Guerra contra el Imperio del Brasil, 1827

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Guerra contra el Imperio del Brasil, 1827

Mensaje por Esteban McLaren el Jue Dic 12, 2013 8:16 am

Dos Testimonios del Valor Criollo Durante la Guerra contra el Imperio

Buceando un poco en la Historia, relataremos hoy dos incursiones de las tantas que fueron llevadas a cabo por las fuerzas al mando del almirante Guillermo Brown, ejemplo de lo difícil que podían resultar los golpes de mano y las incursiones destinadas a desgastar a un enemigo muy superior en número, y en recursos materiales.

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Guillermo Brown

El 10 de diciembre de 1825 el Imperio del Brasil declaraba la guerra a las Provincias Unidas del Río de la Plata, como consecuencia de haber aceptado éstas la declaración de integración, como un territorio más de la Banda Oriental, decisión adoptada por la Asamblea de La Florida en su sesión del 25 de agosto, bajo la presidencia del diputado Juan Fco. De la Robla. La Asamblea nombró a su vez a Juan Antonio Lavalleja Gobernador y Capitán General, y declaró que la Provincia Oriental del Río de la Plata quedaba "...unida á las demás de este nombre en el territorio de Sud America, por ser libre y espontánea voluntad de los pueblos que la componen,..."

1. Por su parte, el Congreso argentino dictaba el 25 de octubre la ley que aceptaba dicha reincorporación, disponiendo que el Poder Ejecutivo nacional proveyera a su defensa y seguridad, y "...el 4 de noviembre el ministro de relaciones exteriores se dirigía a la cancillería imperial notificándole lo resuelto y la decisión de nuestro gobierno de llenar tan sagrado compromiso por cuantos medios tuviera a su alcance y que si era necesario emplearía la violencia para apresurar la completa liberación del territorio oriental del dominio de las armas imperiales"

2. Como consecuencia de lo expuesto, el emperador del Brasil Pedro II declaraba la guerra a las Provincias Unidas, y apenas 12 días después el vicealmirante Rodrigo José Ferreira de Lobo inauguraba el bloqueo a la ciudad de Buenos Aires, dando a los buques neutrales un plazo de 14 días para abandonar el fondeadero. Es en éste contexto que se emprendió la tarea de organizar un ejército, en base al de Observación que se encontraba concentrado en la frontera con la Banda Oriental, y al mismo tiempo una escuadra que fuese capaz de dar pelea a la poderosa flota brasileña.

La Escuadra Nacional
Si bien se gestionó la compra de 3 buques en Chile, solo llegó al país para cumplir servicios útiles la corbeta "Chacabuco", la que se agregó a la Escuadra cuyo comando se dio al almirante D. Guillermo Brown.

Cabe acotar que la Comandancia General de Marina era desempeñada por el coronel mayor D. José Matías Zapiola, quien contaba con D. Benito Goyena como Comisario de Marina, siendo estos dos hombres los responsables de haber puesto en pie de guerra esa escuadra mínima pero respetable, ordenando la construcción de 11 lanchas cañoneras y la reparación de las tres únicas embarcaciones que poseía la marina. "Finalmente, la escuadra quedó compuesta por la fragata "25 de Mayo", corbeta "Chacabuco", barca "Congreso Nacional", los bergantines "Independencia" y "República Argentina", sumaca "Uruguay", goletas "Guanaco", "La Pepa", "Río de la Plata" (o "Río"), "Sarandi", "Unión" y "Maldonado" (ex "Leal Paulistana") cañoneras 1 a 13 inclusive y lanchones de guerra Nº1 al Nº8" 3. En apariencia esta modesta fuerza poco podía hacer contra la poderosa escuadra brasileña, que sí podía poner en el Río de la Plata una masa de 50 buques varios de los cuales eran "de la línea". 4 La única ventaja que poseían las Provincias Unidas era la poca profundidad del río, sus engañosos y traicioneros bancos y la falta de fondeaderos abrigados. Esto hacía difícil la utilización por parte de los brasileños de sus mejores unidades, en beneficio de los republicanos.

La Acción
Luego del combate de Punta Colares (enero de 1826) que dejó como principal resultado un sumario solicitado por el almirante Brown a varios jefes en razón de la negación a entrar en combate de éstos y dejándolo sólo frente al enemigo, inició éste su campaña contra la Colonia del Sacramento. Se hizo presente frente a la misma el 26 de febrero con la "25 de Mayo" como buque insignia, acompañada del "Grl. Belgrano", el "Grl. Balcarce" y la "Sarandi". Luego de intimar la rendición, recibió por respuesta del comandante enemigo la siguiente: "El Brigadier de los ejércitos Nacionales e Imperiales y Gobernador de esta plaza, responde en su nombre y en el de toda la guarnición que tiene la honra de mandar a la intimación del señor General en Jefe de la Escuadra de la República Argentina, que la suerte de las armas es la que decide la suerte de las plazas. Saluda al señor General en jefe con toda consideración. Manuel Jorje Rodrigues". 5

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Combate de Punta Colares

Comenzó entonces un violento combate en el que vararon la "Sarandi" y el "Belgrano", habiendo sido muertos el comandante del "Balcarce", sargento mayor de marina Bartolomé Cerretti. Luego de obtener a una nueva intimación de rendición una respuesta similar a la del día 26, Brown planeó entonces una acción típica de la época, un golpe de mano nocturno para el 1 de marzo. 6

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Ubicación de los buques

Habiéndose percatado la Comandancia de Marina del combate que se llevaba a cabo, despachó la goleta hospital "Pepa", junto a las cañoneras Nos. 1, 4, 6, 7, 8 y 12, bajo el comando respectivo de Julio Fonrouge, Carlos Robinson, Jaime Kearnie, Juan Francisco Seguí, José Monti y Antonio Richiteli. El refuerzo de dichas cañoneras le permitió al almirante esbozar un audaz plan, que consistía en incendiar o capturar los buques enemigos fondeados al abrigo de la Colonia, especialmente el bergantín "Real Pedro". Dice al respecto Carranza: "En seguida se dividió esa gente, en la que estaban representados todos los barcos de la insignia, en trozos de abordaje, señalándole distintivo y santo, mientras que a los oficiales se les explicaba individualmente el plan de ataque, según el cual debían gobernar dos de aquéllas, sobre cada barco brasileño, con el propósito de sacarlo a flote o quemarlo, caso de ofrecer dificultades, distribuyéndose al efecto fajinas incendiarias, y camisas y frascos de fuego. Fijada la noche de ese último día para llevar el asalto, luego que llegó el instante decisivo, mandó distribuir el general una ración de grog a los atacantes, y con palabras de aliento les recomendó disciplina y humanidad." 7

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Desplazamiento de las flotas
Además de las defensa de la propia fortaleza, al amparo de aquella se encontraban fondeadas el mismo bergantín "Real Pedro", de 16 cañones; un patacho y dos escunas. Habiendo envuelto los toletes de los remos en trapos para no ser oídos, se pusieron en marcha las 6 cañoneras argentinas desde las cercanías de la "25 de Mayo", divididas en dos grupos mandados por Rosales (embarcado en la Nº 1) y Espora (en la Nº 12) los de babor y estribor respectivamente, estando al mando de toda la fuerza éste último. Eran las diez y media de la noche. A eso de las 12, se inició el fuego desde la fortaleza, alertando a su vez a toda la escuadra enemiga. Con muy mala suerte, el viento hizo derivar a 4 de las lanchas sobre las murallas, donde recibían el fuego de las baterías y la metralla del "Tambor" y el "Carmen", fondeados a poca distancia, más la fusilería del 11 de Cazadores.

Notables muestras de coraje pueden relatarse sobre aquella noche: "El intrépido teniente Robinson, de la núm. 4, de los héroes de 1814 en el Hércules, (sic) envuelto en ese círculo de fuego y de humo, sirve como sus demás compañeros de infortunio, de blanco seguro a la artillería enemiga, que se les enfila con raro acierto. Pero él, fiero y enérgico como la fatalidad, agitando su espada, sin gorra, con el cabello desaliñado y el uniforme salpicado en sangre, con una mano aplicaba la mecha al cañón vengador, en tanto que con la otra atendía a la salvación de la nave confiada a su coraje, cuando un casco de metralla le destroza la pierna! Cae su cuerpo, mas no se entibia su denuedo; y con el gesto, con la acción y la palabra sigue animando a los suyos hasta que una segunda bala corta aquella existencia llamada a brillante destino!" 8 Para esta altura, las cañoneras se encontraban cubiertas de muertos y heridos. Imagine el lector el estar parado soportando una lluvia de balas; a merced de un enemigo superior, viendo caer terriblemente heridos a los propios compañeros, y esperando la esquirla o el proyectil que lo mutilará de por vida, o imaginando las terribles heridas producidas por las astillas de madera producto de los impactos del cañón... o de la metralla disparada a quemarropa.

Mientras sucedía esto, el "Real Pedro" comenzaba a arder como una pira porque no habiendo podido tomarlo los incursores, estos, luego de vencer un intento de resistencia de sus ocupantes que se convirtió, instantes después, en una declarada fuga "...trataron, aunque infructuosamente, de librarlo de sus amarras y hacerlo flotar. Del Real Pedro sólo flotaba su popa y varias cadenas mantenían amarrado el barco con el muelle y por ambas bandas." 9 Siendo imposible apresarlo, se deciden por prenderle fuego y, luego se dirigieron en apoyo de los que se encontraban varados, a prácticamente un tiro de pistola del muelle. Tan sólo la cañonera Nº 8 pudo ser recuperada, luego de pasársele remolque y haber realizado esta maniobra bajo el intenso cañoneo enemigo. La retirada fue emprendida, quedando bajo las murallas las Nos. 4, 6 y 7, y "Una pila de CUARENTA Y DOS (sic) cadáveres informes, (...) .todos horriblemente desfigurados por los tarros de metralla o la palanqueta, (...) flotan confundidos con la resaca en torno de aquellos despojos sublimes, mientras que doblada cantidad de heridos, mutilados de la manera más cruel, ateridos por el relente de la noche o devorados por la fiebre, angustiaban el alma con sus lamentos." 10 En cuanto a las cifras de las bajas, "La jornada había costado a las dotaciones de la escuadra más de 125 muertos y heridos, además de alrededor de 80 prisioneros que lograron ganar a nado la costa. Los brasileños perdieron, asimismo, según noticias de origen argentino, cerca de 130 hombres, lo que indica que el ataque, aunque desfavorable en sus resultados, había sido encarnizado y sangriento. Entre los oficiales muertos estaban: Robinson, comandante de la cañonera número 4 y los segundos Curry y Cavaría de la 4 y 6. Gravemente heridos: Kearnie, comandante de la número 6; Turner, segundo de la número 7 y herido el propio Rosales de la 1." 11

El Abordaje de la Emperatriz
Hacia el mes de abril se encontraba la escuadra republicana en demanda del puerto de Montevideo, con el fin de realizar un nuevo ataque furtivo procurando mejor suerte. El día 26 de abril llamó Brown a reunión de los comandantes en la capitana, a fin de deliberar; eran éstos: Tomás Espora de la "25 de Mayo", Juan King de la "Congreso", Guillermo Bathurst del "Independencia", Guillermo Clark de la "República", Nicolás Jorge del "Balcarce", José M. Pinedo de la "Sarandi" y Leonardo Rosales del "Río". "Instalados que fueron en la cámara de la capitana, tomando la palabra, manifestó el almirante: Que supuesto no se tenían noticias de los bloqueadores, a los que daba por Maldonado, era de opinión se tentara un nuevo golpe de mano sobre Montevideo, con el fin de apresar a la fragata Nictheroy, surta en sus aguas, cual se comprobó en el serio reconocimiento del 11 de ese mes, operación que compensaría con ventajas, las fatigas y azares del crucero. Aceptado en general dicho temperamento, se despidió Brown de sus subalternos, luego de apurar con ellos, por el acierto de la empresa concertada, una copa de madeira, su vino favorito, dando previamente un viva a la patria." 12

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Abordaje de la Emperatriz

Se organizaron entonces los trozos de abordaje, y se estableció el santo y seña, que sería "Santa María". Habiéndose aproximado los buques al fondeadero, poco antes de las 12 de la noche se dio el siguiente diálogo: preguntó Brown al pasar junto a la popa de una gran fragata: What vessel is that? (Qué buque es ése?), y obtuvo como respuesta: That is nothing to you? (Qué le importa?) Es de imaginar la tensión del momento, los buques pasando silenciosamente, los hombres ocultos para no ser vistos, preservando las mechas humeantes que despedían un fantasmagórico fulgor, todos apretando las empuñaduras de sus espadas, los rostros adustos, tratando de discernir en la oscuridad a los enemigos. "Eran las doce de la noche cuando esto sucedía, y cantó un gallo, mientras ladraba un perro, trepado en las cacholas de la fragata desconocida, sorprendido quizá (nos refería el coronel Toll en 1863), por el murmullo o el eco de las voces que repercutían en el silencio, indicios que hicieron exclamar a Espora, paseándose en tren de pelea y con esa agitación nerviosa que le era congénita en tales casos: "Juro que esta fragata es brasileña, porque ningún buque inglés consiente perros ni gallos a su bordo, ni que sus centinelas omitan dar el grito de alarma al que se acerque". El almirante, un tanto convencido por la actitud vehemente de su capitán de bandera, interroga de nuevo, y ya no obtuvo respuesta. La 25 de Mayo, prolongando por babor la doble cintura de cañones de su rival, rebasa su proa, vira resueltamente a estribor y atravesándose por una de sus aletas, dispara sobre ella su andanada, rompiendo a la vez un fuego nutrido de mosquetería." 13

Es así que se inició el combate, a pesar de que en el buque enemigo se había conseguido dar la silenciosa alerta unos minutos antes y hacer el zafarrancho. Se trataba de la fragata brasileña "Emperatriz", de 52 cañones y 400 hombres de dotación. La indiscutible capacidad de nuestro almirante mantuvo a la "25 de Mayo" por la aleta de babor y la de estribor, es decir, en los sectores de popa, de manera que el enemigo no pudiese abrir fuego con toda la artillería de su banda, disparándole a su vez sobre el espejo de popa, parte más débil de todos los buques de la época a razón de sus cristaleras (presentes en ésa ubicación y que estaban destinadas a la comodidad del comandante y oficiales). Mientras tanto, el "Independencia" de Bathurst cañoneaba por proa. El destino impidió a Brown abordar la "Emperatriz", puesto que el "Independencia" se interpuso en el instante en que iba a apoyar el bauprés sobre la banda del enemigo. Sobre el combés de su buque, moría heroicamente el comandante del buque brasileño, el capitán de fragata Luis Barroso Pereira...; la pronta reacción del buque enemigo habla bien de la preparación que esa dotación tenía... El combate finalizó con la señal de retirada hecha por Brown, puesto que la escuadra enemiga, ya alertada, se aprestaba a contrarrestar el ataque, el que por otra parte había perdido ya toda posibilidad de obtener un éxito.

Fueron estas acciones navales, más allá de sus resultados, de aquellas que se condensan en "...dramas solemnes y horribles, que tienen por teatro la inclemencia y la soledad desconsoladora de los elementos, en que los testigos son actores sobre un piso que vacila o víctimas no pocas veces de heridas tan atroces e incomparables, que se dirían abiertas con armas de gigantes, y de que el choque de dos regimientos que se entreveran a la bayoneta, es apenas una imagen, [y] lleva el nombre de abordaje entre los marinos...!"


1 Anjel Justiniano Carranza, "Campañas Navales de la República Argentina", Talleres de Guillermo Kraft Ltda., Buenos Aires, 2º edición, 1962; volumen IV, anexo documental, página 146.
2 Ídem, volumen II, tomo IV, página 248.
3 Arguindeguy, Pablo E. CL, y Rodríguez, Horacio CL; "Buques de la Armada Argentina 1810-1852 sus comandos y operaciones", Buenos Aires, Instituto Nacional Browniano, 1999, página 421.-
4 Se denomina buque "de la línea" al navío de guerra por excelencia, de 64 cañones o más; que sólo estaba al alcance de las pocas potencias navales de la época. Su nombre proviene de la línea de batalla que formaban las flotas al enfrentarse, se desprende que los buques en condiciones de actuar en ésta línea eran los más capaces y poderosos de una flota.
5 Carranza, Anjel J.; op. cit., página 280.
6 Este tipo de acciones eran las más habituales, especialmente dentro de la Armada Real. "... las grandes batallas marítimas constituyeron solamente una pequeña parte en el servicio de la marina; la gran mayoría de los combates más encarnizados tuvieron lugar en acciones más pequeñas, a menudo entre buques individuales, en "acciones de bote" y desembarcos, en los que las tripulaciones de los navíos de la Marina Real, atacaban buques franceses en puerto y en las instalaciones de la costa" (Haythornthaite, Philip; "Nelson's Navy", Armys and Battles, Osprey Military, Londres, 1993; página 4). Según A. J. Carranza, se convenían en este tipo de acciones las señales de inteligencia, y se distribuía al personal de los trozos machetes, hachas, arpeos, granadas, se les ordenaba ponerse una camiseta blanca sobre el uniforme para poder distinguirse en la oscuridad. Acompañaban a los incursores herreros para cortar los cables de cadena, carpinteros que clavaran las escotillas, gavieros que largasen el paño, timoneles, etc.-
7 Carranza, A., op. cit., pág. 283.
8 Ídem, página 284.
9 Ratto, Héctor R.; "Historia del Almirante Brown"; Instituto de Publicaciones Navales, Buenos Aires, 2000, pág. 162.
10 Carranza, A. J.; op. cit., pág. 285.
11 Ratto, Héctor R.; op. cit., pág. 163.
12 Carranza, A. J.; op. cit., pág. 298.
13 Ídem ant., pág. 300.
14 Íbidem, pág. 297.

Esteban McLaren
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Re: Guerra contra el Imperio del Brasil, 1827

Mensaje por Esteban McLaren el Jue Dic 12, 2013 8:16 am

Batalla de Ituzaingó
De Wikipedia, la enciclopedia libre

Fecha 20 de febrero de 1827
Lugar vado del Rosario, hoy Brasil
Resultado Victoria aliada

Beligerantes
Aliados Argentino-Orientales | Imperio del Brasil
Comandantes
Carlos María de Alvear | Marqués de Barbacena

Fuerzas en combate
7.700 | 10.000
Bajas
148 | 200


La batalla de Ituzaingó se desarrolló en el lo que actualmente es el centro-oeste del estado de Río Grande do Sul (en la época del combate el área estaba litigada entre Argentina y Brasil). Fue un enfrentamiento ocurrido el 20 de febrero de 1827 entre las tropas aliadas de los insurrectos orientales y el Ejército Argentino, por una parte, y las tropas del imperio del Brasil por otra, enfrentados por el control de la Banda Oriental (actual Uruguay), en manos brasileñas desde 1820. Fue una victoria táctica de los aliados, y dio nacimiento a la Convención Preliminar de Paz que se firma en 1828, reconociendo como Estado libre, independiente y soberano al Uruguay, poniendo fin al ciclo militar de la primera época de la historia uruguaya.

La historiografía brasileña llama a este combate batalla de Passo do Rosário ya que ocurrió en las cercanías del vado del Rosario, hacia los 30°14′42″S, 54°52′29″O, a pocos kilómetros al este de la ciudad hoy brasileña de Rosario do Sul entonces en las Misiones Orientales.

Las acciones [editar]Siete días después del triunfo de Juan Lavalle frente a las fuerzas del general Manuel Bentos en la batalla de Bacacay, y cuatro después del triunfo del general Lucio Norberto Mansilla en la batalla del Ombú; que dispersó con 350 hombres a caballo y 1.800 efectivos de infantería a la caballería de Bentos, elite de la tropa imperial— Carlos de Alvear atrajo al grueso de las fuerzas imperiales, mandadas por el marqués de Barbacena, a un enfrentamiento en la vera del río Santa María.

La acción fue una total sorpresa para las tropas brasileñas, que hasta el día anterior perseguían a las fuerzas conjuntas argentino-orientales. El Santa María separaba el territorio montañoso (donde las caballadas aliadas poco valor táctico tenían) de los terrenos más llanos con buenos pastizales al sur del río. El ejército aliado buscaba campos con forraje adecuado, mas la imposibilidad de vadear el río por estar crecido obligó a efectuar una contramarcha de veinte kilómetros en la noche previa a la batalla recorriendo un camino ascendente que permitía posicionar al ejército aliado en igualdad de condiciones con el oponente.

Como los brasileños estimaron erróneamente que los aliados habían cruzado el río en la tarde anterior su marcha fue descuidada y desprolija. Barbacena envió el grueso de su infantería en tres columnas a atacar el primer cuerpo del ejército aliado, comandado por Lavalleja, que estaba ubicado con la artillería en el centro del campo de batalla. Una vez próximos a éste, Alvear ordenó la carga de la caballería, hasta entonces oculta, sobre el flanco izquierdo de los brasileños. Posicionados sorpresivamente frente a un ejército bien formado y dispuesto para la batalla, los voluntarios que componían este flanco, al mando del mariscal José de Abreu, se desbandaron. El flanco derecho imperial se replegó también, cruzando el río por el vado, y dejando sólo a la columna central, entre los que se contaban 2.000 mercenarios experimentados de origen austríaco y prusiano, para resistir las sucesivas cargas dirigidas por el teniente coronel Federico Brandsen —ascendido póstumamente a coronel, tras caer en batalla—, el general Juan Lavalle y el general José María Paz, que fueron decisivas. Luego de intentar pasar la línea defensiva argentina durante 6 horas sin éxito, y siendo bombardeado por la artillería, el ejército imperial se retiró para no ser atacado por la infantería que todavía no había intervenido y para no ser rodeado.


Resultados
En total, 7.700 efectivos republicanos (1.800 de infantería, 5.400 jinetes y 500 artilleros) detuvieron el ataque de la fuerza imperial compuesta por 10.000 hombres. Sin embargo, debido al mal estado de los caballos, no se pudo perseguir por mucho tiempo a los derrotados. El imperio sufrió 200 muertos, entre ellos el mariscal Abreu, 150 prisioneros y 800 extraviados. Las Provincias Unidas sufrieron 139 bajas de caballería y 9 de los Cazadores de Infantería. Entre los pertrechos abandonados por el Ejército Imperial se encontraba un cofre conteniendo una partitura entregada por el Emperador al Marqués de Barbacena para ser interpretada tras la primera victoria aliada; en conmemoración del hecho, el ejército aliado se apoderó de ella, y bautizada como marcha de Ituzaingó se interpreta cuando la bandera de Argentina se traslada en actos oficiales, y es uno de los tres atributos que ostenta el presidente de la República Argentina, bastón de mando, banda presidencial y marcha de Ituzaingó.

El desorden del batido ejército imperial permitiría a las tropas argentinas triunfar en las batallas de Yerbal y Camacual antes de replegarse.

Esteban McLaren
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Re: Guerra contra el Imperio del Brasil, 1827

Mensaje por Esteban McLaren el Jue Dic 12, 2013 8:16 am

Los Orientales en Ituzaingó

(Arreglo sucinto de las conferencias dadas por el Autor: en el Instituto Histórico y Geográfico de Río Janeiro, el 19 de mayo de 1939, con el titulo: "ltuzaingó fue una batalla incompleta..."; y en el Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay (Montevideo), el 23 de julio de 1943, con el titulo ut - supra).

No es mi propósito caracterizar este trabajo con atractivos polémicos, y ni siquiera presentar un motivo capaz de dar cabida a la discusión, siempre posible, sin embargo, según sea el ángulo de enfoque en que se quieran situar los puntos de vista.
Es bien sabido, que no obstante haber transcurrido un siglo largo, la Batalla de Ituzaingó (para nosotros), del Paso del Rosario (para los brasileños), mantiénese aún discutida; tanto en la valoría intrínseca del triunfo, en lo militar o en lo político, como en los mil y un diferenciados aspectos y pormenores entrevistos en su desarrollo.
Estimación variable y contradicha desde la tarde misma del día en que se libró la acción, hasta los días actuales; habiendo participado en esa extensa infursión histórica, con panegíricos, impugnaciones, exaltaciones apologéticas, afirmaciones, refutaciones, . . . desde los principales actores hasta los más conspicuos y consagrados historiógrafos del Brasil y de las repúblicas platinas.
En parte lo explicaría, la forma desarticulada de su iniciación, y la misma desarmonía de su desarrollo; -por lo menos, en lo que respecta al Ejército Republicano, -que es lo que ha dado mérito a que se la tilde de "batalla de las desobediencias"; o como más severamente la juzgó el General Paz, cuando dice: "allí todos mandamos, todos combatimos y todos vencimos, guiados por nuestras "propias inspiraciones..." -lo que significaría, -comento yo- que la conducción de la batalla, debió pecar por ausencias determinantes, precisas, y sobre todo oportunas, del Comandante en Jefe; no obstante haber intervenido personalmente con órdenes verbales directas en porción de acciones parciales.
No es que me incline por lo acertado o no de estas críticas, que otras plumas vernáculas han analizado para extraer conclusiones; sino que traigo a colación estos extremos, para dejar definida mi posición.
Me apasiona sí, el logro feliz de una intención, que creo corresponda a un acto de estricta justicia y reparación.
Me refiero al comportamiento de los Orientales en Ituzaingó; y antes de Ituzaingó; y después de Ituzaingó; convencido de que ellos, un tanto olvidados por la absorción de otros encomios, merecen en la historia de esta campaña, el capítulo que no está escrito; o por lo menos, que no está escrito con las letras lucientes que le corresponden.
Tampoco seré yo, quien lo haga, pues sólo me limitará a sindicar las razones que abonan mi intención.
Frente, pues, a las señaladas o opiniones tan contradictorias como difusas, habremos de penetrar en esa niebla, buscando un rumbo accesible; el que libre de desviaciones apasionadas, pero con espíritu ecléctico, nos lleve al punto de arribada que nos hemos fijado; y que es, destacar cómo la retirada del Ejército Imperial, se debió en mucho a la actuación de los Orientales, que en ese día, por siempre memorable les tocó conjurar el peligro de los dos momentos más culminantes de la batalla.
Pero antes de abordar el punto preferencial del tema, habréis de permitirme algunas disquisiciones preliminares, a fin de tomar un conocimiento previo de los singulares servicios prestados por las tropas orientales, desde la iniciación misma de la campaña de invasión al Río Grande.


Tampoco /La situación general de los ejércitos, trazada a grandes rasgos, era en los primeros días del año 1827, la siguiente: (Croquis Nº 1) el Marqués de Barbacena, Comandante en Jefe del Ejército Brasileño, con el núcleo principal de sus fuerzas, en Santa Ana de Livramento.
Un núcleo, que denominamos secundario, por constar de menos efectivos, a las órdenes del Mariscal Gustavo E. Brown, reunido en San Francisco de Paula (hoy Pelotas).

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El muy afamado guerrillero Bento Manuel Ribeiro, con su brigada de caballería ligera, en la región del Cuareim y puntas del Tacuarembó.
Otro notable escuadronista, Bento Gonzalvez da Silva, (que aún cuando con el anterior compartió los sinsabores de su derrota en Sarandí, no por ello amenguadas sus famas), estaba situado con otra brigada de caballería ligera en la región del Yaguarón.
Detrás de esta línea, bien débil e insegura, por las distancias que separan a dichas fuerzas entre sí, se reunían grandes depósitos de abastecimientos en Bagé y San Gabriel.
Además retenían ocupadas las ciudades de Montevideo y Colonia.
El Ejército Republicano, que al mando del General Alvear, se había organizado apresuradamente en su campamento de Arroyo Grande, (Departamento de Soriano), se consideró listo para abrir las operaciones, en los últimos días de diciembre de 1826, bajo el apremio de las circunstancias y del Gobierno de Buenos Aires, donde se radicaba la Dirección de la Guerra.
No convenía - dice Alvear - "que nuestro ejército esperase al enemigo, dejando que éste engrosase más y más el suyo, y abriese al fin la campaña. Que internado en la Banda Oriental se diese la mano con las guarniciones de Montevideo y Colonia, y aprovechase de todas las ventajas de esta combinación, poniendo en juego las fuerzas y recursos de las referidas plazas y de sus comunicaciones por agua, siendo dueños del mar y de las costas y puertos de la Banda Oriental. Que nuestro ejército tuviese de este modo muy cerca de cinco mil combatientes más contra quienes lidiar, y que el enemigo hiciese la guerra a nuestra costa, siendo la Banda Oriental el teatro de ella, y sufriendo toda la devastación que debía producirle.
"Nuestra fuerza estaba, -continúa diciendo Alvear- muy lejos de ser suficiente para una conquista, pero mientras ésta era imposible, se podría al menos, ir a buscar al enemigo antes que se reforzase más". (Exposición que hace el General Alvear para contestar al Mensaje del Gobierno del 14 de setiembre de 1827).
Planteada así la imperiosa necesidad de ir hacia el enemigo antes de que éste viniera hacia nosotros, Alvear pesó las ventajas e inconvenientes que ofrecían las varias líneas de invasión, optando por marchar lo más sigilosamente posible, recostándose a la margen derecha del Río Negro.
El plan de campaña de Alvear, aun con sus fases problemáticas, ha sido considerado elogiosamente por la crítica militar.
En esencia, se trataría de llevar a cabo una sorpresa estratégica: consistente en flechar el dispositivo enemigo en dirección a Bagé, interponiéndose entre los dos núcleos: el principal de Barbacena y el secundario de Brown, para después batirlos separadamente.
Cubrirían la marcha del Ejército Republicano, los Orientales que al mando de Lavalleja formaban el Primer Cuerpo. Este, después de atravesado el río Tacuarembó, tenía por misión hacer una demostración ofensiva sobre Santa Ana, a fin de confundir a Barbacena sobre la verdadera dirección de marcha del grueso, que continuaría avanzando por Aceguá, después de pasar a la margen izquierda del Río Negro por el Paso de Arriera.


Como se ve, los Orientales comienzan la campaña, cumpliendo con la parte más fatigosa y esforzada; siendo vanguardia del ejército en marcha; alcanzando en su misión el arroyo Cuñapirú; mas a esta altura, el General Barbacena, ya apercibido de la dirección del grueso del Ejército Republicano, resuelve ganar tiempo y espacio, interponiendo prudencial distancia, para reunir la totalidad de sus fuerzas, en la región de Bagé, o en Santa Tecla, o más atrás, en las Sierras de Camacuá, cubriéndose con la brigada de Bento Manuel y otras tropas de caballería.
Digamos de paso, que esta determinación del Generalísimo brasileño, ha merecido el comentario elogioso de los críticos en arte de la guerra; y el propio General Aivear la calificó como "un partido que le hace mucho honor, no sólo por los conocimientos militares que supone, sino también por ser una resolución atrevida, conociendo la difícil posición en que lo habían puesto las maniobras de su contrario". (Exposición que hace el General Alvear para contestar el Mensaje, etc.).


Son los Orientales de Lavalleja, los primeros que entran en Bagé; y luego se mantienen al frente, cubriendo la instalación del grueso del Ejército Republicano, el que teniendo prevista una detención ordinaria, para continuar al día siguiente a las cuatro de la mañana la sucesiva etapa ofensiva por el camino a San Gabriel, por el cual habría de encontrar al núcleo enemigo conducido por Barbacena, se vio obligado a permanecer inactivo durante cinco días consecutivos, a causa de un furioso e incesante temporal de agua y viento; circunstancia providencial que aprovecha el generalísimo brasileño, para salir indemne de tan delicada situación, marchando a marcha forzadas, por caminos casi intransitables y arroyos desbordados, hasta vadear las puntas del río Camacuá, último obstáculo natural, debiendo hacerlo:
la artillería en balsas improvisadas con cueros de vacunos, la caballería a nado, y la infantería con el agua a la altura del pecho y las municiones portadas sobre la cabeza.
El plan de Alvear, quedó aquí, lamentablemente fracasado.
El plan de Barbacena, se coronó con el más feliz de los éxitos.
Internado en las escabrosidades de la Sierra de Camacuá, donde se le reunió después el núcleo de Brown y otras tropas menores, pudo considerarse a salvo.
La satisfacción y seguridad del Marqués de Barbacena se desprenden de los términos de una comunicación al Superior, cuando le dice: "¿Qué hará ahora Alvear? ¿Atacar? Las ventajas en este momento están de nuestra parte. ¿Esperar que nosotros ataquemos? También tenemos ventajas; pues mientras, irán aumentando nuestras fuerzas y recursos y disminuyendo, los de ellos".

A su vez, el General Alvear, contemplativo, e impotente para solucionar una operación de ataque a la Sierra, dice: "Reconociendo la buena posición que había tomado el contrario, tuve la destreza de no atacarlo en ella. En este estado era preciso maniobrar (......), para engañar a los imperiales y obligarlos a salir de la Sierra". (Exposición, etc.).
Alvear decidió moverse en dirección a la Villa de San Gabriel. Y también aquí, son los Orientales los primeros que entran a la Villa. Es un destacamento de más de 100 hombres mandados por Ramón de Cáceres y Felipe Caballero, constituidos en "partida exploradora". (Memorias del Coronel Ramón de Cáceres. Archivo General de la Nación).



Entre tanto, el Primer Cuerpo de Lavalleja, el de los Orientales, que fue flanguardia ofensiva sobre Santa Ana y vanguardia hasta Bagé y Camacuá, tendrá ahora la difícil misión de cubrir la retaguardia. Es decir, siempre interpuestos entre ambos ejércitos contendientes.
Barbacena marcha en pos de los Republicanos.
Y cuando Alvear, después de entrar y dejar San Gabriel, se movió en dirección a Cacequí, y de aquí al Paso de Rosario sobre el Santa María, los Orientales se mantuvieron siempre cubriendo los movimientos del Ejército Republicano, que ahora está colocado en muy crítica situación.
Estamos en los días 17, 18 y 19 de febrero de 1827. Ya el día 17, Lavalleja, al dar noticias sobre el enemigo (según lo consigna el ayudante Joaquín Revillo en su diario de campaña), habría invitado al General Alvear "a continuar la marcha hasta Santa María, para evitar -dice- que el enemigo les ganase la retaguardia".
Salta a la vista, no sólo el sentimiento de colaboración del jefe oriental para con su generalísimo, sí que también una lúcida apreciación estratégica, al estimar que aun es posible alejar el peligro que se va cerrando sobre el Ejército Republicano, al tener éste comprometida su línea de retirada, expuesta a ser cortada, y como consecuencia, obligarlo a librar una batalla con el frente invertido y en terreno impuesto por el enemigo.
En esos días, el General Alvear buscaba para la decisión, un campo que conviniera al mejor empleo de su caballería, como se desprende de una comunicación de Alvear a Lavalleja, en la que aquél le dice: "marcho (.....) otra vez sobre San Gabriel; reconoceré mañana una buena posición que me ha dicho el General Soler que hay en el camino de la Cuchilla Grande, como a tres leguas de San Gabriel; si es buena, allí esperaremos al enemigo". (Comunicación de fecha 14 de febrero de 1827).
Sin quitar ni desconocer la bondad a las inspiraciones del Generalísimo Republicano, resultaría que fueron orientales los Jefes que propulsaron con su opinión la solución estratégica de Ituzaingó, primero, Lavalleja en esta ocasión; después, los Coroneles Eugenio Garzón y Ventura Alegre, en Paso del Rosario, como veremos más adelante.
A su vez, el Ejército Imperial que había entrado en San Gabriel el día 17, se movía también por el camino al Paso del Rosario, atendiendo tal vez al último parte que pudo remitirle Bento Manuel, encargado de observar los movimientos de los republicanos, y que fuera batido en el Paso del Ombú sobre el Ibicuy. En dicho parte, Bento Manuel decía que los republicanos iban a pasar el Santa María por el Paso San Simón (que queda aguas abajo del Paso del Rosario). (Cita del Gral. Tasso Fragoso en su obra "A Batalha da Passo do Rosario").
Podríase pues admitir, que ambos Comandantes en Jefe, coincidieran en dirigirse apresuradamente sobre el Santa María; el Republicano, "para no dejarse ganar la retaguardia" según la advertencia de Lavalleja; el Imperial, para salirle a la cruzada, o por lo menos, sorprenderle en infraganti operación de pasaje.
De aquí que ambos ejércitos marchen por caminos convergentes hacia el mismo punto.


La batalla es inminente. Sus consecuencias se presienten o salvadoras o desastrosas; al punto que Alvear, previéndolas, ha repetido con singular coincidencia, lo que en circunstancias parecidas, dijo Jenofonte, el inimitable conductor de la "Retirada de los Diez Mil Griegos". Este, al mandar quemar los bagajes sin utilidad para el combate y que sólo servirían para embarazar sus marchas, dijo: "Bien sabéis que cuando se es derrotado, todo lo que se tiene pasa al enemigo; y en cambio, cuando se es vencedor, todo lo tomamos al enemigo. Si somos vencidos, nada necesitaremos de esas cosas; si somos vencedores las tendremos hasta de sobra".
Y Alvear, según se lee en las memorias del Comandante Iriarte, al mandar destruir y quemar la impedimenta y los archivos, habría dicho: "lo que importa es triunfar; todo lo demás es secundario o de ninguna, consecuencia; si perdemos ha de desaparecer cuanto ahora poseemos; y si ganamos, recobraremos con usura cuanto ahora inutilizamos".


En la tarde del 19 de febrero, todo el Ejército Republicano está escombrado frente a raso del Rosario. Una extraordinaria crecida impide el pasaje de la artillería y parques.
El Escuadrón de Coraceros al mando de nuestro valiente Anacleto Medina, ha cruzado a nado para reconocer la orilla opuesta y repasado en la misma forma.
Para la caballería de la Independencia, nunca fueron obstáculo los ríos crecidos.
Esa misma tarde, a poco después del medio día, el Ejército Imperial acampaba a unos 16 a 18 kilómetros del Paso. El cansancio de sus hombres y ganado, y la extenuación de las boyadas del parque, fueron causas para que los republicanos se libraran de ser copados en informe aglomeración, en un bajo cubierto de zanjas y matorrales.
Pero los consejos del Coronel Garzón, de por sí y en representación del Coronel Ventura Alegre, según certificación extendida por Alvear (10 de enero de 1837) reforzaron la inspiración de éste, en el sentido de abandonar la cesta y aproximarse esa misma noche a las alturas dominantes del Paso, dejando en buena hora, lo que llamaría "el llano traidor de la margen del Santa María". (Carta de Alvear a Garzón fechada el 3 de mayo de 1832).
Para asegurar, al día siguiente, el escurrimiento de contramarcha del ejército, que esa noche debería descansar encolumnado sobre las pendientes de la margen, se hizo adelantar una fuerza que pernoctaría en las alturas próximas.
Y he aquí que otra vez los Orientales pasan a ocupar posiciones adelantadas, acompañados por el Batallón 5º de Infantería y una batería de artillería.
Parece ser que una desobediencia de Lavalleja, dio a los Orientales el honor de ser los primeros en comenzar la batalla; como otra desobediencia, los colocaría en condiciones de ser los últimos en dejar al enemigo ya en retirada.
Veamos lo ocurrido; el General Alvear ha dicho a este respecto: "Al caer el día (se refiere al día 19) todo el ejército se preparó a marchar; a la oración se puso en camino, contramarchó y fue a buscar a su contrario; (.....) todo se había previsto y todo estaba preparado. Sin embargo, el General Lavalleja, por una fatalidad inconcebible, a pesar de la orden que se le había comunicado, de venir a recibirla en persona del General en Jefe luego que estuviese su cuerpo en movimiento, no lo hizo así; de lo que resultó, contra las intenciones del General en Jefe que se pusiese delante del tercer cuerpo. Cuando el Ejército hizo alto, el General despachó en persona al Jefe dcl Estado Mayor para que diese la orden al General Lavalleja de ponerse a la derecha de aquel Cuerpo, a cierta distancia. El General Lavalleja no obedeció esta orden. "Por esta circunstancia -sigue diciendo Alvear- el General, Lavalleja se encontró en donde debía estar el General Paz y el bravo Brandzen. De aquí provino que el General en Jefe empezase la batalla con el General Lavalleja, cuando su plan era comenzar con el segundo Cuerpo, mandado por aquellos jefes. Las tropas del primero y segundo cuerpo eran todas valientes, todas iguales, pero los jefes del segundo son tácticos, maniobreros; y el General Lavalleja. . .
Así, con puntos suspensivos, termina Alvear este párrafo de su Exposición contestando el Mensaje del Gobierno, en el que se le hacen muy graves cargos por su actuación en el comando del Ejército.
Es un tanto condenable, que el General Alvear haya dejado en suspenso la calificación a Lavalleja, dando lugar a que cada lector acomode la que primero o mejor le venga a mientes.
Nosotros no vamos a sutilizar el parangón planteado; pero sí, habremos de proclamar por notorio, que Lavalleja, moldeado en las rudas campañas artiguistas, fue siempre un oficial de presa; ardoroso, audaz, atropellador, que tenía el defecto, -que tal vez fuera virtud en aquellos tiempos,- de no saber medir el peligro cuando se enfrentaba al enemigo.
Y si en Ituzaingó, los Republicanos no hubieran hecho derroche de esas extraordinarias calidades guerreras, muy otro habría sido el resultado final de la batalla.


Pasemos a la batalla. (Croquis Nº 2).
El Ejército Imperial levantó campamento a las dos de la mañana del día 20; hora la más propicia por corresponder a la salida de la luna, la que no obstante aparecer entre un cielo algo cubierto, daba al campo la claridad bastante para alejar el temor de un encuentro con el enemigo en plena oscuridad.
No hay duda de que los imperiales se movieron "con el propósito de perseguir y evitar que el enemigo efectuase su retirada por el Paso del Rosario", según las textuales expresiones del Jefe del Estado Mayor, Mariscal Gustavo E. Brown, en su parte de guerra; quien declara también que no esperaba encontrarlo "de este lado del río, con todas sus fuerzas reunidas".
Por tal causa pasaron apresuradamente del orden de marcha al orden de batalla, ocupando unas alturas enfrentadas a las retenidas por Lavalleja, el Batallón 5º y la batería de artillería.

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Con las primeras luces de la aurora, -dice el comandante Iriarte en sus memorias,- se oyeron los primeros tiros de la vanguardia, mientras la cabeza del grueso llegaba a la salida del desfiladero, donde el General Soler esperaba a los cuerpos para indicarles las posiciones de combate que deberían ocupar en las alturas.
En ese momento, comentamos nosotros, sólo están apostados en la prominencia mayor de la línea de alturas, el Batallón 5º, y la batería de artillería; y hacia la derecha, el Primer Cuerpo de los Orientales de Lavalleja.
Reparemos que son éstas las únicas fuerzas que van a contener y demorar el ataque enemigo, hasta que el Ejército Republicano entre en línea.
Según versión del Teniente Coronel Antonio Díaz, Segundo Jefe del Batallón 5º, a eso de las siete de la mañana alcanzaban la línea los regimientos dc caballería; y recién entre las horas nueve a diez, los batallones de infantería y lo restante de la artillería.
Los Imperiales ya desplegados (seguimos con el croquis Nº 2), definen sus objetivos: la Primera División Barreto, conducida por el Mariscal Brown, fuerte de tres batallones de infantería, dos brigadas de caballería y ocho piezas de artillería, cuyo flanco derecho está protegido por la Brigada de Caballería Ligera de Bento oGonzalves da Silva, orienta su ataque contra la altura defendida solamente, por el Batallón 5º y la batería Chilavert.
La Segunda División Calado, fuerte de dos batallones de infantería, dos brigadas de caballería y cuatro piezas de artillería, se sitúa frente al Primer Cuerpo de Orientales de Lavalleja, compuesto como ya hemos dicho, únicamente de caballería.
En la extrema del flanco izquierdo y algo adelantado, el Regimiento de Voluntarios del Mariscal José de Abreu.


El General Alvear, jinete en el hermoso caballo blanco que le regalara el Mariscal Sucre, y vistiendo, un sencillo uniforme compuesto de "chaqueta azul con guarniciones de piel, y un morrioncito de hule" (según se consigna en las memorias del Coronel Ramón de Cáceres, que fuera su Ayudante), se hace presente desde el primer momento en el campo de batalla; y observando desde la altura que ocupa el Batallón 5º, el imponente dispositivo de los Imperiales, ordena al Jefe del 5º, que se haga matar antes que dar un paso atrás. (Escritos del Coronel Médico Francisco Javier Muníz). Y viendo además, cuánto mayor era el peligro de esas débiles fuerzas, por no tener ninguna protección en el flanco izquierdo, tiende el galope de su corcel hacia donde está el Primer Cuerpo de Lavalleja, que en esos precisos momentos preparaba una carga contra la Segunda División Calado, y hallando al General Laguna, quien en ese instante recibía también órdenes, por intermedio de un Ayudante de Lavalleja para que apoyara dicha carga, ordenándole que pase a proteger el flanco izquierdo, cargando a la Primera División Barreto.
Éstas dos órdenes dispares y superpuestas, generaron indudablemente un conflicto jerárquico, aunque sin trascendencia aparente.
Esta forma harto irregular, empleada para impartir órdenes de tanta importancia, explicaría igualmente cuan grave era el momento.
El documento que voy a leer, extendido por el General Laguna y que se encuentra en nuestro Archivo del Estado Mayor, esclarece muy bien el episodio. Dice:

Casiquí, febrero 25 de 1827.

"El General que firma al contestar al señor General de la División de Vanguardia la ilota que le dirigió con fecha dc ayer, exigiéndole en ella los motivos porque el infrascrito no cumplió la orden que le comunicó por su Ayudante el Comandante Velasco, de que formase a la retaguardia la línea de reserva que debía proteger la carga que el señor General a quien se dirige mandaba dar al centro de los enemigos, dice: que en el momento de recibir la orden por el expresado Comandante la iba a cumplir como correspondía pero presentándose en aquel momento el Exmo. Señor General en Jefe, estando aún presente el Comandante Velasco, le ordenó al que firma que cargase con su tropa por la izquierda; y diciéndole la orden que acababa de recibir del General de Vanguardia, le contestó delante del mismo Velasco que la había llevado, que cumpliese con la que le daba S. E. que él mandaba ya quien protegiese la carga que el General mandaba dar al centro.
"Con este motivo el infrascrito tuvo que separarse de la primera orden para cumplir con la segunda del Exmo. Señor General en Jefe.
"Este es el motivo que ha habido, y que el señor General a quien se dirige desea saber, logrando esta ocasión para saludarlo con mi acostumbrada consideración y aprecio.

Julián Laguna.

Exmo. Señor General de Vanguardia don Juan Ant.º Lavalleja".

Esta incidencia, proporcionó a los Orientales el honor de disputar, desde el primer momento y por bastante tiempo, la llave de la posición de los Republicanos, hasta tanto llegaran a la línea, los regimientos de Paz, de Juan Zufriategui, de Olavarría, de Brandzen, de Ángel Pacheco, de Lavalle y de Videla.


La Primera División Barreto ha traspuesto la zanja existente en el fondo del valle que separa ambas posiciones, y avanza imponente contra lo que llamamos "llave de la posición" republicana.
Los Orientales de Laguna se lanzan impetuosamente a la carga, una, y otra, y otra vez, desafiando la potencia de fuego de la infantería imperial.
Rechazados se reorganizan y vuelven con redoblada saña en sus furiosas arremetidas, consiguiendo con esta épica insistencia, contener el ritmo del ataque enemigo, forzándolo a hacer algunas detenciones.
Entre tanto, van llegando más fuerzas republicanas; y el General Laguna les cederá el lugar.
La misión táctica ha sido cumplida.
Su resultado influyó poderosamente en el sucesivo desarrollo de la batalla.
Después, Lavalle y Videla (Croquis Nº 3) sacarán del campo a buena parte de las caballerías de Bento Gonzalves, comprometiéndose cada vez más la situación de la Primera División Barreto. Esta, aunque resiste bravamente y sus cuadros de infantería permanecen cerrados, tiene que paralizar, no sólo su movimiento de avance, sino volver a su base de partida, detrás del zanjón que ocasionará la muerte del glorioso Brandzen cargando al frente de uno de los escalones de su regimiento.


Veamos ahora la otra parte del frente, donde está el Primer Cuerpo de Orientales de Lavalleja, teniendo a su cargo una difícil tarea que cumplir.
Justifiquémosla. El Primer Cuerpo está en evidente inferioridad orgánica, respecto a la Segunda División Calado, integrada con adecuada proporcionalidad en sus tres armas: infantería, caballería y artillería. La Segunda División Calado es un bloque hermético de muy fuerte potencial de fuego, provisto por su artillería y su adiestrada infantería, auxiliadas ambas con el apoyo móvil de sus dos brigadas de caballería.
Los reglamentos tácticos de la época, destacan, para estos casos, que ''el ataque de caballería contra una infantería (en las condiciones enunciadas) no puede prometerse ningún éxito, si no concurren con ella otras tropas, de otras armas, para preparar, cubrir, proteger y sostener sus cargas".
Y para el infante, los mismos reglamentos establecen: "que nada debe temer de las cargas de caballería, si mantiene la confianza en el propio valer que le da la instrucción y disciplina en los fuegos, apoyados con el concurso que en los momentos críticos le prestarán sus armas hermanas: artillería y caballería".
Vemos, pues, cuán desventajosa es la situación del Primer Cuerpo de Lavalleja, desprovisto en absoluto del apoyo de las otras armas.
No es posible presentar este punto interesante, discurriéndolo en base a la técnica y a la táctica; ya que no debo olvidar, que no todos los lectores, me acompañarían de buen grado en una excursión de esta naturaleza por los dominios del Arte Militar; debiéndome conformar con lo dicho al respecto, que creo bastante, para comprender la inmensa responsabilidad de los Orientales en este frente.


Retomemos el hilo de la cuestión principal. Dice el Mariscal Calado (concretando su detallado parte de batalla) que entre las siete y ocho de la mañana, principió el fuego de la artillería imperial de la derecha, seguido por la pieza de la izquierda puesta a órdenes del Mariscal Abreu, (....) cuando de inmediato descendieron las fuerzas de caballería enemiga (Lavalleja); las que atacando a las del Mariscal Abreu hacen que este se retire; (.....) y que confundidos perseguidos y perseguidores, se acercan éstos peligrosamente a los cuadros de la infantería; y que abriendo el fuego en el momento preciso, evita ser atropellado, consiguiendo malograr el final de la carga; ocasión bien aprovechada por la caballería imperial de apoyo, que contraataca a su vez.
En esta acción local, fue muerto el Mariscal Abreu. Las cargas de la caballería patriota se repiten muchas veces; y aunque se acercan hasta veinte pasos de las bayonetas brasileñas, -según el mismo Mariscal Calado,- no logran romper los cuadros inconmovibles; pero les debilitan el apoyo de la caballería y anulan la artillería.
Algunos escuadrones traspasan la línea enemiga, corren el campo a retaguardia, asaltan los parques y dispersan su escolta.


Al promediar el día, la batalla se acerca al momento decisivo. (Croquis Nº 3).

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La Primera División Barreto está detenida y muy comprometida.
La Segunda División Calado, recibe órdenes (por intermedio del Coronel Joaquín Antonio de Alencastro) de correrse al centro para auxiliar la División Barreto. Pero la División Calado, que está absorbiendo las cargas de los patriotas de Lavalleja y haciendo prodigios de energía para sostenerse, se halla también inmovilizada, batiéndose desesperadamente en actitud de defensiva absoluta.
Las tropas de Lavalleja, no obstante su notoria inferioridad orgánica, han superado esta falla táctica a fuerza de arrojo y denuedo.
Y aún más. No sólo atendían a su enemigo del frente, sino que realizando una efectiva "camaradería de combate", se mantenían atentos a lo que ocurriera a las tropas vecinas. Según Chilavert, -comandante de la batería que primero abrió el fuego en la madrugada del 20 de febrero,- al hacer una rectificación en "El Nacional" de Montevideo, respecto a lo que el mismo diario había dicho al insertar una biografía del General Paz, explica algo de lo sucedido durante la mentada carga de Paz, -que fue la última del día,- y que le valiera una severa reprimenda del General Alvear, en el mismo campo de batalla.
Dice Chilavert: "Los Imperiales (se refiere a la Primera División Barreto) favorecidos por el terreno, que era una cañada cubierta de espeso pajonal, comenzaban a reorganizarse. El General Paz emprendió la carga. Al advertirlo el General en Jefe, mandó al Teniente Coronel Martínez Fontes, Oficial de Estado Mayor, con orden para que suspendiese aquél esa carga. Cuando este oficial llegó, los tres primeros escuadrones habían sido repelidos con pérdida de algunos oficiales y tropa. La caballería enemiga intentó perseguir; al verificarlo se apareció Lavalleja y el Coronel Olavarría con su escuadrón de maniobra del Nº 16 al mando del Comandante Olmos, y el enemigo suspendió el movimiento".
Para los que no estén al tanto de esta clase de maniobras, les diré: que cuando la caballería se lanza a la carga contra la infantería y es rechazada con pérdidas, se produce confusión en las filas, momento que aprovecha la caballería enemiga, para apurar la desorganización y completar el rechazo de los atacantes; a menos que otros escuadrones de reserva intervengan a tiempo para liberarlos.
Es esto precisamente, lo que en el episodio examinado, hizo Lavalleja con los escuadrones del Regimiento de Lanceros de Olavarría, que estaba a sus órdenes.


Son las dos de la tarde. El Ejército Imperial, materialmente debilitado; las municiones casi agotadas y sin probabilidades de reamunicionamiento, pues los parques habían sido asaltados; sin reservas de ninguna clase; rotas las uniones tácticas entre las divisiones; y la línea fallida por una irremediable solución de continuidad, sólo resta a su Comando un recurso: desengancharse, y a tiempo. Único "remedio heroico para evitar el aniquilamiento o la capitulación, ha dicho el historiador brasileño Comandante Raúl Tavares.
El Barón de Río Branco, refiriéndose a este momento, dice: "A las dos de la tarde, no había más de ocho a doce cartuchos por canana o por cofre de artillería, y ambas divisiones continuaban inmovilizadas, cada una en la posición que ocupaba al comenzar la batalla. Fue entonces que el Marqués de Barbacena hizo tocar "retirada".
El Marqués de Barbacena, explicará también en su parte de guerra este grave momento, diciendo: "Viéndome con 1.500 hombres de menos, (....) las tropas fatigadas con seis horas de continuado fuego, y el enemigo dispuesto a rodearnos, forzoso fue retirarme".
Cinco días después, en carta particular al Emperador decíale: "Todo General que es obligado a retirarse, casi siempre es censurado; mas espero justificarme y que mi conducta merezca la aprobación de V. M. I. ".
La retirada se inicia y la encabeza la Primera División Barreto. La Segunda División Calado sigue el movimiento, llevando la infantería formada en cuadro, con los heridos al centro, cubriéndose con parte de la caballería que le queda, desplegada en tiradores. Al cruzar el campo hace arrastrar la artillería hacia el frente, así como los carros de municiones, caballos y bueyes que encuentra.
La batalla está terminada.


Interesa aquí corregir ciertas exageraciones corrientes en el vulgo, cuando menta el "triunfo resonante y aplastante" de Ituzaingó.
A la luz de los hechos documentados, podrá admitirse lo de "resonante", porque efectivamente, la noticia de esta batalla tuvo gran repercusión en el Gobierno y en el pueblo argentino y oriental; pero lo de "aplastante" es una expresión carente de exactitud.
El Ejército Imperial se retiró ordenadamente, recuperándose a medida que ganaba distancia, y manteniéndose en condiciones de resistir la persecución, que en realidad no se produjo como era de condición, por corresponder el caso a un imperativo táctico.
Por esta causa, el General Paz la juzgó como "batalla incompleta". No podría ahora extenderme en argumentaciones para justificar esa aseveración.
No puede considerarse persecución, el seguimiento realizado por Lavalle y por Lavalleja hasta caer la tarde de ese día, pues con sus solas fuerzas no podían intentar nada provechoso.
Estando a los escritos del entonces Comandante Antonio Díaz; Lavalleja recibió reiteradas órdenes de que volviera al ejército; pero viendo que no era obedecido, Alvear le envió expresamente un Ayudante, haciéndole saber que lo responsabilizaría por los resultados de su desobediencia.
Sea o no desobediencia lo ocurrido, lo cierto es que por esta circunstancia, los orientales fueron los últimos en dejar el contacto con el enemigo.


A punto de terminar, destacaremos que además de los Orientales del Primer Cuerpo de Lavalleja, apreciados en un tercio del total de los efectivos del Ejército Republicano, varios de los cuerpos de veteranos con historial argentino, eran comandados por orientales.
De las ocho unidades de caballería, el Regimiento Nº 8 lo mandaba el Coronel Juan Zufriategui; el Nº 9, el Coronel Manuel Oribe; los coraceros, el Comandante Anacleto Medina.
De los cuatro batallones de infantería, el Nº 1 era comandado por el Coronel Manuel Correa; el Nº 2, por el Coronel Ventura Alegre; el Nº 3, por el Coronel Eugenio Garzón; y el Nº 5, aunque era mandado por el Coronel Félix Olazábal argentino, su segundo Jefe era oriental, el Teniente Coronel Antonio Díaz. (1).
En la artillería había también oficiales orientales.
Aun más: en el Regimiento Nº 9 no sólo era oriental su Jefe, sí que también oficiales y tropa.
Lo mismo que oficiales y tropa del 3º de Infantería; unidades ambas que quedaron en nuestro país, una vez declarada la Independencia absoluta el 4 de octubre de 1828, constituyendo aquellos cuerpos las primeras unidades de nuestro primer Ejército de Línea.
Permítasenos al pasar, recordar que esta fecha del 4 de octubre, que fue considerada y festejada como la verdadera de la Independencia Nacional, por los mismos hombres que la conquistaron, y por los Constituyentes de 1830 al dejar expresamente consignado en la primera Carta Magna, que ese año era el Segundo de nuestra Independencia, sólo a los treinta años después, se cambió por la correspondiente a la Declaratoria de la Florida del 25 de agosto de 1825, fecha ésta que hasta el año 1860 no tenía significación alguna, como puede verificarse en los papeles públicos y oficiales de la época; cosa natural además, porque dentro de la correlación de los acontecimientos políticos y militares, no habría pasado de una declaratoria platónica, si no le hubieran dado realidad los que después ofrendaron sus vidas en Rincón, en Sarandí, en Ituzaingó, y en la última algarada de Rivera que le valió la reconquista de las Misiones Orientales.
Por eso, en mi entender, constituye un erróneo criterio histórico, seguir considerando el 25 de Agosto de 1825, como día de la Independencia Nacional.


Y para terminar, digamos, que estas aclaraciones sobre la batalla de Ituzaingó, no quitan méritos a nadie, y sólo procuran hacer una distribución más ecuánime.
Los jefes, oficiales y soldados republicanos, muchos de ellos hechos en las legendarias campañas de San Martín, de Artigas, de Bolívar y de Sucre, mostraron ese día ser dignos de la cepa heroica de aquellos grandes en la historia de América.
Reverenciemos ahora y siempre, a los bravos de Ituzaingó; a los nuestros, y a los que fueron sus enemigos.
¡"Que hay mármol para todos"! como diría nuestro Poeta Nacional. (Zorrilla de San Martín).


(1) Antonio Díaz, Brigadier General de la República Oriental del Uruguay, no obstante ser español, por nacimiento, fue oriental por su larga actuación militar y política en el país, participando en todas nuestras guerras, desde las invasiones inglesas (1807) a la edad de 15 años, hasta su fallecimiento en Montevideo, ocurrido en 1869; habiendo sido Ministro de Hacienda (1838) y de Guerra y Marina (1858 ). Para defender la causa Oriental durante la Dominación Luso - Brasileña, fundó y dirigió en Montevideo un periódico (1823); y en 1825 continuó en Buenos Aires su propaganda patriótica, dirigida a inclinar el ánimo argentino en favor de la revolución oriental de ese año. Cuando en 1826, las Provincias Unidas declararon la Guerra al Imperio del Brasil, se incorporó al Ejército Republicano comandando el Batallón 5º de Cazadores. Concluida la guerra, se radicó nuevamente en Montevideo, continuando aquí sus servicios. Su vida y su obra fue inconfundiblemente Oriental. Por eso lo clasificamos tal.

Los Orientales en Ituzaingó
Coronel Orosmán Vázquez Ledesma
Apartado de la Revista del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay
Imprenta "El Siglo Ilustrado" - 1948

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Re: Guerra contra el Imperio del Brasil, 1827

Mensaje por Esteban McLaren el Jue Dic 12, 2013 8:17 am

Batalla de Yerbal
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La batalla de Yerbal fue un enfrentamiento del 25 de mayo de 1827 entre las tropas del Ejército Argentino y las del imperio del Brasil, enfrentados por el control de la Banda Oriental, en manos brasileñas desde 1824. El general Juan Lavalle, que había sido destacado desde el campamento argentino-uruguayo en Yaguarón para conseguir monturas, regresaba desde Yerbal sin haber podido lograrlas. En la marcha de regreso, ante el hostigamiento sufrido por una columna de 200 hombres al mando de Lucas Teodoro, las atacó y tomó prisionero al comandante enemigo. Fue el último enfrentamiento del año, pues las tropas aliadas acamparían para pasar el invierno poco después, y el último que lideraría Lavalle en esta guerra.

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Re: Guerra contra el Imperio del Brasil, 1827

Mensaje por Esteban McLaren el Jue Dic 12, 2013 8:17 am

Batalla de Camacuã
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La batalla de Camacuã fue un enfrentamiento producido el 23 de abril de 1827 entre las tropas del Ejército Argentino y las del imperio del Brasil, enfrentados por el control de la Banda Oriental, en manos brasileñas desde 1824. El ejército argentino había abandonado el territorio brasileño después de la victoria en la batalla de Ituzaingó por la falta de suministros y por el mal estado de la caballada, pero el 13 de abril había retomado Bagé y avanzado al encuentro de las tropas imperiales. Juan Lavalle, al frente de 2.500 jinetes, sorprendió a 1.600 efectivos imperiales, que tras sufrir 50 bajas se dieron a la fuga.

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Re: Guerra contra el Imperio del Brasil, 1827

Mensaje por Esteban McLaren el Jue Dic 12, 2013 8:17 am

Batalla de Ombú
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La batalla de Ombú fue un enfrentamiento del 16 de febrero de 1827 entre las tropas del Ejército Argentino y las del imperio del Brasil, enfrentados por el control de la Banda Oriental, en manos brasileñas desde 1824. Tres días después del triunfo de Juan Lavalle frente a las fuerzas del general Manuel Bentos en Bacacay, el general Lucio Norberto Mansilla atacó con 350 hombres a caballo y 1.800 efectivos de infantería a la caballería de Bentos, elite de la tropa imperial que contaba con 347 jinetes. La dispersión de las fuerzas de Bentos evitó que tomaran parte en la batalla de Ituzaingó, cuatro días más tarde, que volvió a saldarse en favor de los argentinos. A Mansilla el éxito le valió la condecoración del gobierno federal, y la designación de jefe del Estado Mayor de Carlos María de Alvear, comandante de las fuerzas argentinas.

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Re: Guerra contra el Imperio del Brasil, 1827

Mensaje por Esteban McLaren el Jue Dic 12, 2013 8:17 am

Batalla de Bacacay
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La batalla de Bacacay fue un enfrentamiento producido el 13 de febrero de 1827 entre las tropas de las Provincias Unidas del Río de la Plata y las del Imperio del Brasil, enfrentados por el control de la Banda Oriental, en manos brasileñas desde 1824. El apoyo de Buenos Aires a la insurrección de los Treinta y Tres Orientales había desembocado en una contienda naval, en la que la armada comandada por Guillermo Brown se veía en inferioridad frente a las fuerzas lusobrasileñas. A comienzos de 1827, y bajo el mando de Carlos María de Alvear, se iniciaron las hostilidades terrestres, tomándose la ciudad de Bagé el 26 de enero. Poco más tarde las fuerzas del general Manuel Bentos hicieron frente a la columna de caballería (el regimiento de Granaderos a Caballo) e infantería (los Colorados de las Conchas) comandada por Juan Lavalle en Bacacay; el enfrentamiento se saldó favorablemente a los argentinos, que triunfarían nuevamente tres días más tarde en la batalla de Ombú, antesala de la de Ituzaingó.

Esteban McLaren
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Re: Guerra contra el Imperio del Brasil, 1827

Mensaje por Esteban McLaren el Jue Dic 12, 2013 8:17 am

Batalla de Padre Filiberto
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La batalla de Padre Filiberto fue un enfrentamiento producido el 22 de febrero de 1828 entre las tropas del Ejército Argentino y las del imperio del Brasil, enfrentados por el control de la Banda Oriental, en manos brasileñas desde 1824. El general Juan Antonio Lavalleja, al mando de las tropas aliadas desde el regreso de Carlos María de Alvear a Buenos Aires, que avanzó desde el campamento argentino-uruguayo en Cerro Largo para conseguir monturas; tras superar Yerbal, marchó sobre el campamento enemigo en la estancia Padre Filiberto. El ataque fue infructuoso, y Lavalleja se retiró del campo de batalla. Se replegaría tácticamente hacia el Río de la Plata, dejando sólo una avanzada al mando del general Julián Laguna en Yaguarón.

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Re: Guerra contra el Imperio del Brasil, 1827

Mensaje por Esteban McLaren el Jue Dic 12, 2013 8:18 am

COMBATE DE PATAGONES - 27 de marzo de 1827
Por Pedro Pesatti

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Hace ciento ochenta años, un 27 de febrero de 1827, hacía su aparición en el horizonte una poderosa escuadra de guerra con intenciones de ingresar al río Negro. El pueblo de Patagones y Viedma debieron organizarse para enfrentar el mayor desafío de su larga historia.

Debemos remontarnos bastante más atrás del 7 de marzo de 1827 para comprender como se desencadenó la guerra con el Brasil y la pretendida invasión al otrora Fuerte y Población Nuestra Señora del Carmen que fue derrotada por los milicianos aquél día de gloria.

La Banda Oriental siempre tuvo una mentalidad más democrática que el resto, signada por la figura de Artigas, el ejecutor de la ideas federales de Dorrego. Las divergencias entre Buenos Aires y la Banda Oriental, por otra parte, se remontan a 1813 cuando son desconocidos los representantes de Artigas. En razón de ello, el patriota oriental, desde siempre, tuvo que pelear contra un doble enemigo: Buenos Aires y los portugueses. En 1814 Artigas está muy solo. Debe enfrentar a las tropas portuguesas que ingresan al territorio uruguayo y en vez de colaborar con él lo dejan librado a su suerte para que desgaste su poder. Finalmente, en 1820, se produce la batalla de Tacuarembó que Artigas pierde y determina su exilio al Paraguay.

Buenos Aires hace poco y nada frente a este estado de situación hasta que advierte que los portugueses se roban el ganado de la Banda Oriental, lo pasan al Brasil y se dedican a la industria del saladero. El tasajo, que sustentaba buena parte de la economía de Buenos Aires, comienza a ser vendido también por Brasil y a menor precio. Esto significa lisa y llanamente una competencia para los grandes estancieros que concentraban el negocio. Paralelamente, patriotas como Oviedo y Lavalleja escapan del Uruguay y vienen a Buenos Aires para reclamar una acción contra el enemigo.

Sin duda, la competencia del tasajo fue determinante. Las guerras, ya lo sabemos, esconden siempre en sus causas razones económicas. Los grandes estancieros, en consecuencia, no dudan en financiar la expedición de los 33 orientales para librar al Uruguay. En poco tiempo todo el país se insurrecciona en contra de los invasores. Sólo logran conservar la ciudadela de Montevideo. Paralelamente se convoca a un congreso y allí los uruguayos reafirman su voluntad de continuar perteneciendo a las Provincias Unidas del Río de la Plata, con lo cual, formalmente, se desencadena la guerra. Una vez desatadas las hostilidades, los imperiales logran bloquear el puerto de Buenos Aires. Patagones, empero, continúa operando a través de los corsarios contratados por las Provincias Unidas. Su puerto se constituye en un objetivo militar y Brasil decide enviar una escuadra para destruir el Fuerte.

La guerra llega a la Patagonia

A las 9 de mañana del 28 de febrero de 1827, la infantería de negros del coronel Pereyra abrió fuego de cañón y metralla contra el bergantín el "Escudero" de la Escuadra Imperial del Brasil. El barco, que enarbolaba la bandera de las Provincias Unidas para engañar a los defensores, izó la bandera de su país al ganar las tranquilas aguas del estacionario y celebró su victoria. Detrás de este bergantín ingresó una poderosa corbeta, la "Itaparica", que traspasó la línea de la defensa sin dificultades porque ya no quedaban municiones para atender la batería ni existían otros medios para enfrentar la agresión.

Sobre el mediodía, y en plena bajante, un tercer barco intentó franquear la desembocadura pero quedó varado en los bancos exteriores, impidiendo el desplazamiento de la cuarta nave que avanzaba detrás.

A esta altura de los hechos, y sin posibilidades de trabar combate con los invasores, la infantería se replegó en dirección al Fuerte junto a los corsarios de los comandantes Harris, Dautant y Soulin y a los hombres del gaucho Molina. Dos negros y el corsario Fiori, de origen Italiano, mueren durante estas acciones.

La población se prepara para resistir

Luego del choque en la desembocadura, y sin que se volvieran a producir nuevos enfrentamientos, el comandante de la "Chacabuco", capitán Jorge Santiago Bynon, es designado para ejecutar el plan defensivo.

No todos los vecinos están de acuerdo con la decisión adoptada por el jefe militar, el coronel Lacarra. Hay quienes opinan que el Fuerte no puede ser un punto de resistencia y aconsejan armar las naves corsarias para salir al encuentro de los agresores.

El informe de Melchor Gutiérrez será decisivo. Adelantado con un puñado de hombres al escenario controlado por los brasileños, Gutiérrez examina el deplorable estado que presenta la Escuadra por el desconocimiento que sus jefes tenían del río. La suerte de la "Duquesa de Goyaz", que había varado el 28 de febrero en los bancos exteriores, era irremediable. El oleaje, y el insistente viento proveniente del mar la estaban demoliendo. A su vez, la "Itaparica" presentaba una encalladura en el estacionario. Estas novedades producen un giro en los planes: Bynon debe preparar una escuadra para pasar a la ofensiva y atacar la debilitada fuerza del comandante James Shepherd. Sin embargo, el desconcierto parece reinar entre los defensores. Algunos proponen, como el corsario Doutant, concentrar todas las fuerzas en Patagones y esperar a los brasileños. Otros, como Ambrosio Mitre - padre de Bartolomé Mitre -, no confían en la fortaleza de las instalaciones y son partidarios de atacar por el río con las naves corsarias.

Patagones no tiene un fondo estratégico para retirarse si el enemigo logra llegar al puerto. ¿Para dónde marchar? ¿Remontar el río con toda la población? ¿Internarse en el campo? ¿A quién acudir en caso de una retirada en pleno confín del mundo? No hay muchas salidas. Con el río bloqueado en poder de los invasores y a mil kilómetros de Buenos Aires, el pueblo debe tomar las armas para enfrentar al enemigo.

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Felipe la Patria fue uno de los héroes del combate del 7 de marzo de 1827. Murió a los 104 años en 1892

Las acciones sobre la orilla de Viedma

Luego de permanecer un día en alta mar, la "Constancia" logra atravesar la barra con los sobrevivientes de la "Duquesa de Goyaz", la corbeta insignia de la expedición que se hundió en la desembocadura tras permanecer cinco días encallada en los bancos exteriores.

Sobrepasada en su tonelaje y con el peligro de varar en el estuario, el comandante de la "Constancia" decide un desembarco en inmediaciones de lo que hoy se conoce como el "Pescadero" para aligerar su carga y redistribuir a los náufragos en el resto de las naves.

El propósito de los invasores era desembarcar para marchar por tierra hasta la altura del estacionario donde estaba varada la "Itaparica" y el "Escudero". Pero un grupo de milicianos que tenían la misión de custodiar la margen sur los tomó por sorpresa. Los invasores abandonaron sus botes de desembarco y gran cantidad de pertrechos que inmediatamente fueron incendiados por los defensores.

Los milicianos de Olivera

Patagones, pese a los días que ya habían transcurrido desde que la Escuadra Imperial había hecho su aparición en la desembocadura, no terminaba de adoptar un plan para hacerles frente.

El 5 de marzo se decide convocar un Consejo de Guerra con el propósito de establecer un curso de acción definitivo. La Escuadra, reducida a la mitad de su poder original por el hundimiento de la "Duquesa de Goyaz" y el encallamiento de la "Itaparica", se había adelantado hasta la Estancia de Rial para aprovisionarse de víveres. Esta situación favorecía un ataque con los barcos corsarios aunque, de acuerdo con la opinión del práctico Guillermo White, la operación presentaba muchas dificultades por las características del río Negro.

Al tiempo que se cumplían distintas tareas en el Fuerte para protegerse de un posible ataque de la infantería brasileña y tomaban posiciones en el lugar los negros libertos del coronel Pereyra, la caballería, integrada por vecinos armados y los 22 "tragas" del gaucho Molina, eran adelantados a Laguna Grande - bajo las órdenes del subteniente Olivera -, con la misión de determinar la ubicación del enemigo y el posible escenario desde donde podrían consumar un desembarco.

La caballería tomó posiciones en el lugar en horas de la tarde, tras lo cual Olivera dispuso que un grupo de vecinos, a cargo de Cabrera, marche hacia el cerro de Pepe Rial para efectuar tareas de reconocimiento.

Alrededor de la diez de la noche del 6 de marzo, dos centinelas de este grupo avistan una división de infantes brasileños que había desembarcado más abajo de la estancia de Rial con la aparente intención de inspeccionar el terreno.

Frente a este cuadro de novedades Olivera decide que el Juez de Paz Alfaro marche hasta el Fuerte para transmitir la información y destaca a un nuevo grupo para que siga de cerca la acción del enemigo.

Por esas horas, el comandante de los invasores, James Shepherd, acababa de confirmar a sus oficiales la realización del plan que había articulado los días anteriores: avanzar por tierra durante toda la noche para sorprender a Patagones con las primeras luces del 7 de Marzo.

El triunfo

Alrededor de las dos de la mañana del 7 de marzo de 1827, las tropas brasileñas inician su marcha hacia El Carmen desde un punto ubicado a unos dieciocho kilómetros río abajo, al este del Cerro Dirección. La fuerza, compuesta por cuatrocientos efectivos y trece oficiales, fue conducida hasta el Cerro de la Caballada por un negro brasileño. El baqueano - que había vivido un tiempo en Patagones luego de ser tomado en una de las presas del corsario "Lavalleja" -, para eludir las zonas barrancosas y cortadas de la costa se internó por el monte cerrado, sometiendo a los invasores a una difícil travesía.

El calor sofocante y los terrenos arenosos de la ruta elegida, pronto comenzaron a minar la energía de los agresores que durante todo el trayecto estuvieron privados de agua y con el río demasiado lejos para obtenerla.

A las cinco y media de la mañana, cuando ya el negro del "Lavalleja" había enfilado la columna hacia el Cerro de la Caballada, distante a unos cuatro kilómetros, los hombres del subteniente Olivera apostados en Laguna Grande se preparaban para una nueva vigilia.

Ninguno de los dos bandos sabía, obviamente, que estaban separados por apenas un kilómetro de monte y que en pocos minutos se trabarían en combate.

En esos momentos, Francisco Herrero y Domingo Miguel son mandados por Olivera a buscar unas reses para carnear y racionar a los milicianos. Se internan hacia el norte. A poco andar comprueban una infinita cantidad de huellas que delatan la presencia del enemigo. En menos de quince minutos están frente a Olivera con la novedad y toda la caballada, a brida suelta, sale en busca de la gloria.

Los brasileños, por su parte, ignoraban que los milicianos estaban alertados y empeñaron los últimos alientos para trepar por el cerro desde el que pensaban rendir sin mayor trámite al pueblo de Patagones.

En los pliegues del uniforme del capitán James Shepherd - uno de los primeros enemigos que cayó bajo el fuego de los defensores - se encontró una carta en la que requería la rendición: "Permaneced tranquilos en vuestros hogares; vuestras personas y propiedades serán respetadas, en caso de acceder a mi justa solicitud; pero en caso contrario incendiaré todas vuestras propiedades". Para su desazón, el comandante imperial comprobó que toda la población estaba en pie de guerra y que su demanda, en Patagones y Viedma, jamás encontraría destino.

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Re: Guerra contra el Imperio del Brasil, 1827

Mensaje por Esteban McLaren el Jue Dic 12, 2013 8:18 am

Lugar donde se disputó la batalla de Ituzaingó, cerca de Rosario do Sul, en el estado de Rio Grande do Sul, Brasil.

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Re: Guerra contra el Imperio del Brasil, 1827

Mensaje por Esteban McLaren el Jue Dic 12, 2013 8:18 am

11 de Junio. Aniversario del Combate de Los Pozos


Antecedentes
En 1825 el gobierno del Imperio del Brasil tras alegar que las Provincias Unidas del Río de la Plata apoyaron el desembarco de los Treinta y Tres Orientales, reforzó sus tropas en la Provincia Oriental y declaró bloqueados todos los puertos de las Provincias Unidas. Consecuentemente el 4 de noviembre de 1825 el general Juan Gregorio de Las Heras declaró rotas las relaciones diplomáticas con el Brasil y acto seguido el Imperio declaró la guerra, el 10 de diciembre de 1825, la cual duró tres años.

Por su parte el gobierno de Buenos Aires reconcentró en la costa del Uruguay un cuerpo de ejército a las órdenes del general Martín Rodríguez; hizo construir algunas baterías sobre el Paraná bajo la dirección del mayor Martiniano Chilavert, y confió al coronel Guillermo Brown el mando de una corta flotilla, la cual se aumentó algunos meses después por una suscripción de los ciudadanos pudientes. Esta última medida era tanto más urgente por cuanto el Imperio dominaba los ríos de la Plata, Uruguay y Paraná, por haber fortificado la Colonia y Martín García y porque hacía efectivo el bloqueo con una escuadra poderosa.

Y mientras la atención se contraía a lo largo de los ríos que limitaban por el lado argentino lo que, según todas las probabilidades, sería el teatro de la guerra, el Imperio preparaba una invasión por la costa sur de Buenos Aires y trabajaba en su favor el ánimo de algunos caciques de los indios que permanecían en son de guerra desde la última expedición del general Rodríguez. Apercibido de ello el gobierno se apresuró a conjugar ese doble peligro que podría reducir el territorio de Buenos Aires a los extremos más difíciles.

Las acciones
Los imperiales no fueron por entonces más felices en los ríos, con ser que se pretendían dueños del Plata y sus afluentes. En los últimos días de mayo de 1826 el bergantín argentino Balcarce, las goletas Sarandí, Pepa y Río, dos cañoneras y dos transportes, se habían abierto paso hasta Las Conchillas desembarcando allí fuerzas del ejército de operaciones. Para vengar este fracaso, la escuadra imperial, compuesta de 30 buques, se acercó en el mediodía del 11 de junio a Los Pozos, donde estaba fondeada parte de la flota argentina, a saber: cuatro buques de cruz y siete cañoneras. El almirante Guillermo Brown las recibió con un fuego bien sostenido. Después de quince minutos los barcos imperiales viraron en vuelta del sur. Diez mil espectadores presenciaron este combate desde la rada de Buenos Aires, hasta la tarde en que incorporándose a Brown los buques que regresaban de la Banda Oriental, los imperiales se pusieron fuera del tiro del cañón.

Estas ventajas navales contrastaban con la inercia en que permanecía el ejército imperial. Otro tanto pasaba en el ejército argentino, bien que esto se atribuía a últimos arreglos que hacía el general Las Heras para ir a mandarlo en jefe. Y quizá por esto renunció el gobierno provisorio que desempeñaba, e insistió en su renuncia encareciéndole al Congreso que estableciese el ejecutivo nacional permanente. En la necesidad de sustituir al general Las Heras, el Congreso creó por ley del 6 de febrero de 1826 el Poder Ejecutivo y por unanimidad menos tres de sus miembros nombró a Bernardino Rivadavia presidente de las Provincias Unidas


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Re: Guerra contra el Imperio del Brasil, 1827

Mensaje por Esteban McLaren el Jue Dic 12, 2013 8:19 am

Emilio Ocampo y una nueva visión de Alvear ante la historia
Posted on Noviembre 15 2005 by Varios autores en colaboración

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Presentamos una extensa entrevista a Emilio Ocampo, autor de una erudita y accesible obra sobre uno de los personajes más discutidos de la historia argentina: Carlos María de Alvear. En las charlas que mantuvimos se abordaron temas como la capacidad y formación militar de Alvear, su protagonismo en la toma de Montevideo (uno de los acontecimientos claves en la independencia de América), su actividad política y su papel en la Logia Lautaro, su conflictiva relación con San Martín, la mirada de los historiadores, y los aspectos primordiales de la obra de Ocampo, la dirección de Alvear del Ejército Republicano en el conflicto bélico que mantuvieron las Provincias Unidas del Río de la Plata con el Imperio del Brasil en 1827. La entrevista fue realizada por Gabriel H. Cortes y Pablo Rodriguez Leirado.

Inundados por livianas obras en donde prima el escándalo gratuito, la anécdota trivial, las simplificación maniquea, y fundamentalmente la mitificación del pasado en función de claves ideológicas actuales, fue un verdadero placer encontrar un libro realizado con una extensa base bibliográfica y documental que refleja un exhaustivo trabajo, en una prosa accesible, con una profunda erudición sobre la época y los acontecimientos que describe.

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Nos referimos a la obra de Emilio Ocampo titulada “Alvear en la Guerra contra el Imperio del Brasil”, que acerca al lector no sólo los méritos que mencionamos sino también novedosos aspectos y conclusiones sólidamente fundamentadas sobre Carlos María de Alvear, uno de los personajes más controvertidos del pasado argentino. La investigación de Ocampo está centrada principalmente en el conflicto que la República Argentina sostuvo en 1827 con el Imperio del Brasil (la única monarquía absolutista que persistía en América), del cual Alvear fue comandante en jefe del Ejército Republicano que obtuvo la célebre victoria de Ituzaingó. Pero también se abordan aspectos anteriores de la vida de Alvear, como su formación militar, su desempeño en España durante la guerra contra el Imperio de Napoleón, su protagónico papel en la toma de Montevideo en 1814 (acontecimiento fundamental en la guerra por la independencia americana), sus primeros pasos como político y su liderazgo en la Logia de Lautaro, su conflictiva relación con San Martín, son algunos de los sucesos de la vida de Alvear que narra esta obra.

Tuvimos conocimiento del libro gracias a la elogiosa crítica que realizó el historiador Miguel Ángel de Marco en el suplemento cultural del diario La Nación, el domingo 3 de agosto de 2003, en donde lo que más nos llamo la atención fue que Emilio Ocampo no es un historiador “profesional”, aspecto que nos vuelve más críticos hacia los improvisados mercaderes que actualmente existen sobre los temas históricos. Es decir, Ocampo demuestra que con seriedad y mucho trabajo alguien que no proviene del campo académico puede producir igualmente una obra de excelencia.

Nos llevó un tiempo contactar con él, dado que por períodos vive en el extranjero hasta que de manera fortuita pudimos hallarlo. A continuación ponemos a disposición de nuestros lectores los aspectos más importantes de las charlas que mantuvimos con Emilio Ocampo.

Sitio al Margen: ¿Por qué cree que la historiografía en general critica la actuación de Alvear durante el sitio de Montevideo y le atribuye el éxito de la caída de la ciudad a la prolongada acción de José Rondeau en desmedro del desempeño de Alvear?

Emilio Ocampo: Yo creo que para contestar esta pregunta diría ¿Por qué, en general, la historiografía critica la actuación de Alvear? En realidad esto habría que preguntárselo a los historiadores. Yo tengo mi propia interpretación. Yo considero que esto es parte de un cuestionamiento hacia Alvear producto de dos cosas: ignorancia y mala fe. Algunos que no saben y otros que saben prefieren distorsionar la verdad…, vaya uno a saber porqué… Habría que preguntarles a ellos. Para empezar, Alvear tenía preparación militar. Una de las cosas que me tomé bastante trabajo en demostrar en mi libro es que Alvear no era un neófito en el tema militar, sino que estaba fogueado por una experiencia de guerra importante, que conocía al mejor ejército del mundo, que era el francés. Además tenía una sólida formación teórica y eso lo demostró cuando al ser nombrado jefe del regimiento de infanteria Nº 2 preparó un Manual de Táctica para instrucción de sus oficiales. La única experiencia de guerra importante en el Río de la Plata fueron las invasiones inglesas en 1806 y 1807. No existían muchos militares en esta parte del mundo, en aquel entonces, con una formación militar como la que poseía Alvear. Así también lo reconoció Bartolomé Mitre, quien por otra parte criticó severamente su actuacion politica.

Insisto en un tema que también cito en el libro: Alvear no era oficial de un cuerpo militar cualquiera, era oficial de la Guardia Real española, que era lo que hoy se denomina un cuerpo de elite. Los grados en un cuerpo de elite eran uno o dos superiores a los del ejército regular. Entonces es absurdo insistir con que al llegar a Buenos Aires en 1812 era un simple subteniente o alferez como lo hacen algunos historiadores.

Es una grosera distorsion de la verdad afirmar que Alvear no sabía nada de cuestiones militares y que tan solo por sus conexiones o vinculaciones familiares consiguió los altos puestos que obtuvo. Incluso cuando San Martín apoya el ascenso de Alvear, a fines de 1812, dice que lo hace por las condiciones militares del interesado. Entonces ¿Por qué la historiografía critica? Porque en la historiografía existe un sesgo muy marcado en contra de Alvear por diversas razones, especialmente su enemistad con San Martín.

SaM: ¿Y ese punto de vista es sostenido por todos los historiadores, como Fregeiro, Tasso Fragoso, Beverina, Baldrich, etc.?

EO: Hay que distinguir. Los historiadores militares argentinos, en este campo pongo a Beverina, a Baldrich, a Rottjer no cuestionan a Alvear, sino que le reconocen capacidad y aptitud militar.

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Son los historiadores más generalistas (y menos informados específicamente en temas militares) los que a veces plantean esta supuesta falta de conocimientos de Alvear. Lo hacen en muchos casos por ignorancia, porque realmente ninguno se ha tomado el trabajo ni de pedir su foja de servicios al Archivo General de Segovia ni en determinar que hizo Alvear en casi más de un año en que le tocó enfrentar al ejército de Napoleón como oficial de la brigada de Carabineros Reales. Entonces para responder la primera pregunta hay que empezar por tener en cuenta que Alvear no era una persona mal preparada, sino todo lo contrario. Esto lo he demostrado en el libro.

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En cuanto al merito por la rendición de Montevideo en si, es tan básica la acusación a Alvear que prácticamente no merece ser analizada. Supuestamente Rondeau se merece todo el crédito por la rendición de Montevideo y además se le cuestiona a Alvear haber operado de una manera muy maquiavélica en la negociación con Vigodet, que en definitiva consigue la rendición y el triunfo militar más importante de la revolución desde el 25 de mayo de 1810. Entonces, la crítica a Alvear viene por todos lados. Unos porque consiguió la rendición de manera supuestamente poco honesta pero, por otra parte otros, atribuyen el mérito a otro. Es una cosa que se le busca demasiado la vuelta. Rondeau estuvo dos años en el sitio de Montevideo y no consiguió nada. Además, tres o cuatro meses antes renunció a su cargo ya que tenía a todos los jefes en contra y Artigas se le había separado del ejército. Si Alvear no se merecía el honor por la rendición de Montevideo, menos aún lo merecía Rondeau.

Ahora, hay que ver… Rondeau, era padrino de bautismo de Bartolomé Mitre, a quien le legó su espada y su opinion. Se trató de una relación muy cercana, muy intensa, que sin duda dejó influencia en la opinión de ese gran historiador en contra de Alvear. Recordemos que Rondeau fue desplazado por Alvear en tres ocasiones: Montevideo, el Alto Perú y el Brasil, porque en el momento en que Martín Rodríguez estaba como comandante en jefe del Ejército de Observación se planteó la oportunidad de traerlo a Rondeau, aunque eso nunca prosperó. O sea que Rondeau no era la persona más indicada para emitir un juicio sobre Alvear.

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Pero hay un punto adicional aquí, que cuando uno observa el tema de la rendición de Montevideo desde el punto de vista militar hay un factor fundamental que es la creación de la escuadra naval y el hecho de que esa flota puede sitiar e impedir el abastecimiento de Montevideo. Ese es uno de los factores claves del éxito de esta operación. Una de las personas primordiales en la creación de esta escuadra naval es Alvear. El famoso Almirante Brown no era en ese momento el almirante Brown, sino que estaba subordinado a Alvear en sus operaciones. Es decir que hay un pensamiento estratégico detrás de esto, o sea que la escuadra naval no se crea porque sí, sino en un momento dado contra mucha resistencia, especialmente de los ingleses que no quieren la escuadra naval. Hay que retrotraerse a principios de 1814, ellos se encontraban muy preocupados por la presencia de corsarios y de buques de guerra norteamericanos en Sudamérica. Un aspecto que nunca se estudia en nuestra historia es que por esos años sucede la guerra entre Estados Unidos e Inglaterra, un conflicto que se extiende desde mediados de 1812 hasta principios de 1815.

Durante 1813 y principios de 1814 la fragata norteamericana Essex opera en el Océano Pacífico y causa estragos en los intereses comerciales ingleses. Resulta que cuando se crea la escuadra naval Argentina la mayoría de los tripulantes y oficiales son norteamericanos, franceses o desertores británicos. Hay que recordar que la guerra de 1812 entre Estados Unidos e Inglaterra en gran medida sucede por aquello que los norteamericanos llamaban los derechos de los marineros, por el tema del ”impressment”, que era una práctica que utilizaba la Royal Navy cuando interceptaba un buque mercantil norteamericano en el medio del Atlántico y consideraba que uno de los tripulantes de ese barco era inglés lo reclutaba forzosamente y eso había causado obviamente mucho daño al comercio norteamericano. Esa es una de las principales causas de esta guerra.

Entonces, a principios de 1814, cuando la fragata Essex está destruyendo todos los intereses comerciales marítimos ingleses en el Pacífico se crea en Buenos Aires una escuadra naval financiada por un norteamericano; tripulada por norteamericanos y desertores ingleses. El Comodoro William Bowles, que es el jefe de la estación naval británica en el Río de la Plata, presenta una protesta al gobierno en la cual afirma que la flamante escuadra es una idea descabellada y que una vez en alta mar estos personajes pueden causar daños a los intereses británicos. Bowles trata de torpedear la creación de nuestra escuadra naval y esto es muy importante porque para entender, por ejemplo, si Alvear era afrancesado o anglófilo. La creación de la escuadra naval argentina era un proyecto definitivamente contrario a los intereses ingleses.

Pero, además, es importante dentro del contexto de Montevideo, porque es la clave del éxito. Sin la escuadra naval Montevideo no se iba a rendir, no tenía el ejército patriota la artillería necesaria para destruir las murallas de Montevideo y la flota española operaba libremente y aprovisionaba sin problemas a la ciudad. Yo creo que el mérito de la toma de Montevideo se lo merece claramente Alvear. Primero por la habilidad con que negoció con Vigodet, segundo por la concepción estratégica de creación de la escuadra y la utilización de esa flota en el sitio de Montevideo y en tercer lugar por poner orden en un ejército que cuando él lo tomó estaba en un estado casi de disolución, además de tener a Artigas y su lugarteniente Otorgués negociando directamente con Vigodet a sus espaldas. Por eso yo creo que un análisis frío y objetivo de la situación debería responder estas preguntas. ¿Por qué no se hace? En mi opinión es por este sesgo que creo existe en la historiografía argentina con respecto a la figura de Alvear.

SaM: Se estudia poco la vida en España de las figuras de nuestra independencia, especialmente de aquellas que lucharon contra el imperio napoleónico, como San Martín. En el caso de Alvear nos llama la atención su presencia en el sitio de Cádiz. Si hay un sitio “famoso” en la época es el de Cádiz. Me imagino que esa experiencia se debe tener en cuenta por los historiadores para evaluar a Carlos María de Alvear como militar en su desempeño en el sitio de Montevideo. Parece que no recuerdan que además era hijo de un marino muy prestigioso.

EO: Además conocía a quien en ese momento era jefe de la escuadra naval española que operaba en Montevideo porque había estado en el célebre ataque a las fragatas españolas en 1804 en el cabo de Santa María. Alvear que lo había visto en acción tenía la opinión que era un cobarde y que no era un rival para temer. O sea que, como menciono en mi libro, la experiencia de Cádiz, fue muy relevante. Los franceses sitiaron Cádiz durante dos años y nunca pudieron rendirla y fue porque la Royal Navy tenía la ciudad bien aprovisionada. Indudablemente esa experiencia la tenía bien clara. Su padre además era jefe de las defensas sobre el puente del Suazo, que él habrá visto de primera mano en su organización.

Alvear mismo lo dice en sus memorias, que lamentablemente se quemaron en un incendio en su casa de Nueva York. Algunos fragmentos han sobrevivido, y yo los cito en el libro, en ellos se refiere que el sitio de Montevideo no era, desde el punto de vista militar, una operación que iba a resultar en la rendición de la plaza. Alvear dice claramente: la participación de la escuadra en esta operación militar era clave.

SaM: En general se otorga el beneficio de la creación de la escuadra a la relación entre William Pio White y Juan Larrea, pero creo que se olvidan del liderazgo de Alvear…

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EO: Hay que preguntarse porqué White, que es un comerciante norteamericano, se iba a meter en este proyecto. Alvear y Larrea son aliados, para empezar, así que los dos desde el punto de vista político poseen intereses muy estrechos. Larrea después de la caída de Alvear se tiene que escapar. Hay otro personaje que está involucrado aquí también que es David De Forest, y los norteamericanos estaban metidos obviamente cuando vemos que muchos de los capitanes, como Thomas Taylor, quien después se convierte en el segundo corsario al año siguiente y usa el mismo barco (la Zefir). Porque después de la operación de Montevideo el gobierno remata los buques de la escuadra y algunos de sus capitanes las compran para ser corsarios.

Juan Larrea era secretario de Hacienda, no se le puede adjudicar un talento estratégico militar, Guillermo White era comerciante en Buenos Aires y sus intereses eran meramente pecuniarios, en su momento había ayudado a los ingleses durante las invasiones de 1806 y 1807. Creo que adjudicarle a él la creación de la flota es un disparate… White indudablemente facilitó el financiamiento de la escuadra porque aquí había que comprar los barcos y el gobierno no tenía suficiente dinero. Hubo algún tipo de transacción, que no sabemos muy bien sus detalles, y además Larrea facilitó recursos del Estado, pero obviamente él, a cargo de la secretaría de Hacienda, no va a imponerle al jefe militar, que era Alvear, la creación de una escuadra… Ambos apoyaron la creacion de la escuadra frente a quienes se opusieron (tanto San Martin como el Comodoro Bowles). Hay que reconocer que tanto Larrea como White fueron parte del proyecto pero sin la intervención de Alvear la escuadra no sale, por varias razones.

Posadas, en ese entonces Director Supremo, en un momento bajo la presión, incluso de San Martín que le parecía un disparate la creación de la escuadra, decide matar el proyecto y es Alvear el que lo revive y no sólo con Posadas sino que cuando se produce un motín en los barcos que se están preparando para navegar es Alvear quien interviene ejecutando al líder del motín y poniendo orden para que Brown pueda hacerse a la mar. Es decir que la intervención de Alvear no es solamente en los despachos del Director Supremo, también en la propia escuadra. Indudablemente Larrea tuvo su mérito y su participación. White tuvo su mérito por la ingeniería financiera, pero para mí su función todavía deja mucho que explicar, como también la de David De Fortest, un personaje muy vinculado a Larrea por otra parte que luego, se convierte en uno de los principales armadores de corsarios bajo la bandera del gobierno de Buenos Aires. De Forest es otro personaje sobre el que todavía quedan muchas cosas por investigar.

Yo creo que Alvear tuvo la visión estratégica en la creación de la escuadra y en su posterior utilización, porque incluso si él no hubiese tenido injerencia con su establecimiento fue él quien como jefe dirigió sus operaciones como comandante de todas las fuerzas de Buenos Aires. Obviamente Brown es el jefe directo y táctico de la escuadra pero Brown se tiene que sujetar a las órdenes de Alvear que es su superior.

SaM: Una situación similar a la de Montevideo se produce en la guerra contra el Imperio del Brasil. ¿A qué atribuye esa subestimación de la capacidad de Carlos María de Alvear como militar?

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EO: Los historiadores militares argentinos, ni Juan Beverina, ni Juan Amadeo Baldrich, ni Enrique Rottjer subestiman la capacidad militar de Alvear. Hasta Bartolomé Mitre, que lo criticó duramente, reconoció que en cuanto a aptitud y conocimientos militares era solo superado por San Martin. Dos personajes influenciaron a Mitre en su etapa formativa, uno fue Tomás de Iriarte y el otro Martiniano Chilavert. Ambos habían servido bajo las órdenes de Alvear. Iriarte durante diez años fue un personaje dispuesto a morir por Alvear, literalmente, y él mismo lo reconoce, pero luego se convirtió en su principal detractor, mientras que Chilavert siempre fue leal a Alvear y le reconoció talento militar. Para mí el reconocimiento que le da Mitre a Alvear seguramente viene por Chilavert porque no pudo venir por Iriarte, quien en sus memorias no hace más que denostarlo. Creo que al hacerlo Iriarte de alguna manera se perjudica él mismo, porque si Alvear era tan incompetente y tan inepto ¿cómo puede ser que Iriarte durante diez años de su vida, siendo un oficial graduado de la Escuela de Artillería de Segovia, lo hubiera seguido a tal punto de entregar su vida?

Entonces con la historiografía vamos a distinguir lo que hay: historiadores militares argentinos como Baldrich y Beverina que son quienes estudiaron este tema en la primera parte del siglo XX y que reconocen la capacidad militar de Alvear. Ambos son muy neutrales y muy objetivos en sus análisis. Después esta el coronel Enrique Rottjer, que escribe sobre la campaña y también reconoce las aptitudes de Alvear. En cuanto al mayor Félix Best, su trabajo es muy descriptivo pero tampoco hace juicio de valor determinante en un sentido u otro. Clemente Fregeiro, que no es un historiador militar, pero que se convierte para muchos historiadores brasileños en el referente de los historiadores argentinos con respecto a esta guerra. Especialmente aquellos que cuestionan las victorias del ejército republicano.

SaM: ¿Es un historiador específicamente militar o un historiador así en general?

EO: Fregeiro no es un historiador militar, es un historiador generalista, si se puede usar este término, pero que hizo un análisis de esta campaña, basándose principalmente en los diarios de Brito del Pino y de Brandsen, y lo realizó absolutamente sesgado a mi modo de ver. En mi libro cito a Fregeiro en numerosas ocasiones para contradecirlo, obviamente estoy en desacuerdo con la mayoría de sus conclusiones. Francamente escribió su libro para protestar contra el financiamiento público del monumento al general Alvear. Recibe el apoyo moral de Mitre, y básicamente lo que hace es aquello que los norteamericanos llaman un “hatchet job”, es decir un trabajo para desacreditar completamente a Alvear. Fregeiro tenía su agenda como yo tengo la mía, pero muchas de las cosas que planteaba no están justificadas en los hechos.

En cuanto a historiadores militares del lado brasileño el más conocido es Augusto Tasso Fragoso, quien en gran medida se basa en Fregeiro para evaluar a Alvear, de quien sabe muy poco. Por otra parte su tesis principal es que en Ituzaingó no hubo ni vencedores ni vencidos. Tasso Fragoso admite que Barbacena era un incompetente y en su tesis entra muy bien la conclusión de que Alvear también lo era y así de alguna manera subestimar las operaciones militares que se desarrollaron.

Enrique Oscar Wiederpashn, que es el historiador militar brasileño que escribió sobre el tema más recientemente, un historiador muy serio, profesional y objetivo, le reconoce capacidad militar a Alvear, y méritos a su plan de campaña contradiciendo a Tasso Fragoso. Hay un debate sobre si el plan de campaña de Alvear tuvo o no inspiración napoleónica. Baldrich dice que si, Beverina que no, Tasso Fragoso se ríe y dice ¡qué va a tener! Wiederpashn dice que indudablemente la tuvo y que fue como el plan de Napoleón en la primera campaña de Italia en 1796.

Por eso creo que no hay que generalizar con respecto al juicio de los historiadores sobre Alvear, yo no lo haría porque los más serios, los que se dedicaron a estudiar esto de manera detallada y objetiva, y no agarraron un librito de por acá, algunas memorias, y las citaron, ellos si tienen un juicio claro. Baldrich y Beverina, en mi opinión son los dos que estudiaron la campaña del Brasil con detenimiento, el primero tiene un tomo mientras el segundo realizó dos. Yo diría que los historiadores más generalistas siguen con esta postura de antialvearismo, nunca le van a reconocer nada a Alvear ni en Ituzaingó, ni en Montevideo, ni en ninguna otra parte. Es parte de sus agendas.

Por otra parte, como yo indico en mi libro, hacer juicios tan terminantes sobre un personaje público con una actuación tan extensa, y de tanta importancia sin tener ni siquiera una biografía completa sobre él, me parece muy aventurado. Cualquier historiador que salga a hacer estos juicios me parece poco serio. Que se tomen el trabajo de estudiar y que después presenten sus conclusiones, pero la mayoría no se tomaron el trabajo de estudiar profundamente.

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SaM: ¿Cómo desarrolló su investigación?

EO: Comencé con este tema por un interés, por una curiosidad intelectual, a raíz de un libro que se escribió por el año 1989 sobre el general Alvear a propósito de las memorias del general Iriarte. Un libro escrito por Carlos de Alvear, que es el tataranieto del general. Fue un paso importante en la reivindicación de la figura de Alvear pero no me convenció del todo, en alguno de sus argumentos me quedé con la duda, al final hay juicios muy distintos y muy opuestos sobre Alvear, es muy blanco o negro, no hay términos medios. La duda me motivó a leer y estudiar sobre el tema. Inicialmente no tenía la intención de escribir un libro y en ese entonces yo trabajaba a tiempo completo en Nueva York, pero me interesaba la historia, el tema y lo que básicamente empecé a hacer fue leer todos los libros del tema que podía encontrar en librerías antiguas, porque las obras de Wiederpashn, de Tasso Fragoso, de Fregeiro, de Beverina, de Baldrich y de otros autores brasileños, incluso del siglo pasado, no son fáciles de conseguir. Con el tiempo me armé mi biblioteca sobre la guerra con el Brasil y al terminar esta primera etapa de lectura todavía no me quedaba claro si podía emitir un juicio respecto a la actuacion de Alvear.

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Entonces decidí cambiar el ángulo de la investigación y empecé a estudiar el arte de la guerra a principios del siglo XIX, porque muchos de los juicios que se emitían en estos libros tenían como punto principal ciertas decisiones tácticas o estratégicas tomadas por un general en jefe al cual yo no sentía en condiciones de evaluar porque no tenía la formación militar, sobre cuestiones tácticas de como se utilizaba la caballería, la infantería de alguna manera o la artillería. Una de las cosas que comencé a interiorizarme es como aprendían, o como querían hacer la guerra los generales en 1825, a quien miraban como referente, como ejemplo, a quien querian emular. Obviamente me tomó muy poco tiempo llegar a Napoleón y no solo al célebre militar sino a alguno de los autores que también Napoleón había consultado en su juventud, como el conde Guibert, personajes que cambiaron el ejército de la Revolución Francesa, que por otra parte fue un evento fundamental en la evolución militar. Surgieron también contemporáneos a Napoleón como el baron Antoine-Henri Jomini, un personaje que hoy por hoy nadie lo conoce pero, para ese entonces, hablo de 1825, era como hablar de Carl Von Clausewitz después de la guerra Franco-Prusiana. Alguien dijo que Jomini era para el sistema de guerra napoleónico lo que Kepler había sido para el sistema planetario, es decir la persona que había interpretado y destilado todas las enseñanzas. Curiosamente fue una frase de Mitre la que me llevó a Jomini, porque Mitre tiene una carta que escribe sobre la batalla de Ituzaingó que expresa que Alvear, “que había leído a Jomini”, hizo como Napoleón en Waterloo: sacrificó a la caballería para conseguir la victoria. Lo que pasa es que obviamente, Napoleón no obtuvo la victoria en Waterloo… pero esa frase “Alvear había leído a Jomini” me quedó grabada y esa fue una de las razones por las cuales me dediqué a leer tanto a estos autores y todas las campañas de Napoleón.

Mi objetivo era entender que es lo que había podido leer Alvear, que tipo de andamiaje teórico podía tener en su cabeza al desarrollar sus planes de campaña. Traté de armarme una lista de obras contemporáneas sobre el arte de la guerra que Alvear había leído. En un trabajo escrito en 1819 él menciona a los generales Rogniat y Thiebault cuando discute cómo la caballería debería cargar a la infantería. Además no solo había oficiales del ejército de Napoleón en las huestes de Alvear sino que había oficiales veteranos de las guerras napoleónicas en el ejército imperial. Entonces indudablemente eso estaba en la mente de todos. Yo diría que le dediqué varios años de lectura intensa a este tema, el de las campañas militares, de entender verdaderamente como se hacía la guerra en aquel entonces. De eso surgieron varias cosas, la primera es que en relación a las guerras europeas, la batalla de Ituzaingó hubiera sido un simple combate aunque fue la batalla más importante desde el punto de vista puramente militar que tuvo lugar en Sudamerica hasta entonces.

Volviendo al tema de la investigacion estoy hablando de un período de casi diez años, que comienza como una simple curiosidad y se va transformando, yo diría que luego de seis o siete años desde que empiezo. Luego se me ocurre la idea de escribir un libro. Escribo un poco, en un intento de digerir todo lo que he leído de bibliografía secundaria más todo el tema militar, y curiosamente, por las vueltas de la vida, terminé en Inglaterra. Allí decidí ir a los archivos ingleses porque siendo Inglaterra la potencia mediadora quería ver de primera mano que decía el enviado inglés en Buenos Aires respecto al conflicto, y ese fue el cambio fundamental en toda mi investigación porque hasta ese entonces era un proyecto que se había basado en fuentes secundarias y al entrar en los archivos ingleses, que fue una experiencia singular porque son unos archivos increíbles, de alguna manera se me produjo la segunda epifanía. La primera fue que sin entender el arte de la guerra no se podía comprender esta cuestión. La segunda, que sin las fuentes primarias esto era un ejercicio muy superficial y que no me permitía a mí solidificar o elaborar mis conclusiones, porque hasta ese momento había escrito casi ciento cincuenta mil palabras y básicamente tuve que empezar de nuevo.

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Pero ahí me di cuenta que los archivos ingleses me estaban dando una perspectiva única. Igualmente yo sentí que tenía que ir a consultar los otros archivos, por ejemplo los brasileños. Me fui a Río de Janeiro, no me recorrí todos los archivos de Brasil porque hay en Río Grande y en otros lugares, pero consulté los principales como por ejemplo donde se halla la correspondencia del marqués de Barbacena y especialmente el Archivo Nacional del Brasil, luego el archivo del Barón de Río Branco sobre la Guerra Cisplatina en el Palacio de Itamaraty. El Barón de Río Branco sacó copia y acumuló muchos papeles y documentos respecto a la guerra y finalmente no escribió nada de importancia sobre el tema pero dejó estos archivos que son de gran utilidad.

Luego vine a los archivos del Ejército Argentino y revisé todas las cajas referidas a la guerra del Brasil para ver todas las órdenes, la correspondencia, etc., que me fue de enorme utilidad porque a pesar que tanto Beverina y Baldrich hicieron buen trabajo con respecto a citar fuentes primarias argentinas no lo efectuaron tanto respecto a fuentes primarias brasileñas. En definitiva ningún autor argentino visitó archivos brasileños y viceversa.

Así que yo decidí que hasta no ver todo este compendio de documentación no estaba en condiciones de escribir nada realmente valioso y lo que hacía era pedir prestado opiniones a otros y no formaba mi propia opinión.

SaM: Y de los archivos de Inglaterra ¿A cuáles concurrió?

EO: A varios. Principalmente consulté la correspondencia de Lord Ponsomby, que era el enviado diplomático, pero también la de Robert Gordon, el enviado británico a Río de Janeiro, y otros archivos no relacionados directamente con la guerra del Brasil. Tomé en cuenta la correspondencia de Canning, que fue Secretario de Relaciones Exteriores a principios de 1827 y luego fue Primer Ministro y murió al poco tiempo. Pero fundamentalmente la consulta fue dirigida hacia los archivos diplomáticos, mientras que aquí y en Brasil fueron archivos más de carácter militar.

También los archivos de Uruguay, especialmente los papeles de Antonio Díaz, que era uno de los oficiales de infantería del ejército republicano y que lamentablemente sus memorias fueron en parte publicadas pero muy editadas. Si aún se hallan disponibles todos sus papeles algún día alguien tendrá que recuperar esas memorias porque cubren un espectro o un período de historia mucho más amplio que la guerra contra el Brasil. Díaz era un hombre del riñón del alvearismo.

Hay otro tipo de correspondencia y lo bueno de los archivos del Ejército Argentino es que poseen copias de documentos de archivos provinciales, como el de Entre Ríos, en los que se documenta claramente la falta de ayuda que sufre Alvear cuando lo solicita a los gobernadores de Entre Ríos y Corrientes, mucha de esa correspondencia esta copiada en el archivo del Ejército Argentino.

Así que ese es el proceso de investigación, con todo me tomó aproximadamente diez años, entre ellos año y medio de dedicación exclusiva.

SaM: En el libro también comenta que recorrió los lugares en donde se desarrolló la campaña.

EO: Es verdad. Eso para mí era muy importante, reconocer el terreno donde se habían desarrollado las operaciones militares, porque a modo de ejemplo, Fregeiro y otros hacen juicio de lo que tendría que haber hecho Alvear en determinadas circunstancias, como por ejemplo, la importancia de cruzar o no un río. Entonces me di cuenta que la única manera que yo podía formarme una conclusión definitiva era reconociendo el teatro de operaciones. Me subí a un auto y recorrí lo que pude, porque gran parte de lo que fue el trayecto del ejército republicano está inundado por la represa del Río Negro, o sea que no se podría hoy en día hacer exactamente el mismo derrotero. Pero si fui a Bagé, fui al río Santa María, al Paso del Rosario, al campo de batalla de Ituzaingó, y recorrí toda esa zona del sur de Brasil que me formó en mi pensamiento la topografía que para mí es absolutamente esencial para hacer juicios y entender esto.


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SaM: ¿El campo de batalla tiene algún recordatorio o monumento?

EO: Si hay un recordatorio, un pequeño monumento donde supuestamente cayó ultimado el brigadier Abreu, que se encuentra en casi línea recta al flanco derecho de la posición que ocuparon las tropas argentinas. La autopista cruza por el costado del antiguo campo de batalla, la ruta es muy utilizada, es la que va desde Uruguayana a Porto Alegre.

SaM: ¿Cuál fue su intención al presentar esta obra?

EO: Lo mío fue estrictamente personal, no para juzgar a otros historiadores. Yo quise llegar a una conclusión firme sobre este tema, no me importa el resto de los historiadores que escribieron sobre este tema y para llegar a mi objetivo me di cuenta que debía manejar fuentes directas porque sino se genera mucha distorsión. Cuando uno empieza a leer se encuentra con muchas falsedades que se van repitiendo, muchas cosas que nadie cuestiona de tanto repetirlas. Siempre me queda grabada la expresión de Paul Groussac sobre la “aficion de nuestros historiadores a los datos de segunda y tercera mano.” Esta expresion, hecha hace cien años, sigue siendo válida.

SaM: ¿Por qué, en la guerra terrestre, el Imperio del Brasil estuvo siempre a la defensiva a pesar de contar con mayores recursos? No sólo nos referimos al inicio de la campaña de Alvear, dado que con su celeridad sorprendió a los brasileños, sino al resto de la guerra. A su juicio: ¿A qué se debe que los brasileños retrasaron el despliegue de su potencial militar en el conflicto?

EO: Yo creo que la pasividad es relativa, recordemos que la declaración de la guerra se produce a fines de 1825 ¿Por que el emperador se retrasó? Desconozco si fue una decisión del emperador sino quizás fue Lecor, un personaje de los más interesantes que vivieron y operaron políticamente en el Río de la Plata de aquellas épocas. Carlos Federico Lecor es una personalidad hasta poco conocida en el mismo Brasil. Para mí es una figura que de conocerse más sobre sus ideas y planes echaría mucha luz a todo lo que sucedió en el Río de la Plata a partir de 1816, que es cuando ingresa la División de Voluntarios Reales a la Banda Oriental. Digamos que desde esa época hasta 1826, Lecor juega un papel fundamental en todo esto.

Alvear lo conocía muy bien y tenía un enorme respeto por él, convengamos que Lecor había ascendido a su elevada graduación luego de foguearse con el ejército de Wellington en las guerras napoleónicas, es decir que era un hombre muy experimentado. Según Alvear, Federico Lecor valía veinte mil hombres en el campo de batalla. Era un rival muy respetable.

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Lecor por alguna razón se mantiene un poco pasivo en Río Grande y eso motivó que el emperador lo reemplazara por el Marqués de Barbacena. Yo considero que Lecor, en su momento tuvo algun plan que no era del todo favorable al Emperador y en esto hay que recordar el contexto político interno del Brasil, es decir, donde en 1821 un grupo de intelectuales y de hombres públicos de convicciones muy liberales que deseaban la independencia de Brasil utilizaron a Pedro I como instrumento para obtenerla. Pero Pedro I les da la mala sorpresa que una vez en el trono, a pesar que supuestamente él profesa ideas liberales, se revela tan o más absolutista que sus parientes europeos y Lecor, en especial, es un individuo que había tomado partido por Pedro I cuando se produce en Montevideo la división entre portugueses y brasileños. Vaya uno a saber si Lecor se había decepcionado, como otros, por la manera que el nuevo emperador se había manejado.

De hecho, existían sospechas en Río de Janeiro que Lecor mantenía alguna negociación paralela en vistas de formar algún estado independiente en el Sur de Brasil y la Banda Oriental. Son todas posibilidades que no se han estudiado lo suficiente… Bueno, de hecho uno de los comandantes del ejército imperial, Bento Goncalves Da Silva, posteriormente a la guerra de 1827, participó en la guerra farroupilha, que es el intento secesionista más importante de la historia del Brasil.

Resumiendo, les diría que yo pienso que no existió tanta pasividad, el teatro de la guerra era muy extenso, recordemos que estamos hablando de un territorio de casi cuatrocientos mil kilómetros cuadrados donde Brasil ocupaba ciertos puntos fortificados, pero el resto se hallaba prácticamente desierto y creo, en definitiva, que el imperio tampoco poseía una opinión demasiado positiva de la capacidad ofensiva de las Provincias Unidas. Además, el bloqueo naval brasileño, que comienza de inmediato, causa un efecto destructivo sobre Buenos Aires en forma muy acelerada. Hacia fines de 1826 la situación económica es acuciante debido al bloqueo, por esto yo les diría que no existió tanto retraso. Indudablemente si el imperio, en el momento de declarar la guerra, hubiera comenzado las operaciones militares de inmediato seguramente su éxito era descontado, porque no nos encontrábamos en condiciones de absolutamente nada.

Pero en sí, Lecor quizás se encontraba a la espera de algo y tenía algún plan propio, recordemos que él casi había reinado sobre Montevideo durante ocho años y se hallaba muy acostumbrado al uso y manejo del poder. Era un hombre maquiavélico, hábil, inteligente y experimentado. ¿Cuáles serían sus planes?… Pero en septiembre de 1826 el Marques de Barbacena lo reemplaza y este comandante en jefe a principios de diciembre se halla en camino a Santa Ana Do Livramento.

SaM: ¿Cómo es nuestra situación al comienzo del estado de guerra?

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EO: Sin duda desastrosa, fíjense, y por eso la pregunta es interesante… Las operaciones militares ejecutadas en la primera mitad de 1826, entre ellas el asalto de Lavalleja a Colonia y la expedición de reconocimiento del Coronel Paz, fueron desastrosas. Es importante entender lo que logra hacer Alvear en un lapso de tres meses. El estado del ejército nacional en agosto de 1826, cuando él se hace cargo, es de una disolución terminal y galopante, con un Fructuoso Rivera y sus secuaces armando problemas y Lavalleja peleado con Rivera. Digamos que con todas estas “tranzas” si en ese momento hacían su presencia las divisiones imperiales la derrota hubiese sido total.

Entonces, Alvear se hace cargo a partir de agosto de 1826 y comienza su campaña tres meses más tarde. Esto fue verdaderamente notable, porque en escaso tiempo remontar un ejército y ponerlo en pie de guerra e iniciar una extensa incursión ante un enemigo más poderoso es un mérito que posee Alvear, que incluso hasta Iriarte se lo reconoce y otros muchos historiadores.

En ese sentido, hay gente que expresa que el mérito fue del General Soler porque era el jefe de estado mayor. Nuevamente entra la asimetría en el análisis. Cuando el ejército hace algo bien los críticos de Alvear dicen: “No. No fue mérito de Alvear, sino de alguno de sus subordinados”, pero cuando el ejército hacía algo mal la culpa era directamente de Alvear. Estas asimetrías son muy extrañas…

SaM: Parte de la oficialidad causó numerosos problemas a Carlos María de Alvear, al punto de minar su autoridad como por ejemplo las actitudes de Lavalleja, Pacheco y Juan Lavalle. ¿Qué papel jugo Alvear en la conformación de la oficialidad? ¿Se le puede achacar una dosis de incapacidad para imponer su autoridad en el ejercicio de su comando?

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EO: Es uno de los temas fundamentales que yo traté de comprender en mayor profundidad porque es cierto lo que ustedes dicen. ¿Hasta que punto no era culpa de Alvear que existiera esta discordia dentro del ejército? Por otra parte luego de haber leído mucha historia militar de aquella época, uno se encuentra con la realidad que los “cortocircuitos” dentro de un ejército eran normales y que incluso el propio Napoleón se tuvo que enfrentar con situaciones de mucha tirantez. Digamos: cuanto más cerca está uno de una batalla, más criterio y más sentido común tiene que utilizar el general en jefe. Yo creo que Alvear llegó al ejército y demostró de manera rápida y enérgica que era un hombre que no iba aceptar rebeldes ni discordias y que iba a imponer el orden. Esto lo demuestra cabalmente con Rivera. ¿Que pasa entonces? Indudablemente existen dentro del ejército republicano tres facciones bien determinadas. Una, liderada por Lavalleja, el cual posee una ambición política propia que no es necesariamente consistente con los objetivos del gobierno nacional, pero Alvear lo precisa porque necesita de alguien que represente a los orientales, a pesar que dentro del grupo oriental se encuentran varios oficiales de alto rango como Garzón y Alegre que son totalmente favorables a Alvear, pero que no poseen la presencia o el peso local adecuado que tiene Lavalleja por haber estado ausentes de sus tierras al encontrarse participando en las campañas libertadoras de San Martín y Bolívar, y que obviamente les impide erigirse como caudillos o referentes políticos.

Entonces Alvear realiza una elección: o Rivera o Lavalleja, elige a este último y al otro lo persigue y lo combate. Quizás hubiera sido distinto si lo hubiese elegido a Rivera, pero no muy diferente a la postre porque eran dos personajes muy difíciles de tratar.

Entonces tenemos a Lavalleja con su agenda propia, que no es consistente con los objetivos del gobierno ni del ejército mismo. En definitiva lo que Lavalleja desea es disminuir y hacerle la vida imposible al ejército en lo que hace a los efectivos no orientales.

Otra de las facciones, seguramente la menos poderosa, es la conformada por algunos riveristas sin dirección ni guía con la expulsión de su líder que se encuentran como descolocados.

La tercera camarilla es la liderada por el Coronel Juan Lavalle, que es un personaje difícil, y así resultó para el propio San Martín… es un hombre con mucho coraje, pero quizás de una cabeza demasiado impulsiva…

SaM: ¿Se podría decir que Lavalle era una especie de Mariscal Ney?

EO: Comparar a Lavalle con Ney es reconocerle demasiado mérito, digamos que era un buen oficial de caballería, que poseía ínfulas de líder político y que cuando tuvo la oportunidad de serlo, se manejó muy mal. Fusiló a Dorrego y terminó entregando el gobierno a Rosas. Lavalle fue el principal conspirador en contra de Alvear en el ejército, por eso es el único que tiene más o menos peso, del resto: Brandsen es francés y Pacheco y Paz no tenían la capacidad ni el liderazgo que entonces poseía Lavalle.

SaM: Y bastante golpeado Brandsen por su condición de francés…

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EO: Miren, uno de las cosas que descubrí leyendo el diario de Brandsen fue que entendí el contexto con el que llega Alvear al ejército. Seis meses antes Alvear había estado en el Alto Perú con Bolívar y, de hecho, le había propuesto al libertador la creación de una república bolivariana. Eso se lo propuso en privado. Dorrego estaba con Alvear, en ese entonces era aliado a muerte de Alvear, y seis meses después se encuentran peleados a muerte porque Alvear acepta el nombramiento de Rivadavia. Estas son impresiones que uno se lleva cuando comienza a leer estas cosas, que a veces no se comprenden, pero hasta que punto los conceptos políticos que se le adjudican a Alvear con Bolívar llegaron a conocimiento del ejército distorsionados por la distancia; por el tiempo; por la mala información; por lo que sea… que el propio Brandsen dice que se le ha informado que Alvear es el “pacha” de Bolívar, a quien odia profundamente porque lo puso en la cárcel. En realidad la mayoría de los oficiales veteranos de Napoleón que sirvieron con él lo detestaban y lo consideraban como un hombre sin capacidad militar, un ejemplo de lo expuesto lo podemos encontrar en las memorias de Maurice Persat.

Pero de todas maneras, Alvear llega al ejército y lo irónico es que Brandsen cree que Alvear es el títere de Bolívar, mientras que por otro lado el Dean Funes, agente de Bolívar en las Provincias Unidas, que le escribe al Libertador que este Alvear tiene proyectos que no son acordes con los suyos, y Dorrego dice lo mismo… entonces Alvear no es una persona confiable. Por eso Alvear se encuentra en una situación muy difícil.

Recordemos que cuando Alvear va a reunirse con Bolívar en Potosí, Rivadavia vuelve de Inglaterra y aprovecha para forzar la elección de presidente en el Congreso, que finalmente resulta elegido. Es decir que Rivadavia le realiza una “chicana” a Alvear y lo deja descolocado. Entonces cuando él vuelve a Buenos Aires, Rivadavia, muy hábil por cierto, logra atraerlo para su redil porque sino de afuera le iba a hacer la vida imposible y Alvear se da cuenta de la situación, y cuando Rivadavia le ofrece el Ministerio de Guerra, acepta un poco a regañadientes porque se da cuenta que le ganaron de mano por haber estado alejado de los centros de decisión. Por otra parte, que una vez elegido un presidente y ante la inminencia de una guerra no puede hacer lo que comenzó a hacer Dorrego.

SaM: ¿Cómo era la relación entre Rivadavia y Alvear?

EO: Era una relación muy curiosa y que no ha sido suficientemente estudiada. Rivadavia fue el que en 1812 dijo que Alvear era un “militarcito peligroso.” Pero luego se aliaron y en términos generales compartían ideas muy similares: de liberalismo y republicanismo. Pero en 1825 Rivadavia tenía su ambición y su propia agenda política y consideraba a Alvear como un rival de cuidado.

Es decir, Alvear vuelve a Buenos Aires un poco descolocado: los bolivarianos lo consideran un traidor; Rivadavia lo ve como un rival peligroso y las provincias lo consideran como un aliado de Rivadavia. Para cuando Alvear llega al ejército se encuentra con todas estas facciones diferentes mas la interna entre Rivera y Lavalleja.

Igualmente lo que halla Alvear no es muy distinto que lo que podía encontrarse la mayoría de los generales cuando se hacían cargo de un ejército, en este caso potenciado, porque cuando se encontraba en juego la independencia de la Banda Oriental y la creación de un país nuevo, digamos que… una figura con la personalidad de Lavalleja tiene la capacidad de hacer mucho más daño que en otras circunstancias.

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Si la integridad territorial de las Provincias Unidas hubiera estado fuera de duda, no hubiera existido tanto problema con Lavalleja, pero éste sabía perfectamente lo que se encontraba en juego. Recordemos que Lord Ponsomby estaba en contacto estrecho con Pedro Trápani, que era un oriental que residía en Buenos Aires, y que había sido en su momento socio comercial del ex cónsul inglés en Buenos Aires: Robert Staples y que a su vez era primo de Lord Ponsomby. Es decir, Trápani recibía toda la información que le comentaba Ponsomby y la comunicaba a Lavalleja, quien sabía cosas que Alvear sólo sospechaba. El tema de la independencia de la Banda Oriental ya se había planteado como una solución en la creación de una liga hanseática, y esto lo sabía perfectamente Lavalleja, que es una situación más que inusual en el ejército, es decir: en tener un segmento del mismo que se encuentra potencialmente en vías de separación.

Volviendo a la cuestión de la discordia en el ejército, pienso: ¿Fue falla de Alvear no haber logrado más concordia entre sus tropas? Es difícil para mí realizar un juicio… en varias ocasiones Alvear demuestra ser enérgico cuando las circunstancias así lo exigen y en otras ocasiones demuestra también ser conciliador, Brandsen, de alguna manera, lo reconoce, pero Pacheco con su historia de la “niña bonita” en Bagé, y tener que lidiar con ese tipo de situaciones es un poco como una escenario de eterno “conventillo”.

Es decir, son hombres bravos y valientes, pero muy individualistas y encima en un ejército nuevo, sumado a los intereses políticos ejerciendo presión. A mi juicio, Alvear hizo lo que razonablemente podía hacer. Quizás podría haberlo echado a Lavalleja de las filas del ejército, mandarlo a Buenos Aires, pero hasta que punto esa determinación dañaba la capacidad ofensiva de la expedición militar. Alvear no podía darse el lujo de prescindir de mil ochocientos o dos mil efectivos de caballería, los cuales ejercían tareas de avanzada, reconocimiento y distracción, elementales y funcionales a la estrategia militar de Alvear para la campaña.

Pero a uno le basta observar los comunicados entre los dos comandantes y Lavalleja ¡hace lo que le da la gana! Creo que dadas las circunstancias, Alvear demostró ser un buen general, pero este es uno de los temas claves y esto es un simple juicio de valor, seguramente habrá alguien que piense diferente.

SaM: ¿Cómo evalúa el desempeño de las tropas, tanto del lado argentino como del brasileño? ¿Existió profesionalidad en ambos bandos?

EO: Considero que el desempeño general de ambos ejércitos fue bueno, en el lado brasileño recordemos y también tengamos en cuenta que Barbacena se encontraba con problemas muy similares a los que poseía Alvear, en las divisiones imperiales se hallaban los riograndenses; los extranjeros, es indudable que existía una trama de cosas que le complicaban su situación de mando.

Ahora, si nos atenemos a lo que fue la batalla de Ituzaingó, yo creo que los dos ejércitos se comportaron correcta y profesionalmente. Hubo una sorpresa y planteos tácticos completamente diferentes. Pero al final, como en todo enfrentamiento bélico, existe un vencedor y un derrotado, esto es claro, pero esto se genera por una cuota de suerte y también por las buenas y acertadas decisiones. Considero que Ituzaingó estaba configurada “a priori” para que Alvear la perdiera: territorio enemigo; ejército exhausto y dividido; inferioridad de infantería y retirada prácticamente imposible. Alvear estaba para perder, la ganó, eso es lo notable.

SaM: Usted nombró como uno de los puntos críticos del ejército republicano la inferioridad de la infantería. ¿A que se debió esta falencia?

EO: Tengamos en cuenta que la infantería de aquellas épocas por su forma de operar tácticamente era un arma que requería de mucho entrenamiento e instrucción. Entonces, para formar un soldado era más práctico entrenarlo en el arma de caballería porque la población era de mayoría a caballo y en el aprendizaje de las evoluciones y movimientos eran más rápidos que formar a un infante que se le debía enseñar a portar, cargar y disparar un fusil, formar y marchar en diferentes formaciones compactas, etc.

La infantería funcionaba con un sistema táctico muy preciso porque sino perdía efectividad, el concepto de la infantería ligera o los cazadores, en ese entonces en Sudamérica se estaba desarrollando y con el agravante que en esta campaña se iba a enfrentar a una infantería absolutamente profesional, de la mejor del continente. Recordemos que a pesar que el Ejército de los Andes poseía una infantería entrenada, esta eventualmente se disolvió en el Peru al integrarse con el ejército de Bolivar. Resulta absurdo afirmar como lo hacen algunos historiadores brasileños que esa máquina militar que derrotó a los realistas en Chile y Perú, posteriormente regresó al país y combatió en Brasil. No fue este el caso. Muchos soldados y oficiales volvieron pero otros lo hicieron recién al finalizar la guerra, como el caso del Coronel Isidoro Suárez.

El objetivo de Alvear era contar con 3.600 hombres de infanteria. Mientras estuvo en la cartera de guerra, trató de reclutar más tropas, pero la deserción fue fenomenal y al final sólo pudo conseguir la mitad.

De todas maneras en opinión de Alvear la base del ejército debía por fuerza ser la caballeria apoyada por infantería ligera y artillería volante.

SaM: Igualmente, esto ya lucía como un mal endémico en la estructura militar del Río de la Plata. El Coronel Juan Beverina cita en su obra sobre los cuerpos militares del Virreinato del Río de la Plata la idea de los primeros virreyes de crear unidades de infantería montada, es decir “ dragones”, para paliar el problema de la infantería en su configuración tradicional…

EO: Bueno, esa es una propuesta de Alvear en su momento. Siendo ministro de guerra explica y justifica en una sesión del congreso porque el ejército va a ser o tiene que ser preponderantemente de caballería, él lo que tiene en mente es un ejército de dragones.

Pero en definitiva existían cuatro batallones de infantería que sumaban mil seiscientos a mil ochocientos hombres como máximo y era una cifra absolutamente insuficiente para lograr ciertos objetivos, pero no los que deseaba alcanzar Alvear los cuales eran realizar una incursión rápida sobre territorio enemigo, lograr la posesión de la ciudad de Río Grande para luego forzar una negociación. Es decir, debemos entender cual era el objetivo básico militar de esta campaña: incursión, no invasión, contando en la velocidad del ejército.

El problema se presenta cuando esta infantería se enfrenta en una batalla campal, su par imperial se encontraba muy bien adiestrada y demostró en el campo de batalla su calidad.

Pero hilando un poco más fino dentro del desarrollo de la batalla de Ituzaingó, se puede observar que el principal problema que debió enfrentar Alvear no fue la carencia de infantería, sino las desobediencias de ciertos oficiales, entre los cuales Lavalleja y Paz figuran como destacados. Con respecto a la artillería al mando de Iriarte y Chilavert y gran parte de la caballería tuvieron una actuación muy buena a mi juicio.

Como dijo alguien fue la “batalla de las desobediencias”, las mismas no fueron las que llevaron al ejercito a la victoria, sino las que complicaron y pusieron en peligro este resultado.

SaM: Otro de los puntos álgidos sobre la campaña que desembocó en Ituzaingó es la cuestión referida a ¿Por qué el ejército republicano, luego de ganar la batalla, no persiguió lo suficiente a las tropas imperiales cuando estas se retiraban del teatro de operaciones?

EO: Este es un tema que lo trato in extenso en el libro porque resulta un foco de atención y polémica muy importante. En mi libro yo traté de responder a los principales cuestionamientos que se le hicieron a Alvear y éste, indudablemente, es de los primordiales. Uno puede discutir eternamente esta cuestión: ¿cuál era la realidad? La misma era inescapable, porque el ejército se encontraba en territorio enemigo, sin caballos frescos y con cabalgaduras no entrenadas, sin herraduras y con el riesgo de ser absolutamente aniquilado. Si ese ejército era destruido, no existía otro cuerpo u otra agrupación militar para proseguir la campaña.

Yo considero que la decisión de Alvear fue prudente en las circunstancias imperantes, también así lo consideran Baldrich y Beverina. Obviamente los críticos de Alvear se aferran a esta decisión como sí hubiera, en las condiciones operativas en que se hallaba el ejército republicano llegar hasta Río de Janeiro, lo cual es un disparate.

Esto es bueno aclararlo, porque en si hay mucha gente que no entiende la operativa de la caballería, la gente no se da cuenta lo que significa andar por un territorio con seis mil caballos, y hay que comprender como se comporta un caballo: consume pasto, necesita agua, etc. En Europa, realmente los caballos eran alimentados a grano, eran caballos pesados, en cambio nuestra caballería siempre era mantenida a pasto natural, es decir que una vez que se consume ese recurso natural hasta que vuelva a crecer…, y estamos hablando de cinco o seis mil caballos, más el ganado que lleva el ejército para alimentar a la tropa.

Aquí no solo marcha un ejército con sus hombres, sino acompañado de los vivandieres y todo el conglomerado de animales al servicio del ejército que por supuesto hay que alimentar, es por eso que por el lugar donde pasan las columnas quedaba todo talado y desierto, el ejército vuelve y no encuentra nada para comer y siendo un cuerpo armado eminentemente de caballería el problema era aún más grave. Imagínense que esto es como un ejército moderno compuesto por tanques y material rodante donde los mismos se quedan sin combustible.

Sobre si podría haberse perseguido a los imperiales llevando los caballos de las riendas, como dijo Paz, es un total disparate, porque en ese momento cae un contragolpe y no existe más la caballería republicana.

Entonces, considero que probablemente Alvear subestimó como se retiraban los brasileños y con la rapidez y calidad con que lo realizaron de Ituzaingó, o sea, que ellos percibieron que su derrota era más seria de la apreciación que tuvo Alvear, quien dentro del campo de batalla divisaba que los cuadros de infantería se hallaban intactos, obviamente los vio abandonar el campo pero no porque estaban diezmados, abandonaron el lugar en orden y la retirada se prosiguió a una velocidad increíble, y si se observa el ritmo de marcha que tuvieron, indudablemente Alvear no estimó que los brasileños se iban a retirar tan lejos y tan rápido.

SaM ¿Estas tropas donde establecen el nuevo frente una vez que se retiran de Ituzaingó?

EO: Se retiran detrás del arroyo Cacequí. Se establecen allí la primera noche y posteriormente prosiguen su retirada hacia el norte del Yacui.

SaM: ¿Quizás Barbacena y Brown, poseían la intención de continuar retirándose en la seguridad que Alvear no los iba a perseguir?

EO: Quizás la estrategia de ellos era justamente algo muy similar a lo que realizó el Mariscal Kutusov en la campaña rusa, es decir, atraer a Napoleón a lo profundo del territorio. Si Alvear se metía más adentro de Brasil, cada vez iba a estar peor: más lejos de su base; sin aprovisionamiento, etc. Quizás fue una idea de los comandantes imperiales, justamente darle el anzuelo para que siguiera, porque digamos que la capacidad ofensiva de las fuerzas imperiales se hallaba intacta. Tengamos en cuenta que recuperó, después del enfrentamiento, casi todas las piezas de artillería del campo, en parte por culpa de Lavalleja, es decir, el ejército brasilero poseía gran parte de su fuerza en perfectas condiciones para proseguir la campaña.

Además, hay que observar como sigue esto, porque Alvear piensa que ésta no será la última batalla del conflicto, él espera que le envíen refuerzos, por eso le escribe desesperadamente a los gobernadores de Corrientes y Entre Ríos para que le remitan hombres y nadie le manda absolutamente nada.

SaM: Algo que nos sorprendió de sobremanera en otras charlas informales que hemos mantenido, en las cuales Ud. expresaba que la intención política era que este ejército gradualmente fuera desapareciendo…

EO: Correcto. La intención desde el gobierno después de Ituzaingó era que el ejército desapareciera porque las esperanzas de Rivadavia estaban puestas claramente en la negociación con Ponsomby, en la mediación diplomática y en una solución pacífica a través de la intervención inglesa. Si uno contempla la correspondencia entre Agüero, que era ministro de Rivadavia, y Alvear, él mismo se opone a la mediación inglesa y Agüero trata de razonar pero Alvear siempre se mantuvo en oposición de esta operación diplomática y bajo los términos que se realizaba esta mediación, que se produce a espaldas de Alvear, puesto que no se halla informado ni de la misión de García a Río de Janeiro, que obviamente tiene consecuencias nefastas para todo el esfuerzo bélico que se ha montado.

Es decir, al final la intención era que el ejército agotara su capacidad operativa porque se creía que un ejército victorioso, disciplinado y en manos de un general como Alvear era demasiado peligroso. Eso lo tenía asumido Rivadavia por un lado y los caudillos provinciales por el otro.

A nadie le convenía un personaje como Alvear, que era un líder de partido, que poseía su facción y su apoyo. Si Alvear hubiese sido tan ambicioso, al otro día de Ituzaingó se hubiera montado al primer caballo que se encontraba y se venía para Buenos Aires a reclamar el poder. Esto, por supuesto, no lo hizo y se quedó en Brasil tratando de continuar con la campaña.

Pero desde Buenos Aires no le prestaron ninguna ayuda, los únicos refuerzos que le mandaron fue una expedición al mando del Coronel Isaac Thompson que se quedó a mitad de camino y con órdenes de no continuar.

Esteban McLaren
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Re: Guerra contra el Imperio del Brasil, 1827

Mensaje por Esteban McLaren el Jue Dic 12, 2013 8:19 am

SaM: Con lo que Ud. expresó en la anterior respuesta. Alvear se encontraba en las antípodas de la mediación inglesa. ¿Esto rompe un poco con el famoso mito histórico sobre la anglofilia de Alvear?
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EO: Miren, esto yo lo traté en un artículo que publiqué en “Todo es Historia”. Si alguien se toma el trabajo de repasar la trayectoria política de Alvear y observa un solo episodio: como fue la carta a Lord Strangford y a Lord Castleragh, solicitando el resguardo del protectorado británico y saca eso fuera de contexto y lo extrapola, a mi modo de ver, es incorrecto.

Porque, como expresaba el cónsul norteamericano en Buenos Aires, Alvear no poseía simpatía alguna por los ingleses a nivel personal, porque justamente eran ellos los que habían asesinado a su madre y sus hermanos. A esta altura esto es un tema menor pero miren lo que son las cosas, cuando regresa a Buenos Aires, siendo oficial del regimiento de Granaderos a Caballo no duda en moler a palos a varios ingleses en una riña callejera por cuestiones de honor.

Otro dato importante es la creación de la escuadra naval en 1814, la misma es una medida que para nada favorece a los ingleses, todo lo contrario, el Comodoro Bowles se opone fuertemente y trata de destruir este proyecto.

Tampoco es favorable para los ingleses la protección que le brinda Alvear a José Miguel Carrera a principios de 1815 cuando era Director Supremo, siendo Carrera percibido por los ingleses como esencialmente un hombre aliado a los Estados Unidos, país con el que en ese momento mantenían un conflicto armado.

Es José Miguel Carrera quien va a decir a Alvear que desea armar una expedición para ir a Chile y combatir a los españoles y Alvear le contesta afirmativamente. Esto es a principios de 1815 y cuando Alvear, a raíz de la Rebelión de Fontezuelas, se le presenta la situación que el Cabildo lo separa del cargo este proyecto queda trunco. Según la historia es Artigas el que consigue la defenestración de Alvear, pero en realidad es el Cabildo el responsable porque Artigas no poseía capacidad ofensiva contra Buenos Aires y esto lo afirma directamente el Comodoro Bowles, no soy yo quien lo dice.

Recordemos, por otra parte, que el presidente del Cabildo en ese entonces era Francisco Antonio de Escalada que prepara un cadalso para ajusticiarlo a Alvear….

Según relata el propio Carrera a Joel Robert Poinsett, que era el antiguo cónsul norteamericano en Chile y amigo íntimo de Carrera, cuando el Cabildo viene a negociar para sacarlo a Alvear del poder, él propone dejar el mando político y ponerse al frente de un ejército de cuatro mil hombres y marchar juntamente con Carrera a Chile. El Cabildo le niega el pedido. Carrera en su epístola a Poinsett no tiene ninguna razón para mentir. Esa idea de ir en marzo o abril de 1815 a combatir a Chile es totalmente contraria a los intereses ingleses.

¿Cómo se explica que Alvear toma una posición antitética a los intereses ingleses en 1814 como es la toma de Montevideo; como es la creación de la escuadra naval; como es el apoyo a Carrera y entre medio sale éste tema de las cartas a los lores? Digamos pues que lamentablemente nunca vamos a poder saber la verdadera razón por la cual envía estas cartas, si fue para ser mostradas al gobierno portugués para que ellos no prestaran ayuda a la expedición punitiva española que se aprestaba a venir al plata; si era para de alguna forma ver si Inglaterra le “frenaba el caballo” a Fernando VII, no sabemos si la intención era seria o una maniobra maquiavélica. Por otra parte, Alvear le dice a principios de 1816 a San Martín en una carta que le envía desde Río de Janeiro: de Inglaterra no podemos esperar nada, porque esta aliada con el sistema colonial y apoya a España, obviamente Alvear le expresa esto a San Martín, mientras que San Martín de ahí para adelante lo que intenta hacer en conseguir la intervención inglesa.

SaM: Existe evidentemente un choque ideológico entre ellos, más allá que hayan sido “hermanos” de logia… Pero entrando un poco en este tema. ¿Cuál era la relación entre Alvear y San Martín dentro de las logias en que participaron?

EO: Sin duda que lo había, si uno ve las memorias de Matías Zapiola, cuando ya era muy anciano, le contestó un formulario a Bartolomé Mitre sobre la Logia Lautaro y acerca de los Caballeros Racionales en la que expresaba que él y San Martín fueron ascendidos al quinto grado recién en Londres. Es muy importante esto, porque la logia poseía cinco grados y el presidente de la logia era Alvear, no era una presidencia compartida. Aquí existía un venerable. Es decir, cuando San Martín se encontraba en Cádiz, no manejaba la logia, la manejaban Alvear y los hermanos del quinto grado. Alvear siguió liderando la logia en Buenos Aires hasta su caída en 1815. Sin embargo, historiadores como Pacho O’Donnell afirman que compartía este rol con San Martín, lo cual es falso.

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San Martín ingresó a la logia mucho después que Alvear, esto es importante porque si recién se incorporó al quinto grado en Londres, eso significa que lo hizo a partir de septiembre de 1811 y él había llegado a Cádiz a principios del mismo año. Con San Martín hay otra asimetría, acá se lo demoniza a Alvear por haber remitido estas cartas a los ingleses y por otra parte no se dice nada de las proposiciones que le hace San Martín al Comodoro Bowles y al Consul Staples, y esto consta en los archivos ingleses, para poner un príncipe inglés en Chile y además entregar la isla de Chiloe a los británicos. Es otra de las tantas asimetrías en la relación Alvear – San Martín

SaM: Sin duda a Alvear, como a todos los personajes de su tiempo, le tocó trajinar por épocas muy complejas y confusas…

EO: Indudablemente en esta época de la revolución existía mucha incertidumbre, además, y especialmente a raíz de la caída de Napoleón, que abdica al trono en abril de 1814, las noticias llegaban con tres meses de retraso, y la misma cae cuando Alvear ya se apoderó de Montevideo y encima luego de que se conociera la novedad que Fernando VII se encontraba ocupando el trono de España, es decir que si Alvear deseaba negociar con España, como en un momento se lo acusó, obviamente no se hubiera enemistado con Vigodet.

La caída de Napoleón dejó al proceso revolucionario americano sin su principal “sponsor” internacional. Recordemos que él único país que apoyó la independencia de las colonias españolas a partir de 1809 fue Francia, y cuando el régimen napoleónico cae el otro apoyo eran los Estados Unidos, pero los norteamericanos poco a poco se comienzan a desentender de la cuestión porque tienen otras agendas mucho más importantes y urgentes que resolver con Inglaterra. Para colmo de males, en Buenos Aires pendía la amenaza de la invasión de Morillo, quien con quince mil hombres partía desde España para restaurar el anterior orden.

Pensemos también que todavía en la urbe existía una facción importante de pro españoles y eso lo reportaban los agentes ingleses en la ciudad: que existía mucho miedo y que muchos corrían el riesgo de perder la cabeza. Indudablemente existe un período entre 1814 y 1815 donde cunde el pánico por esta región, pero, posteriormente las cuestiones comenzaron a equilibrarse y se llegó a cimentar una base militar para dar cara a los realistas.

SaM: ¿Considera Usted que con el trabajo que ha realizado, esta profunda y seria investigación sobre hechos olvidados de nuestra historia, se puede abrir una tercera vía de comprensión, ubicada entre la “historia oficial” y el “revisionismo histórico” para entender un poco mejor nuestra historia?

EO: Hay que distinguir los períodos. En lo que hace a la historia de la independencia creo que hay un deficit importante. El dogma es tan sólido que los historiadores serios no se atreven a cuestionarlo y prefieren ocuparse de otros periodos. Yo creo que es necesario reevaluar muchos episodios de la historia de la independencia argentina a la luz de lo que dicen los archivos de Inglaterra, Estados Unidos, Francia y España, que raramente han sido consultados por nuestros historiadores. Esto produce un sesgo importante. Si dentro de cien años yo fuera a estudiar el conflicto actual en Irak cometería un grave error si buscara la respuesta en Bagdad y no en Washington. Lo mismo sucede con la independencia de America. Estas colonias no tenian entidad politica propia sino que eran piezas de un tablero de ajedrez controlado en Paris y Londres.

Es natural que nos enfoquemos en nuestros personajes pero hay que entender mejor el entorno internacional para evitar simplificaciones absurdas. La insistencia por crear mitos con cualidades sobrehumanas tampoco nos permite llegar a la verdad. Me refiero especificamente a la figura de San Martin, que se ha convertido en un personaje mitico, casi religioso, “el santo de la Espada”. Si San Martin tuviera las cualidades que se le atribuyen seria un desastre porque nunca hubo ni pudo haber en este país otro personaje comparable. Y de esa manera no se reconoce cabalmente a hombres que contribuyeron mucho a la formacion del pais.

Alvear que vivió catorce años en Estados Unidos decía que una de las grandes virtudes de los norteamericanos era celebrar a sus hombres publicos, aunque no fueran perfectos, ya que asi se creaba un ejemplo civico y se desalentaba a los mediocres y a los corruptos. En Argentina no ocurría ni ocurre eso. A todos se los descalificaba en comparacion con un estandar totalmente irrealista. Como decía Alvear “la mediocridad nunca quiere reconocer nada superior a ella.”

En los Estados Unidos existe el concepto de los “padres fundadores” mientras que aquí insistimos con el “padre de la patria” como si nadie mas hubiera tenido una función en dar a luz a esta Republica, lo cual obviamente es una distorsion grosera de la realidad.

Hay que humanizar a San Martín, traerlo de vuelta a la realidad con todas sus virtudes y todas sus falencias.

También hay que terminar con la proyección del pasado en la situación política actual. Entre otras cosas, y mal que le cueste a los nacionalistas y a los izquierdistas, hay que entender que San Martin fue un monárquico y anglófilo, un verdadero “tory” para usar el término inglés. Sin entender esto no se puede comprender su actuación política en el Río de la Plata. La ironía es que San Martín fue el verdadero anglófilo de la revolución, papel que se ha asignado tradicionalmente a Alvear lo cual es una distorsión completa de la realidad. Pero O’Donnell que nunca en su vida visitó o estudió los archivos ingleses sigue repitiendo esta falsedad como si fuera cierta. Pero la cuestión va mucho más allá. La obsesión de nuestros historiadores por San Martín ha resultado en una falta de investigación de temas muy interesantes. Alvear es un de ellos.


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Nota Aclaratoria: Las fotografías realizadas en el campo de Ituzaingó son de autoría y propiedad del mismo Emilio Ocampo quien amablemente nos facilitó su publicación.

FUENTE

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Re: Guerra contra el Imperio del Brasil, 1827

Mensaje por Esteban McLaren el Jue Dic 12, 2013 8:19 am

Guerra del Brasil
Wikipedia

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Batalla de Juncal

Fecha 25 de octubre de 1825- 28 de agosto de 1828
Causas Anexión por Portugal/Brasil de la Provincia Oriental, posterior liberación de dicha provincia por los Treinta y Tres Orientales y su reunión a las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Lugares de combate La Banda Oriental (actual Uruguay), Río de la Plata, Río Grande del Sur (sur de Brasil), Carmen de Patagones (sur de la Provincia de Buenos Aires).
Descripción: Disputa territorial entre el Imperio del Brasil y las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Resultado
Victoria de las Provincias Unidas, posteriormente estancamiento militar.
Creación de Uruguay.

Beligerantes
Provincias Unidas del Río de la Plata
Comandantes
-Bernardino Rivadavia
-Guillermo Brown
-Carlos María de Alvear
-Juan Antonio Lavalleja

Imperio del Brasil
Comandantes
-Pedro I de Brasil
-Rodrigo Pinto Guedes
-Marques de Barbacena

Fuerzas en combate
-Ejército de las Provincias Unidas del Río de la Plata
-Marina de las Provincias Unidas del Río de la Plata
-Ejército Imperial del Brasil
-Armada Imperial del Brasil

La Guerra del Brasil, o Guerra Argentino-Brasileña o Guerra rioplatense-brasilera (en portugués Guerra da Cisplatina) fue un conflicto armado que tuvo lugar en la década de 1820 entre las Provincias Unidas del Río de la Plata, que recientemente se habían emancipado de España, y el Imperio del Brasil, por la posesión de los territorios que corresponden a la actual República Oriental del Uruguay y parte del actual estado brasileño de Río Grande del Sur.
En 1816, numerosas y bien pertrechadas fuerzas del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve comenzaron la invasión lusobrasileña de la Provincia Oriental y de la casi totalidad de Misiones, así como practicaban incursiones en las provincias de Corrientes y Entre Ríos.
En 1821 la entonces llamada Provincia Oriental del Río de la Plata, anteriormente Banda Oriental y actual Uruguay, tras ser derrotado José Gervasio de Artigas el año anterior en la Batalla de Tacuarembó, fue anexada al Brasil por Portugal con el nombre de Provincia Cisplatina.
Cinco años después, en 1825, y con el apoyo del gobierno argentino, un grupo de orientales y de otras provincias, llamados los Treinta y Tres Orientales y liderados por Juan Antonio Lavalleja, ingresó en la Provincia Oriental para desalojar a los ocupantes brasileños. A ellos se sumó oportunamente (tras haber servido a los brasileros) Fructuoso Rivera y en pocos meses logran retirar al ejército brasilero. El 25 de agosto de 1825, en el Congreso de Florida, se declaró la independencia del territorio oriental, y su voluntad de formar parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata (actual Argentina).
Pese a que al comienzo las fuerzas imperiales eran mayores a las rioplatenses, las Provincias Unidas lograron derrotar a Brasil luego de una lucha de tres años por tierra y mar; la batalla decisiva fue la de Ituzaingó. Sin embargo, los problemas económicos provocados por el bloqueo de la Armada de Brasil al puerto de Buenos Aires obligaron a aceptar reclamos brasileños por lo que finalmente, Bernardino Rivadavia envió al ministro Manuel José García a gestionar la paz. García firmó un tratado que luego sería conocido como el “tratado deshonroso”, ya que reconocía la soberanía del Imperio sobre la Provincia Oriental y se comprometía a pagarle a Brasil una indemnización de guerra. El presidente Rivadavia rechazó el convenio y posteriormente presentaría su renuncia.

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Bernardino Rivadavia

El conflicto continuó hasta el 28 de agosto de 1828, cuando durante el gobierno de Manuel Dorrego se llegó a una Convención Preliminar de Paz, donde se disponía la independencia de la Provincia Oriental y el cese de las hostilidades.

Antecedentes

España y Portugal en la Cuenca del Plata
En 1594, poco después del Descubrimiento de América, el Tratado de Tordesillas fijó los límites entre los dominios de España y Portugal en América del Sur a lo largo de una línea que, en la práctica, resultó muy difícil de determinar, aunque distintos autores coincidieron en fijarla alrededor del meridiano 46º O.1 Por ello las fundaciones portuguesas en la costa del Brasil se extendieron hasta São Vicente.2 En la práctica, la colonización portuguesa del Brasil nunca respetó totalmente ese límite, y en el interior la colonización se extendió mucho más al oeste, sobre todo en la región de São Paulo y continuando a partir de la década de 1540 hacia el sur, llegando hasta la localidad de Laguna.
Desde principios del siglo XVII, los colonizadores portugueses y consideraron como su límite natural al Río de la Plata. En fecha tan temprana como el año 1631 ya existía cartografía que consideraba que la margen izquierda de este río era de soberanía portuguesa.3 En 1580, aprovechando la ausencia de colonización española en la región, el Maestre de Campo Manuel de Lobo fundó la Colonia del Sacramento en la costa norte del Río de la Plata, fijando la pretensión de Portugal de extender su dominio hasta aquella región. Si bien fue inmediatamente expulsado por fuerzas españolas provenientes de Buenos Aires, la corona española prefirió conservar la paz con Portugal y devolver la Colonia a la misma. Durante casi un siglo, la Colonia fue varias veces capturada por fuerzas españolas y otras tantas, rápidamente devuelta a Portugal.4
Un nuevo intento de colonización portuguesa fue frenado por la fundación de la ciudad de Montevideo en 1724. 5 A ello respondieron los portugueses con la ocupación de la actual Río Grande del Sur en 1737.6
En 1750, el Tratado de Madrid anuló la Línea de Tordesillas y fijó un nuevo límite entre las colonias portuguesas y españolas en América del Sur, adjudicándole a Portugal las Misiones Orientales a cambio de la posesión de Colonia; el Tratado trajo serios conflictos en la región y terminó por ser modificado por el Tratado de San Ildefonso, de 1777, que definía claramente los límites entre el Brasil y el recientemente creado Virreinato del Río de la Plata.7 Los virreyes del Río de la Plata se esforzaron en fundar pueblos en lo que ya se llamaba la Banda Oriental a partir de esa fecha, para asegurarse la soberanía efectiva de España sobre ese territorio.8 La ciudad de Montevideo fue amurallada y contaba también con una fuerte guarnición militar.
Los dos tratados parecían dejar en claro que ambas potencias aceptaban la ocupación de territorio como fuente para reclamar la soberanía,9 pero las recurrentes guerras entre Portugal y España causaban la inestabilidad de los límites, y ningún tratado logró estabilizarlos: durante la Guerra de las Naranjas, en 1801, tropas portuguesas ocuparon las Misiones Orientales, sin que las fuerzas de Buenos Aires pudieran hacer nada para impedirlo o recuperarlas. 7

Ocupación portuguesa
Desde que en 1808, a raíz de las guerras napoleónicas, la casa real portuguesa se instaló en Río de Janeiro, las pretensiones portuguesas sobre la Banda Oriental – e incluso, a través del proyecto carlotista, sobre todo el Virreinato del Río de la Plata10 – fueron en aumento.
El estallido de la Revolución de Mayo y la Revolución Oriental, y las Expediciones Libertadoras de la Banda Oriental dieron nuevo impuso a esas pretensiones, sobre todo cuando el último virrey, Francisco Javier de Elío, solicitó la intervención portuguesa en defensa de su dominio en la Banda Oriental. Ese pedido causó la invasión portuguesa de 1811, que duró hasta fines de 1812. 11
Con la ruptura entre el caudillo federal José Artigas y el gobierno bonaerense, la situación en la Banda Oriental se destacó por la inestabilidad política y social. La victoria de Artigas, que a principios de 1815 ocupó Montevideo y todo el resto de la Banda Oriental, permitió ciertos avances democráticos y en el reparto de tierras entre los gauchos pobres.12 Este avance democrático fue visto como una amenaza por el rey de Portugal, Juan VI, que – aprovechando la debilidad de la Provincia Oriental, que no podía contar con apoyo del gobierno central – planeó la invasión de la Banda Oriental. Además fue impulsado a ello por los españoles exiliados de Montevideo cuando esta ciudad había caído en manos de los independentistas, y de los partidarios de distintos bandos de la misma ciudad, enemistados con Artigas.13
Portugal ambicionaba la Banda Oriental por dos razones principales: en primer lugar, si el Río de la Plata se transformaba en un río limítrofe, la navegación por el mismo sería libre para ambas naciones, lo cual le posibilitaría alcanzar la cuenca superior del río, en la cual estaba ubicada la mayor parte de la población alejada del mar del Imperio.14 La otra razón de las ambiciones portuguesas estaba relacionada con la riqueza rural, especialmente ganadera, de la Banda Oriental, cuyo ganado cimarrón podría ser una fuente barata de alimentación para la población brasileña, especialmente para sus esclavos. 15
Con la excusa de terminar con las fuerzas artiguistas, acusadas de atacar las estancias de los antiguos territorios españoles que Portugal ocupara en 1801 y que en 1816 fueran anexados al Brasil, la Invasión Luso-Brasileña se inició a mediados de 1816. A principios del año siguiente ya ocupaban Montevideo – ciudad que fue ocupada gracias a una capitulación con el cabildo – y varias otras plazas.16 La defensa del territorio fue dirigida por Artigas, el cual, aún cuando sufrió varias derrotas a manos de los invasores, logró sostenerse durante más de tres años en distintos puntos de la campaña.
Las desavenencias entre Artigas y varios de sus seguidores, que le exigían llegar a algún punto de arreglo con el gobierno de Buenos Aires, llevaron al abandono de éstos de las filas artiguistas.17 Finalmente, en enero de 1820, en la Batalla de Tacuarembó, Artigas fue definitivamente derrotado y expulsado del territorio, al que ya no volvería.16
El último resto de sus seguidores, acaudillado por Fructuoso Rivera, terminó por incorporarse al ejército portugués.18
El rey Juan VI quiso darle alguna forma legal a la ocupación, y ordenó al gobernador del territorio invadido, Carlos Federico Lecor, que organizara un Congreso Cisplatino que decidiera si ese territorio debería ser devuelto a las Provincias Unidas del Río de la Plata, incorporarse al Brasil – opción que por razones diplomáticas no era la que el rey prefería – u obtener la independencia. Pero el gobernador Lecor digitó las elecciones hasta obtener un Congreso formado por sus seguidores y aliados; este Congreso declaró la incorporación de la Banda Oriental al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve, con el nombre de Provincia Cisplatina. 19

La Provincia Cisplatina

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Bandera de la Provincia Cisplatina.

En 1822, el Imperio de Brasil se independizó de Portugal; durante la crisis subsiguiente, los dirigentes orientales intentaron lograr que las fuerzas portuguesas que ocupaban Montevideo, le entregaran la ciudad a ellos, aún cuando el interior de la Cisplatina estaba ocupada por las fuerzas leales al Brasil, comandadas por Lecor. Pero los portugueses entregaron Montevideo a Lecor, que siguió gobernando la Provincia Cisplatina en nombre del Emperador Pedro I. 20 No todo el territorio de la Banda Oriental quedó dentro de la Cisplatina: la fracción más septentrional pasó a depender la Capitanía de San Pedro del Río Grande del Sur.
Durante esa crisis, los sectores orientales que intentaban expulsar a los brasileños pidieron ayuda a las provincias argentinas. La Provincia de Buenos Aires, la más cercana, rica y poderosa, se negó por completo a participar en cualquier campaña militar para liberar ese territorio. El único gobernante que prometió ayuda fue Estanislao López, de la provincia de Santa Fe, pero su gesto no pasó de buenas intenciones.21
Un grupo de oficiales orientales intentó organizar una revolución en el territorio oriental, pero fracasó en su intento debido a la habilidad política del gobernador Lecor. De modo que, dirigidos por Juan Antonio Lavalleja, se trasladaron a Buenos Aires, donde reunieron fondos y recursos bélicos, aportados sobre todo por estancieros y comerciantes, entre los cuales se destacaron Juan Manuel de Rosas y Pedro Trápani.22
Terminada la Guerra de la Independencia respecto a España, la opinión pública en Buenos Aires y en el Litoral exigía la recuperación del territorio ocupado. Por su parte, el pueblo oriental intensificaba sus proyectos de liberación. 23

Los Treinta y Tres y el Gobierno Nacional

Los Treinta y Tres Orientales
El Juramento de los Treinta y Tres Orientales, óleo de Juan Manuel Blanes.
Con el apoyo de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos, fue organizada una pequeña expedición: al mando de Juan Antonio Lavalleja secundado por Manuel Oribe, los llamados Treinta y Tres Orientales partieron de la localidad bonaerense de San Isidro y desembarcaron en las costas orientales del río Uruguay, más exactamente en el lugar conocido como "El Arenal Grande" o La Agraciada, el 19 de abril de 1825.24
Avisados con antelación, centenares de orientales se unieron a las fuerzas de Lavalleja. Una semana más tarde, fuerzas de Lavalleja tomaron prisionero al Comandante de Campaña imperial, el antiguo lugarteniente artiguista Fructuoso Rivera, a quien Lavalleja incorporó a sus fuerzas, en el hecho conocido como "Abrazo del arroyo Monzó."25 Las fuerzas leales a Rivera se incorporaron a la Cruzada Libertadora de Lavalleja, comandadas por éste y por el después general Julián Laguna.26
En una rápida campaña, las fuerzas revolucionarias ocuparon el interior del territorio, superando al ejército ocupante, que estaba muy debilitado desde la retirada de las fuerzas portuguesas. Por otro lado, el Emperador no había podido enviar refuerzos a Lecor, debido a que debía enfrentar una peligrosa revuelta en Pernambuco.27 El 2 de mayo fue ocupada la villa de Canelones,28 y el día 8 de mayo, Oribe puso sitio a Montevideo,29 rechazando en una escaramuza a las fuerzas que quisieron disputarle el Cerrito de la Victoria. 30
Desde Canelones, Lavalleja envió diversas columnas en todas direcciones: a Rivera hacia Durazno, a Leonardo Olivera hacia Maldonado, a Manuel Durán hacia San José de Mayo, más otra en dirección a Colonia. Simón del Pino defendería Canelones. 30
El gobernador de Buenos Aires, Las Heras, organizó en el mes de mayo un Ejército de Observación, que se instaló en octubre en Concepción del Uruguay, sobre el río Uruguay, en la provincia de Entre Ríos, bajo el mando del general Martín Rodríguez. 31 Estaba formado por dos escuadrones de caballería, tres compañías de infantería y cuatro piezas de artillería, a los cuales se agregaron 200 hombres de Entre Ríos, comandados por Pedro Espino. 32 Su comandante tenía instrucciones de prestar apoyo a los orientales únicamente si éstos retrocedían hacia Entre Ríos, aunque de estas instrucciones se podía inferir que el objetivo no era facilitarles volver a la lucha, sino impedírselo. 33

El Congreso de La Florida

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El general Juan Antonio Lavalleja.

Lavalleja convocó de inmediato a una asamblea de los representantes de los pueblos orientales; éste se reunió en el pueblo de Florida el 14 de junio, formado por algunos representantes de los pueblos. Presidida por Manuel Calleros, este primer Gobierno Provisorio nombró a Lavalleja Brigadier General y Comandante en Jefe del Ejército. Su principal misión fue convocar a los representantes de todos los pueblos liberados, los cuales se reunieron en el llamado Congreso de La Florida el 20 de agosto. Éste, presidido por Juan Francisco Larrobla, eligió a Lavalleja Gobernador y Capitán General de la Provincia Oriental, y sancionó el 25 de agosto tres leyes: por la Ley de Independencia, se proclamaba a la Provincia Oriental
"libre e independiente del Rey de Portugal, del Emperador del Brasil y de cualquier otro del universo."
Por la Ley de Unión se proclamaba:
"Queda la Provincia Oriental del Río de la Plata unida a las demás de este nombre en el territorio de Sud América."
La tercera ley establecía la bandera de las tropas orientales, que sería la misma de tres colores que había usado Artigas. 34

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La campaña militar

Referencias
1. Henry Harrise, The Diplomatic History of America, Ed. B.F. Stevens, Londres, 1897, pág. 91-108 y 138-139.
2. História da Capitanía de São Vicente de Pedro Taques, artículo en Dominio Público consultado el 16 de agosto de 2010.
3. Plano del Río de la Plata de 1631, por Joao Teixeira Albernaz el viejo; citado por Ariadna Islas, en Límites para un Estado, en Ana Frega (coord.), Historia regional e independencia del Uruguay, Ed. de la Banda Oriental, Montevideo, 2009. ISBN 978-9974-1-0629-1
4. Santiago Gómez, Guerras entre España y Portugal en la cuenca del Río de la Plata. Consultado el 16 de agosto de 2010.
5. Fundación de Montevideo, en La Escuela Digital Consultado el 16 de agosto de 2010.
6. A antiga capital nasceu duas vezes, en Página do Gaúcho (en portugués) Consultado el 16 de agosto de 2010.
7. a b La Herencia Misionera, en Territorio Digital. Consultado el 15 de agosto de 2010.
8. Francisco A. Berra, Estudios históricos acerca de la República O. del Uruguay, Ed. A. Rius, Montevideo, 1882.
9. Islas, Límites para un Estado, en Frega, Historia regional e independencia del Uruguay.
10. Roberto Etchepareborda, Qué fue el carlotismo, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1972.
11. Francisco Bauzá, Historia de la dominación española en el Uruguay, Volumen 3, Ed. Barreiro y Ramos, 1897.
12. Hugo Chumbita, El bandido Artigas, Revista Todo es Historia Nro. 356, pág. 8-27, 1997.
13. Raúl Scalabrini Ortiz, Historia de la segregación del Uruguay, en Política británica en el Río de la Plata, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1973, pág. 117-136.
14. Esa sería la razón por la cual durante la Guerra del Brasil la corona consideró más o menos seriamente la ocupación de toda la Mesopotamia argentina y el Paraguay, la cual permitiría asegurar toda la cuenca de los ríos Paraná y Paraguay. Véase el ”Novo Mappa Geographico que contém as Províncias de S. Pedro, Cisplatina, Entre Rios, Paraguai e paises adjacentes”; citado por Ariadna Islas, en Límites para un Estado , figura 15 y pág. 193-194, en Frega, Historia regional e independencia del Uruguay .
15. Se han calculado arreos hacia Río Grande del Sur del orden de los 14 millones de cabezas durante la ocupación luso-brasileña. Véase Creación del Estado Oriental (I), en Historia Nacional, página del Movimiento Revolucionario Oriental. Consultado en agosto de 2010.
16. a b Washington Reyes Abadie, Oscar H. Bruschera y Tabaré Melogno, El Ciclo Artiguista, Tomo II, Ed. Cordón, Montevideo, 1975.
17. Lincoln R. Maiztegui Casas, Orientales: una historia Política del Uruguay, Tomo 1: De los orígenes a 1865, Ed. Planeta, Bs. As., Montevideo, 2004. ISBN 950-49-1330-X
18. Alfredo Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la República Caudillesca (1820-1838), tomo 3 de la Historia Uruguaya, Ed. de la Banda Oriental, Montevideo, 2007, pág. 5. ISBN 978-9974-4-0454-9
19. Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la República Caudillesca (1820-1838), pág. 17-21.
20. Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la República Caudillesca (1820-1838), pág. 21-24.
21. Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la República Caudillesca (1820-1838), pág. 24-28.
22. El admirable Trápani’’, de Walter Rela, artículo en el sitio de CX4 Radio Rural, del 31 de mayo de 2010. Consultado en agosto de 2010.
23. Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la República Caudillesca (1820-1838), pág. 33-34.
24. Desembarco de los 33, en Historia del Uruguay. Consultado el 17 de agosto de 2010.
25. Existe una controversia no resuelta entre los historiadores sobre el episodio del paso de Rivera a las fuerzas revolucionarias: mientras historiadores simpatizantes del Partido Colorado relatan que el abrazo fue real, y que la supuesta prisión de Rivera era para justificarse ante el Imperio, los historiadores de tendencia Blanca afirman que Rivera se negó a colaborar y sólo se unió a Lavalleja ante la amenaza de ser fusilado. Una carta de Lavalleja a su esposa y las memorias de José Brito del Pino parecen respaldar esta última afirmación.
26. Actos por el 185º aniversario del Abrazo del Monzón, en el Diario La República del 3 de mayo de 2010.
27. Ulisses Brendão, A confederação do Equador, Ed. del Instituto Arqueológico, Histórico e Geográfico Pernambucano, Recife, 1924.
28. a b c Batalla de Sarandí, en Escuela Digital. Consultado en agosto de 2010.
29. Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la República Caudillesca (1820-1838), pág. 35.
30. a b c d e f g Luis Edelmiro Chelle, Los principales hechos históricos de 1825, Ed. de la Comisión Nacional de Homenaje del Sesquicentenario de los hechos históricos de 1825, Montevideo, 1875.
31. Isidoro J. Ruiz Moreno, Campañas militares argentinas, Tomo I, Ed. Emecé, Bs. As., 2004, pág. 372-373. ISBN 950-04-2675-7
32. Su jefe de estado mayor era el coronel Manuel Patricio Rojas, el comandante de la caballería era el mayor Paulino Rojas, de la infantería el capitán Bernardo Henestrosa, el secretario militar Tomás de Iriarte y su comisario de guerra Dionisio Quesada. Véase Ruiz Moreno, Campañas militares argentinas, Tomo I, pág. 373.
33. Vicente D. Sierra, Historia de la Argentina, Ed. Garriga, Bs. As., 1973.
34. Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la República Caudillesca (1820-1838), pág. 35-56.

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Re: Guerra contra el Imperio del Brasil, 1827

Mensaje por Esteban McLaren el Jue Dic 12, 2013 8:20 am

SIN DIPLOMACIA

Con Dilma de visita, la Armada recuerda la guerra con Brasil

La Armada Argentina publicó, con fecha lunes 31/01, ya con Dilma Rousseff de visita, un trabajo que reivindica la guerra con Brasil en el siglo 19.

31/01/2011 | 18:56
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Combate naval de Quilmes, durante la guerra con el Imperio del Brasil (1826).

Sin importarle la visita de la presidente de Brasil, Dilma Rousseff, y la camaradería que intentó instalar la presidente argentina Cristina Fernández, el periódico de la Armada Argentina, Gaceta Marinera, publicó, con la firma de Sebastián Roa, del Departamento de Estudios Históricos Navales, un trabajo sobre conflictos pasados con el vecino país.

El Director del periódico naval Gaceta Marinera, es el capitán de navío German Ciberira, quien evidentemente no aprendió mucho sobre estrategia durante su paso por la Escuela de Guerra Naval.

El texto:

Tras el regreso de su campaña corsaria al Pacífico en 1818, Guillermo Brown debió enfrentar un largo y penoso proceso judicial por desobedecer las órdenes del Director Supremo, quien le había ordenado permanecer en Buenos Aires por cuestiones de seguridad nacional, e iniciar su campaña corsaria al Pacífico.

Luego de largas y penosas deliberaciones, el jurado resolvió sobreseer al marino y éste se retiró de la vida pública. Durante los años siguientes, dedicado al comercio de cabotaje y consolidó su posición económica, alcanzando un lugar respetable dentro de la elite comerciante porteña.

Hacia 1820 la situación política en el país se volvió cada vez más compleja. Los permanentes enfrentamientos llevaron a la disolución del poder central, y las provincias asumieron su soberanía hasta la sanción de una Constitución que satisficiera los intereses de cada una de ellas.

Leé más artículos sobre estos temas en nuestra sección de Historia naval argentina.

En 1824 el gobierno de la provincia de Buenos Aires, a cargo del general Gregorio de Las Heras, impulsó la reunión de un Congreso que en 1825 aprobó la denominada “Ley Fundamental”, que garantizaba la autonomía de las provincias hasta la sanción de una Constitución Nacional, quedando la representación de las Relaciones Exteriores a cargo del gobernador de Buenos Aires.

Por entonces la amenaza realista había desaparecido en la región y una ola de optimismo se extendió en toda América. La Banda Oriental se encontraba anexada al imperio del Brasil con el nombre de “Provincia Cisplatina” desde 1821, cuando el general Artigas había sido derrotado en la batalla de Tacuarembó.

En este momento el general oriental Juan Antonio de Lavalleja, que había luchado con las fuerzas argentinas durante la contienda con España, apoyado por el gobierno de Buenos Aires, inició un movimiento que se conoce como de “los 33 Orientales”. Esta fuerza militar buscaba la independencia de la Banda Oriental y la expulsión de las tropas imperiales. La independencia se declaró en el Congreso reunido en La Florida el 14 de junio de 1825.

El gobierno argentino tenía consciencia de que el apoyo brindado a Lavalleja representaría una inmediata declaración de guerra por parte del Imperio del Brasil. Luego de debates entre los gobiernos de Buenos Aires y las provincias, el gobernador Las Heras decidió asumir los riesgos y se proclamó abiertamente a favor de la causa de los patriotas orientales.

Como respuesta, el 22 de diciembre de 1825 el almirante Rodrigo Ferreira Lobo, jefe de la escuadra brasileña, llegó a Buenos Aires con una flota compuesta por unidades de diferente porte, estableciendo el bloqueo de la capital.

El 12 de enero de 1826, Brown fue llamado de su retiro y promovido al grado de coronel mayor de ejército al servicio de la Marina.

Se le encargó el mando de la escuadra, compuesta por los bergantines “General Balcarce” y “General Belgrano”. Esta fuerza, inferior a la escuadra imperial, no pudo hacer frente al dominio que Brown tenía del río. El 13 de enero de 1826 Brown izó su pabellón a bordo del “Balcarce”. Poco después se incorporaron a la escuadra la lancha “Correntina”, la "Congreso Nacional”, la "República Argentina", las goletas "Sarandí" y "Pepa" y la fragata “25 de Mayo”.

Durante la guerra contra el imperio del Brasil, Brown gracias a sus conocimientos sobre el río logró, importantes victorias para nuestro país, entre las que podemos destacar el combate naval de Los Pozos, el combate naval de Quilmes y el de Juncal.

La designación del marino al frente de la escuadra patriota fue determinante para el curso de la guerra, pues su conocimiento y dominio del río, su valentía y arrojo en el combate hicieron posible la victoria en combates navales de vital importancia, a pesar de la notable inferioridad numérica respecto a la escuadra brasileña.


Urgente 24

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Re: Guerra contra el Imperio del Brasil, 1827

Mensaje por Esteban McLaren el Jue Dic 12, 2013 8:20 am

MARTES 15 DE FEBRERO DE 2011

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE OMBÚ
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Dos días después de la sableada que había aplicado Lavalle a las fuerzas brasileñas comandadas por el General don Bentos Manoel Ribeiro, ante la persistencia del jefe paulista, el General Alvear encomendó al General Mansilla darle el escarmiento necesario. El encuentro se produjo en el arroyo Ombú. Mansilla contaba con 800 hombres de caballería, en tanto que el General Ribeiro conducía 1.200 soldados. Tras una desordenada carga patriota que facilitó a la caballería enemiga formar un gran semicírculo que puso en peligro el ataque argentino, la rápida reacción del ayudante del General Mansilla, don Segundo Roca, al quitarle el clarín al trompa de órdenes el cual estaba dispuesto a tocar retirada, permitió que un Escuadrón del Regimiento 16 de Caballería, a órdenes del coronel Olavarría, efectuara una carga con tal ímpetu que frenó la acción brasileña. Esto permitió rehacer la carga propia y provocó la detención del empuje brasileño. El ataque enemigo pronto se transformó en retirada y luego en desordenada fuga. En esta acción, los imperiales tuvieron 173 muertos y 46 heridos, las bajas propias fueron 54 muertos y 31 heridos.
Fuente: [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] ejercito.mil.ar
En la imagen: Soldado del Regimiento 16 de Caballeria "Lanceros de Olavarria" que actuo en la guerra contra el Imperio del Brasil.

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Re: Guerra contra el Imperio del Brasil, 1827

Mensaje por Esteban McLaren el Jue Dic 12, 2013 8:20 am

DOMINGO 13 DE FEBRERO DE 2011

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE BACACAY
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La batalla de Bacacay fue un enfrentamiento producido el 13 de febrero de 1827 entre las tropas de las Provincias Unidas del Río de la Plata y las del Imperio del Brasil, enfrentados por el control de la Banda Oriental, en manos brasileñas desde 1824. El apoyo de Buenos Aires a la insurrección de los Treinta y Tres Orientales había desembocado en una contienda naval, en la que la armada comandada por Guillermo Brown se veía en inferioridad frente a las fuerzas lusobrasileñas. A comienzos de 1827, y bajo el mando de Carlos Maria de Alvear, se iniciaron las hostilidades terrestres, tomándose la ciudad de Bagé el 26 de enero. Poco más tarde las fuerzas del General Manuel Bentos hicieron frente a la columna de Caballería (el Regimiento de Granaderos a Caballo) e Infantería (los Colorados de las Conchas) comandada por Juan Galo de Lavalle en Bacacay; el enfrentamiento se saldó favorablemente al Ejercito Patriota, que triunfarían nuevamente tres días más tarde en la Batalla de Ombú, la antesala de la Batalla de Ituzaingó.

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Re: Guerra contra el Imperio del Brasil, 1827

Mensaje por Esteban McLaren el Jue Dic 12, 2013 8:21 am

El silencio de un corneta y la valentía de Olavarría ganan la batalla de Ombú

Luego de la batalla de Bacacay... Alvear dispuso escarmentar a las tropas brasileñas por segunda vez.

La tarea fue encomendada al general Lucio Mansilla y dos días después de producido el combate de Bacacay se toparon argentinos y brasileños en el arroyo Ombú. Mansilla contaba con 800 hombres, todos de caballería: 100 del Regimiento 1º (comandante José María Cortina), 100 del Regimiento nº2 (capitanes Albarracín y Martín), 300 del Regimiento nº8 (coronel Zufriategui), 200 del Regimiento nº16 (coronel Olavarría) y el Escuadrón de Coraceros (teniente coronel Medina). El coronel Ribeiro conducía a 1200 soldados.

Antes de relatar el combate debe efectuarse una precisión: Mansilla había ascendido -como Alvear- sin atender a la escala orgánica y merced en gran parte a la política. No había comandado en batalla a numerosos efectivos. En efecto, tras su paso por el Ejército de los Andes, con el grado de mayor se incorporó al ejército entrerriano de Ramirez luego de la batalla de Cepeda (1820), al frente de cuya infantería contribuyó a derrotar a Artigas. Abandonando a su jefe, ya teniente coronel, se apoderó del gobierno de Entre Ríos, desbaratando los intentos del general López Jordán por mantener la República Entrerriana. Fue entonces ascendido a coronel. Y en vísperas de abrirse la campaña contra el Imperio de Brasil, tras desempeñar una diputación en el Congreso Nacional, recibió entorchados de general. Por eso, Alvear -olvidado de su propia trayectoria- lo calificaba de "general de bochinche". Veamos ahora los testimonios de un par de actores en el combate de Ombú.

El capitán Domingo Arrieta en sus Memorias recordaba lo que sucedió cuando se avistó a los imperiales ocupando unas pequeñas alturas, al salir el sol el día 15:

Nuestro general Mansilla, desde el momento que los vio, mandó la nunca bien ponderada maniobra de formar toda la división en una sola columna por escuadrones y marchar desde la gran distancia en que aún nos hallábamos del enemigo, al aire de galope, en un terreno que por lo pedregoso, desigual y lleno de arbustos, hubiera sido muy dificultoso hacerlo al paso. Este violento orden de marcha hizo que se perdiese todo orden de formación. Desbandados nuestros escuadrones, tanto por el cansancio de nuestros caballos como por la pendiente del terreno, más parecía una división en completa derrota que tropa que iba a batirse con el enemigo.

Con todo, los brasileños, ante la fogosa carga que se les iba encima, se replegaron a un llano en la retaguardia y formaron su línea sobre la margen izquierda del arroyo Ombú. Cuando llegaron allí los jinetes argentinos lo hicieron -según Arrieta- "en estado de no haber un solo caballo que pudiese galopar".

El general Mansilla ordenó al coronel Juan Zufriategui que atacara la línea enemiga con su Regimiento (compuesto en gran parte por antiguos Dragones de Rivera). Lo que sigue integra los Recuerdos del entonces teniente José María Todd:

Salió el nº8 en son de carga, y en el acto se desprendió otro regimiento enemigo que cargó con decisión, pero con mal instinto, pues a una cuadra dio la voz de carga. Nuestro regimiento, en vez de aprovechar esa chambonada que había desorganizado la línea enemiga, echó a correr con toda ignominia. Felizmente tomó en su disparada una línea diagonal que descubrió el frente de los vencedores.

Aprovechando la oportunidad, Bento Manoel rodeó con su caballería a los cuerpos argentinos y se dispuso a concluirlos. Prosigue relatando el capitán Arrieta:

Aprovechándose los brasileños de la gran superioridad que sobre nosotros le daba el descanso en que estaban sus caballadas, maniobraron como quisieron, y formando una especie de círculo nos encerraron dentro de él, sin ser bastante a impedirlo la desesperada oposición que hicimos. ¡Ya no había remedio: todos éramos perdidos!

El general Mansilla se dispuso a abandonar la lucha. Pero en ese instante se produjo un hecho que resultó trascendental, según reveló en 1857 el después general Jerónimo Espejo, a la sazón integrante del Estado Mayor de Alvear:

En este combate, envueltos nuestros escuadrones casi en derrota, cuando el corneta del General iba a tocar la señal de retirada, Roca [su ayudante don Segundo] le quitó el clarín de la boca, y esta acción atrevida dio lugar a que un escuadrón nuestro diese otra carga al enemigo.
El coronel Olavarría, del 16, jefe valiente y práctico en las ocasiones de choques parciales, mediante una serie de combates en que se había encontrado y siempre distinguido en la guerra de la Independencia, restableció el orden y obtuvo un triunfo sobre el adversario.

De ahí en adelante se modificó la situación, aunque indica Todd "que estábamos admirados de encontrar una resistencia a la que no estábamos acostumbrados: debo confesar que los brasileños pelearon como bravos". Por fin los paulistas emprendieron su retirada al galope, perseguidos ahora por los argentinos, "causándoles el daño que no supieron hacernos", comenta Arrieta. En su fase final, la caballería riograndense convirtió su carrera en una auténtica fuga. Un último detalle ofrece Todd:

El paso preciso del arroyo que debían vadear era bastante ancho, pero como se habían aglomerado todos en completo desorden, se estorbaban unos a otros y pudimos llegar a tiempo y causarles una gran mortandad. Allí por primera vez se vio el gran efecto que producían las lanzas, arma muy mal recibida por nuestros soldados, especialmente por los salteños que se creían degradados por ella, pues solo la usaron los gauchos en la guerra de la Independencia a falta de otra arma; pero en esta pelea y recorriendo los muertos enemigos, casi todos estaban heridos de lanza: adquirió fama esta arma.

Los imperiales tuvieron 173 muertos y 46 heridos. Las bajas propias fueron de 54 muertos y 31 heridos, y el coronel Zufriategui sufrió grave descrédito, recogido en los testimonios de Paz, Iriarte y Todd.
En cuanto a Bento Manoel Ribeiro, fue alejado de las operaciones tras sus dos contrastes sucesivos, perdiendo contacto con los argentinos hasta el día de la batalla de Ituzaingó (en la cual no participó), causando su conducta una impresión desagradable entre sus camaradas.

Fuente
Isidoro Ruiz Moreno, Campañas Militares Argentinas, EMECE, 2005: pp: 398-400

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Re: Guerra contra el Imperio del Brasil, 1827

Mensaje por Esteban McLaren el Jue Dic 12, 2013 8:21 am

Regimiento de caballería nº 6 "Lanceros de Olavarría"
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Fue creado por decreto de 4 de agosto de 1826 designándose para su mando y organización al Coronel José Olavarria. El vistoso uniforme agregado, pertenece a su jefe, aunque se cree que, a pesar del decreto del 5 de julio de 1826, sus soldados lo usaron, según algunas referencias.
Este regimiento hizo toda la campaña del Brasil con brillante actuación, disolviéndose a su regreso. Fuente: Uniformes de la Patria del Comando en Jefe del Ejercito – Circulo Militar.


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