Operaciones de ayuda humanitaria

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Operaciones de ayuda humanitaria

Mensaje por Montero el Miér Dic 11, 2013 4:35 pm

CASCOS BLANCOS - Asistencia Humanitaria 2010/2011.

Durante el último tramo de 2010, Cascos Blancos, organismo de Asistencia Humanitaria Internacional de la República Argentina, concentró sus esfuerzos en colaborar con los gobiernos de Colombia y Venezuela, en la atención a las poblaciones afectadas por las severas inundaciones que anegaron buena parte de sus territorios nacionales.

En respuesta a las demandas expresadas por esos países, se enviaron distintos tipos de suministros humanitarios, especialmente carpas silos, pastillas potabilizadoras de agua, alimentos y frazadas y se mantuvieron en alerta equipos de especialistas en diferentes herramientas logísticas, comunitarias y de contención psicosocial, ante la posibilidad de una convocatoria urgente.

El año comenzó con la organización de un puente aéreo hacia Colombia que permitirá el traslado de toneladas de alimentos hacia Colombia provenientes del Gobierno de la República Oriental del Uruguay en carácter de donación. El operativo podrá realizarse gracias la prioridad humanitaria otorgada por Aerolíneas Argentinas, empresa aérea estatal, en sus bodegas. Este mecanismo se reiteró a lo largo del 2010, especialmente durante la asistencia al pueblo y gobierno haitianos tras el terremoto del 12 de enero.

También están en curso envíos de suministros humanitarios hacia Nigeria, Níger y Pakistán, países afectados por inundaciones en gran parte de su territorio, del mismo modo que se realizó con Santa Lucía, gravemente afectada por el paso del huracán Thomas.

Haití.

El país caribeño fue uno de los protagonistas de recepción de asistencia a lo largo del año recién finalizado, primero por el terremoto de enero y luego con el agravante del brote de cólera. En este último aspecto, Cascos Blancos, en coordinación con la Organización Panamericana de la Salud (OPS) trabajó en la instalación del sistema LSS/SUMA de manejo de suministros en PROMESS, almacén administrado por esa organización internacional, como así también en el Ministerio de Salud haitiano.

Asimismo, la Argentina concretó donaciones de medicamentos específicos y de kits de bioseguridad y se encuentra coordinando preparativos para coordinar campamentos de desplazados en distintas zonas de Haití, afectadas por el terremoto. Complementariamente, se mantienen alistados equipo médicos ante eventuales solicitudes en esa dirección y, en coordinación con expertos del Ministerio de Salud de la Nación, se están diseñando modelos de campañas preventivas relacionadas con el cólera, su transmisión y las formas de evitarlo.

UNASUR – Haití

La Comisión Cascos Blancos comprometió su esfuerzo y el de sus profesionales y especialistas voluntarios para el armado del dispositivo, metodologías y acciones que la Secretaría Técnica de UNASUR decida encarar en Haití.

En ese sentido, desarrolló una propuesta de 5 puntos considerados básicos para el trabajo coordinado de los países de la Unión Sudamericana de Naciones:

1. Diseño de una Matriz de Coordinación de la Asistencia Humanitaria.
2. Fortalecimiento de la estructura nacional haitiana.
3. Desarrollo de las contrapartes nacionales haitianas del esquema de red humanitaria (clusters) de las Naciones Unidas en el país.
4. Organización de un equipo de coordinación técnica de emergencias.
5. Acopio de reservas de insumos humanitarios en un espacio compartido y cercano.

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Re: Operaciones de ayuda humanitaria

Mensaje por Montero el Miér Dic 11, 2013 4:36 pm

PAPEL DE LAS FUERZAS MILITARES EN OPERACIONES DE AYUDA HUMANITARIA.

Es la nueva paradoja en este cambio del siglo haber visto a las fuerzas armadas jugar un rol tan importante en la administración de operaciones humanitarias, sea que actúen por cuenta propia o de manera conjunta con asociados humanitarios nacionales o internacionales.

El rol del ejército en la administración de Operaciones de Mantenimiento de Paz data desde la década de 1950, cuando los primeros Cascos Azules de las NN.UU. se posicionaron en el campo en respuesta a una idea del Sr. Lester B. Pearson, Ministro canadiense de Asuntos Extranjeros. Desde ese entonces, muchas naciones y contingentes militares han participado en misiones de mantenimiento de paz. Algunos de estos han estado vigentes por años (Cachemira, Chipre, sur del Líbano, los Altos de Golán) mientras que otros han podido afortunadamente cerrarse una vez que se cumplió el mandato (Camboya, Mozambique, Ruanda, Sinaí). En casos
excepcionales (Congo, Corea) las fuerzas militares tuvieron que jugar el rol de establecimiento de paz, tropas encargadas físicamente de restablecer la paz en un territorio dado. Pues raramente antes de 1990 se veían fuerzas militares que se involucraran en mandatos de las NN.UU. con metas específicamente humanitarias.

Está claro que el ejército ha puesto rápidamente sus capacidades logísticas, humanitarias y operacionales al buen uso para ayudar a resolver crisis humanitarias. Uniformados con los Cascos Azules de las NN.UU. en Somalia y Bosnia, apoyaron a agencias humanitarias
resguardando la seguridad de caminos y rutas de distribución, además de trabajar para el beneficio de las poblaciones hambrientas y acosadas. Bajo los auspicios de la NATO en Kosovo o más precisamente en Albania y Macedonia y luego en Kosovo (la República Federal de Yugoslavia), las tropas prestaron asistencia al gobierno y organizaciones humanitarias de
Albania, aliviando el sufrimiento de los kosovares y ayudándoles a reasentarse temporalmente en campos humanitarios.

Más que cualquier agencia, los ejércitos militares poseen las siguientes
ventajas:

• Capacidad logística sobresaliente en forma de camiones, grúas, equipos de agua y saneamiento, etc.

• Un sentido probado de organización y disciplina,

• Movilización rápida ya sea por aire, tierra o mar, superiores al de cualquier organización civil,

• Hombres y mujeres aptos, entrenados en gran número y operacionales en todos los campos de práctica humanitaria (salud, logística, administración de campamento, agua y salubridad),

• Capacidad defensiva para protegerse así como a los equipos y equipamiento de otras agencias presentes,

• Sistemas de comunicación excepcionales internos y externos,

• Falta de interés financiero en los acuerdos contractuales con las agencias del sistema de las NN.UU. porque ellos están solventados por fondos estatales.

Cuando estas capacidades son puestas para utilizarse en grandes crisis humanitarias, hacen una enorme diferencia. Sin embargo, a menudo queda canalizar esta capacidad para responder a objetivos claros y bien definidos. La colaboración militar con agencias humanitarias es esencial
para facilitar al final de su misión un proceso de “ofrecer - devolver”; muy a menudo estas misiones tienen mandatos claros y son relativamente a corto plazo (este es el caso de la mayoría de los “Equipos de Asistencia de Apoyo en Desastres” creados de modelos Americanos y
Canadienses). Por lo tanto, es necesario empezar a preparar con anticipación las condiciones para transferir poder a una NGO o al estado.

Finalmente, es importante notar que hoy el ejército militar está también respaldado por fuerzas civiles o semi-militares que pueden incluir:

• Fuerzas nacionales de seguridad doméstica
• Asociaciones organizadas bajo un modelo casi militar (Ordenes Hospitalarias, el Ejército de Salvación, etc.)
• Gendarmerías o fuerzas policiales civiles nacionales o internacionales
Es importante también enfatizar el creciente rol jugado por la Policía Civil Internacional (CIVPOL) en la arena humanitaria. La necesidad de lograr rápidamente el manejo de cuestiones de seguridad hacia fuerzas civiles – una responsabilidad previamente sostenida por los militares- convierte
a la Policía Civil Internacional muy esencial en situaciones donde todo el orden público ha desaparecido completamente (como ser Kosovo, Timor), o donde las fuerzas policiales están sujetas a una reorganización completa de sus estructuras y personal (como ser Guatemala, Haití).

Fuente: Conoir, Yvan - La conducción de operaciones de ayuda humanitaria - POTI Peace Operations Training Institute / ONU.

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Re: Operaciones de ayuda humanitaria

Mensaje por Montero el Miér Dic 11, 2013 4:38 pm

El trabajo de ACNUR en la República Argentina.

(ACNUR: Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados)

En Argentina viven cerca de 4.000 refugiados y solicitantes de asilo provenientes de alrededor de 70 países de América, África, Asia y Europa. La gran mayoría de ellos son originarios de países de América Latina, principalmente de Perú,Cuba y Colombia. Sin embargo, en los últimos años, más de la mitad de las solicitudes de asilo fueron
presentadas por personas de origen africano, y muchas de estas peticiones han sido realizadas por menores no acompañados o separados de sus familias. En Argentina no existen campos de refugiados. Tampoco hay casos de desplazamiento interno ni de apatridia.

Los marcos de protección.

Argentina es un Estado parte de la Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados y de su Protocolo de 1967. El país ha ratificado los instrumentos regionales y universales más relevantes en derechos humanos. El marco legal nacional que se ocupa de los refugiados está establecido en la Ley de Refugiados 26.165, aprobada en el año 2006. Esta ley puso en marcha a la Comisión Nacional de Refugiados (CONARE), encargada de decidir sobre las solicitudes de asilo y encontrar soluciones duraderas para los refugiados. La ley se complementa, además, con un importante número de decretos y regulaciones administrativas que tratan con asuntos específicos -como permisos de residencia, documentación y extradición- que están en línea con los estándares mínimos internacionales de protección. En mayo de 2010, el Gobierno Nacional presentó el Decreto 616 que reglamenta la Ley Nacional de Migraciones 25.871. El decreto establece el nuevo derecho de los refugiados a obtener una residencia definitiva en el país, la residencia transitoria para personas afectadas por desastres naturales o ambientales ocasionados por el hombre, así como la residencia de las personas apátridas, entre otros.

Población de interés del acnur.

Refugiado: toda persona que debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentra fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país. También incluye a toda persona que huye de su país amenazada por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público.

Solicitante de asilo: toda persona que se encuentra fuera de su país de origen y ha presentado una solicitud del estatuto de refugiado a las autoridades migratorias del país al que ha llegado y aguarda la decisión. La solicitud puede ser aceptada o rechazada por parte de las autoridades.

Desplazado interno: toda persona que ha sido forzada a huir por razones similares a las de los refugiados, pero a diferencia de éstos, no ha cruzado una frontera internacional.

Apátrida: toda persona que no es considerada como nacional por ningún Estado, o que no disfruta de los derechos fundamentales de los que gozan otros nacionales en su Estado (apátrida de facto).

Una tarea en equipo.

El trabajo y apoyo de los refugiados, los gobiernos, la sociedad civil, el sector privado y las organizaciones no gubernamentales (ONG) es fundamental para posibilitar la protección e integración de las personas refugiadas. En todos los países, el ACNUR trabaja con socios que apoyan el cumplimiento de su mandato. En Argentina, las agencias socias en la implementación de sus programas son: Fundación Comisión Católica Argentina de Migraciones (FCCAM), Sociedad de Ayuda al Inmigrante Hebreo (HIAS) y Fundación de Migrantes y Refugiados en Argentina (MYRAR).

El trabajo del ACNUR en Argentina.

Proveemos asistencia técnica a las autoridades gubernamentales a fin de adoptar las regulaciones internas necesarias para facilitar la efectiva implementación de la ley de refugiados.

Fomentamos el establecimiento de procesos justos de protección y documentación a través de la implementación de un Proyecto de Fortalecimiento Institucional, que apunta a reforzar las capacidades de la CONARE en la justa y efectiva toma de decisiones.

Trabajamos junto a representantes de la CONARE y autoridades nacionales de inmigración para mejorar el acceso al territorio de los solicitantes de asilo y para prevenir los casos de devolución al país de origen. ACNUR y sus contrapartes gubernamentales proveen capacitación en ley internacional de refugiados para oficiales de inmigración y fuerzas de seguridad.

Trabajamos con autoridades gubernamentales y otros socios en la elaboración de procedimientos estándares para la recepción y el tratamiento de menores no acompañados que solicitan asilo.

Apoyamos al gobierno argentino en la coordinación del trabajo interministerial relevante y con las agencias asociadas para asumir un rol de liderazgo en el diseño de estrategias de integración a largo plazo para los refugiados así como dar apoyo inmediato a los solicitantes de asilo hasta que su solicitud haya sido resuelta.

Trabajamos en conjunto con la CONARE, oficinas del ACNUR en otros países y una agencia asociada para consolidar el programa regional de reasentamiento
solidario. Este programa aspira a ofrecer una solución duradera a los refugiados de la región que no han podido encontrar la protección necesaria en el primer país de asilo.

Implementamos, con el apoyo del gobierno de Noruega, el Programa de Mujeres en Riesgo para
atender a mujeres colombianas reasentadas en Argentina.

Trabajamos junto a los medios de comunicación, los formadores de opinión, las celebridades y la sociedad civil para difundir la temática de las personas refugiadas y promover su integración a la sociedad.

ACNUR protege.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) fue establecido el 14 de diciembre de 1950 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. La Agencia tiene el mandato de brindar protección internacional a las personas refugiadas. Esto implica velar por que los Estados tomen las medidas necesarias para proteger a todos los refugiados que se encuentren en su territorio, así como a las personas que traten de ser admitidas en
las fronteras y que puedan ser refugiadas.El mandato del ACNUR también incluye la búsqueda de soluciones duraderas, tales como la opción de regresar al país de forma voluntaria, la de integrarse en el país de asilo, o la de ser reasentado a un tercer país.
Desde 1950, la Agencia ha ayudado a más de 50 millones de personas a rehacer sus vidas.
La Oficina Regional de ACNUR para el Sur de América Latina se estableció en Argentina en 1965 y la misma cubre también a Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay.

Fuente: El trabajo de ACNUR en la Argentina. Documento disponible en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

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Re: Operaciones de ayuda humanitaria

Mensaje por Montero el Miér Dic 11, 2013 4:40 pm

CONCEPTOS SOBRE AYUDA HUMANITARIA.

Introducción.

Según el Vocabulario Controlado sobre Desastres (VCD) desarrollado por el Centro Regional de Información sobre Desastres (CRID) con la colaboración del Centro Latinoamericano y del Caribe de Información en Ciencias de la Salud, los desastres naturales son una interrupción seria en el funcionamiento de una sociedad que causan vastas pérdidas a nivel humano, material o ambiental, suficientes para que la sociedad afectada no pueda salir adelante por sus propios medios. Los desastres se clasifican frecuentemente, de acuerdo a su causa, en naturales o antropogénicos, según sean causados por la naturaleza o por el hombre respectivamente.

En algunas regiones del planeta, los desastres causados por factores naturales -como terremotos, inundaciones, deslizamientos, sequías, incendios forestales, ciclones y tormentas tropicales, tsunamis y erupciones volcánicas- han generado graves pérdidas, tanto en términos de vidas humanas como de la destrucción de infraestructura económica y social; así como también han tenido un impacto muy importante en el equilibrio medioambiental.

Los desastres a nivel mundial se sitúan en una escala sin precedentes. Desde la década del noventa, los desastres han venido cobrando un promedio de 58.000 vidas al año y afectando a 225 millones de personas. Desde la década de 1950, el costo económico relacionado con los desastres se ha incrementado pasando de $3.9 millones de dólares a un promedio anual de $67 mil millones de dólares, durante la última década.

Existe evidencia científica que establece que el calentamiento global aumentará la cantidad e intensidad de las amenazas naturales, como las inundaciones y las tormentas severas acompañadas de ciclones. El peor impacto es aquel que azota a los países en desarrollo debido a la falta de recursos para financiarse. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), de los 49 países menos desarrollados del mundo, 24 están altamente expuestos a los riesgos de desastres naturales. Como consecuencia de las catástrofes, las comunidades pobres se vuelven más pobres y vulnerables ante futuras amenazas.
Latinoamérica ha sufrido en las últimas tres décadas catástrofes naturales que le han provocado más de 225 mil muertos y 148 millones de damnificados.

El origen de estas catástrofes ha sido atribuido al calentamiento global, aunque existen registros históricos que argumentan que las mismas, en esta región, datan de mucho tiempo atrás. Sin embargo, la destrucción y la pérdida de vidas debido a los terribles efectos de estos desastres han aumentado por algunos factores contemporáneos como la pobreza, la concentración de la población en áreas de alto riesgo, la mala calidad de la infraestructura y los bajos niveles de preparación en caso de emergencia.

También es necesario tener en cuenta que sumada a la cantidad de muertes y damnificados que provocan los desastres naturales, éstos dejan a su paso una serie de problemas sociales en las comunidades que afectan, como las epidemias luego de las inundaciones, los problemas de salud causados por los gases, las cenizas despedidas por los volcanes y obviamente el impacto psicológico en las víctimas. A éstos también hay que sumarles los efectos en las economías locales, ya que los recursos naturales de los que estas comunidades dependen muchas veces son destruidos.

Según estadísticas del Banco Mundial, se ha calculado que en la región de América Latina y el Caribe los daños derivados directa e indirectamente de las catástrofes naturales en los últimos 30 años oscilan entre $700 y $3.300 millones de dólares anuales.

El conjunto diverso de acciones de ayuda a las víctimas de desastres (desencadenados por catástrofes naturales o por conflictos armados), ha sido denominada ayuda humanitaria. Esta última está orientada a aliviar el sufrimiento de los damnificados, garantizar su subsistencia, proteger sus derechos fundamentales y defender su dignidad; así como, a veces, a frenar el proceso de desestructuración socioeconómica de la comunidad y prepararlos ante desastres naturales. La ayuda humanitaria puede ser proporcionada por actores nacionales o internacionales. En este segundo caso tiene un carácter subsidiario respecto a la responsabilidad del Estado soberano de asistencia a su propia población, y en principio se realiza con su visto bueno y a petición suya, si bien en los años noventa se abrió la puerta a obviar excepcionalmente estos requisitos.

Resulta difícil dar una definición única de acción humanitaria. No existe un consenso claro entre los autores y organizaciones sobre su significado y alcance, lo cual tiene que ver con su complejidad y con la multiplicidad de contextos, actividades, actores y objetivos implicados. A esto se añade un uso coloquial con frecuencia excesivamente amplio e impreciso.

Trabajar en ayuda humanitaria para catástrofes naturales comprende una serie de etapas o fases que abarcan la alerta temprana, la planificación previa al desastre, la preparación y el pronóstico, la respuesta y la asistencia, la recuperación y la reconstrucción.

Definición de los conceptos vinculados con la protección civil.

Resulta oportuno aclarar qué se entiende por determinados conceptos relacionados con la Protección Civil de acuerdo a las definiciones adoptadas por el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas (En adelante, EMCFFAA).

La Defensa Civil comprende entre sus funciones generales a la Protección Civil y se establecen distinciones entre los conceptos “asistencia humanitaria” y “ayuda humanitaria” y entre “emergencia” y “catástrofe”.
Así pues, la ayuda humanitaria consiste en el “modo de acción de la Protección Civil que realizan las FFAA, en casos de emergencias, catástrofes y/o limitaciones sociales críticas, dirigido en forma subsidiaria, a proteger vidas humanas (interés vital de la Nación), la infraestructura pública, privada y el medio ambiente. Constituye el esfuerzo principal de la respuesta, por parte de las FFAA”.

En cambio, la asistencia humanitaria consiste en el “modo de acción de la Protección Civil que realizan las FFAA, para satisfacer apoyos federales dispuestos por el Presidente de la Nación, ante requerimientos internacionales en el contexto de Naciones Unidas o como acción solidaria de cooperación internacional, en casos de catástrofes. Su finalidad es apoyar el fortalecimiento de la capacidad de autosuficiencia de una comunidad afectada por crisis sociales o problemas endémicos, centrando las actividades en saneamiento, asistencia alimentaria, nutrición, instalación de albergues y salud”.

Por otro lado, se entiende por emergencia a la “situación consecuente de un evento adverso, de origen natural o antrópico, que requiere del empleo de los recursos y medios disponibles por la comunidad afectada, sin exceder su capacidad de respuesta”; mientras que la catástrofe remite a la “situación consecuente de un evento adverso, de origen natural o antrópico, en la mayoría de los casos repentino, que causa graves daños en la vida, bienes y medio ambiente, que altera o interrumpe las condiciones de vida y sobrepasa la capacidad de respuesta de la autoridad de la zona afectada, para el pronto retorno a la normalidad, motivo por el que debe requerirse el apoyo a la instancia siguiente. Suele emplearse como sinónimo, el término desastre”.

La emergencia o catástrofe se divide en tres etapas. En primer lugar, la mitigación, orientada a la prevención y preparación ante la posible amenaza. En segundo término, la respuesta que es la etapa de la gestión de riesgos cuya finalidad es salvar vidas, reducir el sufrimiento y disminuir pérdidas en la propiedad pública y privada. Finalmente, la recuperación, que refiere a la reconstrucción y rehabilitación de la zona afectada.

En nuestro país, la Protección Civil se organiza de acuerdo a cuatro niveles: el nivel municipal, regional, provincial y nacional. Cada uno de estos niveles es autónomo e independiente en su jurisdicción y se hallan vinculados por relación de subsidiariedad, es decir, los niveles de mayor jerarquía acuden en apoyo de los niveles inferiores.

Participación de las FFAA en operaciones de apoyo ante desastres naturales y emergencias humanitarias.

La participación en operaciones de apoyo a la comunidad nacional o internacional ante catástrofes naturales es una misión subsidiaria de las Fuerzas Armadas (en adelante, FFAA).

Las FFAA entran en acción ante eventos adversos de origen natural o antrópico una vez que los recursos del Sistema Federal son considerados insuficientes y actúan en la etapa de respuesta y en forma eventual en las etapas de mitigación y reconstrucción.

La labor de las FFAA como respuesta a la catástrofe culmina cuando el gobierno nacional, determina que las condiciones de normalidad vital en la zona afectada están restablecidas.

Las bases legales sobre las que se asientan las misiones de apoyo de las FFAA ante eventos adversos de origen natural o antrópico en el territorio nacional o en el extranjero están respaldadas por la Ley de Defensa Nacional (Ley N° 23.554), la Ley de Reestructuración de las FFAA (Ley Nº 24.948), el Decreto de Creación del Sistema Federal de Emergencias (Decreto N° 1250/1999), el Decreto N° 1691 de 2006 -donde se establece la Directiva sobre Organización y Funcionamiento de las FFAA-, la Resolución del Ministerio de Defensa N° 121 del 2006, la Directiva N° 10/06 del JEMCFFAA y diferentes Acuerdos Internacionales.

Cabe aquí mencionar que el Ministerio de Defensa y el EMCFFAA participan de la Comisión Nacional de Monitoreo de Emergencias y Desastres (CONAMED), la cual se enmarca en la Dirección Nacional de Protección Civil de la Subsecretaría de Seguridad de la Secretaría de Seguridad Interior del Ministerio del Interior. La Comisión también está conformada por representantes de la Policía Federal Argentina, de Gendarmería Nacional, de Prefectura Naval Argentina, de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, de la Dirección Nacional de Emergencias Sanitarias, de la Dirección Nacional de Emergencias Sociales, de la Secretaría de Medio Ambiente, del Servicio de Hidrografía Naval y del Servicio Meteorológico Nacional.

El objetivo de la CONAMED es tomar conocimiento de las diferentes hipótesis de peligro que se identifican en nuestro país, adoptar las medidas conducentes a su monitoreo y preparar la ayuda de las provincias sobre la base de un sistema de “Apoyo Federal”, que tradicionalmente se aplica en la organización que el Estado Nacional utiliza cuando los medios provinciales no son suficientes. Este sistema fue denominado “Plan General para el Apoyo Federal en Caso de Desastres”. El mismo tiene como función organizar y coordinar el apoyo federal a los servicios contemplados en el esquema de la Defensa Civil, acorde a la situación y de acuerdo a la progresión del fenómeno de manera de poder actuar en tiempo y forma a fin de apoyar a las autoridades jurisdiccionales en las acciones tendientes a salvaguardar la vida, bienes y actividades de la población.

Como se ha expresado anteriormente, las FFAA cuentan con un marco legal definido para su actuación en casos de emergencias y catástrofes nacionales e internacionales, incluyendo procedimientos internos de coordinación y desempeño en el terreno.

Asimismo, las Fuerzas disponen de una capacidad de despliegue de medios y de personal idóneo ante un requerimiento de apoyo derivado de una situación de catástrofe ocurrida en territorio nacional o internacional.

Recursos de las FFAA para la participación en asistencia y ayuda humanitaria.

De acuerdo al Artículo 24 de la Ley argentina N° 24.948 de Reestructuración de las Fuerzas Armadas, en el que se establecen los recursos asignados a la Función Defensa con respecto a diferentes programas presupuestarios dentro de la Jurisdicción 45, se explicita que los programas mencionados en dicho artículo “no incluyen los recursos necesarios para la participación de las Fuerzas en misiones de paz y apoyo a la comunidad, los que deberán ser determinados y asignados para cada misión en especial.” Aun así, las FFAA realizan operaciones de asistencia y ayuda humanitaria utilizando recursos propios para el despliegue de medios materiales y humanos.

En América Latina y el Caribe, el mayor porcentaje de catástrofes naturales registradas en la última década correspondió a fenómenos hidrometeorológicos –inundaciones, tormentas y huracanes-, mientras el resto de los desastres fueron de origen geológico -como terremotos, erupciones volcánicas y deslizamientos-. Existe evidencia científica que establece que el calentamiento global y el cambio climático aumentarán la cantidad e intensidad de las catástrofes naturales. Asimismo, se ha comprobado que ciertos fenómenos son cíclicos o recurrentes en la región, como las inundaciones asociadas a lluvias y tormentas, y los incendios forestales en determinadas épocas del año. De manera que es esperable que los requerimientos de asistencia y ayuda humanitaria se incrementen cada vez más.

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