (Francisco Doratioto)
- La Guerra del Paraguay (Juan Beverina)
- Urquiza y Mitre (Julio Victorica)

autor : cordobés
Fuerzas de Defensa de la República Argentina (FDRA)

Esteban McLaren
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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:50 pm

Cuando las comunicaciones entraron en guerra
Marcelo S. Alencar, Thiago T. Alencar and Juraci F. Galdino
Federal University of Campina Grande, Campina Grande, PB, Brazil
Military Institute of Technology, Rio de Janeiro, Brazil


Abstracto
Una de las primeras aplicaciones militares del telégrafo, a efectos Tactial, tuvo lugar durante la guerra entre Brasil y Paraguay, 1864-1870. General Solano López logró comandar sus tropas de su campamento mediante un sistema telegráfico. Cuando Brasil declaró la guerra contra el Paraguay, la atención se dirigió exclusivamente hacia el sur, y una línea que une Río de Janeiro a la provincia de Rio Grande do Sul fue construida en sólo seis meses. Este artículo analiza el primer uso de la comunicación eléctrica con fines militares en América Latina desde una perspectiva histórica.

I. INTRODUCCIÓN
El siglo XIX fue pródigo en términos de ingenio tecnológico. Varios instrumentos y procesos basados ​​en el conocimiento parecían que permitió romper la inercia de larga data de los siglos anteriores, y sentar las bases para una era sin precedentes de la creatividad. La Revolución Industrial comenzó, y por el arte de la guerra, el período trajo grandes novedades [1].
La invención de la carne en lata, leche en polvo (polvo) y la margarina, entre 1840 y 1860, los problemas difíciles de resolver la alimentación de las tropas, lo que permitió que les permite operar a mayores distancias y con menos limitación en el tiempo y la duración de las batallas. Mando y control mejorado con la mejora en los sistemas de comunicación y las nuevas naves y armas fueron desarrolladas. Para ilustrar el tipo de armas utilizadas en ese momento, la figura 1 muestra un ejemplo de la artillería brasileña, comandada por el coronel Mallet, durante la Guerra de la Triple Alianza.

. Figura 1. Artillería brasileña, comandada por el coronel Mallet.

En el área de la comunicación, la novedad fue la invención del telégrafo, que sustituyó el semáforo, creada en Francia en 1794, y empleados por Napoleón Bonaparte en una red que incluía a Venecia, Amsterdam y Mainz. Ese sistema de comunicación permite la transmisión de mensajes entre París y Lille (una distancia de 270 km) en cinco minutos. Una de las primeras aplicaciones militares del telégrafo, con fines tácticos, tuvo lugar durante la guerra entre Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, 1864-1870. Después de un viaje a Europa, con el fin de adquirir equipos y contratar a personal con experiencia en electricidad y comunicaciones, el general Solano López logró comandar sus tropas de su camping mediante un sistema telegráfico.
Cuando Brasil declaró la guerra contra el Paraguay, la atención se dirigió exclusivamente hacia el sur, y una línea que une Río de Janeiro a la provincia de Rio Grande do Sul fue construida en sólo seis meses. Este artículo analiza el primer uso de la comunicación eléctrica con fines militares en América Latina desde una perspectiva histórica.

II. Conflictos anteriores
Durante la guerra de Crimea, la red telegráfica, ya instalada en Europa, se ha mejorado para permitir a Napoleón III para intervenir estratégicamente en las operaciones aliadas. Esta mejora también permite William Henry Russell, el más famoso corresponsal de guerra de The Times, el envío de informes desde el frente en ese momento.
Se utilizaron varios nuevos equipos y armas, desarrolladas durante la Segunda Revolución Industrial, en primer lugar, a gran escala, durante la Guerra de Crimea. Eso era considerada la primera guerra tecnológica, y abrió el camino al concepto de guerra total, de acuerdo con la teoría fundamental del general prusiano y estratega militar Karl Von Clausewitz (1780-1831), publicó en su famoso libro sobre la guerra [2] .
Varios recursos tecnológicos utilizados en la guerra de Crimea fueron utilizadas más adelante en otras guerras, que la sucedieron, incluyendo las dos grandes guerras que azotan el continente americano: la Guerra Civil Americana (1860-1865) y la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, el más sangriento conflicto en la historia latinoamericana, libró entre Paraguay y los países aliados de Argentina, Brasil y Uruguay. La figura 2 muestra un hospital de sangre de Brasil en Paso de la Patria, Paraguay. Las exigencias y experiencias de la Guerra Civil demostró la gran utilidad y la importancia imprescindible del telégrafo eléctrico, tanto como agente administrativo y como un factor táctico en las operaciones militares. Además de la utilización de los sistemas comerciales existentes, no fueron construidos y operados más de quince mil kilómetros de líneas sólo para fines militares.

El trabajo técnico de Bates, Chandler, y Tinker fue importante en cifrar y descifrar mensajes importantes desde y hacia los grandes ejércitos contendientes, que fue hecho por el código.
Stager ideó la primera cifra, que fue lo que mejoró los operadores-cifrado que seguía siendo intraducibles por los confederados hasta el final de la guerra. Especialmente importante fue el servicio prestado por los operadores de cifrado-del Departamento de Guerra en la traducción de los mensajes cifrados confederados que cayeron en manos de la Unión.
Un incidente notable en el campo fue la traducción del mensaje cifrado del general Joseph E. Johnston a Pemberton, capturado por Grant antes de Vicksburg y enviado a Washington. Más importantes fueron los dos despachos de cifrado de la Secretaría de
Guerra en Richmond, en diciembre de 1863, que llevó a una reunión de gabinete y culminó con la detención de los conspiradores confederados en la ciudad de Nueva York, y para la captura de cargamentos de contrabando de armas y municiones. Otros cifrados interceptados y traducido revelaron los planes de los agentes confederados para asaltar ciudades del norte cerca de la frontera. Lo más importante eran los mensajes cifrados que revelan la trama para la incendiarios por mayor de los principales hoteles en Nueva York, que apenas pudo triunfar el 25 de noviembre de 1864.
La necesidad de campo-telégrafos eficientes a la vez impresionado comandantes militares. En Occidente, Fremont inmediatamente actuó, y en agosto de 1861, ordenó la formación de un batallón de telégrafo de tres empresas a lo largo de las líneas de acuerdo con la práctica militar moderna. Major Myer ya había hecho sugerencias similares en Washington, sin éxito. Mientras que las empresas comerciales colocan a su personal y material libremente a disposición del Gobierno, que veían con marcada desfavor cualquier organización militar, y sus recomendaciones eran potentes con el secretario de Guerra Cameron. Fremont recibió la orden de disolver su batallón, y una oficina exclusivamente civil fue sustituido, a pesar de la autoridad legal y los fondos eran igualmente escasos. Los esfuerzos para transferir los fondos y bienes del intendente a esta oficina se resistieron con éxito, debido a la manifiesta ilegalidad de tal acción.
El telégrafo militar era absolutamente esencial para éxito de las operaciones en los valles del Cumberland y del Tennessee, donde guardaban muy largas líneas de comunicación.
Aparte de tren de despacho, que era absolutamente esencial para el transporte de suministros militares para los centenares de miles de hombres de más de un ferrocarril de vía única de varios cientos de kilómetros de longitud, una enorme cantidad de mensajes para el control y la cooperación de los ejércitos separados y comandos independientes fueron enviados a través de los cables. La habilidad y la paciencia son necesarias para una eficiente labor de telégrafo, especialmente cuando las líneas fueron destruidos con frecuencia por las incursiones confederadas o por medio de habitantes hostiles del país.
Aparte de espionaje telegráfica, el servicio más peligrosa era la reparación de las líneas, que a menudo se ha hecho bajo el fuego y con mayor frecuencia en un país infestado de guerrillas. Deberes telegráficas en la sede militar rindieron poco en brillo e interés en comparación con los de desesperada audacia asociado a tocar los cables del oponente. A veces, las oficinas fueron capturados tan rápido como para evitar advertencias telegráficas.
Subvención utilizar el telégrafo militar de grandes tácticas, así como la estrategia en su sentido más amplio. Desde su cuartel general en el ejército de Meade en Virginia, mayo de 1864, dio órdenes al día y recibió informes sobre las operaciones de Meade en Virginia, Sherman en Georgia, Sigel en Virginia Occidental, y Butler en el río James. Más tarde se mantiene bajo control de las fuerzas militares directas superiores a medio millón de soldados, que operan en un territorio de dos millones de kilómetros cuadrados de superficie. A través de una acción concertada y movimientos oportunos, Grant impidió que el refuerzo del ejército de Lee y así acortar la guerra. Sherman dijo: "El valor del telégrafo no puede ser exagerada, como lo demuestra el perfecto acuerdo de la acción de los ejércitos de Virginia y Georgia." [3-10].
En todos los aspectos de la Guerra Civil Americana y la Guerra de la Triple Alianza fueron, sin lugar a dudas, las dos grandes conflictos de las Américas, y que marcaron la evolución de los países que participaron, principalmente a causa de la utilización de
invenciones tecnológicas, como el telégrafo. Este artículo explora el uso del telégrafo como un factor táctico y estratégico en la guerra de la Triple Alianza (Guerra del Paraguay).

III. RETRATO DE UN DICTADOR
Francisco Solano López nació en 1826 y se convirtió en el segundo y último gobernante de la dinastía de los López. Tuvo una infancia mimada. Su padre lo crió a heredar su manto y le hizo un general de brigada a la edad de dieciocho años. Era un mujeriego insaciable, y abundan las historias de los crueles excesos que recurrir a ellos cuando una mujer tuvo el coraje de rechazar.
Su viaje de 1853 a Europa para comprar armas fue sin duda la experiencia más importante de su vida. Su estancia en París resultó ser un punto de inflexión para él. Allí, Solano López admiró las trampas y las pretensiones del imperio francés de Napoleón III.
Él se enamoró de una mujer irlandesa llamada Elisa Alicia Lynch, quien hizo su amante. La Figura 3 muestra un retrato de López.
"La Lynch", como llegó a ser conocida en Paraguay, era una mujer de carácter fuerte encantador, ingenioso, inteligente, que se convirtió en una persona de enorme influencia en Paraguay debido a su relación con Solano López. Modales parisinos de Lynch pronto su marca tendencia en la capital paraguaya hizo, y ella hizo enemigos lo más rápido que se hizo amigo. Lynch calibre Solano López cinco hijos, a pesar de que nunca se casaron. Ella se convirtió en el mayor propietario de tierras en Paraguay después de Solano López transfirió la mayor parte del país y partes de Brasil a ella durante la guerra, sin embargo, conserva prácticamente nada cuando la guerra terminó. Enterró Solano L 'OPEZ con sus propias manos después de la última batalla en 1870 y murió sin dinero algunos años más tarde en Europa.
Solano López consolidó su poder después de la muerte de su padre en 1862 por silenciar varios cientos de críticos y aspirantes a reformadores través prisión. Un congreso paraguayo controlado luego le presidente elegido por unanimidad. Sin embargo, Solano López hubiera hecho bien en escuchar las últimas palabras de su padre para evitar actos de agresión en las relaciones exteriores, especialmente con Brasil. La política exterior de Solano López enormemente subestimada
Los vecinos de Paraguay y sobrevalorado potenciales de Paraguay como potencia militar.
Observadores fuertemente en desacuerdo sobre Solano López. George Thompson, un ingeniero Inglés que trabajaba para el López Solano (se distinguió como oficial paraguayo durante la Guerra de la Triple Alianza, y más tarde escribió un libro sobre su
experiencia) tuvo duras palabras para su ex empleador y el comandante, llamándolo "un monstruo sin paralelo." conducta de Solano López puso a abrir a tales cargos. En primer lugar, errores de cálculo y las ambiciones de Solano López cayeron Paraguay en una guerra con Argentina, Brasil y Uruguay.
La guerra causó la muerte de la mitad de la población de Paraguay y casi borró el país del mapa. Durante la guerra, Solano López ordenó las ejecuciones de sus propios hermanos y tenía su madre y sus hermanas torturado cuando los sospechosos de oposición. Miles de personas, incluyendo soldados y generales más valientes de Paraguay, también fueron a la muerte antes de los pelotones de fusilamiento o fueron cortados en pedazos por orden de Solano López.
Otros vieron Solano López como un megalómano paranoico, un hombre que quería ser el "Napoleón de Sudamérica", dispuestos a reducir su país a la ruina y sus compatriotas a los mendigos en su vana búsqueda de la gloria.
En 1954, Francisco Solano López fue enviado a Europa como ministro plenipotenciario para comprar armas y establecer contactos comerciales. En Inglaterra, Solano López contactó BLTH & Co., una de las empresas más avanzadas de la época. A través de esta sociedad, Paraguay comenzó a importar armas y entrenar a los soldados jóvenes. La compañía también contrató a 250 técnicos europeos, entre 1850 y 1870 - incluyendo 200 británicos - para modernizar el país. William K. Whitehead se convirtió en Jefe Ingeniero del Estado paraguayo, William Stewart se convirtió en Jefe Cirujano y George Thompson fue nombrado Ingeniero Jefe del Ejército.

IV. EL CONFLICTO
La guerra se puede dividir en cuatro fases. La primera fase incluye la ofensiva paraguaya, la batalla naval de Riachuelo y termina cuando Uruguaiana se volvió a tomar. El segundo se caracteriza por la contraofensiva de los aliados. En la tercera fase se produce la toma de posesión de Humait'a y concluye con la conquista de la Asunción, la capital. La Campaña de la Cordilheira fue la cuarta y última fase del conflicto.
Paraguay ha participado en frontera y la tarifa disputas con sus vecinos más poderosos, Argentina y Brasil, por año. Los uruguayos también habían tenido problemas para conseguir y mantener su independencia de los mismos poderes, especialmente
desde Argentina.
En 1864 Brasil ayudó al líder del Partido Colorado de Uruguay para derrocar a su adversario del Partido Blanco, con lo cual el dictador de Paraguay, Francisco Solano López, en la creencia de que el equilibrio de poder regional fue amenazado, fue a la guerra contra el Brasil.
Bartolomé Mitre, presidente de Argentina, organizó entonces una alianza con Brasil y Colorado controlado Uruguay (la Triple Alianza), y juntos se declaró la guerra a Paraguay el 1 de mayo de 1865. La figura 4 muestra Bartolome Mitre, presidente de Argentina.
Acción de López, tras su acumulación de un ejército de 70.000 hombres, entonces el más fuerte en América Latina, fue visto por muchos como la agresión de engrandecimiento propio y nacional, pero, como la guerra avanzaba, muchos argentinos y otros veían el conflicto como guerra de Mitre de conquista.
En la apertura de la guerra, en 1865, las fuerzas paraguayas avanzaron hacia el norte en la provincia brasileña de Mato Grosso y el sur en la provincia de Rio Grande do Sul. Los problemas logísticos y la acumulación de la fuerza de las tropas aliadas, que pronto superados en número de Paraguay por 10 a 1, y luego obligó a los paraguayos a retirarse detrás de sus fronteras. La Figura 5 muestra un mapa, que ilustra la invasión de Mato Grosso por las fuerzas paraguayas.
La figura 6 muestra Fort Coimbra, la primera fortificación atacado y tomado por el Ejército paraguayo durante la invasión de Mato Grosso. La figura 7 muestra una imagen reciente de la misma fortaleza.
En junio 1865 fuerzas navales brasileñas derrotaron a una flota paraguaya en el río Paran'a al Riachuelo, cerca de la ciudad de Corrientes, Argentina. En enero 1866 los aliados habían bloqueado los ríos que conducen a Paraguay. En abril de Mitre encabezó una fuerza de invasión aliada en el suroeste de Paraguay, pero fue impedido de avanzar durante dos años. Feroces batallas se libraron. El más notable, ganada por los paraguayos en Curupayty, en septiembre de 1866, inhibió cualquier ofensiva aliada desde hace casi un año. Ambos bandos sufrieron grandes pérdidas en la campaña. La figura 8 muestra el asalto de la tercera columna del Ejército argentino en Curupayty.
En enero 1868 Mitre fue reemplazado como comandante en jefe por los brasileños Luis Alves de Lima e Silva, marqués (más tarde el duque) de Caxias, que se muestra en la Figura 9. En febrero de barcos acorazados brasileños rompieron las defensas paraguayas en el río Fortaleza de Humait'a, cerca de la unión de los ríos Paraguay y Paraná, y siguieron adelante a bombardear Asunción, la capital. En la campaña de Lomas Valentinas, en diciembre, el ejército paraguayo fue aniquilado. López huyó hacia el norte, y siguió una guerra de guerrillas hasta que fue asesinado el 1 de marzo de 1870.
El pueblo paraguayo se habían fanáticamente comprometido a López y al esfuerzo de guerra, y como resultado, luchó hasta el punto de disolución. La guerra dejó Paraguay devastado. Su población antes de la guerra de aproximadamente 525.000 se redujo a alrededor de 221.000 en 1871, de los cuales sólo alrededor de 28.000 eran hombres. Durante la guerra, los paraguayos sufrieron no sólo al enemigo, sino también de la desnutrición, las enfermedades (cólera), y el dominio de López, que torturó y mató a un número incontable. La figura 10 muestra el ataque de la Marina de Brasil en Curupayty.
Argentina y Brasil, adjuntan unos 140.000 kilómetros cuadrados de territorio paraguayo: Argentina tomó gran parte de la región de Misiones y parte del Chaco entre los ríos Pilcomayo y Bermejo, Brasil amplió su provincia de Mato Grosso del territorio anexado. Ambos exigieron una gran indemnización (que nunca fueron pagados) y ocuparon Paraguay hasta 1876.
Mientras tanto, los colorados habían ganado el control de Uruguay, y mantiene que el control hasta 1958. La guerra abrió el camino para un desarrollo del gobierno constitucional en Paraguay.

Esteban McLaren
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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 3:50 pm

Nuestra guerra de secesión
Por Julio María Sanguinetti | Para LA NACION


"La Guerra de la Triple Alianza se asemeja a una tragedia griega en la cual tanto el público como los personajes conocen el final antes de que la obra termine." Con estas palabras describe Tomas Whigham, historiador norteamericano, el dramático desarrollo de este conflicto militar, el mayor en la historia de América del Sur.

En su inicio no fue así, sin embargo, porque el mariscal Solano López, dictador de Paraguay, al declarar la guerra al Brasil y luego a la Argentina, pasando inmediatamente de la proclama a la acción bélica, tenía algunas razones para ser optimista con su estrategia de guerra relámpago. Aspiraba a jugar un rol en el equilibrio geopolítico de la cuenca del Plata, pensaba que difícilmente el presidente Bartolomé Mitre pudiera unificar a las recelosas provincias argentinas y que los medios militares de Brasil estaban demasiado lejos como para poder detener su triunfal avanzada.

Los hechos le fueron adversos y a sólo seis meses de iniciada la guerra, la marina paraguaya fue destruida en la batalla de Riachuelo: Paraguay quedó aislado, sin posibilidad de ninguna ayuda exterior y constreñido a una estrategia defensiva que, pese a poseer el ejército mejor organizado, más tarde o más temprano lo condenaba a la derrota frente a enemigos económicamente muy superiores.

El conflicto fue tan largo, tan sangriento y tan espantosa la destrucción de Paraguay, luego de una resistencia heroica, que desde entonces está envuelto en polémicas apasionadas. Desde un ángulo se le ha visto como el desenlace fatal para la agresividad de un dictador paranoico, que fusilaba generales y familiares con inusitada crueldad y que en su megalomanía declaró la guerra a los dos Estados más poderosos de América del Sur. Esto fue verdad, pero no explica todo lo ocurrido. Desde el campo opuesto se habla de una gran conjura británica, que alentó a la Argentina y Brasil a destruir la singularidad del desarrollo paraguayo y derrocar un gobierno que no aceptaba subordinarse a ninguna influencia foránea. En esa posición, curiosamente coinciden autores rioplatenses de izquierda con los de la derecha autoritaria paraguaya.

Dentro de esos límites en blanco y negro, con los años, felizmente, se ha ido abriendo el espacio a una reconstrucción histórica que supera los anacronismos y esquematismos ideológicos, narra los hechos tal cual fueron y va esclareciendo de una buena vez cuán poco hay de realidad en la mitología revisionista que en los últimos años ha procurado mirar la dramática confrontación con los estereotipados padrones políticos del antiimperialismo contemporáneo.

Acaba de publicarse el tercer y último tomo de La guerra de la Triple Alianza, del citado Thomas Whigham (Ed. Taurus, Asunción, 2012) y éste constituye, a nuestro juicio, un aporte fundamental para el verdadero conocimiento histórico, que no puede reducir a esquemas simples una realidad tan compleja como era la de nuestra región en aquellos años.

Por eso el autor comienza su narración en la herencia colonial y los difíciles procesos derivados de la independencia. La de Paraguay fue desconocida por Rosas y la Argentina recién la reconoció luego de su caída. Brasil, en cambio, tempranamente dio ese paso diplomático, pero no aceptó en cambio sus fronteras. Uruguay había empezado su vida en el acuerdo internacional en que las Provincias Unidas y el Imperio de Brasil reconocían su independencia pero apenas con resignación, aspirando ambos a ejercer sobre él una influencia que de hecho mantuvieron. Paraguay, que había sido el centro de la colonización española, rechazó desde el inicio su incorporación a las provincias platenses y se encerró desde entonces en un aislacionismo que preservó los autoritarismos gobernantes, fundados por el doctor Francia, un Robespierre criollo, monopolista de la autoridad tanto en lo político como en lo económico.

Whigham considera que la guerra de Paraguay fue a la América del Sur lo que la Guerra de Secesión a los Estados Unidos, o sea, un conflicto que envolvió a todos los actores regionales y terminó de consolidar estructuras políticas nacionales hasta entonces tambaleantes.

No hay duda de que la Argentina se unificó en esos años, con un Buenos Aires que logró alinear detrás de sí a todas las provincias, cosa que López pensó que nunca ocurriría.

Paraguay salió destrozado, con una población masculina cercenada, pero con una independencia que, de no haberse pactado por los aliados en el Tratado de la Triple Alianza, seguramente se hubiera comprometido.

Uruguay, el menos protagónico en el conflicto, consolidó también su independencia, porque la intervención brasileña en su política, en 1865, fue la última de su historia. Se salvó, por otra parte, de envolverse en el conflicto del lado paraguayo, alineamiento que sin duda habría terminado trágicamente.

El propio Brasil experimentó la transformación de su monarquía y afirmó una unidad enconadamente resistida en el Sur. El imperio salió de la guerra liberando los esclavos y vio su final a manos de los militares que habían descubierto en los campos de batalla un poder de arbitraje político hasta entonces desconocido para ellos.

Whigham -al igual que Francisco Doriatoto en su Maldita Guerra (Companhia das Letras, San Pablo, 2002)- encuentra elementos probatorios de que la influencia británica no está presente en el origen del conflicto, considerando que su "mejor explicación descansa en el pequeño ámbito de las ambiciones políticas y cómo esas ambiciones se expresaron en la construcción de nuevas naciones". Los ingleses, imperio comercial por excelencia, querían paz y navegación libre, no pueblos empobrecidos sin capacidad de consumo. El abandono del mariscal López de la prudente política de sus antecesores y su deseo de jugar un rol en los equilibrios del Plata lo llevaron a concebir un plan que inicialmente no parecía descabellado, pero que se transformó luego en una orgía de sangre, que él llevó hasta el delirio cuando se negó a reconocer su derrota. Así sacrificó a un pueblo que le siguió hasta el trágico final.

© LA NACION.

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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 4:00 pm

La Guerra del Paraguay (1865 y 1870)
Por el Mayor (R) Sergio Toyos (Servicio Histórico del Ejército)

Causas y consecuencias

El control del Alto Paraná para el comercio exterior y la definición de límites dilucidó definitivamente en 1865, las relaciones entre los países de la Cuenca del Plata. La República del Paraguay, una potencia mediterránea sustentada por el régimen autocrático de Francisco Solano López había desarrollado al máximo sus recursos militares. Al respecto, poseía un ejército férreamente disciplinado, apoyado con un sistema de fortificaciones, cuyo asiento se encontraba en el ángulo de los ríos Paraguay y Paraná. Por otra parte, dicho ejército estaba complementado con una importante industria bélica.

Causas inmediatas

Los conflictos internos en Uruguay generaron roces internacionales. La lucha por el poder entre el Partido Colorado y el Partido Blanco fue alentada por la injerencia del Imperio del Brasil y la ambición de López, quien pretendía desempeñar un importante papel en la política inestable del pequeño país.



Los hechos
En abril de 1863, desde Buenos Aires se produjo la invasión colorada a Uruguay, a cuyo frente estaba el General Venancio Flores, quien en Pavón había luchado junto a Mitre. En esta circunstancia, el General Mitre declaró y mantuvo una neutralidad formal. Sin embargo, en los hechos, buques argentinos contrabandearon armas para los rebeldes.

En octubre de 1863, ante el consiguiente reclamo del gobierno - integrado por hombres del Partido Blanco - Uruguay y Argentina - representada en la persona de Rufino de Elizalde - firmaron un Protocolo que pretendía finalizar con el entredicho. Este documento fue utilizado, en definitiva, por la Argentina, en menoscabo de Solano López, quien anteriormente había ofrecido su mediación en el conflicto uruguayo-argentino. El gobierno liberal brasileño se hizo eco, entonces, de los perjuicios sufridos por los súbditos en las praderas uruguayas, y para contrarrestar la influencia argentina en la Banda Oriental, estableció una alianza con el General Venancio Flores, por la cual le otorgaba hombres y armas. Pero en mayo de 1864, bajo el pretexto de responder los agravios del gobierno blanco, Brasil acusó a éste de atropellos fronterizos, y aprestó su ejército para invadir suelo uruguayo.

Ante estos hechos, la diplomacia brasileña se empeñó en conseguir la alianza de Buenos Aires, con el objeto de proceder a la represión. Ya que no se contaba con suficientes medios militares, las revueltas internas determinaron que Mitre vacilara y no interviniera concretamente en el problema uruguayo.

Finalmente, el 22 de agosto, el gobierno argentino perdió ante Brasil la iniciativa diplomática, la alianza contra el gobierno blanco se regló en Buenos Aires con la firma del Protocolo Saraiva-Elizalde, que comprometió la neutralidad argentina y dio pie al Imperio para que, en septiembre, invadiera suelo oriental. Otra vez acorralado, el gobierno blanco pidió ayuda a Paraguay.

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El 12 de noviembre, Solano López inició los enfrentamientos contra Brasil, constituyéndose en el primer responsable del episodio que desencadenó la guerra. Asimismo, envió un ejército para invadir Mato Grosso, que estaba aislada del resto del Imperio. Para ello hizo un pedido de libre paso por territorio argentino, en tanto las fuerzas aliadas de Flores y Brasil realizaron un brutal asalto a Paysandú, que fue resistido heroicamente durante casi un mes, desde el 6 de diciembre de 1864. Este hecho enajenó la opinión nacional contra el Imperio.

El 9 de febrero de 1865, el ministro Elizalde contestó a López que no podía permitir el paso de tropas extranjeras por su territorio para atacar a otro país "pues entonces el territorio neutral argentino vendría a ser teatro de la guerra". Entonces López, que ante el colapso del gobierno blanco había quedado sin aliado, atacó y ocupó por sorpresa Corrientes.



La guerra


Año 1865


• 13 de abril

Paraguay, sin declaración de guerra previa, se apoderó de dos buques armados argentinos, en el puerto de Corrientes.

• 14 de abril

Ocupación de Corrientes por fuerzas paraguayas.

• 1º de mayo

Tratado de la Triple Alianza, firmado por Argentina, Brasil y Uruguay. A través de este tratado, se estipuló que la guerra duraría hasta lograr el derrocamiento del gobierno paraguayo.

• 3 de mayo

El Gobierno Argentino recibió la declaración de guerra por parte de Paraguay.

• 9 de mayo

La República Argentina declaró la guerra a Paraguay.



Efectivos militares de los beligerantes


• República Argentina

- Ejército: 8.400 hombres, formado por unidades de línea y de la Guardia Nacional.
- Armada: Disponía de sólo un buque importante.

• Imperio del Brasil

- Ejército: 35.700 hombres.
- Armada: 17 buques con 13 cañones y varios vapores pequeños.

• Uruguay

- Ejército: 4 unidades de línea, acantonadas en Montevideo.

• Paraguay

- Ejército: 60.000 hombres (42.000 de reserva y 18.000 del ejército permanente)
- Armada: 15 pequeños vapores armados.

Planes de operaciones


• Paraguay

Operar con dos columnas, una de 10.000 hombres, que marcharía por la margen Oeste del río Uruguay desde Santo Tomé hacia el Sur, para atacar a las fuerzas brasileñas del territorio oriental, y otra de 20.000 hombres, que se desplazaría por la margen Este del río Paraná hasta Bella Vista. Desde allí, cruzaría el territorio correntino hasta Paso de los Libres, y se reuniría con la columna del río Uruguay. Reserva general: en Humaitá.

• Los aliados:

Defensa estratégica operacional inicial. Concentración del Ejército Argentino en Concordia, donde se le reunirían los otros aliados.


Año 1865


Las operaciones en territorio aliado


• 25 de mayo

Reconquista y evacuación de la ciudad de Corrientes, llevada a cabo por fuerzas argentinas (1.200 hombres), al mando del General Paunero, que desembarcó en cercanías de esta ciudad y la tomó por asalto. Sin embargo, pasadas 24 horas, debió evacuarla, debido a la aproximación de fuerzas paraguayas, superiores en hombres y armamento.

• 11 de junio

Acción naval del Riachuelo (Sur de la ciudad de Corrientes).

La escuadra brasileña derrotó a la paraguaya.

• 3 de julio

Se produjo, en Basualdo, el desbande de las milicias entrerrianas.

• 2 y 5 de agosto

Toma del Paso de los Libres y de Uruguayana, hecho concretado por las dos columnas paraguayas en que se había desdoblado la agrupación del Río Uruguay, y que habían avanzado por ambas márgenes del río.

• 17 de agosto

Combate de Yatay. Se produjo la derrota y aniquilamiento de los paraguayos en territorio argentino, por parte del Ejército de Vanguardia, al mando del General Venancio Flores. Los paraguayos tuvieron 1.200 muertos, 300 heridos y 1.200 cayeron prisioneros. Las pérdidas aliadas alcanzaron a 390 muertos y 246 heridos.

• 18 de septiembre

Rendición de Uruguayana.

Los aliados franquearon el Uruguay, y antes de atacar, intimaron rendición al comandante paraguayo, Teniente Coronel Estigarribia, quien se rindió con sus 5.400 hombres.

• 24 de octubre

Culminó la concentración aliada en Mercedes (Corrientes).

• 30 de octubre

Finalizó la evacuación paraguaya del territorio argentino.

Año 1866


• 29 y 31 de enero

Combates de Pehuajó y de Corrales (Corrientes).

En ambos combates, fuerzas paraguayas provenientes de su territorio en misión de reconocimiento, resultaron derrotadas, y sufrieron fuertes pérdidas. Fueron los últimos combates producidos en territorio argentino.


Las operaciones en territorio paraguayo - Invasión aliada al Paraguay


• Fuerzas paraguayas

En el momento de la invasión aliada, los paraguayos contaban, aproximadamente, con una fuerza compuesta por 20.000 a 25.000 hombres en Paso de la Patria, a quienes se les sumaban alrededor de 2.000 hombres en Itapuá y Tebicuary, más otros núcleos en lugares fortificados. Además, Paraguay disponía de importantes fortificaciones y numerosa artillería.

• Fuerzas aliadas

Las fuerzas aliadas disponían de casi 60.000 hombres, de los cuales 25.000 eran argentinos, 33.000, brasileños y 2.800, uruguayos. La artillería contaba con 90 piezas. Además, debía contarse con el II Cuerpo brasileño, formado por 15.000 hombres, que en dicho momento se encontraba en marcha hacia el teatro de operaciones.


• 16 al 18 de abril

Franqueo del Paraná.

Se hizo a viva fuerza sobre Paso de la Patria con dos escalones, y luego sobre Itapirú, con el resto, después de que este fuerte cayera.

• 2 de mayo

Combate de Estero Bellaco.

Se produjo un ataque sorpresa de los paraguayos. Sin embargo, luego del éxito inicial, un contraataque aliado provocó la retirada de los paraguayos, que sufrieron entre 1.300 y 2.300 bajas, de los cuales 300 fueron hechos prisioneros. Las bajas aliadas sumaron un poco más de 2.000 hombres (1.600 brasileños, 400 uruguayos y 61 argentinos).


Campaña del Cuadrilátero (mayo de 1866 a julio de 1868)


• 24 de mayo

Batalla de Tuyutí.

Los paraguayos con 22.000 hombres, divididos en cuatro columnas, atacaron por sorpresa el campamento aliado de Tuyutí, donde se encontraban los 33.000 hombres de los aliados. Después de cinco horas de lucha, los paraguayos fueron derrotados, sufriendo importantes pérdidas: 6.000 muertos, 7.000 heridos y 370 prisioneros. Los aliados contaron 4.000 bajas (3.000 brasileños, 800 argentinos y 300 uruguayos).

• 10 y 11 de junio

Combate de Yatayty Corá.

Los paraguayos atacaron en tres oportunidades durante dos días, y fueron derrotados. Tuvieron 400 bajas, mientras los argentinos, 205.

• 16 de julio

Combate de Boquerón.

Las fuerzas aliadas atacaron una fortificación paraguaya, pero sólo tuvieron un éxito parcial. Los brasileños sumaron 1.500 bajas y los argentinos, 60. Según se aprecia, las bajas paraguayas fueron similares.

• 18 de julio

Combate de Sauce.

Se produjo un nuevo ataque aliado a las fortificaciones de este lugar. Sin embargo, las fuerzas fueron derrotadas, por lo que debieron retirarse. Habían sufrido 2.500 bajas.

• 3 de septiembre

Combate de Curuzú.

El II Cuerpo brasileño atacó y se apoderó de esa fortificación, cercana a Curupaytí. Sus bajas sumaron 800 hombres, en tanto que las paraguayas alcanzaron 700 muertos, 1.700 heridos y 30 prisioneros.

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• 22 de septiembre

Asalto a Curupaytí.

Se inició con el bombardeo de las posiciones paraguayas por la escuadra brasileña. Este bombardeo duró cuatro horas. Sin embargo, el asalto no tuvo resultados, pues al producirse el ataque terrestre, hallaron intactas a dichas posiciones paraguayas, quienes las diezmaron por el fuego de infantería y artillería. Las tropas aliadas debieron, entonces, retirarse, después de sufrir enormes pérdidas. El Ejército Argentino tuvo 2.050 bajas entre muertos, heridos y dispersos (40% de los efectivos empeñados), y los brasileños 1.950 (20%). Las bajas paraguayas sumaron 92 hombres.



Año 1867


• Enero

Fueron retirados del teatro de operaciones 3.500 argentinos, al mando del Coronel José Miguel Arredondo, para combatir la sublevación de Cuyo.

• 26 de marzo

Se declaró una epidemia de cólera morbus entre los hombres de los campamentos aliados, hecho que produjo miles de bajas en dichas tropas. En junio, los aliados iniciaron una operación, con la finalidad de rodear, por el Este, las fortificaciones del Cuadrilátero.

• 29 de junio

Los aliados alcanzaron Tuyú Cué con la masa de sus fuerzas, sin que durante esa acción fuesen hostilizados por los paraguayos. Operaciones posteriores lograron el cerco total del Cuadrilátero, que quedó aislado.

• 3 de noviembre

Sorpresa de Tuyutí.

Los paraguayos atacaron al aclarar por sorpresa con 8.000 hombres a los 13.000 aliados que habían quedado en el campamento de Tuyutí. En un primer momento, el ataque tuvo éxito, pero la reacción aliada obligó a los paraguayos a retirarse. El atacante tuvo 2.500 bajas, y los aliados, 1.500.



Año 1868


• Marzo

Los paraguayos evacuaron el Cuadrilátero, dejando en Humaitá 3.000 hombres sitiados.

• 15 de julio

Fracasó un ataque brasileño contra Humaitá.

• 24 de julio

Se produjo la evacuación de Humaitá por parte de los paraguayos, sin que ello fuese percibido por los aliados.


Campaña del Pikiciry


El Mariscal López, con las escasas tropas que le quedaban (18.000 hombres de once a sesenta años de edad y 71 cañones), ocupó una posición en el arroyo Pikiciry, a 35 kilómetros al Sur de Asunción.

• 6 de diciembre

Combate de Itororó.

Ataque frontal aliado, que obligó a los paraguayos a retirarse. Sin embargo, esta derrota costó a los brasileños 2.400 bajas, contra 1.200 de los paraguayos.

• 11 de diciembre

Combate de Avahy.

Cerco y aniquilamiento de los paraguayos, que tuvieron 3.500 muertos y 1.000 prisioneros. Las bajas brasileñas alcanzaron a 770.

• 21 de diciembre

Primera batalla de Itaibaté.

Derrota brasileña, que les costó 1.000 muertos y 3.250 heridos.

• 21 de diciembre

Ataque a la posición de Pikiciry. Derrota de los paraguayos, que debieron abandonar la posición. Sus bajas sumaron 680 muertos, 100 heridos y 100 prisioneros.

• 27 de diciembre

Segunda batalla de Itaibaté o Lomas Valentinas.

Cerco y aniquilamiento de los paraguayos, que tuvieron 1.500 muertos y 1.500 prisioneros, sobre un total interviniente de 4.000 hombres. Participaron en este hecho, tropas argentinas al mando del General Andrés Gelly y Obes, quienes sufrieron 347 bajas. Las bajas de los aliados alcanzaron 467 hombres.

• 30 de diciembre

Rendición de Angostura.

Se tomaron 1.200 prisioneros y 16 piezas de artillería.



Año 1869


• 5 de enero

Los aliados ocupan Asunción.

Durante el resto del año, sólo se produjeron choques de partidas aisladas, ya que, prácticamente, el ejército paraguayo, entendido como una fuerza organizada, había desaparecido.



Año 1870

• 1º de marzo

El Mariscal López fue muerto en Cerro Corá, por un destacamento del ejército brasileño. Con su muerte, la Guerra contra el Paraguay había terminado.



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Bibliografía
- Autores varios. Síntesis de las Guerras y Campañas del Ejército Argentino. 1810-1930. Servicio Histórico del Ejército, Buenos Aires, 1997.
- Autores varios. Apuntes de Historia Militar. Colegio Militar de la Nación, 1973.

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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 4:00 pm

Vamos a ahondar un poquito mas

Los chicos de la guerra

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Son muchos los testimonios de la guerra del Paraguay, donde se utilizaron métodos bélicos modernos. La incipiente fotografía de la época posibilitó documentar las miserias de toda guerra y la crueldad de los bandos en pugna, sobre todo la de los invasores. El niño de la izquierda es el Tambor del Regimiento 1 de Infanteria argentino, se calcula que tenía 7 años de edad. El Paraguay perdió no solo gran parte de su territorio sino también la mayoría de la población adulta masculina, por lo que hacia fines de la contienda fueron incorporadas mujeres y chicos al frente de batalla, sin instrucción militar, desnutridos y vestidos con harapos. La mayoría murieron o fueron hechos prisioneros, como los que muestran las imágenes, tomados prisioneros por el glorioso ejército argentino (como las tomas fotográficas duraban muchos segundos, a fin de inmovilizar al fotografiado se lo sujetaba a un trípode de sostén, que se observa detrás de los chicos paraguayos). También Panchito -hijo del mariscal Francisco Solano López- era casi un niño, tenía apenas 15 años y ya era coronel del glorioso ejército paraguayo, muere gritando "un coronel paraguayo no se rinde", como lo relata José María Rosa en esta misma página ("Cerro Corá, la última resistencia paraguaya").


Los gobiernos y las guerras


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Por Juan Bautista Alberdi

Si la guerra moderna es hecha contra el gobierno del país y no contra el pueblo de ese país, ¿por qué no admitir también que la guerra es hecha por el gobierno y no por el pueblo del país en cuyo nombre se lleva la guerra a otro país?

La verdad es que la guerra moderna tiene lugar entre un Estado y un Estado, no entre los individuos de ambos Estados. Pero, como los Estados no obran en la guerra ni en la paz sino por el órgano de sus gobiernos, se puede decir que la guerra tiene lugar entre gobierno y gobierno, entre poder y poder, entre soberano y soberano: es la lucha armada de dos gobiernos obrando cada uno en nombre de su Estado respectivo.

Pero, si los gobiernos hallan cómodo el hacerse representar en la pelea por los ejércitos, justo es que admitan el derecho de los Estados de hacerse representar en los hechos de la guerra por sus gobiernos respectivos.

Colocar la guerra en ese terreno, es reducir el círculo y alcance de sus efectos desastrosos.

Los pueblos democráticos, es decir, soberanos y dueños de sí mismos, deberían hacer lo que hacían los reyes soberanos del pasado: los reyes hacían pelear a sus pueblos, quedando ellos en la paz de sus palacios. Los pueblos -reyes o soberanos-, deberían hacer pelear a sus gobiernos delegados, sin salir ellos de su actitud de amigos.

Es lo que hacían los galos primitivos, cuyo ejemplo de libertad, citado por Grocio, vale la pena de señalarse a la civilización de este siglo democrático.

"Si por azar sobreviene alguna diferencia entre sus reyes, todos ellos (los antiguos francos) se ponen en campaña, es verdad, en actitud de combatir y resolver la querella por las armas. Pero desde que los ejércitos se encuentran en presencia uno de otro, vuelven a la concordia, depositando sus armas; y persuaden a sus reyes de resolver la diferencia por las vías de la justicia; o, si no lo quieren, de combatir ellos mismos entre sí en combate singular y de terminar el negocio a sus propios riesgos y peligros; no juzgando que sea equitativo y bien hecho, o que convenga a las instituciones de la patria, el conmover o trastornar la prosperidad pública a causa de sus resentimientos particulares" (Grocio, Libro II, cap.XXIII)

El presente texto fue publicado en EL CRIMEN DE LA GUERRA, J.B.Alberdi (Capítulo II, Párrafo XIV, pags.46 y 47 / Colección Claridad, Buenos Aires)

La guerra contra el Paraguay

LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA CONTRA EL PARAGUAY ANIQUILÓ LA ÚNICA EXPERIENCIA EXITOSA DE DESARROLLO INDEPENDIENTE

El hombre viajaba a mi lado, silencioso. Su perfil, nariz afilada, altos pómulos, se recortaba contra la fuerte luz del mediodía. Ibamos rumbo a Asunción, desde la frontera del sur, en un ómnibus para veinte personas que contenía, no sé cómo, cincuenta. Al cabo de unos horas, hicimos un alto. Nos sentamos en un patio abierto, a la sombra de un árbol de hojas carnosas. A nuestros ojos, se abría el brillo enceguecedor de la vasta, despoblada, intacta tierra roja: de horizonte a horizonte, nada perturba la transparencia del aire en Paraguay. Fumamos. Mi compañero, campesino de habla guaraní, enhebró algunas palabras tristes en castellano. «Los paraguayos somos pobres y pocos», me dijo. Me explicó que había bajado a Encarnación a buscar trabajo pero no había encontrado. Apenas si había podido reunir unos pesos para el pasaje de vuelta. Años atrás, de muchacho, había tentado fortuna en Buenos Aires y en el sur de Brasil. Ahora venía la cosecha del algodón y muchos braceros paraguayos marchaban, como todos los años, rumbo a tierras argentinas. «Pero yo ya tengo sesenta y tres años. Mi corazón ya no soporta las demasiadas gentes.»
Suman medio millón los paraguayos que han abandonado la patria, definitivamente, en los últimos veinte años. La miseria empuja al éxodo a los habitantes del país que era, hasta hace un siglo, el más avamzado de América del Sur. Paraguay tiene ahora una población que apenas duplica a la que por entonces tenía y es, con Bolivia, uno de los dos países sudamericanos más pobres y atrasados. Los paraguayos sufren la herencia de una guerra de exterminio que se incorporó a la historia de América Latina como su capítulo más infame. Se llamó la Guerra de la Triple Alianza. Brasil, Argentina y Uruguay tuvieron a su cargo el genocidio. No dejaron piedra sobre piedra ni habitantes varones entre los escombros. Aunque Inglaterra no participó directamente en la horrorosa hazaña, fueron sus mercaderes, sus banqueros y sus industriales quienes resultaron beneficiados con el crimen de Paraguay. La invasión fue financiada, de principio a fin, por el Banco de Londres, la casa Baring Brothers y la banca Rothschild, en empréstitos con, intereses leoninos que hipotecaron la suerte de los países vencedores".
Hasta su destrucción, Paraguay se erguía como una excepción en América Latina: la única nación que el capital extranjero no había deformado. El largo gobierno de mano de hierro del dictador Gaspar Rodríguez de Francia (1814–1840) había incubado, en la matriz del aislamiento, un desarrollo económico autónomo y sostenido. El Estado, omnipotente, paternalista, ocupaba el lugar de una burguesía nacional que no existía, en la tarea de organizar la nación y orientar sus recursos y su destino. Francia se había apoyado en las masas campesinas para aplastar la oligarquía paraguaya y había, conquistado la paz interior tendiendo un estricto cordón sanitario frente a los restantes países del antiguo virreinato del Río de la Plata. Las expropiaciones, los destierros, las prisiones, las persecuciones y las multas no habían servido de instrumentos para la consolidación del dominio interno de los terratenientes y los comerciantes sino que, por el contrario, habían sido utilizados para su destrucción. No existían, ni nacerían más tarde, las libertades políticas y el derecho de oposición, pero en aquella etapa histórica sólo los nostálgicos de los privilegios perdidos sufrían la falta de democracia. No había grandes fortunas privadas cuando Francia murió, y Paraguay era el único país de América Latina que no tenía mendigos, hambrientos ni ladrones; los viajeros de la época encontraban allí un oasis de tranquilidad en medio de las demás comarcas convulsionadas por las guerras continuas. El agente norteamericano Hopkins informaba en 1845 a su gobierno que en Paraguay «no hay niño que no sepa leer y escribir...» Era también el único país que no vivía con la mirada clavada al otro lado del mar. El comercio exterior no constituía el eje de la vida nacional; la doctrina liberal, expresión ideológica de la articulación mundial de los mercados, carecía de respuestas para los desafíos que Paraguay, obligado a crecer hacia dentro por su aislamiento mediterráneo, se estaba planteando desde principios de siglo. El exterminio de la oligarquía hizo posible la concentración de los resortes económicos fundamentales en manos del Estado, para llevar adelante esta política autárquica de desarrollo dentro de fronteras.
Los posteriores gobiernos de Carlos Antonio López y su hijo Francisco Solano continuaron y vitalizaron la tarea. La economía estaba en pleno crecimiento. Cuando los invasores aparecieron en el horizonte, en 1865, Paraguay contaba con una línea de telégrafos, un ferrocarril y una buena cantidad de fábricas de materiales de construcción, tejidos, lienzos, ponchos, papel y tinta, loza y pólvora. Doscientos técnicos extranjeros, muy bien pagados por el Estado, prestaban su colaboración decisiva. Desde 1850, la fundición de Ibycui fabricaba cañones, morteros y balas de todos los calibres; en el arsenal de Asunción se producían cañones de bronce, obuses y balas. La siderurgia nacional, como todas las demás actividades económicas esenciales, estaba en manos del Estado. El país contaba con una flota mercante nacional, y habían sido construidos en el astillero de Asunción varios de los buques que ostentaban el pabellón paraguayo a lo largo del Paraná o a través del Atlántico y el Mediterráneo. El Estado virtualmente monopolizaba el comercio exterior: la yerba y el tabaco abastecían el consumo del sur del continente; las maderas valiosas se exportaban a Europa. La balanza comercial arrojaba un fuerte superávit. Paraguay tenía una moneda fuerte y estable, y disponía de suficiente riqueza para realizar enormes inversiones públicas sin recurrir al capital extranjero. El país no debía ni un centavo al exterior, pese a lo cual estaba en condiciones de mantener el mejor ejército de América del Sur, contratar técnicos ingleses que se ponían al servicio del país en lugar de poner al país a su servicio, y enviar a Europa a unos cuantos jóvenes universitarios paraguayos para perfeccionar sus estudios. El excedente económico generado por la producción agrícola no se derrochaba en el lujo estéril de una oligarquía inexistente, ni iba a parar a los bolsillos de los intermediarios, ni a las manos brujas de los prestamistas, ni al rubro ganancias que el Imperio británico nutría con los servicios de fletes y seguros. La esponja imperialista no absorbía la riqueza que el país producía. El 98 por ciento del territorio paraguayo era de propiedad pública: el Estado cedía a los campesinos la explotación de las parcelas a cambio de la obligación de poblarlas y cultivarlas en forma permanente y sin el derecho de venderlas. Había, además, sesenta y cuatro estancias de la patria, haciendas que el Estado administraba directamente. Las obras de riego, represas y canales, y los nuevos puentes y caminos contribuían en grado importante a la elevación de la productividad agrícola. Se rescató la tradición indígena de las dos cosechas anuales, que había sido abandonada por los conquistadores. El aliento vivo de las tradiciones jesuitas facilitaba, sin duda, todo este proceso creador.
El Estado paraguayo practicaba un celoso proteccionismo, muy reforzado en 1864, sobre la industria nacional y el mercado interno; los ríos interiores no estaban abiertos a las naves británicas que bombardeaban con manufacturas de Manchester y de Liverpool a todo el resto de América Latina. El comercio inglés no disimulaba su inquietud, no sólo porque resultaba invulnerable aquel último foco de resistencia nacional en el corazón del continente, sino también, y sobre todo, por la fuerza de ejemplo que la experiencia paraguaya irradiaba peligrosamente hacia los vecinos. El país más progresista de América Latina construía su futuro sin inversiones extranjeras, sin empréstitos de la banca inglesa y sin las bendiciones del comercio libre.
Pero a medida que Paraguay iba avanzando en este proceso, se hacía más aguda su necesidad de romper la reclusión. El desarrollo industrial requería contactos más intensos y directos con el mercado internacional y las fuentes de la técnica avanzada. Paraguay estaba objetivamente bloqueado entre Argentina y Brasil, y ambos países podían negar el oxígeno a sus pulmones cerrándole, como lo hicieron Rivadavia y Rosas, las bocas de los ríos, o fijando impuestos arbitrarios al tránsito de sus mercancías. Para sus vecinos, por otra parte, era una imprescindible condición, a los fines de la consolidación del estado olígárquico, terminar con el escándalo de aquel país que se bastaba a sí mismo y no quería arrodillarse ante los mercaderes británicos.
El ministro inglés en Buenos Aires, Edward Thornton; participó considerablemente en los preparativos de la guerra. En vísperas del estallido, tomaba parte, como asesor del gobierno, en las reuniones del gabinete argentino, sentándose al lado del presidente Bartolomé Mitre. Ante su atenta mirada se urdió la trama de provocaciones y de engaños que culminó con el acuerdo argentino–brasileño y selló la suerte de Paraguay. Venancio Flores invadió Uruguay, en ancas de la intervención de los dos grandes vecinos, y estableció en Montevideo, después de la matanza de Paysandú, su gobierno adicto a Río de Janeiro y Buenos Aires. La Triple Alianza estaba en funcionamiento. El presidente paraguayo Solano López había amenazado con la guerra si asaltaban Uruguay: sabía que así se estaba cerrando la tenaza de hierro en torno a la garganta de su país acorralado por la geografía y los enemigos. El historiador liberal Efraím Cardozo no tiene inconveniente en sostener, sin embargo, que López se plantó frente a Brasil simplemente porque estaba ofendido: el emperador le había negado la mano de una de sus hijas. La guerra había nacido. Pero era obra de Mercurio, no de Cupido.
La prensa de Buenos Aires llamaba «Atila de América» al presidente paraguayo López: «Hay que matarlo como a un reptil», clamaban los editoriales. En septiembre de 1864, Thornton envió a Londres un extenso informe confidencial, fechado en Asunción. Describía a Paraguay como Dante al infierno, pero ponía el acento donde correspondía: «Los derechos de importación sobre casi todos los artículos son del 20 o 25 por ciento ad valorem; pero como este valor se calcula sobre el precio corriente de los artículos, el derecho que se paga alcanza frecuentemente del 40 al 45 por ciento del precio de factura. Los derechos de exportación son del 10 al 20 por ciento sobre el valor...» En abril de 1865, el Standard, diario inglés de Buenos Aires, celebraba ya la declaración de guerra de Argentina contra Paraguay, cuyo presidente «ha infringido todos los usos de las naciones civilizadas», y anunciaba que la espada del presidente argentino Mitre «llevará en su victoriosa carrera, además del peso de glorias pasadas, el impulso irresistible de la opinión pública en una causa justa». El tratado con Brasil y Uruguay se firmó el 10 de mayo de 1865; sus términos draconianos fueron dados a la publicidad un año más tarde, en el diario británico The Times, que lo obtuvo de los banqueros acreedores de Argentina y Brasil. Los futuros vencedores se repartían anticipadamente, en el tratado, los despojos del vencido. Argentina se aseguraba todo el territorio de Misiones y el inmenso Chaco; Brasil devoraba una extensión inmensa hacia el oeste de sus fronteras. A Uruguay, gobernado por un títere de ambas potencias, no le tocaba nada. Mitre anunció que tomaría Asunción en tres meses. Pero la guerra duró cinco años. Fue una carnicería, ejecutada todo a lo largo de los fortines que defendían, tramo a tramo, el río Paraguay. El «oprobioso tirano» Francisco Solano López encarnó heroicamente la voluntad nacional de sobrevivir; el pueblo paraguayo, que no sufría la guerra desde hacía medio siglo, se inmoló a su lado. Hombres, mujeres, niños y viejos: todos se batieron como leones. Los prisioneros heridos se arrancaban las vendas para que no los obligaran a pelear contra sus hermanos. En 1870, López, a la cabeza de un ejército de espectros, ancianos y niños que se ponían barbas postizas para impresionar desde lejos, se internó en la selva. Las tropas invasoras asaltaron los escombros de Asunción con el cuchillo entre los dientes. Cuando finalmente el presidente paraguayo fue asesinado a bala y a lanza en la espesura del cerro Corá, alcanzó a decir: «¡Muero con mi patria!», y era verdad. Paraguay moría con él. Antes, López había hecho fusilar a su hermano y a un obispo, que con él marchaban en aquella caravana de la muerte. Los invasores venían para redimir al pueblo paraguayo: lo exterminaron.
Paraguay tenía, al comienzo de la guerra, poco menos población que Argentina. Sólo doscientos cincuenta mil paraguayos, menos de la sexta parte, sobrevivían en 1870. Era el triunfo de la civilización. Los vencedores, arruinados por el altísimo costo del crimen, quedaban en manos de los banqueros ingleses que habían financiado la aventura. El imperio esclavista de Pedro II, cuyas tropas se nutrían de esclavos y presos, ganó, no obstante, territorios, más de sesenta mil kilómetros cuadrados, y también mano de obra, porque muchos prisioneros paraguayos marcharon a trabajar en los cafetales paulistas con la marca de hierro de la esclavitud. La Argentina del presidente Mitre, que había aplastado a sus propios caudillos federales, se quedó con noventa y cuatro mil kilómetros cuadrados de tierra paraguaya y otros frutos del botín, según el propio Mitre había anunciado cuando escribió: «Los prisioneros y demás artículos de guerra nos los dividiremos en la forma convenida». Uruguay, donde ya los herederos de Artigas habían sido muertos o derrotados y la oligarquía mandaba, participó de la guerra como socio menor y sin recompensas. Algunos de los soldados uruguayos enviados a la campaña del Paraguay habían subido a los buques con las manos atadas. Los tres países sufrieron una bancarrota financiera que agudizó su dependencia frente a Inglaterra. La matanza de Paraguay los signó para siempre.
Brasil había cumplido con la función que el Imperio británico le había adjudicado desde los tiempos en que los ingleses trasladaron el trono portugués a Río de Janeiro. A principios del siglo XIX, habían sido claras las instrucciones de Canníng al embajador, Lord Strangford: «Hacer del Brasil un emporio para las manufacturas británicas destinadas al consumo de toda la América del Sur». Poco antes de lanzarse a la guerra, el presidente de Argentina había inaugurado una nueva línea de ferrocarriles británicos en su país, y había pronunciado un inflamado discurso: «¿Cuál es la fuerza que impulsa este progreso? Señores: ¡es el capital inglés!». Del Paraguay derrotado no sólo desapareció la población: también las tarifas aduaneras. los hornos de fundición, los ríos clausurados al libre comercio, la independencia económica v vastas zonas de su territorio. Los vencedores implantaron, dentro de las fronteras reducidas por el despojo, el librecambio y el latifundio. Todo fue saqueado y todo fue vendido: las tierras y los bosques, las minas, los yerbales, los edificios de las escuelas. Sucesivos gobiernos títeres serían instalados, en Asunción, por las fuerzas extranjeras de ocupación. No bien terminó la guerra, sobre las ruinas todavía humeantes de Paraguay cayó el primer empréstito extranjero de su historia. Era británico, por supuesto. Su valor nominal alcanzaba el millón de libras esterlinas, pero a Paraguay llegó bastante menos de la mitad; en los años siguientes, las refinanciaciones elevaron la deuda a más de tres millones. La Guerra del Opio había terminado, en 1842, cuando se firmó en Nanking el tratado de libre comercio que aseguró a los comerciantes británicos el derecho de introducir libremente la droga en el territorio chino. También la libertad de comercio fue garantizada por Paraguay después de la derrota. Se abandonaron los cultivos de algodón, y Manchester arruinó la producción textil; la industria nacional no resucitó nunca.
El Partido Colorado, que hoy gobierna a Paraguay, especula alegremente con la memoria de los héroes, pero ostenta al pie de su acta de fundación la firma de veintidós traidores al mariscal Solano López, «legionarios» al servicio de las tropas brasileñas de ocupación. El dictador Alfredo Stroessner, que ha convertido al Paraguay en un gran campo de concentración desde hace quince años, hizo su especialización militar en Brasil, y los generales brasileños lo devolvieron a su país con altas calificaciones y encendidos elogios: «Es digno de gran futuro...» Durante su reinado, Stroessner desplazó a los intereses anglo–argentinos dominantes en Paraguay durante las últimas décadas, en beneficio de Brasil y sus dueños norteamericanos. Desde 1870, Brasil y Argentina, que liberaron a Paraguay para comérselo a dos bocas, se alternan en el usufructo de los despojos del país derrotado, pero sufren, a su vez, el imperialismo de la gran potencia de turno. Paraguay padece, al mismo tiempo, el imperialismo y el subimperialismo. Antes el Imperio británico constituía el eslabón mayor de la cadena de las dependencias sucesivas. Actualmente, los Estados Unidos, que no ignoran la importancia geopolítica de este país enclavado en el centro de América del Sur, mantienen en suelo paraguayo asesores innumerables que adiestran y orientan a las fuerzas armadas, cocinan los planes económicos, reestructuran la universidad a su antojo, inventan un nuevo esquema político democrático para el país y retribuyen con préstamos onerosos los buenos servicios del régimen. Pero Paraguay es también colonia de colonias. Utilizando la reforma agraria como pretexto, el gobierno de Stroessner derogó, haciéndose el distraído, la disposición legal que prohibía la venta a extranjeros de tierras en zonas de frontera seca, y hoy hasta los territorios fiscales han caído en manos de los latifundistas brasileños del café. La onda invasora atraviesa el río Paraná con la complicidad del presidente, asociado a los terratenientes que hablan portugués. Llegué a la movediza frontera del nordeste de Paraguay con billetes que tenían estampado el rostro del vencido mariscal Solano López, pero allí encontré que sólo tienen valor los que lucen la efigie del victorioso emperador Pedro II. El resultado de la Guerra de la Triple Alianza cobra, transcurrido un siglo, ardiente actualidad. Los guardas brasileños exigen pasaporte a los ciudadanos paraguayos para circular por su propio país; son brasileñas las banderas y las iglesias. La piratería de tierra abarca también los saltos del Guayrá, la mayor fuente potencial de energía en toda América Latina, que hoy se llaman, en portugués, Sete Quedas, y la zona del Itaipú, donde Brasil construirá la mayor central hidroeléctrica del mundo.
El subimperialismo o imperialismo de segundo grado, se expresa de mil maneras. Cuando el presidente Johnson decidió sumergir en sangre a los dominicanos, en 1965, Stroessner envió soldados paraguayos a Santo Domingo, para que colaboraran en la faena. El batallón se llamó, broma siniestra, «Mariscal Solano López». Los paraguayos actuaron a las órdenes de un general brasileño, porque fue Brasil quien recibió los honores de la traición: el general Panasco Alvim encabezó las tropas latinoamericanas cómplices en la matanza. De la misma manera, podrían citarse otros ejemplos. Paraguay otorgó a Brasil una concesión petrolera en su territorio, pero el negocio de la distribución de combustibles y la petroquímica están, en Brasil, en manos norteamericanas. La Misión Cultural Brasileña es dueña de la Facultad de Filosofía y Pedagogía de la universidad paraguaya, pero los norteamericanos manejan ahora a las universidades de Brasil. El estado mayor del ejército paraguayo no sólo recibe la asesoría de los técnicos del Pentágono, sino también de generales brasileños que a su vez responden al Pentágono como el eco a la voz. Por la vía abierta del contrabando, los productos industriales de Brasil invaden el mercado paraguayo, pero muchas de las fábricas que los producen en Sáo Paulo son, desde la avalancha desnacionalizadora de estos últimos años, propiedad de las corporaciones multinacionales.
Stroessner se considera heredero de los López. El Paraguay de hace un siglo ¿puede ser impunemente cotejado con el Paraguay de ahora, emporio del contrabando en la cuenca del Plata y reino de la corrupción institucionalizada? En un acto político donde el partido de gobierno reivindicaba a la vez, entre vítores y aplausos, a uno y otro Paraguay, un muchachito vendía, bandeja al pecho, cigarrillos de contrabando: la fervorosa concurrencia pitaba nerviosamente Kent, Marlboro, Camel y Benson & Hedges. En Asunción, la escasa clase media bebe whisky Ballantine's en vez de tomar caña paraguaya. Uno descubre los últimos modelos de los más lujosos automóviles fabricados en Estados Unidos o Europa, traídos al país de contrabando o previo pago de menguados impuestos, al mismo tiempo que se ven por las calles, carros tirados por bueyes que acarrean lentamente los frutos al mercado: la tierra se trabaja con arados de madera y los taxímetros son Impalas 70. Stroessner dice que el contrabando es «el precio de la paz»: los generales se lenan los bolsillos y no conspiran. La industria, por supuesto, agoniza antes de crecer. El Estado ni siquiera cumple con el decreto que manda preferir los productos de las fábricas nacionales en las adquisiciones públicas. Los únicos triunfos que el gobierno exhibe, orgulloso, en la materia, son las plantas de Coca Cola, Crush y Pepsi Cola, instaladas desde fines de 1966 como contribución norteamericana al progreso del pueblo paraguayo.
El Estado manifiesta que solo intervendrá directamente en la creación de empresas «cuando el sector privado no demuestre interés», y el Banco Central comunica al Fondo Monetario Internacional que «ha decidido implantar un régimen de mercado libre de cambios y abolir las restricciones al comercio y a las transacciones en divisas»; un folleto editado por el Ministerio de Industria y Comercio advierte a los inversores que el país otorga «concesiones especiales para el capital extranjero». Se exime a las empresas extranjeras del pago de impuestos y de derechos aduaneros, «para crear un clima propicio para las inversiones». Un año después de instalarse en Asunción, el National City Bank de Nueva York recupera íntegramente el capital invertido. La banca extranjera, dueña del ahorro interno, proporciona a Paraguay créditos externos que acentúan su deformación económica e hipotecan aún más su soberanía. En el campo, el uno y medio por ciento de los propietarios dispone del noventa por ciento de las tierras explotadas, y se cultiva menos del dos por ciento de la superficie total del país. El plan oficial de colonización en el triángulo de Caaguazú ofrece a los campesinos hambrientos más tumbas que prosperidades.
La Triple Alianza sigue siendo todo un éxito.
Los hornos de la fundición de Ibycuí, donde se forjaron los cañones que defendieron a la patria invadida, se erguían en un paraje que ahora se llama «Mina–cué» –que en guaraní significa «Fue mina». Allí, entre pantanos y mosquitos, junto a los restos de un muro derruido, yace todavía la base de la chimenea que los invasores volaron, hace un siglo, con dinamita, y pueden verse los pedazos de hierro podrido de las instalaciones deshechas. Viven, en la zona, unos pocos campesinos en harapos, que ni siquiera saben cuál fue la guerra que destruyó todo eso. Sin embargo, ellos dicen que en ciertas noches se escuchan, allí, voces de máquinas y truenos de martillos, estampidos de cañones y alaridos de soldados.

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Imágenes de la nota: 1) Prisioneros paraguayos en manos argentinas; 2) Ruinas de Humaitá después de la batalla, 3) Pérdidas del territorio paraguayo.

Esteban McLaren
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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 4:00 pm

Un David contra tres Goliaths

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Solano López consolidó su poder después de la muerte de su padre en 1862 imponiendo silencio a varios críticos y aspirantes a reformador a través de la cárcel. Otro congreso paraguayo lo eligió presidente unánimemente. Solano López hubiera hecho bien en considerar las últimas palabras de su padre que le aconsejaba evitar actos agresivos en los asuntos extranjeros sobre todo con el Brasil. La política exterior de Solano López subvaloró inmensamente a los vecinos de Paraguay y otorgó excesivo valor al potencial de Paraguay como una potencia militar.

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Los observadores discreparon grandemente sobre Solano López. George Thompson, un ingeniero inglés que trabajó para el joven López (el británico se distinguió como oficial paraguayo durante la Guerra de la Triple Alianza y después escribió un libro sobre su experiencia) tenía palabras ásperas para su ex-patrón y comandante y lo llamaba "un monstruo sin igual". La conducta de Solano López ponía en evidencia tales cargos. En primer lugar, los cálculos erróneos y ambiciones de Solano López zambulleron al Paraguay en una guerra con la Argentina, el Brasil y el Uruguay. Esa guerra produjo la muerte de la mitad de la población paraguaya y casi eliminó al país de la faz de la Tierra. Durante la guerra, Solano López decretó las ejecuciones de sus propios hermanos y mandó a torturar a su madre y hermanas cuando sospechó de ellos como opositores. Miles de personas, inclusive los mejores soldados y generales también sufrieron la muerte delante de pelotones de fusilamiento o ser descuartizados por órdenes de Solano López. Otros vieron en Solano López como un paranoico megalómano, un hombre que quiso ser el "Napoleón de Sudamérica" solo para reducir su país en la ruina y convertir a sus compatriotas en mendigos en su vana búsqueda de gloria.

Sin embargo los nacionalistas paraguayos simpatizantes de ese militar y los historiadores revisionistas extranjeros han retratado a Solano López como un patriota que, pese a sus defectos de conducta, se resistió hasta el último hálito los planes argentinos y brasileños en Paraguay dando así su propia vida en la última batalla. Para ellos el mariscal era una figura trágica atrapada en un tejido de duplicidad argentina y brasileña y que movilizó la nación para expulsar a sus enemigos y los rechazaba heroicamente durante cinco sangrientos años llenos de horror hasta que Paraguay fue totalmente invadido y postrado. Durante los años de Stroessner, los paraguayos consideraban a Solano López como el máximo héroe de la nación. Esa glorificación stronista de un mariscal vanidoso y derrotado fue considerada para mucha gente como una maniobra para tapar la memoria brillante y fresca de un mariscal decente y vencedor en la posterior Guerra del Chaco pero que comulgaba ideas liberales que era José Félix Estigarribia.

El fracaso principal de Solano López fue que no captó los cambios que se habían producido en la región desde los tiempos de Francia. Bajo el mandato de su padre, las prolongadas, sangrientas y confusas señas de nacimiento y crecimiento de los estados rioplatenses, las políticas belicosas del Brasil y las políticas neutrales de Francia funcionaron preservando la independencia paraguaya. Pero el caso se afeó cuando la Argentina y el Brasil afirmaron finalmente sus identidades y se mostraron más unidos en su interior. Por ejemplo, Argentina empezó a tratar sus asuntos exteriores como una nación y no como parte de la región como esperaban los paraguayos. El esfuerzo de Solano López de equiparar al Paraguay como un poder regional a la par de la Argentina y del Brasil solo acarrearía funestas consecuencias.

El estallido de la Matanza de América

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Solano López interpretó la intervención brasileña en Uruguay en septiembre de 1864 como un desaire a los países menos fuertes de la región. Estuvo correcto el presidente paraguayo en la idea de que ni Brasil tampoco Argentina prestaron alguna atención a los intereses de Paraguay cuando formularon sus políticas. Pero concluyó incorrectamente que el poder conservar la independencia uruguaya era crucial para el futuro de Paraguay como nación. Siguió con sus planes para crear al Paraguay como una "tercera fuerza" entre Argentina y Brasil, Solano López comprometió a la nación en la ayuda al Uruguay. Como Argentina no reaccionó a la invasión del Brasil al Uruguay, Solano López capturó un buque de guerra brasileño en noviembre de 1864. Luego prosiguió con una invasión al Matto Grosso, Brasil, en marzo de 1865, una acción que demostró ser uno de los pocos éxitos paraguayos durante la guerra. Solano López decidió golpear a la fuerza principal de su enemigo en la propia tierra uruguaya. Pero no se percató de que la Argentina había aprobado tibiamente a la política de Brasil sobre el Uruguay y no apoyaría al Paraguay contra el Brasil. Cuando el ya autonombrado mariscal Solano López pidió permiso para cruzar territorio argentino para su ejército para poder atacar la provincia brasileña del Río Grande do Sul, Argentina se negó no muy claramente a ese pedido. Decidido igualmente el mariscal envió sus fuerzas a través de la provincia argentina de Corrientes que se interponía entre Paraguay y la ya citada provincia brasileña y esperó encontrar ahí apoyo local fuerte que tenía memoria confederada, empleaba misma lengua guaraní y odio hacia el dominante porteño, lo cual lo halló pero a medias. En cambio, esa acción decidió a Argentina, al Brasil y al Uruguay (ahora reducido como estado títere) para firmar el Tratado de la Triple Alianza en el mayor de los secretos en mayo de 1865. Bajo el tratado estas naciones se juramentaron destruir al gobierno de Francisco Solano López y repartir el país entre las mayores potencias.

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Paraguay no estaba para nada preparado para una guerra de escala mayor, pero el mariscal igual decidió hacerla. En términos de cantidad, el ejército paraguayo con 30.000 hombres era el más poderoso en América Latina. Pero la fuerza del ejército era una mera ilusión ya que le faltaba una dirección especializada, una provisión fiable de armas y material y reservas adecuadas. Desde los días del Supremo, los cuerpos de oficiales habían sido abandonados por razones políticas. El ejército padeció una escasez crítica de personal capacitado y de rango y muchas de sus unidades combatientes estaban mal entrenadas. Al Paraguay le faltó la base industrial para reemplazar las armas perdidas en batalla y la alianza argentino-brasileña bloqueó la recepción paraguaya de armamento enviado desde el extranjero. La población de Paraguay sólo llegaba a aproximadamente 450.000 en 1865, un número más bajo que la cantidad de efectivos de la Guardia Nacional brasileña, y era equivalente a la vigésima parte de la población aliada combinada que sumaba once millones de almas. Solano López llegó a reclutar hasta niños de diez años y forzar a las mujeres a realizar tareas no militares pero aún así, jamás pudo desplegar en el campo de batalla un ejército más grande que el de sus rivales.

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Aparte de algunas victorias paraguayas en el frente norteño, la guerra fue un desastre para el mariscal López. El grueso del ejército paraguayo entró en Corrientes en abril de 1865. Para julio del mismo año más de la mitad de la fuerza de 30.000 hombres fue exterminado o capturado junto con las mejores armas y artillería. La guerra tórnose en un desesperado forcejeo para la supervivencia de la nación. Era salir a matar o morir. En mayo de 1866, los paraguayos libraron la batalla de Tuyutí, que fue una espantosa derrota.


Los periodistas ingleses publicaron el tratado secreto de la Triple Alianza. Eso provocó innumerables reacciones a favor del Paraguay. El afamado jurista argentino Alberdi de tendencia confederada desde Europa se convirtió en el campeón de la causa paraguaya y los países americanos con costa en el Pacífico clamaron por un cese inmediato de hostilidades y protestaron agriamente por los términos del tratado. El presidente de Bolivia, general Melgarejo, hasta ofreció un ejército de 12.000 hombres a favor del mariscal López. Desde el momento en que el territorio argentino quedó libre de invasores, la opinión de las provincias argentinas e importantes hombres públicos porteños juzgaron que no había más razón de guerra, pidieron un cese de fuego inmediato y abogaron por el Paraguay. Esa misma gente impidió que Argentina hiciera efectiva su parte del tratado secreto (que era repartir el Paraguay con el Brasil) después de la guerra aunque aceptó la anexación de territorios paraguayos a su país.

Mientras tanto en medio de esa polémica mundial, los aliados sufrieron una estrepitosa derrota en Curupaity el 22 de septiembre de 1866 a manos del valiente coronel José Eduvigis Díaz y sus pocos hombres en la cumbre del cerro del mismo nombre. Del lado aliado, hubo decenas de miles de muertos mientras los guaraníes solo perdieron menos de cien. Fue algo muy chocante sobre todo para la moral argentina, que hasta consideró retirar su ejército de la Alianza.

Los soldados paraguayos desplegaron una inusitada valentía suicida, sobre todo considerando que Solano López mandó a fusilar o torturar a varios de ellos hasta por nimias ofensas. Las unidades de la caballería operaron de a pie por falta de caballos. Batallones de infantería navales armados sólo con machetes atacaron acorazados brasileños. Los ataques suicidas produjeron verdaderos campos de cadáveres. Pero el cólera también se cobró su cuota. A través de 1867 Paraguay había perdido 60.000 hombres por acciones bélicas, enfermedades varias o capturas y otros 60.000 soldados fueron llamados bajo bandera. Solano López inclusive alistó esclavos y las unidades de infantería reclutaron hasta a niños. Se obligaron a las mujeres a que realizaran trabajo de apoyo detrás de la línea de fuego. La escasez de material era tan severa que las tropas paraguayas entraron semidesnudos al combate e incluso hasta coroneles fueron descalzos al campo de acción, según un observador. El carácter defensivo de la guerra, combinado con la tenacidad paraguaya y la ingenuidad y la dificultad que ocasionó la mutua cooperación que tenían los brasileños y argentinos, dio al conflicto un carácter de guerra friccionada. Al Paraguay le faltaron los recursos para poder continuar la guerra contra los gigantes de Sudamérica.

Cuando la guerra se acercó a su inevitable desenlace, Solano López se imaginó rodeado por una inmensa conspiración, entonces ordenó miles de ejecuciones en el ejército además de dos hermanos y dos cuñados, ministros, oficiales militares y cerca de 500 extranjeros, incluyendo varios diplomáticos. Era el famoso "proceso de San Fernando", un capítulo negro y vergonzoso de la historia guaraní. Ordenó matar a sus víctimas con lanzas para poder ahorrar municiones. Los cuerpos fueron enterrados en una fosa común. Su cruel tratamiento para con los prisioneros era proverbial. El mariscal López condenó a sus propios soldados a la muerte si ellos no cumplían hasta el más mínimo detalle sus órdenes. "Conquistar o morirse" era el lema diario.

La rendición tras largo sitio del fuerte de Humaitá ante fuerzas argentinas el 24 de julio de 1868 fue decisivo para el curso de la guerra porque ese fuerte era la llave de entrada al Paraguay. Tan heroica fue la resistencia paraguaya que cuando salieron los hombres semidesnutridos y casi desnudos, sin municiones, fueron acogidos con altos honores de parte del enemigo en reconocimiento a su valor en combate. En Ytororó y Abay, el general Bernardino Caballero ofreció gallarda resistencia hasta el último hombre contra los avances brasileños para que el mariscal pudiera organizar una batalla decisiva en las Lomas Valentinas donde en 17 de diciembre de 1868 fue atacado igualmente por fuerzas enemigas muy grandes. López pudo salir en retirada después de siete días de combates pero no sin haber fusilado antes a su hermano Benigno López, al obispo Palacios y su canciller José Berges.

Las tropas aliadas entraron en Asunción en enero de 1869, pero Solano López tuvo suerte porque el marqués brasileño Caxias consideró que ocupando la capital en vez de prenderlo daba por terminada la guerra. López logró rejuntar un ejército de 12.000 almas que en realidad eran viejos, niños y mujeres entre Azcurra y Caacupé. Al Brasil le irritó esa cuasi milagrosa supervivencia del tirano paraguayo y decidió continuar la guerra ya sin cuartel. Los argentinos y uruguayos consideraron que ocupando Asunción la guerra se acabó para ellos, dejaron unos regimientos en el lugar y se marcharon de regreso a sus países.

Los brasileños hicieron salvajadas. El 12 de agosto de 1869 ganaron la dramática batalla de Piribebuy y no conformes con eso, incendiaron el hospital repleto de heridos y degollaron al comandante del lugar el mayor Pedro Pablo Caballero. El 16 de agosto de 1869, López dispuso un ejército integrado enteramente por niños para enfrentar a las hordas brasileñas en el fatídico combate de Acosta Ñú… ninguno de los infantes sobrevivió. Hoy en la actualidad en esa fecha se celebra el Día del Niño en todo el territorio paraguayo con una sensibilidad especial.
López debió de huir aún más dentro del país hasta que encontró la muerte lanceado por un soldado brasileño a orillas del arroyo Aquidabán en Cerro Corá. Fue el día 1° de marzo de 1870. Con las palabras postreras "muero con mi patria" en los labios del cruel tirano se acabó la guerra más sangrienta que jamás ha visto América.

El año 1870 marcó el punto más bajo en la historia paraguaya. Cientos de miles de paraguayos habían muerto. Degradado y prácticamente destruido, el Paraguay tuvo que soportar una larga ocupación por tropas extranjeras y ceder enormes extensiones de territorio soberano al Brasil y a la Argentina.

A pesar de varias versiones de los historiadores de lo que pasó entre 1865 y 1870, el mariscal Francisco Solano López no era totalmente responsable de la guerra. Sus causas eran muy complejas e incluían el enojo porteño por la añeja intromisión de Carlos Antonio López en Corrientes. El viejo López también había enfurecido a los brasileños por no haber ayudado a derrocar al tirano porteño Rosas en 1852 y por haber forzado a tropas brasileñas fuera de territorio reclamado por Paraguay en 1850 y 1855 en vez de intentar un trato muy flexible con ellos. Carlos A. López se resintió por haber concedido derechos de navegación libre al Brasil sobre el Río Paraguay en 1858. Argentina le disputó la propiedad del territorio de Misiones que estaba entre el Río Paraná y Río Uruguay y Brasil tenía sus propias ideas sobre el límite brasileño paraguayo. A estos problemas se le agregó el vórtice uruguayo que tocó el ego de Solano López. Carlos Antonio López había sobrevivido principalmente gracias a una buena dosis de cautela y un poco de suerte. Lo que precisamente le faltó a su díscolo hijo.

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Imágen de la nota : Soldados del batallón uruguayo "Florida" conducen el cadáver de su jefe, coronel León de Pallejas, en medio de una atroz lluvia de balas en la batalla de Boquerón, 18 de julio de 1866)


La guerra de la Triple Alianza, sus causas

Por Fermín Chávez

En términos generales la investigación histórica sobre la guerra de la Triple Alianza, y la versión oficial y escolar sobre la misma que imperó por mucho tiempo, están terminadas. La revisión empezó como algo contemporáneo a los hechos, con Carlos Guido y Spano, Juan Bautista Alberdi, Miguel Navarro Viola, José Mármol, Juan Carlos Gómez y otros, finalizó en los últimos tiempos con estudios documentales que patentizan los intereses económicos, los factores geopolíticos y las líneas ideológicas que se conjugaron para gestar la guerra de 1865-70.

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En un sentido más estricto quedan algunos puntos poco abordados, o recién empezados a analizar. Diríamos que hay tres aspectos sobre los que todavía podemos volver, sin repetir lo conocido:
1°) La trama de intereses económico-financieros que condiciona la política de Buenos Aires frente al Paraguay que, además, paraliza al general Urquíza.
2°) Las relaciones de Urquiza con el mariscal López, dentro de un cuadro de opciones y alternativas posibles.
3°) El conocimiento de la declaración de guerra paraguaya, en Buenos Aires, tradicionalmente negado por la historia mitrista.
Esos tres aspectos han sido tratados por diversos autores, en las últimas décadas, pero hay en sus entrañas mucho por iluminar. Y no nos debe sorprender que así sea.


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El cuadro histórico de la pre-guerra es complejo y fluido. Lo único simple está representado por la acción de los intereses británicos, coherentes y efectivos en todas partes, en una hora en que la crisis del mercado algodonero norteamericano hizo trabajar la inteligencia y la voluntad de Gran Bretaña.
La década de 1860 enmarca, llamativamente, en distintos centros productivos y en mercados de consumo del mundo la decidida presencia inglesa, no sólo diplomática, sino también bélica, sea en forma directa, sea por medio de instrumentos nativos.
El principio de la pluralidad de causas en la historia nos explica la mayoría de los hechos políticos y socio-económicos. Y en la pluralidad de causas de este proceso que nos ocupa -la guerra de la Triple Alianza- vamos a fijar nuestra atención sobre la guerra de Secesión norteamericana.
Hacia 1840 las tierras de los Estados del Sur empiezan a perder fertilidad. El algodón agota pronto el suelo. Para conservarlo es necesario rotar los cultivos. Pero la mano de obra que allá lo trabaja es ignorante y los dueños de las plantaciones no ven mucho más allá que sus esclavos.
Falta de algodón.
Gran Bretaña y los Estados del Sur tienden estrechos lazos de colaboración. Aquélla brinda millones de libras para ayudar a los Estados algodoneros de Norteamérica. A partir de 1850 la guerra de secesión parece inevitable.
Cuando en 1860 Lincoln asume el poder y la emprende contra la esclavitud se abren las hostilidades. Inglaterra cuenta con la victoria de las tropas del Sur. Sus centros industriales quieren ver las plantaciones en manos amigas, como si fuera en sus propias manos. Los Estados algodoneros obtienen 165 millones de dólares de adelanto sobre el algodón. Pero las cosas no caminaron, pese a tanto dinero.
En 1860 las plantaciones norteamericanas de algodón rendían 3.841.416 fardos (cada fardo equivalente a 226 kilogramos). De ese total se exportaban a Europa 3.536.373 fardos. Pero la guerra de Secesión será desastrosa para los algodoneros. En 1861 en Norteamérica se recogieron 4 millones y medio de fardos. Y en 1864 -retengamos la fecha- la producción descendió a 300.000 fardos. En 1861 los Estados del Sur podían enviar 615.000 fardos a Lancaster -centro de los telares ingleses-; en 1864, solamente 23.000 fardos. La guerra comportó la ruina también para los distritos industriales ingleses. Consignemos que 250.000 obreros entraron en huelga, y otros 165.000 trabajaban sólo 4 horas por día.
Hacia 1862 graves perturbaciones estallan en Europa: hay miseria en los centros algodoneros y las pérdidas en la bolsa resultan catastróficas.
A Gran Bretaña sólo llegan 300.000 fardos de algodón, cuando Lancaster necesitaba 2 millones y medio; y Francia otro millón. Entonces Gran Bretaña entró a buscar mercados productores de algodón en cualquier parte del mundo. Desde luego, también en América del Sur.
Lo que no fue.
En ese crítico año de 1862 Inglaterra envió a la Confederaci6n Argentina al Dr. Thomas J. Hutchinson, médico y geógrafo que debe hacerse cargo del consulado británico en Rosario. Pero no es éste, en verdad, el cargo fundamental: Hutchinson venía con la misión de buscar algodón salvaje en Santiago del Estero, y a canalizar el río Salado si fuera necesario, y plantar algodoneros en dicha región argentina.
Efectivamente, el cónsul armó una expedición, con el apoyo del Banco Mauá de Rosario, instalado cinco años antes. El geógrafo británico estudió las posibilidades y redactó un informe. En él señalaba que la mano de obra resultaría barata; además los ingleses contarían con el entusiasta apoyo del caudillo y gobernador santiagueño, liberal, Antonino Taboada.
Decía el informante: "Un novillo, zapallo, maíz y sandías, es mantención bastante para 50 hombres durante cinco días, y un animal vacuno no cuesta más que 10 pesos bolivianos, o sea 30 chelines", y esto otro: "El costo de los peones, como también los gastos y lentitud del transporte por carretas de bueyes, será por un largo tiempo un doble impedimento para que esta provincia sea una localidad algodonera".
Se llegó a inaugurar el trabajo de la canalización del Salado, con la presencia de Taboada. Pero después, con el estudio de factibilidad, el proyecto se detuvo. El costo de la
mano de obra santiagueña era muy alto comparado con los salarios de un obrero en Inglaterra.
El fracaso del proyecto santiagueño no desanimó al funcionario inglés. Los ingenieros británicos enviados para trabajar en la canalización no llegaron a ocuparse. Pero el Paraguay estaba cerca y ligado a la Confederación Argentina por los mismos ríos. Y ese país, por clima, suelo y áreas disponibles era una región óptima para el cultivo algodonero.
Entonces, en 1863, los ojos de Inglaterra miraron al Paraguay. Claro que había una valla: el país hermano y vecino, gobernado a la sazón por el mariscal Francisco Solano López, no habla abierto aún las puertas al liberalismo económico.
Este último estaba triunfante tanto en la Buenos Aires portuaria como en las provincias que respondían a Urquiza. El estanciero de San José y saladero de la costa uruguaya ya estaba enredado en la trama de los intereses comerciales y financieros, que iban del Barón de Mauá a la burguesía mercantil del Puerto, encabezada por José Gregorio Lezama, los Lezica, los Carranza, los Lanús, y los ricos caballeros británicos William Leslie y Tomás Armstrong.
Urquiza vería sus productos pecuarios en el mercado de Londres, y estaba en esto dependiendo de los hombres del Puerto. El 2 de enero de 1863 don Justo iba a firmar un contrato con el Banco de Londres, Buenos Aires y Río de la Plata para la venta en mercado británico de lanas, cueros, sebo, ceniza y huesos. Dicho Banco le anticiparía a Urquiza, por la faena de 1863, la cantidad de 3.000 onzas de oro, equivalentes a 51.000 pesos fuertes.
Don Justo vende sus productos al mercado inglés con la intermediación de portuarios eminentes. Don José Gregorio Lezama -futuro proveedor de los ejércitos mitristas de la Triple Alianza- es quien le cubre al entrerriano las letras descubiertas en el Banco de Londres. Estos avales terminan dominándolo también políticamente en la hora de pronunciamientos capitales.

Pobreza suma

No podemos pasar por alto otro ingrediente histórico que es la pobreza de la Confederación en la década del 60, luego de la experiencia frustrada de los "derechos diferenciales". Existen en el Archivo General de la Nación documentos inéditos sobre dichas dificultades financieras, y que también conciernen a las relaciones de la Confederación con el Paraguay, en la etapa anterior a la guerra.
En el mes de abril de 1860, el entonces Ministro del Interior del gobierno de Derqui, el doctor Juan Pujol, efectuó una visita al mariscal López. La entrevista se realizó en la casa de campo de Humaitá, del jefe de Estado paraguayo.
La Memoria, existente en el Archivo Urquiza, redactada luego de la reunión y de común acuerdo, consigna todos los pormenores. Tras una detenida conversación general, Pujol le señaló al Mariscal "la situación apremiante" de las provincias de la Confederación, como consecuencia de la actitud segregacionista y hostil de Buenos Aires. Habla llegado el momento de preferir "una mano amiga", en vez de los préstamos europeos. Y concretando el propósito de la visita, el ministro argentino solicitó al Mariscal que el gobierno paraguayo concediese al de la Confederación Argentina un empréstito de 400 a 500 mil pesos, o por lo menos de 100 a 200 mil, reembolsable de varias formas. En síntesis: López, luego de escuchar la propuesta, demostró los inconvenientes que tendría su gobierno para otorgarlo, pese a los buenos deseos de su parte.
Como e1 gobernante paraguayo hizo hincapié en las cuestiones de límites pendientes, Pujol le manifestó que el presidente Derqui esperaba al Mariscal en Paraná, para concluir un tratado de límites. Pero la sustancia de las conversaciones pone de relieve la debilidad del gobierno de Paraná en ese año critico de 1860, preámbulo de otro más crítico cual fue el de 1861.

Dominio del Puerto

A mediados de julio de 1860 Derqui y Urquiza visitan Buenos Aires, invitados por Mitre. Podemos, con cierto rigor, tomar esta fecha como la de la transferencia del poder político nacional al partido Liberal. A partir de allí don Justo será fiel a Buenos Aires en las opciones claves del proceso rioplatense, y pasará a integrar el sistema financiero y mercantil que el Puerto domina. Sólo los veteranos federales de las provincias y, en medida análoga, el mariscal López y los "blancos" de la Banda Oriental, seguirán creyendo por algún tiempo en la aptitud política nacional de Urquiza.
Pavón refrendará con sangre y fuego la conciliación del jefe de la Confederación con los intereses del Puerto. Es en realidad una batalla trasnochada y superflua, ya que su desenlace es coherente con la nueva política del saladero entrerriano. El ha dejado de ser el jefe de las provincias confederadas para convertirse en un fuerte empresario entrerriano. Esta es la tesis de Juan Bautista Alberdi que suscribimos en todo su cruel significado.
Las dudas sobre lo ocurrido en Pavón ya han sido disipadas por la historiografía. El arreglo convenido con Mitre es anterior al 17 de septiembre de 1861, fecha de la batalla. Urquiza entrega las situaciones provinciales, que le eran favorables, a cambio de que los ejércitos de Buenos Aires pasen de largo por el costado de Entre Ríos.
A partir de entonces todo es lógico y coherente: el desangre de los montoneros del Chacho que se niegan a entregar las banderas de la Confederación y que defienden -quizá sin saberlo- su economía artesanal, agrícola y pastoril, que será barrida por los caminos de fierro; la falsa neutralidad frente a la cruzada del general Venancio Flores, ex jefe de la caballería mitrista en Pavón, que invade el Uruguay con apoyo mitrista; la alianza de hecho de Buenos Aires y el Brasil para aplastar la resistencia de los "blancos", que culminará en Paysandú, último foco federal en el Litoral. Muchos pormenores documentados están en las carpetas del Archivo Urquiza de 1863.
Urquiza, mientras tanto, alienta esperanzas bajo cuerda y en sordina. Hoy a los federales que, en Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes, impulsan la "conjuración del litoral" (1864), y al propio mariscal López. Mañana hará otro tanto con los federales del Centro y del Oeste: Emilio Castro Boedo, Felipe Varela, Juan Saá.
Uno de esos hombres del Litoral es el estanciero correntino Víctor Silvero, quien viaja al Paraguay por cuestiones de negocio y que es aprovechado por Urquiza como emisario. El 7 de marzo de 1863 Silvero sale de Corrientes rumbo a Asunción, a donde llega dos días después. Y allí se entrevista con el mariscal López. En el Archivo Urquiza obra el documento de Silvero, del 7 de abril del 63, en que éste cuenta el resultado de su misión.
Allí leemos: "... el 10 me cupo el honor de presentar a S.E. el Señor Presidente General López la tarjeta de V.E. y que se dignó encomendarme la ponga en sus manos -fue ella recibida con demostraciones de alto aprecio. En seguida hablé a S.E. el Señor General López de lo conmovido que se encontraba el espíritu de V.E. a la presencia de motivos que asomaban la inestabilidad -del orden y la paz pública de la Rep. Argentina, no obstante los incesantes esfuerzos de V.E. en la esfera de su posición, por aprestijiar y conservarlos -así como era de su más notable interés asegurar la inalterabilidad de la buena inteligencia, paz y amistad con S.E. el Señor Presidente López y su buen gobierno; este Señor, con toda la moderación y el aplomo de un alto magistrado, como la dulzura y afabilidad del caballero, me dijo que le era muy sensible la existencia de los motivos que impresionaban el ánimo de V.E. y que ponían en duda la tranquilidad tan suspirada del pueblo argentino, y la que para alcanzarla cuesta ya una larga vida llena de preciosos sacrificios. Como mi encargo se circunscribía a estos estrechos límites, no salí de ellos, y lo he dejado cumplido como llevo expuesto -que me seria altamente satisfactorio si mereciera el beneplácito de V.E.".
Silvero hacía, además, algunas reflexiones sobre los progresos del Paraguay, que contrastan -dice- con "la opresión y la muerte en nuestros pueblos". Efectivamente, por los llanos y valles del Oeste el Chacho se defendía con uñas y dientes de las fuerzas de línea porteñas que, en dragonadas memorables, estaban imponiendo "los principios triunfantes en Pavón", como se dijo.
Estos mismos principios serían pronto llevados al Paraguay, también a sangre y fuego. Como señaló puntualmente Alberdi, la cuestión del Paraguay no era más que un elemento de la política interior argentina, creado por las necesidades geopolíticas del mitrismo y de la The Anglo-Argentine Connection.
Guerra de declarada.
La posible aproximación de Urquiza y el mariscal López, con una "triple alianza" de Asunción, San José y los "blancos" orientales iba a quedar en aguas de borraja antes de 1865. Hasta febrero del 65 se evidencia una cierta candidez en el mariscal López, que le había creído a Urquiza. Pero su carta del. 1° de febrero de 1865 a Cándido Barreiro, su ministro en París, revela que está viendo la imposibilidad de una alianza con Entre Ríos. Y el 26 del mismo mes le escribirá a don Justo una misiva -existente en el Archivo Gral. de la Nación- en que le señala su contradicción a promesas anteriores de ponerse de su lado.
Esto mientras Entre Ríos estallaba en gritos contra el mitrismo, y la prensa de Buenos Aires proseguía su violenta campaña contra el mariscal López y contra la nación Paraguaya. Desde el momento en que Paraguay declara la guerra al Brasil arreciaron los ataques de la prensa mitrista. Fue una campaña con burlas descaradas y mofas, en que decían que "la talabartería" paraguaya no podría ganar ninguna guerra. Un testigo imparcial, como Jorge Thompson, ha dicho: "no puede dudarse que esos artículos fueron la principal causa de la declaración de guerra a la República Argentina". Los porteños se olvidaron de golpe de los elogios tributarios, por tirios y troyanos, al López mediador de 1859, protagonista paraguayo del Pacto de San José de Flores, firmado el 11 de noviembre de ese año.
El 29 de marzo de 1865 fechó el ministro José Berges la declaración de guerra del Paraguay a la Argentina, que dirigió a su colega Rufino de Elizalde. Entre los fundamentos de la misma se destacan: a) la política incalificable del mitrismo en los asuntos orientales; b) la tolerancia de un comité revolucionario traidor cuya "inicua representación no podía sino recaer sobre el actual Gobierno Argentino"; c) "la calumnia y los insultos a la Nación y Gobierno Paraguayo" en que abundaba la prensa porteña, utilizando "producciones soeces e insultantes que en ningún tiempo de la desenfrenada licencia y abuso en ningún país supo producir".
Fue encargado de portar dicha declaración de guerra el teniente paraguayo Cipriano Ayala, quien llegó a Buenos Aires el 8 de abril del 65, en el vapor de la carrera. Los mitristas negaron siempre este arribo, con anterioridad al ataque a Corrientes, para dejar así por sentado un ataque en forma alevosa. Sin embargo, hay documentación suficiente que prueba la presencia del emisario paraguayo en la capital bonaerense; y demuestra que Mitre ocultó deliberadamente al público aquella noticia oficial. En nuestra biografía de Ricardo López Jordán ofrecimos hace años los testimonios, varios de ellos inéditos y existentes en el Archivo General de la Nación (Legajos de Urquiza y de Del Carril).
Uno de esos documentos es una carta de Salvador María Del Carril a Benjamín Victorica, de fecha 11 de abril del 65, en que leemos:
"Aquí nos tiene bien agitados con la noticia de que el Paraguay ha declarado la guerra a la República Argentina. La noticia que ya sirve de base a las operaciones de bolsa: dicen que ha sido comunicada a los agentes de Gbno. del Paraguay por un comisionado expreso que trajo el Esmeralda de Corrtes., que tocó en el Paraná, en el Rosario y vino a entenderse (aquí) con Egusquiza -que éste en consecuencia ha realizado una grande operación de bolsa, y que otros han seguido sus aguas".
Según algunos autores paraguayos Cipriano Ayala fue secuestrado en Goya, a su regreso. Lo cierto es que el diario El Paraná, de la hoy capital entrerriana, de fecha 7 de agosto de 1865, publicó, bajo el titulo de "Sentencia del Gobierno Nacional en la causa de Egusquiza", una noticia según la cual el cónsul paraguayo en Buenos Aires había recibido la noticia de la declaración de guerra "por conducto de D. Cipriano Ayala" y que se ordenaba poner a disposición de los tribunales al cónsul y al teniente Ayala, lo cual prueba la detención de este último.
Lo que vino después del 13 de abril es conocido y Urquiza se movió de acuerdo a su último alineamiento.

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Esteban McLaren
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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 4:01 pm

La guerra fue provocada única y unilateralmente por el Paraguay cuyo dictador (el Chavez de su epoca... Smile Smile ) soñaba con :"pisar fuerte en el Plata"-una de sus frases favoritas" con mis paraguayos tengo mas que suficiente para hacerle frente a los argentinos, a los brasileros, a los uruguayos y a los bolivianos, si se meten a sonzos! Por cierto, la mecha que detona este conflicto fue una mision del partido Blanco, que pidió a Soláno Lopez que interviniera en su guerra civil......

Guerra del Paraguay : vista por un brasilero

BUENOS AIRES, 26 (ANSA) - El historiador y escritor brasileño Francisco Doratioto presentó en la Feria del Libro de Buenos Aires su obra "Maldita guerra: Nueva Historia de la Guerra del Paraguay" (Emecé, que confronta abiertamente con la asentada interpretación revisionista del mayor conflicto bélico de América del Sur.

"No pretendo haber encontrado la verdad, pues la verdad histórica no existe, pero puedo asegurar que cada aseveración de mi libro se basa en decenas de testimonios. En cierta forma, ésta es mi verdad sobre una guerra que fue perjudicial para todos los países intervinientes", afirmó el autor.

El libro, que en su edición original se ubicó entre los cinco más vendidos de su país, es fruto de una ardua tarea de documentación en archivos históricos del Río de la Plata, Brasil, Europa y Paraguay, país en el que Doratioto residió por cinco años.
En la Guerra de la Triple Alianza, el Imperio de Brasil, Argentina y Uruguay vencieron al Paraguay, gobernado por el mariscal Francisco Solano López, tras cinco años de combates encarnizados, entre 1865 y 1870.

Sin dudas, el gran "mito" que busca demoler Doratioto es el de la influencia preponderante del Imperio Británico en la gestación del conflicto y su aporte ideológico, material y financiero a los países firmantes del Tratado de la Triple Alianza contra Paraguay.

El historiador afirma que la guerra fue, en realidad, una consecuencia natural del proceso de construcción de los estados nacionales involucrados, de sus desacuerdos y tensiones internas, más que producto de una intervención extranjera.

"El Imperio del Brasil perdió en la guerra el equivalente a 14 años del presupuesto de 1864, el último año previo a las hostilidades, y de ser un estado con superávit pasó a a tener una deuda creciente", explicó.
"El costo de la guerra significó para Brasil diez veces el valor de la mayor obra de ingeniería civil del siglo XIX, esto es el ferrocarril que unió Santos con la cuenca cafetera paulista", graficó.

Además, Doratioto consideró que la guerra terminó arrastrando a los que la llevaron adelante: "el conflicto del Paraguay acentúo las contradicciones internas de la monarquía brasileña y de los sectores liberales y fue gravitante para su salida del poder. Fue una guerra tremendamente impopular apenas concluida, tanto en Brasil como en Argentina, donde derribó a los políticos que la llevaron adelante, como Bartolomé Mitre", presidente entre 1862 y 1868.

Respecto de Mitre, habla de sus cualidades como estratega militar, capacidad cuestionada con frecuencia por sus contemporáneos e historiadores propios y ajenos.
Doratioto también valora la alta calidad de la participación argentina en la campaña, un hecho que, dice, es ignorado sistemáticamente aún hoy en Brasil.

El libro, ilustrado profusamente con mapas, planos y fotografías, evalúa la campaña del Paraguay y presenta una nueva dimensión de Solano López, al que define como un "tirano", así como aporta luz sobre las frecuentes divergencias en los mandos argentinos y brasileños entre Mitre, el marqués de Tamandaré y el duque de Caxias.

En contrapartida, gran parte de la crítica revisionista paraguaya y algunos autores extranjeros, como el argentino José María Rosa, rescataron tradicionalmente la figura de Solano López como un patriota, que pese a "excesos" en el mando, resistió con heroísmo la acometida de los aliados, impulsados -dicen- por los británicos, hasta dar su propia vida en 1870.

El historiador argentino Tulio Halperín Donghi, quien asistió a la presentación, destacó el valor de la obra de Doratioto como "una nueva obra de referencia sobre el tema", alabó la "seriedad de la documentación" y saludó la posibilidad de "una visión crítica sobre el conflicto, donde 'buenos y malos' no pueden ser descriptos con trazos demasiado gruesos".

Según estudios actuales, la guerra cobró la vida de 170.000 paraguayos, 50.000 brasileños, 18.000 argentinos y 3.000 uruguayos.
Al concluir los combates, casi 70 por ciento de la población masculina paraguaya había muerto, sólo quedaba un país desolado, poblado por niños, ancianos y mujeres, que debió sobrellevar varios años de ocupación aliada y perdió una importante parte de su territorio original al independizarse de España.

En diciembre del año pasado surgió un atisbo de polémica diplomática por la posible apertura de archivos secretos brasileños con información sobre presuntos abusos y atrocidades cometidas por Brasil durante la guerra y en el trazado de las actuales fronteras.
"Mis investigaciones me llevan a creer que no existe un archivo secreto, ni tales documentos sobre el tema, pero no descarto la posibilidad de que pueda haber materiales inéditos, en la cancillería brasileña y en sedes militares. No por omisión voluntaria, sino por falta de fondos, organización y clasificación", opinó Doratioto al respecto.

Por su parte, la canciller paraguaya Leila Rachid, al desatarse la polémica, había expresado como posición oficial paraguaya, en en el marco de una reunión del Mercosur, que "todo lo que forme parte de la historia es justamente eso, parte del pasado".

El resumen del amigo o Toyos no es malo en absoluto..
Saludos

Esteban McLaren
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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 4:02 pm

Yaguarete_AR escribió:Todo un tema. La pagina de Escudé tiene buenas referencias.
Otro dia posteo mejores referencias, pero recuerden algo: Paraguay estaba en vias de desarrollar una industria pesada y el resto de los contendientes no.

Para echar alguna luz sobre este tema, quiero compartirles un trabajo que realizamos hace algunos años, el director del Museo Militar de Asunción, Cnel. Mendoza y yo. La guerra de la Triple Alianza fué una tragedia, considero que fué una de las causas principales del atraso en que hoy día se encuentra el Paraguay.

La fundición de hierro de Ybycuí y la Guerra del 70
Tte. Cnel. Hugo Mendoza
Ing. Rafael Mariotti

El presente trabajo tiene por objeto realizar una reseña histórica de la fundición de Ybycuí desde sus orígenes hasta su destrucción a finales de la Guerra de la Triple Alianza, analizar los objetivos que llevaron a su concepción, su crecimiento y su producción a plenitud; también su importancia real en el esfuerzo por la defensa del país durante la guerra de 1864 a 1870. En todo momento se hará una comparación con el estado de la tecnología siderúrgica de la época para poder comprender lo que significaba un emprendimiento de esa índole en aquel tiempo y entender la visión del presidente Carlos Antonio López al querer dotar al país de las bases para una futura industrialización.

Hacia mediados del siglo XIX el presidente Carlos Antonio López concibió el montaje de una protoindustria de hierro en nuestro país, la cual estaba dominada por los propósitos militares, como se refleja en una comunicación antes de iniciar los trabajos enviada por Juan Andrés Gelly embajador paraguayo ante el Imperio del Brasil, fechada en Santos el 20 de mayo de 1849 donde dice que la fabrica podria proveer al país no sólo de los proyectiles de artillería, de los que había mucha escasez, sino que se podría fundir en ella cañones siendo el primero en proponer que la cantidad de campanas existentes en el Paraguay podrían servir de materia prima para fundir estos cañones. Otro de los objetivos, según esta nota, era formar un plantel de personal técnico para manejar la fábrica y aumentar el arsenal tan necesario para la defensa del país, en momentos en que nuestra existencia como nación libre e independiente se tambaleaba ante el embate rosista.
En la citada nota, Gelly informaba al presidente que al día siguiente partiría el ingeniero fundidor, de nacionalidad inglesa, Enrique Godwin que había estado al frente de la fundición brasileña de Ypanema, contratado para dirigir los trabajos; lo acompañaban, también contratados, el multifacético alemán Juan Jorge Bachman, que era mecánico, práctico en torno, fundidor y relojero trayendo con el a su hijo y al joven Federico Feiger, que no tenía contrato ni sueldo fijo, era este ex teniento de artillería del ejército de Hannover, tenía conocimientos de química y medicina, además de la manipulación de explosivos para balas; venía también contratado Enrique Graf, mecánico, tornero, y fundidor a quien también acompañaba un hijo del mismo nombre.
Se utilizó la ruta de Santos, Cuyabá, pasando por Olimpo y Concepción atendiendo a la seguridad y que era la ruta más larga porque en esos momentos se desarrollaba en Río Grande do Sul la llamada "Revolución Ferroupilha"; y la necesidad de que los instrumentos, maquinarias y útiles fuesen con Godwin ya que sin ellos no podría trabajar, llegando a Asunción por vía fluvial el 26 de noviembre de 1849.
Las primeras gestiones de Godwin fueron la de buscar informes sobe los yacimientos de mineral más ricos y de fácil acceso; debemos acotar que anteriormente se habían enviado muestras a Charleroi, Bélgica, obteniendo informes muy favorables.
Las pruebas y el informe corrieron por cuenta de Feiger a principios de 1850, confirmando lo anteriormente dicho de la calidad y rendimiento del mineral.
El establecimiento se ubicó en la zona de Ybycuí, en un lugar denominado "La Rosada", un modesto poblado al pie de la cordillerita a cuyo fondo corre el arroyo Ybycuí o Minas Cué y que configura un anfiteatro de fácil defensa. Los altos y grandes bosques de los alrededores suministraban la madera necesaria, en especial el laurel, para hacer carbón y en el valle del mismo se encuentran tierras de excelente calidad para la fabricación de ladrillos refractarios y moldes; además su equidistancia ideal de los yacimientos de mineral de hierro de Ybycuí, Quyquyó, Caapucú y San Miguel que podían ser fácilmente transportados por el río Tebicuary pasando por los arroyos Caapucú, Quyquyó, Mbuyapey e Ybycuí.
Es probable que los primeros trabajos se hayan iniciado antes del 5 de abril de 1850: en un oficio de esta fecha se ordena talar tan solo el monte y bajar el predio a nivel del camino por donde se debía llegar al asiento de los futuros edificios.
Godwin pone manos a la obra con toda su competencia y empuje y cuatro meses después, en agosto de 1850, se habían construido ya los muros exteriores del horno, los cimientos de la casa de máquina y las edificaciones semiterminadas del cuartel. Establece disciplina y orden en las tareas y exige al gobierno el mando pleno en el manejo del establecimiento.
Pese a la buena voluntad del director no se poseía operario en número suficiente para la extracción del mineral, ni existía maquinaria adecuada porque el bloqueo del país subsistía en esos años, el transporte era difícil por las malas condiciones de los caminos y además el hierro se cuajaba (solidificaba) en los ensayos y no había más remedio que apurar la operación y vaciar los hornos a toda prisa, por lo que no se consiguió fundir hierro de calidad aceptable, por último se agregaba la falta de experiencia de los operarios, siendo la mayoría reos condenados a trabajos forzados.
Godwin continuó por algún tiempo trabajando pero al llegar abril de 1851 se declaró vencido y el 30 de este mes recibió el saldo de sus sueldos atrasados y quedó desobligado, quedándose en Asunción donde falleció unos meses después siendo sus bienes subastados y depositados para el tesoro nacional; de la suerte de sus colaboradores se conoce muy poco.
El segundo director
Los primeros fracasos no desalentaron a Don Carlos y es así que acepta un proyecto presentado el 27 de diciembre de 1852 por el ingeniero sueco Augusto Liliedat, a pesar de su elevado costo: 15.520 pesos oro, por el hecho de que estimaba una producción anual de 1.800 toneladas de hierro, unas 5 toneladas diarias; pero este cálculo no era real, como se verá más adelante, pues no se tenía el personal idóneo; ni se poseìa una infraestructura adecuada y tampoco una provisión normal de materia prima; no tomándose en cuenta los obstáculos naturales.
Para que este plan se llevara a cabo se necesitaba adecuado personal técnico consistente en un maestro ingeniero y fundidor, dos maquinistas, dos fundidores, un modelero y un especialista en minas, incluyendo además una lista de herramientas que se debían adquirir.
El presidente tuvo la visión de incluir en el contrato de Liliedat una cláusula que sería de rigor en los contratos con los extranjeros mas adelante y que tenía la finalidad de lograr la independencia técnica del país a un plazo mas o menos largo, comprometiendo a Liliedat a hacerse cargo de cinco o seis jóvenes para enseñarles el oficio, además para solucionar los problemas de comunicación se asignó al director un escirbiente, Buenaventura Caballero.
Los trabajos siguieron estancados hasta 1852 en que se levantó el bloqueo contra el Paraguay y en enero de 1853, Liliedat viajaba al Rio de la Plata, con autorización de Don Carlos para porveerse de los materiales y operarios necesarios llevando fondos del tesoro nacional para cumplir su cometido.
Liliedat no consiguió todos los colaboradores pedidos, pero siguió adelante con el proyecto, sólo vinieron el primer maquinista, el inglés Isaac Jones; el segundo maquinista, el polaco Eduardo Misch; un fundidor francés Guillermo Ponceaux y un modelero, también francés, Federico Gall que venían contratados por dos años y a todos ellos se les daría casa, carne y un anticipo de dos meses adelantados de sueldo, para los gastos del viaje que corrían por su cuenta.
A su regreso parte Liliedat de Asunción el 14 de julio de 1853 para hacerce cargo del establecimiento, una vez allí, se aboca con sus colaboradores a los trabajos preliminares; en agosto llegan las herramientas y la maquinaria adquirida en varias carretas a la fundición, para setiembre se tenían construidas varias casas, se reparó la presa y la rueda hidráulica que se encontraba en malas condiciones, se construyen fuelles para atizar el horno y se repara el puente. El estado de las obras para octubre era que ya estaban terminadas las máquinas y se completó la infraestructura para la olería y se comenzaron los trabajos para habilitar la vía acuática desde el río Tebicuary pasando por los arroyos circunvecinos, para el transporte de mineral desde sus yacimientos. Se comenzó a tener una mas estrecha relación con la Armería Nacional, que ya había comenzado en los tiempos de Godwin, solicitándole la fabricación de piezas y elementos precisos. A fines de diciembre el horno estaba semiterminado faltándole sólo la chimenea.
Al comienzo de 1854 el plantel de obreros totalizaba 166 personas y la seguridad, al mando del subteniente Prudencio Silvero, se componía de más o menos 40 hombres. Terminados los trabajos preliminares comenzaron los primeros ensayos de fundición y el 15 de mayho se inicia la primera prueba de fundición del mineal de hierro que dura cuarenta y ocho horas y da como resultado 316 kg. de producto de 2,7 toneladas de mineral.
A pesar de este auspicioso inicio, la producción a toda capacidad debía esperar varios años y reiterados fracasos en las pruebas de fundición de mineral; donde realmente se consigue éxito en esta etapa es en la refundición de hierro en desuso o ya fundido en lingotes.
El proceso de fundición del mineral consistía, según lo describe el propio Liliedat, en calentar la piedra fuertemente y ponerlo en contacto con el aire frío a fin de oxidar el carbón y otras substancias extrañas, como el silicio, operación que se realizaba en el horno, entrando el hierro en fusión, ardiendo una parte de este así como el carbón y los metales extraños formando una escoria superficial, se saca afuera el hierro para despojarlo de la escoria lo que hacen los operarios golpeándolo con mazos, el procedimiento debe ser repetido hasta cuatro veces. Para acortar el proceso se construyó un horno pequeño para batir el hierro, procedimiento inventado por el inglés Enrique Cort en 1784, consistente en batir o afinar el hierro fundido con el fin de eliminar la mayor cantidad de carbono del metal lo que le da mayor dureza y se conoce como hierro forjado, lo que permitió fundiciones en sólo 6 horas.
(proceso fabricacion hierro fundido, horno reverbero, definiciones hierro fundido forjado)
Hagamos ahora un breve repaso sobre la naturaleza del hierro y su obtención en aquella época.
El hierro es un metal, el cuarto elemento más abundante en nuestro planeta; y aunque está presente en casi todos los suelos, sólo puede ser explotado en aquellos donde se encuentra especialmente concentrado. Este metal se encuentra en la naturaleza mezclado con otros elementos y con substancias químicas. Generalmente tiene el aspecto de una piedra marrón a menudo muy pesada. Esta roca se conoce como mineral de hierro y está presente entre muchas formaciones rocosas en el mundo.
Una vez obtenido se distinguen dos clases de hierro:
Hierro forjado: es la forma más antigua utilizada por la humanidad. El hombre ha estado fabricando artículos de hierro forjado desde hace 4000 años. Es una forma muy resistente del metal y a la vez suficientemente maleable y ha sido empleado para fabricar herramientas y artículos pequeños como los clavos. Puede ser martillado, doblado o enrollado. Este tipo de hierro se elabora en un taller de forja.
Hierro fundido o fundición: es bien diferente al forjado. Se obtiene cuando el metal se calienta y llega al estado líquido (para lo que se necesita mucho calor); se vierte en moldes y se deja enfriar. Por estar en estado líquido puede ser moldeado en diferentes formas -por ejemplo ollas- . Este hierro se obtiene en una fundición.
Para separar el hierro de los componentes con los cuales esta mezclado (principalmente el oxígeno con el cual se combin para dar óxidos de hierro), se utilizaba (y se utiliza aún hoy en día) un procedimiento llamado de reducción. Este se realizaba en unas construcciones especiales llamadas altos hornos -utilizados en Europa a partir del año 1300 d.C.- que eran unas edificaciones de ladrillo similares a una chimenea con su centro más ensanchado que su parte superior e inferior. Aquí se cargaban en capas alternadas mineral de hierro, carbón vegetal y piedra caliza. Luego se encendía una pira de leña en la parte inferior (que estaba comunicada con el exterior mediante una abertura), y ésta iba encendiendo el carbón colocado entre las capas de roca. Para que este carbon ardiera y se alcanzasen las temperaturas de fusión del hierro presente en la roca (1300 °C), era necesario atizar el fuego con un caudal constante de aire, lo que se lograba mediante el soplo de fuelles, generalmente movidos por ruedas hidráulicas. Luego de alcanzarse esta temperatura las partículas de hierro presentes en la roca se derretían y fluían fuera de ella: las gotitas descendían hasta el fondo del horno (llamado crisol) y se juntaban formando una especie de laguna de metal líquido. La piedra caliza ayudaba a separar las impurezas presentes en el hierro líquido. Luego de 12 a 20 horas de fuegos muy calientes en el horno, los operarios (ingenieros fundidores) decidían "sangrar" el horno, o sea retirar el hierro líquido que bullía debajo de las demás impurezas derretidas llamadas escoria.
Este es el proceso que el ingeniero Liliedat describe como "...se calentaba la piedra fuertemente y se la ponía en contacto con el aire frío... se saca afuera la piedra..."
Hasta aquí era el procedimiento para fabricar el hierro fundido y ocurría dentro del alto horno. El hierro líquido era retirado mediante un canal abierto en el piso de arena del taller de fundición, donde se depositaba en unos moldes cavados en el suelo. Al sodificarse quedaba un producto (hierro fundido, fundición o arrabio) de gran dureza pero quebradizo debido a los granos que se formaban en su estructura por el enfriamiento. Para volverlo útil (hierro forjado) había que volver a calentarlo y golpearlo con mazos para extraer el resto de escoria que tenía mezclado; este proceso se realizaba 4 o 5 veces y se denominaba forjado (lo describe Liliedat casi sin separarlo del proceso de hierro fundido). El resultado era el hierro forjado, de gran utilidad pues era a la vez duro y maleable debido a la estructura fibrosa que tomaba a consecuencia del trabajo mecánico efectuado sobre él.
En 1784 Enrique Cort patentó en Inglaterra un método para fabricar hierro forjado evitando el penoso y repetitivo trabajo de martillado. Consistía en colocar el hierro fundido dentro de un horno especial, haciendo entrar el mineral en contacto con una corriente de aire muy caliente lo que quemaba el resto de carbono, mientras tanto, el hierro en estado líquido tenía que ser continuamente revuelto o agitado (de ahí el nombre del procedimiento "pudelado" o "batido"). El horno especial se llamaba horno de reverbero. Este procedimiento permitió a Gran Bretaña disponer de grandes cantidades de hierro forjado bueno y barato lo que le catapultaría como la primera potencia industrial del mundo en los siguientes 30 años.


Continuando con nuestra historia...pese a los progresos comienzan a haber fricciones entre los extranjeros en especial entre los operarios especializados y el director por su excesiva intromisión en el trabajo de sus colaboradores y el mal trato dado a los peones. El primero en abandonar el establecimiento fue Misch, el 9 de setiembre de 1853, quien al poco tiempo de iniciada su labor sufrió una herida de bala mientras manipulaba en forma imprudente una pistola, abonándosele sus haberes al llegar a Asunción, permaneciendo en el país hasta vísperas de la guerra.
Ponceaux tampoco era tan buen operario como decían sus recomendaciones dedicándose asiduamente a la bebida, lo cual le restó capacidad de trabajo y obligó al director a ponerlo bajo arresto. Tampoco Graf y Jones resultaron ser personas muy serias teniendo en cuenta las quejas elevadas contra ellos por Liliedat.
Las noticias de las desavenencias trascendieron a la capital y los afectados fueron llamados a Asunción el 3 de abril y se solicitó un informe reservado al jefe del destacamento sobre los sucesos, comisionándose al colector general don Mariano González a tener una reunión con los agraviados, fijada para el día 11, donde se expusieron los motivos y se demostró la imposibilidad absoluta de conciliación.
La providencia del 20 de abril puso término al incidente acordando rescindir el contrato a Ponceaux y Jones, a quienes abonó sus haberes hasta ese día, diponiéndose darles pasajes en el bergantín nacional "Bermejo".
Este incidente también tuvo repercusiones en el establecimiento: el 27 de abril es relevado el Subtte. Silvero por no haber informado a tiempo de los sucesos, retirándole su confianza el gobierno y siendo reemplazado por el Subteniente Elizardo Aquino, luqueño diligente y trabajador que se había propuesto aprender personalmente todas las operaciones de fundición de hierro, como ser el modo de cargar el horno con las porciones correspondientes tanto de carbón como de mineral y caolín, el modo de atizar el fuego, el uso de ventiladores y el manejo de la maquinaria.
El presidente decidió que continuase el director, pero aplicándole un castigo pecuniario, reduciéndole el sueldo de 1.350 pesos a 1.200, en colaboración con Gall y fijándole las labores inmediatas consistentes en poner la fábrica en estado de funcionar, acopiando la mayor cantidad de mineral de hierro y carbón de leña, abocándose en el menor tiempo posible a la fundición de balas de artillería, usando el poco hierro que había salido de los ensayos; esto confirma nuestra presunción acerca del poco éxito de las fundiciones iniciales.
En Mayo continúan los ensayos de fundición que resultan un fracaso pese a los intentos en tres oportunidades, de las cuales, de las dos primeras sólo salieron 95 kg. de hierro con escorias y en la tercera, aunque el mineral se derritió no llegó a fluir en forma rápida, quedando cuajado (solidificado) endureciéndose en el crisol del horno teniendo que ser sacado a mazasos y vuelto a refundir en el horno pequeño. Sólo los moldes de balas de cañón empiezan a dar sus frutos produciendo una buena cantidad de proyectiles.
Del 16 al 19 de julio se produce otra fundición de mineral de hierro de Caapucú utilizándose 2,162 toneladas de piedra y obteniéndose 848 kg . de hierro colado lo que da un rendimiento del 39,2%. El hierro obtenido fue refundido en el horno chico utilizándose la mitad para hacer 225 balas de cañón de diversos calibres.
A mediados a agosto Gall solicitó su retiro por estar descontento con su paga. Liliedat viéndose huérfano de personal especializado también solicitó su retiro el día 16 de agosto de 1854 los cuales fueron concedidos por el gobierno liquidándose a ambos sus haberes hasta el dia 21 de agosto por la colecturía y embarcándose para Buenos Aires el 19 de setiembre en el bergantín goleta "Facio".
La restructuración
Debido a la experiencia de estos años transcurridos y a la aptitud de los hijos del país para las operaciones secundarias como lo revela la actuación ejemplar de Elizardo Aquino y los plateros Benjamín Cabrera, Gregorio Machaín, Raimundo González, Pedro Samudio y Blas Aquino que aprendieron sin dificultad el oficio de modeleros, se dispone la restructuración pasando a unificarse las responsabilidades técnicas y militares y reduciéndose el personal técnico extranjero a lo estrictamente necesario.
El 20 de agosto de 1854 es nombrado en forma interina como comandante de la guarnición y de la fábrica de hierro el subtte. Elizardo Aquino, que había sido recomendado al presidente por Luis Echeverría que oficiaba de medico del establecimiento pero que en realidad había sido enviado por López para tenerle informado acerca del trabajo de Liliedat. Aquino poseía conocimiento empírico, y rápidamene se familiarizó con las tareas especiales como la modelería, lo que se le facilitó al se hijo de un carpintero; todo esto unido a sus indiscutibles dotes de mando hicieron de el la persona ideal para el puesto. Los plateros que servían de auxiliares llenaron las vacancias dejadas por los europeos.
Paralelamente en este período de tiempo se completó la limpieza de los arroyos Ybycuí en la que guiados por don Juan Esteban Duarte participaron los vecinos de los distritos aledaños al lugar. También el arroyo Mbuyapey se limpió eliminando de él los raigones del cauce de esa importante vía por los lugareños guiados por don Juan Bautista Ferreira. Además se realizaron los trabajos del arroyo Caapucú dirigidos por don Jerónimo Samaniego, juez de paz de Quyquyó despejándose casi media legua. Todos estos trabajos contribuyeron a facilitar la conducción de mineral de hierro por vía fluvial.
Los trabajos de la fundición de hierro quedaron en suspenso, pero se siguieron vaciando balas y haciendo los trabajos de mantenimiento para el buen desempeño del establecimiento.
En 1853 partió para Europa el Gral. Francisco S. López en carácter de ministro plenipotenciario y con la finalidad de contratar a más técnicos y ya estando en Inglaterra tuvo la oportunidad de visitar las instalaciones del arsenal y astillero de John y Alfred Blyth en Limehouse determinando que este establecimiento era no sólo idóneo proveedor de materiales para la construcción naval, sino también un precioso agente para la selección y contratación del elemento humano para la dirección y organización de las obras.
El 21 de enero de 1855 atraca en el puerto de Asunción el cañonero nacional "Tacuarí" procedente de Europa trayendo como pasajeros al maestro Guillermo Richardson contratado como encargado de las obras de Ybycuí acompañado del que sería el Ingeniero Jefe del Estado John Whytehead del cual pasó a depender el primero.
Los trabajos se centralizaron bajo la autoridad del Ingeniero Jefe del Estado Whytehead que se instaló en la capital, teniendo como supervisor general de las obras a Alexander Grant y como responsable principal de la Fábrica de Ybycuí a Richardson. Los resultados de esta eficiente organización se tradujeron en grandes logros como se verá más adelante, coordinando los trabajos entre la fábrica de hierro donde se vaciaban las piezas y el Arsenal de Asunción donde se hacía el pulido y acabado de dichas piezas.
La consolidación
El nuevo encargado se hace presente en el establecimiento y comienzan a regularizarse los trabajos. Al principio, por falta de producción del alto horno, parado en ese momento, se solicitan a Asunción barras y planchas de hierro para poder alimentar los hornos pequeños.
Se construye un nuevo horno pequeño para refundir el hierro y otro horno pequeño con chimenea para fundir bronce, echándose abajo el horno pequeño viejo y haciéndose otro también nuevo en su reemplazo.
Se fabrican piezas y útiles para ayudar a las tareas de fundición y a partir de mayo de 1855 se realizan piezas para el arsenal de acuerdo con las instrucciones, planos y modelos enviados desde Asunción. También en este año comienza el relacionamiento directo con el campamento de Humaitá, que se acrecentaría durante la guerra, el cual remite a la fábrica cañones viejos para ser refundidos, en octubre de este año se consigue, por primera vez con éxito, fundir un cañón calibre 24 lo que indudablemente influye positivamente en el ánimo de los directores y operarios de la fundición.
(fundición de cañones)
Desde 1520, los cañones eran fabricados por el método de vaciado que consistía en verter metal derretido en un molde y dejarlo enfriarse. Luego de solidificarse el molde era retirado y la pieza fundida quedaba descubierta, con todos sus detalles de forma y adornos inclusive. Para fundir un cañon primero se construía un modelo a escala natural. Alrededor del modelo se formaba un molde, y una vez terminado éste se retiraba el modelo, llenándose el espacio dejado por el molde con metal fundido. Luego de que el metal se hubiese enfriado y solidificado se rompía el molde descubriéndose la pieza, que luego debía ser acabada mediante mecanizado.
Es interesante notar que a partir de 1747 los cañones eran fundidos ciegos, o sea sin el orificio o ánima, en un molde macizo. Luego esta pieza maciza era llevada a un torno donde era taladrada para hacer el orificio. Este mismo procedimiento se siguió para fabricar los cañones manufacturados en Ybycuí, donde eran vaciados y luego eran trasladados al arsenal de Asunción para ser taladrados y en algunos casos rayados.

En cuanto al alto horno (el corazón de la fábrica) después de las reparaciones correspondientes se hicieron numerosos ensayos durante los años 1855, 1856, 1857 y 1859, llegando a rechazarse el mineral de hierro de Ybycuí y obteniéndose la proporción correcta, en el mes de octubre de este último año, consistente en una mezcla de mineral oligisto (óxido natural de hierro) de Quyquyó y de hierro oxidulado de San Miguel en proporción de 3 a 1, el fundente empleado era la marga calcárea de una paraje denominado Caballero – punta en los alrededores de Paraguarí usando para dos partes de mineral una parte de fundente.
(porcentaje comercialmente viable para explotacion de yacimientos de hierro)
(lamina alto horno de 1760 con porcentajes de alimentación)
Hoy en día se considera comercialmente rentable un yacimiento que contiene un porcentaje de hierro a partir de 28 % .

Se ampliaron las minas, al tanto que se ponían a punto las obras de canalización de 46 km. del arroyo Mbuyapey para el transporte de mineral, se ampliaron los talleres de modelería y vaciado.
En 1857 Elizardo Aquino pasa al ejército y le substituye Julián Insfrán, calificado por algunos como duro y autoritario y por otros de espíritu organizador y férrea voluntad, pero indudablemente capaz, que llevó a la fundición a su capacidad plena.
Se continúan las mejoras instalándose un molino para triturar carbón, cuyas piezas fueron hechas en el establecimiento, movido por ruedas hidráulicas y una máquina para despedazar hierro; también se hacen repuestos para los vapores Río Blanco, Río Negro, Yporá y Tacuarí.
Pero las posibilidades del establecimiento nunca serían plenas si se dependía de la corriente del arroyo para mover la rueda hidráulica que a su vez hacía soplar los ventiladores (fuelles), debido a que se necesitaba que el embalse se llenara de agua después de una copiosa lluvia para que tuviera suficiente energía para una fundición, lo que llevó a la propuesta de cambiar esta energía hidráulica por la de vapor siendo encargadas las maquinarias a Inglaterra.
(maquina de vapor sopladora)


El combustible también era otro obstáculo: el carbón vegetal no podía satisfacer las necesidades de la fundición y el carbón mineral era de importación costosa y sólo este aseguraba la buena calidad del hierro, nunca se perdió la esperanza de hallar en el país el carbón de piedra y en estos años y hasta entrada la guerra se buscó ávidamente los yacimientos de este mineral pero sin éxito.
Esto era considerado así porque los técnicos eran de Inglaterra, donde a partir de 1705 empezó a utilizarse el coque (carbón mineral calentado en ambiente cerrado) en vez del carbón vegetal, debido a que los bosques estaban desapareciendo rápidamente por la intensa tala a que eran sometidos. El problema del carbón mineral es que contiene un porcentaje de azufre, que pasa al hierro en el proceso del alto horno. El azufre es considerado un elemento muy nocivo para el hierro pues lo vuelve muy quebradizo. El carbón vegetal no contiene azufre, de ahí que se consideraba la fundición de carbón vegetal más fuerte que la de carbón mineral. Hoy en día, la firma ACEPAR S.A. fabrica acero a partir del hierro fundido de carbon vegetal.

Richardson no volvió a renovar contrato y regresó a Inglaterra luego de cobrar sus haberes, el 2 de junio de 1858, siendo reemplazado por el maestro fundidor William Newton enviado por la Blyth que sólo se desplazaba a Ybycuí cuando un trabajo especial lo requería.
En agosto de 1863 Whytehead empezó por encargo expreso del presidente los planos de un nuevo horno a aire comprimido con los últimos adelantos incorporados. Este horno, por indicación del Ingeniero Jefe fue construido, no con ladrillos ya cocidos, sino con adobes secos que luego de la primera quema se cocieron quedando perfectamente unidos.
En Mayo de 1864 se invita al Presidente Francisco Solano López a visitar el establecimiento por parte del comandante Insfrán para ver las obras refaccionadas y remozadas de la represa de agua, la máquina y el nuevo alto horno.
La producción plena y el último acto
La fundición llegó a su capacidad plena salvo en casos en que había que detenerse a causa de las copiosas lluvias que hacían desbordar los arroyos destruyendo las represas e impidiendo la llegada del mineral y del combustible necesario para la fundición, pero la guerra aumentó el tiempo de trabajo lo que duplicó la tensión en el manejo del establecimiento y es así que en un parte fechado el 30 de noviembre de 1866 figura entre los consumos del mes ocho arrobas y media de grasa para los trabajos nocturnos.
Pero Insfrán mantuvo una férrea disciplina apoyado en su larga experiencia que le había dado gran práctica en el manejo del personal y de la fábrica, manteniendo la producción al más alto nivel posible con los medios a su alcance cumpliendo por adelantado los pedidos del gobierno.
Todo el peso de la carga de la provisión de munición para la artillería recayó en la fundición, además de otros elementos necesarios para el esfuerzo bélico, fundiéndose balas huecas de fragmentación, bombas, proyectiles de obuses, balas sólidas y aceradas y es así que entre los meses de noviembre y diciembre de 1866 la fundición marcó uno de los hitos en la producción de proyectiles. En tres semanas se fabricaron seis toneladas de munición.
(comparacion con lamina de alto horno 1760, importancia de la provision de proyectiles, defensa de curupayty, tipos de proyectiles)


Se ordenó hacer moharras y regatones para el ejército, se repararon las piezas de artillería de Humaitá, se estableció comunicación directa con dicha fortaleza por medio del Tebicuary, remitiéndose directamente los pertrechos necesarios, se hicieron además gran cantidad de granadas de mano para el ejército, aisladores para telégrafo
(en plena etapa de reorganización del ejército de las Cordilleras) y ya en los últimos años de la fábrica se llega a producir salitre el cual dio muy buenos resultados.
Es la época también en que se fundieron los grandes cañones pese a la escasez de materia prima, utilizándose par el efecto todas las campanas y elementos de bronce y cobre que habían a lo largo de todo el país.
(cristiano, aca-vera, criollo, comparacion con cañones norteamericanos)
Es posible que se hayan podido fabricar pocos cañones con el hierro de Ybycuí, debido principalmente a el escaso rendimiento del mineral de hierro paraguayo. Toda la producción se destinaba para fabricar munición, que tenía un consumo enorme, principalmente porque la artillería se volvió el arma mas relevante en el ejército paraguayo, debido a la mala calidad de los caballos del arma de caballería y al deficiente armamento de la infantería ( sus mosquetes de pedernal apenas alcazaban un cuarto de la distancia de los fusiles rayados aliados). Es así que le cupo a la artillería la defensa de las extensas posiciones durante las campañas de Humaitá y Pikysyry.
Un ejemplo claro de la importancia del suministro de municiones nos lo dá la batalla de Curupayty, la única victoria indiscutible del Paraguay en la guerra. Según George Thompson en su libro "La Guerra del Paraguay" la trinchera de Curupayty estaba defendida por 49 piezas de artillería de calibres entre 8 pulgadas y 6 libras. El día 22 de setiembre de 1866 los aliados atacaron la posición al mediodía. Desde que partieron de su base en Curuzú fueron contínuamente bombardeados desde varias direcciones por la artillería paraguaya. Comenta Thompson que las "metrallas y racimos de las piezas de 8 pulgadas hacián un estrago horrible a una distancia de 200 a 300 yardas (180 a 270 metros)." El ataque fué suspendido luego por Mitre al constatar el enorme número de bajas y el poco progreso del avance, que apenas llegó hasta los bordes del foso frente a la trinchera paraguaya. Los paraguayos hicieron como 7.000 tiros de cañón, según Thompson.
De aquí podemos sacar un estimativo del peso de los proyectiles utilizados ese día en Curupayty. De los 49 cañones, 8 eran obuses de 8 pulgadas. Así obtenemos que cada pieza hizo unos 140 disparos aproximadamente ese día (sin considerar que los cañones más pesados tienen una velocidad de fuego menor que los livianos). Si de los 140 disparos efectuados, estimamos que 100 fueron de metralla y racimos (munición anti-personal) y los cuarenta restantes balas sólidas (de mayor alcance, durante la aproximación del enemigo); tenemos que ese día se arrojaron más de 80 toneladas de munición!!
Es aquí donde se puede apreciar la enorme importancia de la fundición de Ybycuí en el esfuerzo bélico. Semejante cantidad de proyectiles difícilmente podía haber sido importada por el Paraguay, menos aún después del bloqueo de los ríos en 1865. Y siendo, como cuenta Thompson, que la cantidad de cañones de todos los calibres existentes en Paraguay luego de la campaña de Matto Grosso era entre 300 y 400 piezas de todos los tamaños; podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la existencia de la fundición de Ybycuí permitió sostener al Paraguay la guerra durante 5 largos años.

En cuanto a los cañones habíamos afirmado que se fabricaron pocos cañones con hierro de la fundición (se construyeron en cambio muchos refundiendo otros cañones más viejos). La escasez de material era tal que se alentaba a los soldados a recoger todas aquellas balas que arrojaba el enemigo y no explotaban o eran mal dirigidas y aterrizaban sin causar ningún efecto, incluso los cascos de metralla, por los cuales hasta se les "pagaba" con un jarrito de maíz. Todos estos restos de hierro eran enviados a Ybycuí para ser refundidos y fabricar municiones y otros elementos necesarios. Se echó mano incluso, según lo había sugerido Gelly en 1849 a las campañas de bronce de toda la república, las que se juntaron y se fundieron en Ybycuí construyéndose el enorme cañón "Cristiano" de 12 toneladas de peso capaz de arrojar balas esféricas de 10 pulgadas - este dato nos indica que era de ánima lisa-.
La razón para construir un cañón de este tamano y calibre nos lo explica que ya en 1866 los paraguayos se dieron cuenta que la artillería de poco calibre era impotente contra las corazas de los acorazados brasileños. Y la elección del calibre y tipo del "Crisitiano" no estaba tan desacertada pues en la reciente guerra civil americana se montaron cañones Dahlgren de 11 pulgadas de calibre y de ánima lisa en el blindado "Monitor" para enfrentar a su rival, el acorazado "Virginia". Se había demostrado que en los combates a corta distancia, las balas de la artillería de ánima lisa y de gran calibre eran más efectivas contra las corazas de hierro que sus similares de cañones rayados.

Lo que realmente fué una proeza fue la fabricación del cañón de ánima hexagonal "Criollo" de 10 toneladas para arrojar la gran cantidad de balas Whitworth de 150 que arrojaba el enemigo y no estallaban. La pieza fué fundida en Ybycuí y taladrada y rayada en Asunción. Prestó excelentes servicios en Angostura combatiendo contra los acorazados de la escuadra imperial.

La destrucción
Ya a finales de la guerra el Gral. Castro había impuesto al Tte.Cnel. Hipólito Coronado la destrucción de la fundición de hierro de Ybycuí.
Al Cap. Insfrán le fué adelantada la presencia de tropas aliadas en la zona, tomando la precaución de enterrar balas y herramientas que eran imposibles de evacuar y envió una partida de exploración a cargo de un tal Molinas Pucú para vigilar los movimientos de la fuerza aliada en la creencia de que esta se dirigiría a Ca'azapá; pero este personal traicionó la confianza de su jefe y entró en tratos con Coronado interiorizándole del sistema de seguridad e induciéndolo a realizar un ataque por sorpresa al establecimiento, mientras enviaba partes sin novedad a su superior.
Insfrán, seguro de que Coronado no se atrevería a atacar la fábrica con poco número de tropa en la mañana del 17 de mayo de 1869 distribuyó a su personal de guarnición, peones y presos para el trabajo.
A media mañana el enemigo guiado por Molinas inició el ataque. Insfrán trató de defender el puente que daba acceso al establecimiento, pues su flanco estaba cubierto por los espesos bosques; con los hombres que le quedaban y luego de un intenso tiroteo y algunas bajas el comandante ideó un plan para obligar a la retirada enemiga flanqueándolo por la izquierda para lo cual despachó fusileros por el monte que rodeaba la fábrica, pero antes de que llegaran al punto designado fueron retirados los que defendían el puente, el enemigo aprovechó el momento y penetró en los edificios.
El comandante Insfrán fué tomado prisionero con sus hombres y pasado a degüello por Coronado, quien destruyó parte de la fábrica, pero no tuvo tiempo de completar la demolición, la cual fué llevada a cabo en su totalidad por el ingeniero brasileño Jardim.
CONCLUSIÓN: Se ha demostrado el papel relevante que cumplió la siderúrgica de Ybycuí en la provisión de pertrechos para el ejército de López, y el papel relevante cumplido por la artillería en aquel conflicto.
La artillería del "otro bando", ¿cumplió un papel semejante?. Para empezar, la artillería aliada, específicamente la artillería brasileña (que era una abrumadora mayoría en la alianza), contaba con los más modernos cañones rayados de la época: así tenemos cañones rayados Lahitte de bronce de 9 y 12 libras, y cañones Whitworth de ánima hexagonal (el de mayor alcance de su tiempo) de 12 y 32 libras para el ejército de tierra y gigantes de hasta 150 libras para la armada. A persar de esta abrumadora ventaja la artillería tuvo un pobre papel en el bombardeo a las posiciones paraguayas, debido a como lo explica claramente Thompson "Todo el cañoneo aliado era tan mal dirigido que apenas si hacía algún daño. Las espoletas de las bombas brasileras estaban calculadas para producir la explosión a una distancia dada, pero no explotaban regularmente porque desde el principio fueron muy mal hechas. Como una cuarta parte de sus bombas explotaban en el momento de partir, por se mal fundidas, como una cuarta parte no reventaban y las demás explotaban a distancias enteramente irregulares".
Entonces, cabría preguntarnos, si la artillería no fué el elemento desequilibrante en el conflicto, cuál fué una de las causas fundamentales del triunfo final de los aliados: los acorazados, el número de tropas??
El elemento fundamental nos lo explica el mismo Thompson en esta frase suya: "Los soldados del potrero Sauce eran incomodados día y noche por las balas de rifle, que les arrojaban las guardias avanzadas de los aliados, hiriéndoles muchos hombres. Si los aliados hubieran tirado siempre con rifle, en vez de hacerlo con cañones, pronto habrían concluido con los paraguayos".
Fue el arma de la infantería, el fusil rayado, el factor desequilibrante del conflicto. Los brasileños entraron en él completamente equipados con fusiles belgas, de Lieja, copias del fusil británico Enfield modelo 1856 que arrojaba una bala cilindro ojival con gran precisión hasta 630 metros!! mientras que el soldado paraguayo estaba armado en un 80% con el fusil de chispa de ánima lisa, Brown Bess modelo India de 1797 que arrojaba una bala esférica con precisión hasta 80 metros!! Lo que los brasileños tenían que hacer era simplemente esperar y cuando los paraguayos estaban a una distancia de 300 metros disparar tranquilamente sin preocuparse de ser alcanzados por los fusiles enemigos.
Es que las armas portátiles habían tenido una verdadera revolución en la década de 1850-1860 al inventarse los proyectiles cilíndrico ojivales de base hueca que permitieron ser fácilmente cargados por la boca de los fusiles rayados y tomar las rayas al ser disparados gracias a que su base hueca se expandía haciéndoles tomar los canales del ánima de los fusiles. De esta manera estas armas lograron un alcance de sus fuegos nunca antes conseguido, y causaron profundos cambios en las tácticas de combate de la mitad del siglo XIX. Notablemente, en su viaje a Europa en 1853-54 el General Francisco Solano López no tomó contacto con estas innovaciones posiblemente porque aún no habían alcanzado una utilización práctica y extendida, lo que sí lograrían en la Guerra civil americana (1861-1865). López no pudo adquirir el número suficiente de fusiles rayados para el ejército nacional sorprendiéndole la guerra con un parque de armas de infantería anticuado y muchas veces obsoleto. Es aquí donde deben buscarse las causas de las reiteradas derrotas en la gran contienda del 1864 al 1870.

Esteban McLaren
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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 4:18 pm

Jack_Earthquake escribió:Magnifico el aporte, formodeloa. De primera y me alegra que un hermano paraguayo se una al debate. Siempre se supo en Argentina del progreso de la industria paraguaya en los años de Lopez y queda en la memoria el recuerdo del cañón Cristiano, enorme mole de hierro.

¿Produjo rifles Paraguay durante el conflicto? ¿qué cañones portaban los monitores paraguayos de la batalla de Riachuelo?

Bienvenido

No Jack, Paraguay no produjo rifles si nos referimos al arma larga de infantería, los únicos rifles que empleó Paraguay fueron unos 2000 de la marca inglesa Witon que usaba el batallón de rifleros de López y la guardia del mismo que empleaba unas carabinas de retrocarga sistema Turner (250 en total). Todas las armas restantes eran Brown Bess de ánima lisa modelo India con la marca "Tower" en la platina.
En la batalla del Riachuelo (11-06-1865), ni Paraguay ni Brasil emplearon buques blindados. Brasil poseía unas 8 cañoneras a hélice, excepto el buque insignia Amazonas que era a ruedas, fabricadas en Inglaterra, Francia o Brasil entre 1851 y 1859 (los clasificaría como "screw gunboats" en el témino náutico inglés, pues por su tonelaje creo que no llegaban a ser corbetas "sloop-of-war"), el armamento de estas naves eran cañones de 68 libras, de ánima lisa, que eran las armas navales de mayor calibre a fines de la década de 1850. También poseían cañones Whitworth de ánima hexagonal de calibre 70 libras.
Los buques paraguayos, todos mercantes artillados, excepto el Tacuary, que era de guerra, tenían cañones de 32 libras en cureñas navales (recuerda que el cañon de 32 libras era el mayor cañon naval en la época de Trafalgar en 1805), de ánima lisa por supuesto. Sólo el Tacuary tenía un cañon rayado Whitworth. Los buques paraguayos eran todos con propulsión a rueda, excepto 2.
Los buques blindados, aparecieron recién en Marzo de 1866, casi 1 año después del Riachuelo, cuando los aliados se disponían a cruzar el Paraná e invadir el Paraguay. Entonces estaban presentes junto a la escuadra brasileña y aliada de madera, el acorazado "Brasil", corbeta blindada construída en Francia en 1865, el monitor "Bahía" construido por los astilleros Laird de Birkenhead, Inglaterra en 1865 (muy parecido al peruano "Huascar", que poseía una torre giratoria con 2 cañones Whitworth, diseñada por el capitán Cowper Coles, que junto con el sueco-norteamericano Ericsson fueron los inventores y propulsores de este tipo de emplazamientos) y los blindados "Tamandaré" y "Barroso", de casamata central, ya construídos en el Brasil con los diseños del Ing. naval Napoleao Level y Eduardo Braconot, en el arsenal real de Ilha das Cobras, en 1865.

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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 4:18 pm

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Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 4:20 pm

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Re: La Guerra del Paraguay, 1865-1870

Mensaje por Esteban McLaren el Mar Dic 10, 2013 4:20 pm

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